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lunes, 19 de diciembre de 2016

De un susurro a un grito

El día llegaba a su fin, y Vanessa Phyffer contemplaba desde su lujosa oficina los enormes edificios de la ciudad de Nueva York bañados por un haz de tonalidades naranja del atardecer. Se encontraba ensimismada en sus pensamientos. Era de esos momentos en que la exitosa mujer se cuestionaba a sí misma sobre su vida, sobre si había valido la pena dedicar el cien por ciento de su tiempo en poner en alto el apellido de su difunto padre en los negocios, de convertir de su presencia una muy imponente frente a sus colegas, frente a sus empleados y aún más frente a su competencia a costa de dejar en segundo plano su vida personal, sus amistades y el romance. Normalmente no le afectaba ese hecho, pero hoy por alguna razón rondaban en su cabeza.

La elegante mujer se sobresaltó al escuchar que alguien llamaba a su puerta.

-Vanessa, aquí está el informe de este mes que me pediste.

Vislumbró en el umbral de la puerta a una chica de cabello cobrizo y de una mirada profunda que inspiraba confianza, la misma que la había hecho convencer hace dos años de contratarla para la vacante en Economía de su empresa, a pesar de tener mínima experiencia en su área. Pero aprendía rápido y eventualmente escaló a un puesto más alto. Rosie McCall se adentró en la oficina de su jefa y le extendió en las manos el informe.

-Bien, lo leeré en un momento. -Contestó con ímpetu.

<<De nada>> pensó Rosie, pero ya estaba acostumbrada a la forma de ser de la presidenta de Phyffer Company.

La pelirroja chica se quedó inmóvil, mirándola.

- ¿Si?

- ¿Te sucede algo, Vanessa? -preguntó la chica. Sabía que su jefa era de pocos amigos (o más bien, ninguno), y se imaginaba lo difícil que habría de ser el no tener a alguien de confianza para hablar de vez en cuando.

Vanessa entendió el interés de Rosie.

-Es sólo que…me imaginaba cómo sería ser otra persona. Y quiero decir, completamente diferente a mí, no sólo unas cuantas cualidades distintas. Una que haya formado una familia, tal vez en otro país o una que sea atleta profesional o viajara por el mundo en busca de la mejor ropa de diseñador.

- ¡Pero tú viajas alrededor del mundo! aunque por motivos diferentes. Y aun no es tarde para encontrar a alguien y formar una familia, o para entrenar duro y competir.

Se daba cuenta que Rosie era la única que realmente se interesaba en ella como amiga, aunque para ella era algo difícil el corresponder. Siempre había sido así, con cualquier persona. Tal vez por eso no había sido capaz de entablar una relación de amistad con nadie nunca.

-Suena más fácil decirlo que hacerlo.

Rosie volvía a quedársele viendo, como si tratara de leerle la mente para saber qué decirle.

-Puedes hacerlo. El día se está acabando. Carter -la mejor amiga de Rosie de la universidad, y que trabajaba también en Phyffer Co. – y yo vamos a ir al karaoke bar a unas cuadras de aquí. Puedes venir y unírtenos. Será divertido.

Vanessa se sentía confundida por la invitación. Usualmente después del trabajo iba a su suite y bebía una copa de vino mientras preparaba su cena, o cuando el clima se lo permitía daba un paseo nocturno por Central Park, que le quedaba a unas calles de distancia.

- ¡Vamos! Ni siquiera tienes que cantar. Sólo nosotras tres, bebiendo un poco y conversando, y quién sabe, tal vez hasta conozcas a algún hombre. Al menos esa es la intención de Carter al ir allí -dijo, entre risas.



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-Entonces… ¿Cómo dices que sucedió esto? -preguntó el joven médico al paciente que tenía frente suyo, quien tenía la mano metida en la parte delantera de sus pantalones los cuales estaban manchados de sangre.

El chico aun con la mano dentro de sus pantalones, apenado y sonrojado no quería hablar lo bastante fuerte frente a los demás en la Sala de Urgencias. El joven médico quien en el gafete que colgaba de su cuello ponía Jamie Harper entendió la situación de vergüenza del chico y lo pasó a una camilla un tanto arrinconada, donde inmediatamente corrió las cortinas, dejándolos solos a él y a su paciente.

