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viernes, 10 de abril de 2015

Desayuno entre amigos

8:00 am. El despertador no alcanzó a sonar, pues se levantó antes de que este se activara. Gabriel había hecho su rutina de ejercicio desde temprano en su cuarto. Le sorprendía la facilidad con la que las abdominales avanzaban una tras otra, pues llevaba un largo tiempo sin hacer ejercicio real. Habiendo terminado se metió a la regadera. Dejó que el agua lavara tanto su sudor, como sus pensamientos, aquellos que desde hace unas semanas había tratado de disipar, sin embargo el dolor que sentía aun dejaba pequeñas boronas dentro de él, aquellas lo suficientemente pequeñas que son difíciles de limpiar. << Intenta pensar en algo más >>. Siempre lo hacía.

Salió de la regadera. Se cambió. Fue hasta la cocina de su departamento y sacó del refrigerador un poco de zumo de naranja. Notó que en la barra del desayunador había dejado su laptop encendida. Anoche se quedó hasta tarde trabajando en unos planos que le habían encargado diseñar de un pequeño local, era algo simple pero tenía que encontrar de dónde obtener dinero para la renta mientras conseguía un trabajo estable. Aún seguía esperando respuestas en una de esas firmas importantes de Nueva York.

Cuando terminó de beber el zumo se dirigió hacia la puerta, tomó las llaves y billetera y dejó el lugar, pues había quedado ir a desayunar con sus viejos amigos.

El distrito de Brooklyn de Nueva York era aún como un laberinto para Jamie quien llevaba una semana tratando de recorrer sus calles sin perderse. Sus amigos, que llevaban unos meses viviendo ahí le explicaron la ruta que debía seguir para llegar al Hospital General donde hacía su internado. Su ruta era fácil: Hospital – Departamento de Gabriel. La línea D del subterráneo que tomaba diario en la Cuarta Avenida lo transportaba de un sitio a otro al instante.

Por suerte The Brooklyn Taste, el sitio donde se había quedado de ver con sus amigos quedaba a unas calles al norte del barrio donde vivía Gabriel. El clima pintaba sería un gran día. Los rayos del sol, que empezaban a sentirse cálidos desde muy temprano iluminaban una de las escenas más amigables que veía desde que llegó a Nueva York: personas yendo hacia su trabajo a paso rápido sobre Grand Street, el hombre del periódico en una esquina deseándole buen día al que pasara frente a él, el autobús escolar recogiendo a los niños del barrio contiguo y los dueños de los locales de dicha calle preparándose para un nuevo día laboral. Cuando hubo llegado al punto de cruce con la calle English Kills hacia Queens vio el pintoresco restaurante. Ya quedaban pocos clásicos como esos, del estilo pueblerino como aquél al que iba en su adolescencia con sus amigos después de clases en su pueblo de origen.

En cuanto entró al restaurante vio a los chicos sentados en la mesa junto a la ventana. A pesar de lo asténico que se sentía pues acababa de terminar su guardia, saludó a sus amigos con júbilo, como si de hermanos perdidos se tratasen.

Gabriel con el aspecto más entusiasta posible, como si un niño en el área de juegos del parque fuese y Daniel con el semblante relajado y sin preocupaciones, el adecuado para su vida en estos momentos, pues era el único del grupo de amigos que aún seguía en la universidad, siendo un año menor que los demás.

-¿Se dan cuenta? Es la primera vez que nos reunimos desde que Jamie llegó de Inglaterra –dijo Gabriel, recargándose en el respaldo acojinado, cruzando sus manos detrás de su nuca.

-Lo siento, es que con el inicio del internado he estado algo apurado esta primera semana. Esta ciudad se mueve tan rápido, ¡es de locos! ¿tardaron mucho en acostumbrarse? Aún estoy tratando.

-Ya te acostumbrarás. Puedo enseñarte los mejores lugares para beber y bailar en la ciudad, y ¿por qué no? para cazar alguna chica. Apuesto a que no hacías eso con tus formales compañeros en Cambridge ¿verdad? –dijo Daniel, soltando una risa y dándole un golpe a Jamie en el hombro.

