sábado, 2 de mayo de 2015

Bienvenido al campus, parte 1

Mantenía fija la mirada al camino en la carretera. Había tenido una leve conversación durante todo el camino con su hermano quien era el que manejaba el auto, pero no más. En su cabeza seguía reproduciéndose una y otra vez esa discusión que tuvo con su novio Jamie hace unos días.

-¿Entonces,  así sin más cambiaste de opinión? No lo entiendo, teníamos un plan –dijo la chica, confundida.
-Tenías un plan. Escucha Rosie, quiero tanto como tú que sigamos viéndonos diario pero no siento que esto encaje conmigo, no siento que deba ir a Yale como ustedes. Stanford me quiere ahí, tienen este excelente programa en Medicina y la oportunidad de irme a Europa en algún punto de la carrera…
-Si tanto querías ir a Stanford entonces ¿por qué no lo dijiste antes? ¿Por qué hacerme ilusiones de que estaríamos en la universidad juntos, por qué permitirme planear todo este absurdo…? –Dio un gran suspiro –¿Por qué esconderme lo que en verdad querías?

Sabía que las cosas estaban bien entre su novio y ella. Habían arreglado sus diferencias y cada uno dejó su hogar y partió a la universidad. Rosie a Yale en New Haven, y Jamie a Standford en California. Aunque había tenido algunos días para asimilar el hecho que pasaría los próximos cuatro años a una enorme distancia de él, de su familia y de casa. Pareciera como si de pronto en el auto se hubiera enterado de todo esto. Estaba aterrada.

-Rosie…¡Oye, Rosie! –Daniel se percató del silencio de su hermana.

-¿Si? –se incorporó.

-¿Sabes? Creo que los echaré de menos a todos ustedes en la preparatoria. Quiero decir, aún estará Jessica, pero no será lo mismo sin ustedes. Creo que debí de haber hecho más amigos de mi curso en vez de pasar todo el tiempo con ustedes los mayores. En fin, tengo este último año para hacerlo. –Su hermana esbozó una diminuta sonrisa. El chico sabía que ella no la estaba pasando bien. –Así como tú, estoy seguro que es emocionante llegar a un nuevo lugar a vivir. Nuevas personas, nuevas experiencias. Sé que parece algo aterrador al principio, por lo menos para mí lo sería, pero estoy seguro te encantará. No te preocupes.

Los kilómetros pasaron, y pese a las palabras de ánimo de su hermano, Rosie sentía un hueco en el estómago conforme se acercaban al campus.

Veían cada vez más y más autos hasta que por fin llegaron. El edificio principal era tan majestuosamente grande que Rosie se sintió empequeñecida frente a éste. Bajó del auto a ayudar a Daniel con el equipaje de la cajuela. No entendía cómo todos los demás estudiantes que iban llegando como ella se veían tan felices. Ella no lo estaba. No sin Jamie, no sin sus padres, no sola.

-Esta es la última –el chico le entregó una pequeña bolsa a su hermana. –¿En serio no quieres que te ayude con ellas hasta tu dormitorio? –preguntó, con entusiasmo. Al parecer Daniel lo que quería era ver a las chicas universitarias.

-Creo que a me corresponde ir sola de aquí en adelante. –Viró hacia el edificio y lo contempló,seria. –Se ve algo…aterrador. Lo nuevo, lo desconocido. Se supone que así sea, ¿no?

-Una persona me dijo una vez, Si tus sueños no te aterran, no son lo suficientemente grandes.

Y entonces lo entendió. Rosie había sido la hermana mayor que empujaba a su hermano Daniel por el camino que decidiese tomar éste, aconsejándolo. Pero era ahora su hermanito quien se encargaba de este rol con ella. Se dio cuenta que es normal sentir miedo, se dio cuenta también que, no necesitaba de nadie más que de ella misma para pasar por esto, pues era una nueva etapa en su vida y tenía que vivirla, recibiendo lo que sea que viniése de aquí en adelante.

Rosie se acercó a su hermano y lo abrazó fuertemente.

-Avísame cuando llegues a casa Dan. Trata de no sacarle canas vedes a nuestros padres ¡eh!