- ¿Y bien? ¿Qué te pasó? Descúbrete por favor, Arnold para poder valorarte.

El chico comenzó a desvestirse, pero en cuanto sacó su mano de sus pantalones, su miembro comenzó sangrar de nuevo. El doctor Harper contuvo rápidamente el sangrado haciendo presión con gasas, pero dejó de inmediato tomar la tarea el chico con sus propias manos. <<No puedo creer que me toquen estos casos a mí >> se dijo a sí mismo, quejumbroso.

El paciente Arnold, volviendo a recuperar la calma tras el sangrado, decidió confiar en el joven médico, pues pensó que haría su trabajo mucho más fácil, pues se veía muy apurado y su cabello un tanto desarreglado, las ojeras profundas y la barba de tres días lo hacían lucir verdaderamente cansado.

-Estaba…tú sabes -el chico moría de pena y desviaba la mirada de la de Jamie-, masturbándome.

- ¿Te desgarraste el frenillo así? -preguntó Jamie, incrédulo.

-Tal vez lo hice muy fuerte y rápido…y por mucho tiempo. Es sólo que…pensé que se sentiría mejor.
Jamie se puso en los zapatos de su paciente y se imaginó lo vulnerable que se habría de estar sintiendo, así que trató de generar confianza con su paciente.

-Bueno, en efecto tienes desgarrado el frenillo. A pesar de que llevas mucho tiempo haciendo presión según me refieres, tu sangrado aún no ha parado, lo más seguro es que tenga que ponerte unos puntos -vio cómo la cara del chico palidecía-. ¡Pero no te asustes, hombre! Es un procedimiento rápido. Ya llamé a mi residente de urología para que supervise el procedimiento, no te preocupes. Terminará todo muy rápido y no sentirás nada en el proceso, usaremos anestesia por supuesto.

 El chico se tranquilizó un poco con las palabras de Jamie, pero aun así se sentía afligido por la situación en la que estaba.

-Mira, no tienes por qué sentirte mal. Yo también soy hombre y lo hago de vez en cuando como todos, sólo que tómatelo con calma la próxima vez ¿entendido? Mi trabajo aquí es ayudarte y sólo eso, no te preocupes por ello.

A pesar de lo cansado que lucía el joven médico, emitía una sonrisa brillante que daba mucha confianza, y reflejaba lo entregado que era para con sus pacientes, pues a su parecer él gustaba de tratar a los pacientes como le gustaría que cualquier médico lo tratase a él o a su familia.


Cuando hubo terminado el procedimiento regresó a la Sala de Urgencias, con la esperanza de encontrar algún caso interesante que lo despertara literalmente. Para su sorpresa, no había ningún otro ingreso de urología. Su amiga Becca se acercó a él y le extendió un caramelo de cereza el cual agradecido, rápidamente se llevó a la boca.

- ¿Aún no te vas Harper? Pensé que habías salido de guardia en la mañana -dijo la chica, con su tono un tanto burlón como de costumbre. Disfrutaba de molestar cariñosamente a su amigo.

-Las guardias en Uro son un tanto más largas. ¿Y tú, que tal te trata Interna?

-Es mi favorita, ya lo sabes. Aunque me tocó en Cardio y Chris es mi residente –puso una cara de incomodidad al decir su nombre-  pero por el resto no me quejo.

El móvil de Becca comenzó a vibrar. Era Chris, quien la buscaba para pedirle informes de la evolución de sus pacientes justo como hace media hora lo había hecho, y la media hora anterior a esa y la anterior.

- ¿De nuevo? ¡Pero si acabo de decírselo! -vio a Jamie pidiendo compasión.

-No me mires a mí -dijo, encogiéndose de hombros-, yo soy el doctor de los  penes hoy.

- ¿Cómo es que lo soportaste la rotación pasada? Si conmigo es pesado, no me imagino cómo era contigo después de que se enteró que fuiste novio de su novia Rosie.

- ¡No tienes idea!