-En realidad…se sorprenderán mucho con lo que tengo para contarles sobre mis vivencias allá.

-¡Vaya, Jamie por fin decidió alocarse! Apuesto a que tú y ese tipo…Clayton –Gabriel hizo un tono diferente cuando mencionó a Clayton. Jamie supuso aún seguía celoso de que Clay fuera su amigo más cercano en Cambridge University, sintiéndose Gabriel olvidado –tuvieron muchas aventuras.

-Antes de que avancemos… -Jamie titubeo sobre si continuar o no -La noche en que volví, Rosie y yo fuimos a Times Square…ahí nos encontramos a este tipo, Christopher. ¿Hay algo que me haya perdido respecto a tu hermana Daniel?

Gabriel y Daniel se lanzaron una mirada de complicidad.

-Al parecer no te lo dijo. Bueno, tarde o temprano lo sabrás. Ellos...son novios –repuso secamente Daniel.

Jamie tardó unos segundos en asimilar eso. Cuando se dio cuenta que había entrado en un estado de pause se incorporó y con el tono más formal que pudo, dijo:

-Oh…muy bien. Qué bueno que esté con alguien ahora -tomó un sorbo a su taza de café.

La plática siguió, las historias fueron relatadas y los felices recuerdos salieron a flote. Los amigos disfrutaron de un desayuno de campeones esa mañana. Waffles bañados en miel de maple, con fresa y arándanos encima, huevos refritos con tocino, salchicha y papas fritas, avena con cereal, fruta diversa, tostadas untadas con mantequilla, pan recién horneado y zumo de naranja llenaban la mesa de los chicos. Los tres amigos devoraron todo.

Con el estómago distendido y aun sintiendo que la plática no debía terminar, continuaron:

-Deberíamos de hacerlo una tradición, como cuando íbamos a Julio’s a tomar malteadas después de clases allá en casa. –Propuso Gabriel.

-¡Sí! Una vez a la semana por lo menos. Ahora que tenemos el honor de que el doctor Jamie esté con nosotros en Nueva York.

-Qué puedo decir, viejo –dijo Jamie con una sonrisa hacia sus amigos –fue una promesa ¿no? Toda la pandilla reunida en Nueva York cuando creciéramos. Estamos aquí, viviendo el sueño de nuestras vidas.

-¡Por la pandilla! –Daniel levantó su taza de zumo e instó a un brindis. Las dos tazas de café chocaron contra la suya.

Gabriel se levantó al baño, dejando a sus amigos detrás. 

-De acuerdo, tenemos poco tiempo así que explícame: ¿Qué pasó exactamente con Gabriel? Está diferente, ¿es por Alex? Porque no lo ha mencionado desde que llegué a la ciudad.

-Si. Hace un mes Alex se fue, así sin más. Ninguna llamada, ninguna pista de su destino. Dejó una carta en el departamento de Gabriel diciéndole que no lo buscara y ya. Lo estuvo buscando durante las primeras semanas, sin resultados. Y como Alex nunca habló sobre su familia ni nada, fue aún más difícil la búsqueda. Gabriel se rindió. Se deprimió. Rosie y yo intentamos todo para animarlo pero nada servía. No sabíamos si decírtelo a ti, pues él nunca te lo menciono en tus llamadas. Empezó a faltar al trabajo, lo despidieron. Hasta la semana en que llegaste empezó a reponerse y a actuar tan jodidamente animoso. No me quejo, al menos ya no está tirado en su cama todo el día. Espero puedas ayudarlo.

-Lo haré, hablaré con él cuando lleguemos a casa. –Jamie veía con preocupación a su amigo Gabriel quien volvía del baño, tarareando una canción.

-Listo. ¿Continuamos? –dijo Gabriel, e hizo una seña a la mesera pidiéndole la cuenta. -Tenemos mucho por recorrer. Hay diez opciones muy buenas de departamentos ideales para vivir los tres juntos, como lo planeamos. Será mejor apresurarnos si queremos visitar todos hoy.




lunes, 22 de diciembre de 2014

El cumpleaños

Se apuró por intentar arreglar su fallido regalo. Él venía bajando las escaleras camino a la salida del hospital y ella no lograba encender la vela del desafortunado pastel.

