El sol comenzaba a emitir sus
primeros rayos de luz cuando bajaba del avión. Jamie Harper se detuvo en uno de
los escalones y contempló la oscuridad siendo cálidamente acogida por haces
color naranja sobresaliendo de las nubes. Inhaló el aire fresco de la ciudad
que le traía tantos recuerdos y lo dejó escapar con la misma tranquilidad.
¡Vaya manera de recibir su cumpleaños!
Siguió su paso por la plataforma de
aterrizaje hasta llegar al interior del edificio del aeropuerto. Se percató que
tenía una videollamada entrante, una que en verdad no quería perder, así que
tomó asiento en la sala de espera rápidamente, dejando su maletín en la silla
contigua. Contestó.
-¡Feliz cumpleaños papá!
–gritaron dos voces.
Jamie logró reconocer a sus dos
hijos a la cámara del celular. A Reed, la mayor de ellos, quien se había dejado
hacer la trenza que tanto le gustaba a él (pero que ella odiaba); y a Carson,
la viva imagen de él, pero en miniatura.
Ambos se peleaban por enfocarse a
sí mismos en la cámara para ver a su padre primero que el otro. Entre tirones y
quejidos, el teléfono cayó al suelo. A Jamie le pareció muy graciosa esa
escena.
-¡Miren lo que hicieron! ¡Dejen
de pelear al menos por hoy! Es el cumpleaños de su padre.
Jamie disfrutó mucho escuchar la
voz de su esposa. Siempre lo hacía.
Rosie levantó el teléfono, y esta
vez enfocó a todos al mismo tiempo. Ahí estaban. Las tres personas que Jamie amaba
tanto. Sonrientes ante él, ansiosos por brindarle a su padre un abrazo tan
fuerte que lo tirara al suelo o al sofá y después, abrazarlo más.
Era el primer cumpleaños que
Jamie Harper pasaba sin tener a su padre con vida, a la vez que era el primer
cumpleaños que recibía sin ser despertado por sus dos hijos en su cama. Este
año, el doctor Harper tenía una conferencia que impartir en una ciudad que
también evocaba sentimientos de nostalgia, de una manera positiva.
-¡Hey chicos! ¡Muchas gracias!
–Jamie estaba evitando a toda costa soltar lágrimas de emoción por su familia-
¿Cómo están, listos para la escuela?
-¡Hoy no hay escuela! –gritó
Carson, con gran entusiasmo.
-¿De qué me perdí, linda?
–refiriéndose a su esposa Rosie.
-Ayer encontraron una colonia
enorme de cucarachas mientras limpiaban los ductos de ventilación, así que
aprovecharon que era viernes para fumigar a fondo la escuela –respondió,
mientras temblaba del horror al imaginar esa cantidad de insectos juntos.
Jamie estaba consternado al
escuchar eso también.
-Papi, ¿ya hablaste frente a
todos esos doctores? ¿No te dio miedo? –preguntó la pequeña pelirroja.
-¡Papi no tiene miedo, Reed! Es
papi. –dijo Carson, como si fuera lo más obvio del mundo.
A Jamie le pareció tierno que
pensaran así de él.
-Aun no hablo frente a los
doctores amor, de hecho aún estoy en el aeropuerto.
-¡¿Y qué esperas papá?!
Demuéstrales que eres el mejor ugianciologo.
-Urgenciólogo, Reed –le corrigió
su madre.
-Por eso, ugianciologo.
-Sí mi vida –Jamie quería reírse
cada vez que escuchaba a su hija decir erróneamente esa palabra –lo haré en
cuanto sea el momento.
-Chicos, papá ya se tiene que ir,
despídanse de él.
Los chicos volvieron a pelear por
el teléfono. Uno no podía despedirse menos que el otro.
-Feliz cumpleaños Jamie. Te amo
–él le mandó un beso a su esposa al escuchar esto- nos vemos en la noche.
-Así será linda. Te amo también.
La pantalla se apagó.