- ¡Regrésenme a Hemato donde todo es amor! -dijo por último su amiga.

Becca Donson se fue corriendo por las escaleras en busca de sus pacientes mientras una ambulancia llegaba a la entrada de Urgencias. Al parecer Jamie Harper iba a tener una guardia entretenida esa noche.


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Mientras tanto Rosie, Carter y Vanessa sentadas a la barra en el bar disfrutaban de un martini cada una. A pesar de ser la noche del jueves, Penrose’s era un bar muy concurrido. Con sus pisos de cerámica oscura y sus techos y acabados de madera daba un aspecto industrial pero elegante a la vez, y la música jazz que tocaban en vivo transportaba a una atmosfera única a todos los que lo visitaban en el #1590 de 2nd Avenue.

- ¡En verdad este lugar luce mucho mejor que el karaoke-bar al que planeábamos ir, Vanessa! Me alegro que hayas decidido salir con nosotras -dijo Rosie mientras daba un trago a su martini.

-Y tienen los mejores cocktails de la ciudad, se los aseguro.

-Las bebidas no son lo único bueno de aquí, al parecer -comentó Carter, la amiga de Rosie mientras veía a un grupo de chicos en las mesas contiguas.

- ¡Carter, acabamos de llegar! -le regañó Rosie.

-Está bien, está bien. ¡Cielos amiga, sólo fue un comentario!

Vanessa reía de la situación. A decir verdad, Carter siempre le había parecido graciosa en el trabajo, solamente que nunca se había dado el permiso de demostrarlo puesto que, para ella, la Presidenta de Phyffer Company debía de comportarse con total rectitud frente a sus empleados.

Vanessa y Rosie ordenaban al barman un trago de cada uno de los que servían del menú. Cada una elegía una bebida que quería que la otra probase, así conocían mejor sus gustos entre sí, mientras Carter, con los ojos entrecerrados agudizando su vista, no paraba de mirar en la misma dirección de antes.

- ¿En serio quieres ir a conocerlos? Ya te dije, platiquemos un poco…

-No, no lo entiendes. ¡Mira! -le dijo señalando con la cabeza al hombre alto sentado con sus amigos

- ¡Miro qué!

-Es…

- ¡Oh por dios, Carter!

- ¡Si!

- ¡Alguien explíqueme qué está pasando aquí! -dijo Vanessa, quien ahora también tenía curiosidad.

- ¡El hombre alto sentado con aquél grupo!

-Ya lo vi, pero no se quien sea -soltó Phyffer, un tanto desesperada.

-No lo puedo creer, ¿creen que esté filmando aquí en Nueva York?

-No, ya terminaron de filmar la película. O eso publicaron hace una semana.

- ¡¿QUIÉN ES?!

- ¡El mismísimo Superman!

Vanessa seguía sin entender.

Y de pronto, las voces de Rosie y Carter pasaron de un susurro a un grito:

- ¡HENRY CAVILL! -dijeron las dos.




Continúa la historia aquí: 


Música del blog:
Street Lights - Kanye West

 

sábado, 10 de octubre de 2015

Antes de dormir

Estaba dentro de su cama listo para dormir. Envuelto en su cobertor, con una taza de leche sobre la mesa de noche, su pijama azul puesta encima y la edición de ese mes de Cardiologic urgencies en sus manos, leía bajo la tenue luz de su lámpara con una tranquilidad invaluable. Traía puesto sus gafas de lectura, aunque él sabía que pronto necesitaría usarlas de tiempo completo pues comenzaba a disminuir su agudeza visual desde que estaba en la escuela de medicina. El clima fuera en la ciudad neoyorquina estaba fresco, pues el invierno se acercaba.

Había decidido ponerse al tanto de lo más reciente en el tratamiento de urgencias cardiológicas pues su residente, Chris, disfrutaba de tupirlo frente al resto de sus compañeros internos en cada caso en el que trabajaban juntos. A veces Jamie tenía la respuesta correcta, pero otras veces tenía que callar y dejar lucirse a Chris, el actual novio de Rosie. A pesar de eso, Jamie disfrutaba leyendo temas de urgencias en su tiempo libre, pues empezaba a considerarla como una especialidad potencial para él en un futuro.