El chico se alegró por el cambio de actitud de su hermana, su trabajo estaba hecho.

-Por cierto Rosie... sé que no eres gran fan de la tecnología y que por eso prefieres escribir en papel que en tu computadora, pero te creé una cuenta en ese sitio de videollamadas en internet. Puedes llamarme cuando lo necesites. El teléfono sirve, pero estoy seguro que tal vez ver mi atractivo rostro sea mucho mejor.

Rosie se dio la vuelta y trató de dar el primer paso pero no pudo, pues su hermano la retuvo con un abrazo por la espalda. El brazo de él rodeaba su pecho, su mano le sostenía el hombro derecho de ella. La cabeza del chico, apoyada en el hombro izquierdo de Rosie.

Acto seguido, Daniel la soltó y ella avanzó. No era una despedida, al final del semestre ella volvería a casa para vacaciones. Era un hasta entonces.

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El clima mediterráneo de Palo Alto, California le agradaba mucho a Jamie. En esa época del año era cálido y seco. A Jamie la pareció una ciudad muy pintoresca desde que arribó en el avión. Ahora iba en un taxi hacia Stanford y la vista por la ventana del coche era muy acogedora. Las montañas eran visibles y los numerosos robles característicos de la ciudad (el logo de Stanford tení un roble sobre sí) le hacían sentir que oxigenaban su sangre directamente, como si de un nuevo Jamie renaciendo se tratara.

Había tomado la decisión correcta. Estaría literalmente al otro extremo del país de donde estarían su novia y su mejor amigo Gabriel, pero eso no le preocupaba en absoluto. Por alguna razón, sintió que esta nueva etapa tenía que pasarla solo, y descubrirse a sí mismo. La Escuela de Medicina lo esperaba, y él la esperaba a él.

Cuando hubo llegado al campus, el coche recorrió el camino adornado con enormes palmeras al costado. El camino terminaba frente un jardín donde a lo lejos veía el edificio principal. Bajó del taxi con su equipaje y caminó hacia el edificio atravesando el enorme jardín verde. Pasó por la rotonda que se encontraba a mitad del jardín, la cual ponía una S hecha con flores en el centro. Se entusiasmaba viendo a los demás jóvenes llegando por primera vez al campus como él, a los que regresaban reencontrándose con sus amigos y a las animadoras haciendo lo que parecía una rutina de exhibición dándoles la bienvenida a todos al ritmo de esa pegajosa canción de Britney Spears.

Al llegar frente al edificio, se detuvo en seco y lo contempló de esquina a esquina. Inspiró una gran cantidad de aire y la dejó salir levemente por su boca. Hizo un movimiento de asentimiento con su cabeza y se dispuso a cruzar la puerta.

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Gabriel había tenido que llegar un par de días antes a Yale para discutir algunos puntos sobre su beca en la universidad. Acordó con el encargado que jugaría futbol esta temporada y el resto del dinero que necesitaba para cubrir el otro porcentaje de la matrícula lo costearía con el dinero que venía ahorrando de su empleo en el centro comercial de su pueblo.

Se sentía tan nuevo, sentía que podía empezar una nueva vida y formar un nuevo camino después del año tan difícil que tuvo: conoció a este grandioso chico que el dio la confianza y el coraje de aceptar su homosexualidad, aceptarse a sí mismo y confesárselo a sus amigos. Había agradecido mucho el conocer a Desmond, y la reacción de sus amigos. Lo que no agradecía era lo que había pasado con sus padres. Intenta olvidarlo, se decía a sí mismo.

Así que aquí estaba, en una nueva ciudad empezando de cero. Decidió jamás volver a su pueblo, pues no había nadie allá a quien deseaba volver a ver. En cambio, tenía todo por delante. En cuanto se graduara en unos años, se iría a Nueva York como lo prometió junto con Jamie, Rosie y Daniel.

El reloj marcó las 12:00 pm. Se preguntó si su amiga Rosie habría llegado ya al campus. Empezó a marcar su teléfono para invitarla a comer en la cafetería e ir juntos a recorrer el plantel.