-¡Demonios!

Él ya estaba ahí.

-Te ves muy estresada

-¿Puedes regresar en 5 minutos? Este tonto pastel se me acaba de caer, los globos que te traía se me escaparon de las manos al asustarme por tirar el pastel, y al parecer mi encendedor ya dio lo que tenía que dar.

Tenía esa mirada de estrés que él conocía de ella desde hace mucho, la voz quebrantada del enojo al haber arruinado la sorpresa de cumpleaños para su mejor amigo, y el cabello desaliñado después de seguramente empezar a rascar su cabeza como sabe que ella lo hace cuando se pone en sus momentos.

Lo miró con detenimiento y se percató que por mucho, su amigo Jamie estaba haciendo un esfuerzo enorme por mantener los ojos abiertos, pues había terminado un turno de 48 horas y ella sabía bien que esas horas en urgencias lo agotaban demasiado.

-¿Puedo probarlo? –Hizo esa sonrisa burlona que tanto amaba de él.
-Debes estar muy hambriento para querer algo que se cayó.
-Mmm calla y dame de comer -dijo él, despreocupadamente, al mismo tiempo que se echaba un trozo de pastel a la boca.

Jamie vio que Rossie seguía con su cara angustiada, enojada y ojos algo llorosos, entonces tomó el pastel y lo puso en la banca que tenían al lado, se acercó y le dio un cálido abrazo. Por alguna razón ella recordó aquellas veces en las que se abrazaban más seguido. Pero esos días y esas expresiones de cariño se habían perdido poco a poco después de que dejaron de ser pareja y cada quien encontró a alguien más. Como sea, ese momento para ambos fue muy significativo.

-Es mi primer descanso oficial desde que inició el mes. Mi rutina ha sido el hospital. Casa con los chicos. Hospital. Casa. Eres la única que está aquí conmigo, acaba de llover y por lo que noto en tu chaqueta, olvidaste tu paraguas porque aún tienes gotas sobre ti. Este abrazo es lo único que necesitaba en mi cumpleaños. Gracias.

-Por cierto, felicidades. Creo que no lo había dicho desde que llegaste. –Seguían abrazados.
Se miraron al rostro y ella le quitó el chocolate embarrado que tenía en la comisura de los labios con su manga. Se separaron, tomaron el pastel de la banca y empezaron a caminar alejándose del hospital.

-¿Entonces nadie más se acordó de ti?

-Claro que sí. Tuve una videollamada de 5 minutos con mis padres mientras a mi paciente lo preparaban para cirugía. Gabriel intentó llamarme desde el congreso en el que está desde hace dos días, pero no pude contestarle, y Jessica se adelantó y me envió un mensaje desde anoche. Creo que aun se confunde con la diferencia de horario que hay entre el de Europa y el nuestro.

Iban caminando uno con el brazo detrás de la espalda del otro, pisando los charcos y salpicándose como cuando eran niños

-Sabes, también tenía pensado en llevarte a cenar hoy. ¿A dónde te gustaría ir?

-Creo que prefiero ver una película. ¿Vamos a mi casa? Me puedes hacer de cenar ahí. A no ser que Christopher se moleste otra vez.

-Está de guardia. ¿No lo viste en quirófano? Me dijo que le tocaba estar ahí.

-Trato de no encontrármelo mucho por el hospital. Está bien, en mi casa será. Estaré solo hoy porque Gabriel llega hasta mañana y tu hermano Daniel viene a dormir sólo cuando quiere. No parece que seamos tres los que rentamos esa casa.

Rosie lo veía tan bien. Su actitud amable no desaparecía ni con mil horas de trabajo sin haber dormido. Era lo que apreciaba de él, era lo que extrañaba de él. Ahora sólo podía disfrutar de esos pequeños ratos en que se veían, aun así era perfecto para ella, y estaba segura que para el también.



Música del blog:
Where does the Good go? - Tegan and Sarah