Echó un vistazo a los gráficos que mostraban el valor predictivo positivo de los datos recabados de este estudio experimental sobre farmacogenómica en casos de cardiopatía isquémica cuando tomó un sorbo de su taza de leche con la forma del casco de Darth Vader. Alguien llamó a la puerta.

-Pasa, está abierto Dan

-¡Hey! Hola, soy yo –asomó la cabeza una chica de tez blanca con el cabello color cobrizo la cual Jamie reconoció al instante a pesar de la tenue iluminación de la habitación. –Vine a dejarle unas cosas a Daniel y quise saludarte, espero que no estés ocupado.

-En absoluto, ven aquí –el chico dio unas palmaditas al sitio al lado suyo en la cama. –estaba a punto de dormir pero antes quise leer un poco esto.

-¿Urgencias cardiológicas? Jamie, ni en tu día libre dejas de lado el hospital.

El chico se encogió de hombros y sonrió. Rosie quedó inmóvil un minuto tras ver sonreír a su amigo. En ese momento recordó lo mucho que le gustaba verlo. Le gustaba su sonrisa, pues cada vez que lo hacía, en las comisuras de sus labios se formaban unos hoyuelos muy lindos, y se hacían visibles las diminutas arrugas en la unión de sus párpados. También, la lámpara ponía en evidencia las pecas que el chico tenía en el puente de su nariz y en sus pómulos. Cuando la chica se dio cuenta de que se había quedado atontada observando el rostro de su exnovio, sacudió la cabeza.

-Me ha contado Chris que estás con él en cardio, lo había olvidado.

-Sí, estos dos meses es mi residente a cargo. Es bueno en lo que hace, pero es sólo que no congeniamos mucho.

En realidad, Jamie quería contarle a su amiga que su novio era un patán con el en el hospital y que seguido sacaba ventaja de su puesto sobre él, pero a pesar de lo mucho que él desaprobaba su actual relación amorosa, no quería darle más problemas de los que ya tenía Rosie con Chris, pues el chico sabía que discutían mucho. De cierto modo, Jamie seguía preocupándose por ella, pues antes de haber sido novia, fue su mejor amiga. Así que puso una cara alegre y prosiguió.

-¿Y qué hay de ti? ¿Cuándo pensabas decirme del nuevo puesto al que fuiste ascendida?

La chica se sonrojó.

-Oh –soltó una risita nerviosa –es sólo…a Vanessa le gustó la propuesta de la que te platiqué. La semana pasada me planté frente a la sala de juntas con los accionistas de la empresa (aunque ni siquiera debía estar ahí) y expliqué mis ideas. Les encantó.

-¡Bien hecho chica! –chocaron las palmas. –Me da gusto este avance que diste, estoy seguro que irás a por más.

Tomó otro sorbo de su taza de Darth y le ofreció a su amiga pero esta se negó.

-¿Cuál crees… -hizo una pausa para dejar la taza de nuevo en la mesita de noche –cuál crees que sea el resultado en una pelea entre Venom y Magneto?

-Venom y… ¿Son personajes de cómics, cierto? –preguntó la chica, sintiéndose ignorante acerca del tema. Jamie siempre había sido su fuente de información sobre cosas geeks.

-Sí. Si no sabes la respuesta, puedes preguntarle a tu hermano. Magneto gana fácilmente, por supuesto.

La chica seguía desubicada.

-Es que todo el día fue de jugar Marvel’s combat con los chicos. Daniel creía que Venom podía vencer a cualquier personaje jugable, pero claramente no conocía mis habilidades usando a Magneto –Jamie se sintió muy niño después de escucharse decir eso.

-Siempre aprendo algo nuevo sobre cosas nerds contigo.

-Para esto me tienes –dijo, con un tono juguetón.

Rosie miró el reloj digital del despetador que Jamie tenía en su mesita de noche. Las 10:30.

-Bueno –se levantó de la cama –es hora de irme. Seguramente Charlie está esperándome para cenar (por segunda vez). Recuérdame la próxima vez no compartir casa con mi hermano mayor. Prefiero a Dan. ¡Oye –señaló la camisa del pijama de Jamie –me gusta tu pijama!.¡ Se te mira muy bien!