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Mientras tanto, dos hombres
tomados de la mano iban llegando al aeropuerto del extremo contrario a donde se
encontraba Jamie. Uno de ellos, moreno y con barba venía vestido con un traje
de tonos cafés mientras que el otro, de piel blanca y ojos color gris, vestía
un atuendo un poco menos formal y con la mirada puesta sobre el niño de unos
cinco años que venía con ellos quien, asombrado, veía lo grande que eran los
aviones que despegaban.
-¿Estás seguro que no quieren ir
conmigo? Puedo llevar acompañantes –dijo el hombre de la barba.
-Seguro. Además, no creo que Marv encuentre divertido sentarse a
escuchar a conferencistas médicos. Nos quedaremos en el hotel mientras tanto.
-¿En el hotel? ¡Timothy, estamos
en Nueva York! –le gustaba nombrarle por su nombre completo, en vez de sólo
Tim, como el resto de sus conocidos - Salgan a conocer la ciudad. ¡Pero no
vayan a Times Square sin mí, por favor!
-Lucas, te prometo que te
esperaremos para ir allí.
-¡Papá, papá, quiero subirme otra
vez al avión, pero ahora a ese!
-Marv, acabamos de llegar. ¿No querías conocer Estados Unidos?
-¡Siiiiii! –soltó el niño. Era
algo hiperactivo.
-Bueno, vayamos primero al hotel
para que Lucas pueda ir a la reunión de doctores. Después tú y yo podemos salir
a conocer la ciudad.
-De acuerdo papá –se calmó por un
momento.- ¡Mira! Mejor en ése, ¡por favor, por favor! –soltó al instante.
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El centro de convenciones de
Nueva York alberga una enorme cantidad de personas cada fin de semana. Desde
eventos sociales como graduaciones y bodas, hasta convenciones de cómics y
videojuegos. Ese día, se llevaba a cabo el VIII Congreso Internacional de
Investigación en Medicina, donde los trabajos más destacados de los principales
hospitales alrededor del mundo eran expuestos. Cada año desde hace ocho, se
ponía en manifiesto el avance que la ciencia médica lograba, y el impacto que
éstos trabajos tenían en la salud de la población mundial. El doctor Jamie
Harper había sido elegido para presentar su propuesta de la implementación de
un nuevo algoritmo en la atención de politraumas críticos en pacientes
pediátricos.
El lobby del centro de
convenciones se encontraba lleno, todos los médicos de los países participantes
no querían perderse este importante evento. Hacía unos momentos había sido ubicado
en el Hall correspondiente donde presentaría su trabajo. Ahora, Jamie se
localizaba en el área del bar donde con un martini en mano, buscaba entre toda
la multitud a la persona con quien había quedado de verse.
Dio el último trago a la copa y
sintió desde atrás la ligera mano de alguien en su hombro.
-¿Tan nervioso estás Harper?
–dijo una voz seductora que reconoció al instante.
Se dio la vuelta para contemplar
a la mujer que tenía tras de sí. De estatura promedio, de tez morena, con un
cabello castaño oscuro peinado de una manera elegante para la ocasión y con un
cuerpo que cualquier hombre encontraría muy atractivo, lucía a la perfección un
vestido de tonalidades rojas. Rebecca Donson saludaba a Jamie con una gran
sonrisa y con los brazos abiertos.
Se abrazaron con cariño.
-Lo había pedido para ti Becca, pero no aparecías.
-Eso debió ser. Recuerdo que tú
no tienes buen gusto para el alcohol –tomó otra copa de la bandeja del mesero.
-¿Ya estás preparado? Tu turno es en una hora. Tengo que ir a inaugurar los
casos de Hemato, pero en cuanto acabe voy directo al Hall de Urgencias.
-Estaré esperándote. Así te
enterarás de la acción que te pierdes cada día en tu hospital.
-¡Ya veremos Harper, éxito! –dio
unos pasos hacia la dirección opuesta y desapareció entre la multitud.
