El gran reloj dispuesto en medio
del salón principal de Grand Central Terminal marcaba las 7:00 pm. Jamie había
llegado del andén #23 de la zona este, donde hacía su parada el vagón que venía
de Brooklyn, donde estaba su nuevo departamento, que en realidad era de
Gabriel, pero su amigo le ofreció quedarse con él mientras se instalaba tras su
recién llegada.
Sabía que Grand Central era la
estación más concurrida, y por tanto más grande en Nueva York, pero nunca se la
imaginó de la manera en que estaba viéndola en ese momento. Un gran número de personas
corrían de aquí para allá, comprando los boletos para abordar, buscando los
andenes de donde partiría el vagón que los llevara a sus destinos, o tratando de
localizar a sus amigos y familiares con quienes habían acordado encontrarse
allí.
Pensando en una forma fácil de
que su amiga Rosie lo encontrara cuando ésta llegase, tomó asiento
en una de las bancas bajo el gran reloj central, justo al lado de una señora
con ropas muy elegantes quien cargaba con dos maletas enormes. A su izquierda,
un hombre de edad avanzada leía un ejemplar del New York Times, donde ponía en
la primera plana el anuncio del evento que se llevaría a cabo esa noche en
Times Square, mismo al que se dirigía Jamie. Así que, desde su lugar, un
asombrado Jamie Harper comenzó a recorrer con sus ojos detenidamente todo el
edificio.
Construido en 1903, el Grand
Central Terminal era un edificio de estilo arquitectónico Beaux Arts, que como
tal, constaba de una jerarquía de espacios valiéndose de la simetría, desde
espacios nobles con grandes entradas y escalinatas, como lo era el Salón
Principal; hasta otros más pequeños y utilitarios. La iluminación era basta en
aquel recinto, y con motivo de la fecha del día de hoy 4 de julio, banderas del
país decoraban el lugar. Jamie advirtió que la señora a su lado le veía en su
rostro el total asombro que estaba experimentando, así que con un movimiento de
cabeza de asentimiento el chico la saludó.
-¿Es tu primera vez en Grand
Central verdad chico? –soltó la elegante mujer.
-De hecho, es mi primera noche en
Nueva York señora –confesó, apenado.
-Lo supuse. ¡Y vaya que llegaste
en un buen día! ¿Irás a la celebración del 4 de julio en Times Square?
-¡Sí! –respondió con emoción el muchacho. –De hecho estoy esperando a una amiga, ella es la que conoce aquí, y nos
reuniremos con más amigos allá.
Entretanto, una chica con un
cabello cobrizo que le llegaba hasta los hombros iba bajando del vagón en el
andén #6. A paso rápido y esquivando a los demás pasajeros, se dirigía hacia el salón principal donde había quedado con su amigo. Se le había hecho un poco
tarde, pues estaba indecisa de qué vestir para la noche de hoy. <<Una simplemente
no toma a la ligera estas situaciones>>. Hacía un año que no veía a su amigo
quien también era su ex novio, y quería hacerle ver al chico que un año fue
suficiente para seguir adelante, tras lo sucedido.
Cuando se enteró de que Jamie
regresaba a América, Rosie se sintió incómoda, pues tendría que hacer frente al
chico que se fue por un año al otro lado del mundo sin decir una sola palabra
de aviso, de despedida ni de nada. Ella avanzó. Siguió su camino así como Jamie
había decidido seguir el suyo. Aun así, no pudo evitar alegrarse un poquito al
tener a su amigo de vuelta.
Vio a su amigo sentado bajo el
gran reloj. Le veía hablar con una señora sentada a su lado. Cualquier
sentimiento negativo que le evocaba el regreso del chico se vio esfumado
cuando Rosie observó esa escena. Jamie siempre había sido muy amable con todo
mundo, era de esos chicos que entablaba fácilmente conversación con una persona
desconocida y sobretodo, por alguna razón, era del agrado de las personas
mayores (no mucho de los jóvenes). Por algo los padres de Rosie se habían
puesto muy felices cuando hace años la chica les dio la noticia de que ella y Jamie eran pareja. Su mejor amigo. <<Tiempos de preparatoria>>.
Al percatarse de su presencia a
unos metros, Jamie se levantó de su asiento para saludarla. El chico, alto y
delgado y con el mismo cabello quebrado color marrón como Rosie lo recordaba,
extendió los brazos para abrazarla.
La chica correspondió el abrazo,
el cual ahora fue mucho más sincero que
el de esta mañana en el aeropuerto. La señora elegante los veía con una
sonrisita pícara.
-Te ves… ¡fantástica! –exclamó el
chico.
Rosie llevaba puesto un vestido
oscuro con detalles púrpuras, que hacía sobresaltar su cabello color cobrizo. Su
nuevo corte la hacía lucir ya no como la tierna chica que recordaba Jamie, sino
como la joven mujer empresaria en que se había convertido.
-¡Gracias! –fue lo primero que se
le ocurrió responder a la chica.
-Madame, ella es mi amiga Rosie
de la que le estaba hablando –dijo con un tono impetuoso, como si de una gran
estrella se tratase.
-¡Qué gusto! –la señora tenía esa sonrisa pícara al verlos a los dos juntos. –Será mejor que vayan camino a Times Square de una
vez, si es que quieren alcanzar un lugar cercano al escenario para ver a esos… Miedo en la disco que mencionaste.
-¡Panic at the disco! Sí, está
bien. Un gusto conocerla. –Jamie le estrechó la mano.
Mientras se encaminaban hacia la
salida del edificio, esquivando un montón de gente, los dos amigos continuaban
con la conversación:
-Creí que seguiríamos en el
subterráneo hasta llegar a una estación más cerca a Times Square –le dijo el chico, un
tanto pensativo a su amiga.
-Pero entonces te perderías la
oportunidad de recorrer las calles principales de Manhattan. ¡Es Nueva York, Jamie!
Tienes que conocerlo, al fin -dijo la chica de una manera cómica, cómo si fuera lo más obvio del mundo.
Se echó a reír el muchacho. Le
gustaba cuando se ponía en plan gracioso su amiga.
-Cierto, tienes razón. Sabes…
creí que no vendría aquí jamás. Pero ustedes llegaron aquí hace un año, y aceptaron
mi solicitud de internado en el Hospital General de Manhattan. Así que, todo se
puso en orden para venir aquí con ustedes como…
-Como lo prometimos en
preparatoria. Es curioso, creí que jamás vendría aquí tampoco.
Atravesaron la puerta principal de Grand Central, que salía a la Calle 42. Una gran fila de taxis amarillos esperaban fuera del edificio de los cuales venían bajando apresuradas personas cargando un enorme equipaje. Siguieron el camino de la acera hacia la intersección con la Avenida Park, donde doblaron y siguieron su camino hacia el norte.
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