-Gracias, me la dio alguien especial el año pasado en navidad –le guiñó el ojo.

-Te veo después entonces.

-¡Espera! –la pelirroja se detuvo en seco. –Faltan dos semanas para tu cumpleaños. ¿Qué quieres hacer ese día?

-Mmm…no lo sé, no tengo nada en mente.

-¡Oh, vamos! Llegaste a esta ciudad un año antes que yo. Debes de conocer un buen lugar en Nueva York al que quieras ir a comer, cenar o tal vez a bailar o echar un trago.

-Tiffany’s. Ahí quiero ir ahora que lo pienso.

-¡Tiffany’s, eh! –exclamó el chico en tono sarcástico. –Según Gabriel, sirven muy delicioso el almuerzo ahí.

-Como no tienes idea.

-Entonces ahí será. Bueno, igual tenemos tiempo hasta que llegue el día. Puedes retirarte en paz linda –a Rosie le dio gracia esa última frase.

-Con su permiso –respondió, en el mismo tono.

Salió de la habitación.


Jamie tomó el último sorbo de su leche ya fría y dejó a un lado la revista que estaba leyendo. Apagó la lámpara y se echó hasta los hombros el cobertor que tenía en sus pies. Mañana sería otro día en el hospital.

viernes, 2 de octubre de 2015

Oscura fue la noche

Se quitó el abrigo al entrar a casa. Hubiera deseado que con él, también se quitara todo el peso que cargaba en esos momentos. Las luces de la planta baja estaban prendidas, al igual que el televisor en la sala. Juguetes tapizaban la alfombra al lado del sofá e intuyó que su esposa Rosie había llevado a dormir a los niños a sus habitaciones después de un largo día de juego. ¡Qué dicha ser niño! Pensó. No eran conscientes de los problemas que como adulto él estaba pasando en esos momentos. Pero pronto se enterarían. Su esposa lo sabía, sus amigos lo sabían, y la verdad era cruda.

Caminó hacia el cuarto de baño. Encendió la luz. Una tenue luz irradiada por dos lámparas con forma de tulipanes dispuestas a cada lado del espejo del lavabo ponía en evidencia su demacrado rostro. Jamie tenía un semblante que jamás había tenido. Ni siquiera tras esas guardias extensas en el hospital terminaba con la expresión facial que portaba en ese momento. Las últimas 32 horas habían sido extenuantes, agobiantes, dolorosas. Para él, para su madre y para su hermano. La barba se hacía visible tras dos días sin afeitarse; sus párpados inferiores se tornaban oscurecidos por el desvelo de las últimas noches en el hospital, veía sus ojos humedecidos, pero hacía todo lo que podía por no dejar caer ninguna lágrima.

Abrió el grifo del lavabo y el agua empezó a correr. Metió sus manos al chorro y juntándolas entre sí logró contener agua en ellas para en seguida enjuagarse la cara. Cerró el grifo y tomó una toalla para secarse el rostro. Suspiró. Deseaba no ser el en ese momento.

Apagó el televisor y las luces de la planta baja y subió las escaleras. Lo que más quería era ver a Rosie. Necesitaba de ella.

Llegó a su habitación. Ella estaba en el cuarto de baño contiguo cepillándose los dientes o algo. Vio la cama lista para acostarse y deseo tanto hacerlo, pero en lugar de eso, se sentó a la orilla de esta. Todo en su cabeza pasaba rápidamente de nuevo. ¿Cómo había pasado todo? ¿Qué hizo mal? ¿Por qué no fue informado al instante de la situación para poder intervenir? Es urgenciólogo, podía hacer algo, podía hacer todo lo que estaba en sus manos, pero no fue así. Se sentía tan impotente, tan furioso, tan culpable. No podía remediar nada ahora. Ya no. Esa noche, Jamie Harper había perdido a su padre.