La doctora Rebecca Donson, o como
Jamie le solía decir, “Becca”, una
reconocida hematóloga en el país era también una de las mejores amigas del
urgenciólogo desde que se conocieron en el hospital durante su internado, en
esa misma ciudad, hace 10 años.
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Un hombre moreno de barba iba
entrando al Hall donde se daría una de las exposiciones que más le habían
interesado al ver el programa que le entregaron en la entrada del edificio. La
pantalla de bienvenida del Hall ponía “Implementación
de algoritmo de atención en Urgencias a pacientes pediátricos politraumatizados
en estado crítico. Por Dr. Jamie Harper del Hospital Regional de Georgia.”
-¿Qué tal todo por allá Lucas?,
¿Ya te has encontrado con alguno de tus antiguos colegas? –dijo la voz de
Timothy al otro lado del teléfono.
-Unos cuantos, sí. Ahora estoy
entrando a una conferencia de urgencias en pediatría.
Entonces… ¿si pudiste arreglar lo de la
reservación del hotel? No sé por qué no lo tenían registrado.
-Sí, ya quedó todo, no te preocupes.
Te dejo porque Marv quiere que lo
lleve a la piscina. ¡Y deja de estar llamando! Disfruta del congreso.
-¡De acuerdo, hombre!
Todos los asientos del Hall se
encontraban ocupados por doctores ansiosos de escuchar su conferencia. El
último en sentarse fue un hombre moreno de barba quien terminaba de hablar por
teléfono. De pie, sobre el pequeño escenario frente a ellos, el doctor Jamie
Harper observaba a su audiencia con una mirada decidida. No recordaba la última
vez que se había sentido en una situación así salvo en el hospital. Y es que en
Urgencias, había aprendido a aislar su mente de todo el caos de la situaciones
y a actuar con suma templanza, cualidad que era necesaria desarrollar para un
urgenciólogo.
En esta ocasión, Jamie no se
encontraba ante ningún paciente quemado, empalado o convulsionando. Eran sólo
él, un micrófono y alrededor de 100 sillas ocupadas por colegas, entre ellos la
doctora Becca Donson, quien lo veía con orgullo desde su asiento.
-Disculpe doctor Harper –preguntó
al final de la presentación el hombre moreno de barba- Dr. Lucas Thorpe,
Pediatría, del John Radcliffe Hospital en Inglaterra… -hizo una breve pausa,
seguida de una sonrisa juguetona- Lo sé, no parezco inglés. Soy americano.
-Gracias por el dato doctor.
La audiencia rio.
-A lo que iba… ¿cómo cree que
afectaría este nuevo algoritmo de atención en pacientes que se encuentren en un
hospital con escasez de recursos necesarios para seguir al pie el protocolo?
¿Tendría el mismo impacto en el pronóstico del paciente?
-Ciertamente el curso de la
enfermedad cambiaría. Es decir, de no contar con muchas de las herramientas a
las que estamos acostumbrados como una máquina de TAC o un kit de suturas
estéril, el paciente dependerá del ingenio de su médico tratante, de su
capacidad analítica, de sus habilidades clínicas y por supuesto, de qué tan
osado es.
La mañana seguía transcurriendo
en el Centro de Convenciones, y Jamie había sido elogiado por más de una
persona por su trabajo expuesto y se mostraban interesados en que los ayudasen
a adecuar dicho algoritmo en sus respectivos hospitales.
Cuando por fin tuvo un tiempo
libre a solas, fue al ventanal desde donde se podía visualizar la parte más
alta del lado oeste de Nueva York. Fuera, el día parecía perfecto para un
picnic en Central Park, o para tomar uno de esos recorridos en bus para
turistas.
-Es curioso, ¿no? –dijo la voz de
Becca detrás de él.
-¿Curioso?
-Que todo siempre vuelva a esta
ciudad.
-No por nada es la más famosa, al
menos de éste país. Pero sí, lo encuentro bastante curioso también.