Rosie llegó a la habitación. Ella sabía del estado crítico del señor Harper. Inisitió a su esposo el estar en el hospital a su lado, pero el no quería que los niños estuviesen sin alguno de ellos por mucho tiempo. Después de tanto, él conocía a su esposo. Sin si quiera preguntarlo, sabía lo que acababa de ocurrir. Se sentó a su lado en la cama, lo rodeó con el brazo y le dirigió una mirada de complicidad. La misma complicidad que los había convertido en mejores amigos desde su adolescencia, la misma que los hizo novios, la misma que se prometieron al convertirse en esposos. Jamie aceptó esa mirada, aceptó su abrazo, aceptó su silencio.

Con la mirada baja y las manos apoyadas en sus rodillas, Jamie comenzó a sentir temblar sus brazos, sus hombros, su pecho, su abdomen. Sus piernas se pusieron tensas, al igual que su mandíbula. Notó que le costaba respirar. Y entonces, sucedió.

Dejó salir las lágrimas que con esfuerzo venía reteniendo, al mismo tiempo que comenzó a jadear, pues cada vez le era más difícil respirar, su cuerpo seguía temblando. Se inclinó hacia el vientre de su esposa. Le rodeo la cintura con sus brazos y siguió llorando. Se mostró como jamás se había dejado ver en su vida. Se mostró vulnerable. Y en esos momentos, el vientre de su esposa parecía el lugar más acogedor y protegido con el que contaba. Quería una sola cosa en ese momento. Quería a su papá con vida.

-Lo sé amor…lo sé.

Ella se inclinó para poder cubrirle, en señal de que ella lo tenía y que en sus brazos no tenía por qué sentirse vulnerable. Justo como él le había hecho sentir eso mismo a ella en muchas ocasiones.

Rosie notó que dos figuras los observaban bajo el marco de la puerta, algo confundidos y asustados. Eran los pequeños Reed y Carson. Seguramente el llanto de Jamie los había despertado.

-Mami, ¿Papi está bien? ¿Qué le pasa? –dijo el menor de los niños, con la voz quebrada.

Jamie escuchó la voz de Carson y dirigió la mirada hacia ellos. Se limpió las lágrimas con sus manos y extendió una mano hacia ellos.

-Vengan aquí chicos –dijo, tratando de dibujar una sonrisa en su rostro.

Los niños, vacilantes, caminaron hacia ellos aun sin saber qué era lo que pasaba como para hacer llorar de esa manera a su papá. No los culpaba. Jamie sintió alivio al verlos. Su imagen tan inocente atenuó su sufrimiento. Reed se veía muy tierna con la trenza que le había hecho Rosie, tenía el mismo cabello color cobre igual que ella. Su pijama amarilla tenía en frente dibujado un pato. Y luego estaba Carson, quien tenía la misma mirada de su padre. Las mangas de su pijama le quedaban grande, y Jamie no pudo evitar soltar una risita al ver cómo éstas se movían hacia atrás y hacia delante cuando éste brazeaba al caminar. Amaba a sus hijos, amaba a su esposa. En ese momento, era en lo único que pensaba.

-Vengan niños… –abrazó a ambos y les dio un beso en la frente –los amo, lo saben, ¿verdad? Los amo.

Las lágrimas brotaron lentamente de nuevo de sus ojos. Lo único que hizo, fue seguir abrazando tan fuerte como pudo a sus hijos y a su esposa. Sería una noche difícil.


Música del blog:
Nearly morning - Luke Sital


viernes, 17 de julio de 2015

La noche en New Haven

Sentía transpirar bajo su camisa verde, aquella que hacía juego con sus ojos. Trató de llevarla con calma durante todo el día, pero hace unos minutos empezó a ponerse nervioso respecto a lo que se venía en unas horas.

Su amiga Rosie estaba con él en su habitación, la 17-A del edificio Lawrence, ayudándole a afrontar la situación.

-He hecho esto antes, es decir, he tenido citas…con chicas. Solía recurrir a Jamie para estas cosas (no es muy bueno en el tema, pero al menos lo intentaba) pero ahora que… <<que descubrí que en verdad me gustan los chicos>> bueno, ya sabes.