Rebecca se acercó, para
contemplar la ciudad junto a él. Hubo un momento de silencio, en el cual ambos
tuvieron tiempo para recordar la época en que vivían en esta ciudad. Donde
aprendieron a ser doctores, a responsabilizarse por la vida de alguien más, a
hacerse notar y donde, cuando ya no hubo más por aprender uno del otro,
decidieron seguir caminos diferentes y disfrutar del estilo de vida que cada
uno había elegido.
Y aquí estaban de nuevo, 10 años
después en la misma ciudad donde se conocieron. Un cruce de mundos. Jamie se había convertido en un habilidoso médico
de Urgencias, un maestro muy exigente para sus residentes e internos y había
formado una hermosa familia. Rebecca había decidido vivir soltera y disfrutar
de las comodidades que eso implicaba, y eso la hacía sentir bien, no se sentía
menos mujer por elegir ser exitosa en su profesión, sobre tener ser esposa o
madre. Se encontraba entre los hematólogos más reconocidos a nivel nacional, y
también su nombre figuraba entre los consensos internacionales de Medicina Interna.
Ambos tenían en este punto de su vida todo lo que habían querido desde siempre.
-Por cierto Harper…feliz
cumpleaños.
La doctora le entregó un regalo
de cumpleaños, envuelto en un papel rojo muy bonito, con un listón dorado.
Jamie tuvo el impulso de abrazar a su mejor amiga con mucho cariño. De esos
abrazos que Jamie era experto en dar. Aunque por su mente pasó que dicha
muestra de afecto pondría celosa a su esposa Rosie, lo que le causó gracia. A
continuación, el doctor Harper quitó la envoltura a su regalo y se llevó una
gran sorpresa. Dentro de una caja transparente, figuraba el #4 de Showcase, comic donde hizo su primera
aparición Flash (Barry Allen), el héroe favorito de Jamie.
Se encontraba boquiabierto.
-Sé que te gustan estas cosas de
nerd, y que seguramente Rosie no te dejaría comprarlo, así que moví algunas
influencias y localicé este comic.
-Becca, no tienes idea de… ¡Gracias! –podían verse humedecerse de
emoción los ojos de Jamie.
-Otra cosa. Ya expusiste tu
trabajo, así que… ¡¿qué esperas Harper?! Ve a casa con tu familia. Si tomas
dentro de unas horas un vuelo, aún puedes llegar para la cena.
-Debería, ¿verdad? ¡Está bien!
Tu…¿vendrías conmigo?
-No creo que se pueda campéon.
Recuerda que soy parte de las autoridades del Congreso, y tengo que entregar
los reconocimientos en Medicina Interna. Además, sé de buena fuente que la
candidata más fuerte a ganar este año es aquella residente de último año de
Neurología, Carol Rivers, la de la portada del mes pasado de la revista médica
que te envíe por e-mail.
Habiéndose despedido de su amiga,
Jamie fue directo al aeropuerto. Se sentía bien por lo que había vivido hasta
el momento el día de su cumpleaños y ahora se dirigía a casa con su familia y
amigos.
Estando en la fila para comprar
su boleto, recibió un mensaje de texto de parte de su hermano Elliot:
Hola, ¡Feliz cumpleaños hermano! No quise llamar antes porque no quería
interrumpir tu conferencia. Hazme saber cuando llegues a Georgia. Planeo ir por
ti al aeropuerto.
Conocía bien a su hermano. Una
sorpresa le esperaba en casa.
Curiosidades:
1. Un nuevo personaje es introducido. Rebecca Donson.
2. El título de la entrada es un juego de palabras. Cruce de mundos hace referencia tanto a la reunión entre Jamie y Rebecca, como a que éste capítulo es un crossover con otra nueva historia que estoy desarrollando, con Lucas y Timothy como protagonistas. Se podría decir que esta entrada sirve como capítulo piloto para esta nueva historia.
3. Se menciona a la neuróloga Carol Rivers, quien más tarde hace su debut en la entrada La neuróloga donde conoce a Jamie. Por tanto, ésta historia antecede a dicha entrada.
Música del blog:
Fancy - Cover de Xavier Dunn
Stole the show - Parson James
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