-No te agobies, aquí me tienes. Entonces ¿dices que este es el mismo chico de la fiesta de bienvenida? Alex. Pensé que lo estabas ignorando desde entones.

-¡Así fue! Sabes que no quiero pasar por todo el drama del año pasado otra vez…

-Aquella situación era totalmente diferente Gabriel –le dijo mientras le acomodaba el cuello de la camisa.

-Está bien, está bien. Aun así, lo evité lo más que pude estas últimas semanas, pero coincidimos en el mismo piso durante clase y en veces insistentemente me abordaba.

-Pues si yo fuera tú (y si no tuviese novio, claro), hubiera aceptado salir con él a la primera, ¡¿Qué no lo has visto?!

Gabriel trató de borrar de su mente el gesto que había hecho su amiga.

-De hecho puedes. Es bisexual –se aplicó gomina en el cabello –y tiene una gran reputación en el campus… si sabes a lo que me refiero. ¿La barba está bien?

-Te ves mejor sin ella, a mi parecer –percibió la mirada asesina de su amigo. Debió decirle eso antes de que se cambiara.

-Bien bien, todo está bien –suspiró –solo es una cita, como muchas que he tenido antes <<sólo que con mujeres>>. ¡¿Por qué rayos es tan atractivo?!

Estaba seguro que lo arruinaría todo. La única experiencia que tenía con otro hombre le había dejado un mal recuerdo. No por él, Desmond fue como un faro para su barco. Le estaba agradecido inmensamente por todo lo que le hizo madurar. Verse auténtico. Sentirse libre. Ser valiente. Los padres de Gabriel por otro lado…no tomaron muy bien la noticia. Y Desmond resultó afectado. Gabriel siempre se preguntaba si aquél chico se recuperó del todo de la brutal golpiza que le brindó su padre <<su rostro y costillas tal vez, pero su orgullo no lo creo>>. Era una lástima que jamás quiso contactarse con Gabriel después.

Y aquí estaba. 4 meses después, en un lugar diferente del país, esperando su cita con un chico diferente, pero aun así, se sentía como el mismo Gabriel inexperto que salió por primera vez con otro hombre.
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Estaba en una banca fuera del gran edificio de la biblioteca central, el punto medio entre la Casa Alfa Phi Alfa, hogar de Alex y el Edificio Lawrence. Bajo la luz del farol que se encontraba a un costado de la banca donde estaba sentado, Gabriel aguardó la llegada del chico. Faltaban unos 33 minutos para la hora acordada.

Repasaba en voz alta una y otra vez lo que iba a decir. Realmente estaba nervioso. Sentía un ligero aire colarse por su camisa. El otoño estaba llegando a su punto álgido.

-Creo que es muy dulce lo que estás haciendo.

Exclamó una viril voz. Gabriel saltó de un respingo y giró su cuello a la izquierda donde Alex se encontraba recargado en el respaldo de la banca.

Sonrojado, Gabriel articuló con dificultad un hola.

-¿Llevas mucho esperando? Perdón, pero los Alfa Phi no me dejaban irme de su fiesta. Sábado por la noche, tú sabes.

-No, acabo de llegar –mintió. –Entonces… ¿cuál es el plan que tiene Alex Cooper para esta noche?

-Hoy Gabriel, conocerás el lado nocturno de New Haven. Soy local, no sé si lo sabías. He vivido toda mi vida en esta ciudad.

-Vaya, no sabía. Oye...entonces si eres local, ¿por qué vives en el campus con los Alfa Phi? –empezaron a caminar hacia al oriente, rumbo a la salida del campus.

-Bueno, es que es mucho más interesante estar aquí en el campus que en casa con mis padres, ¿no lo crees? –le indicó un atajo por un estrecho pasillo entre el edificio de la oficina postal y el centro médico.

Gabriel miraba el camino empedrado en busca de ideas para más conversación, no quería parecer alguien cohibido. Ahí, bajo la tenue luz de la luna en esa noche fresca, entre los tradicionales edificios de arquitectura gótica del campus, sus pensamientos parecían aflorar débilmente. <<Es el efecto de empequeñecimiento del arte gótico>>

Llegaron hasta donde estaba el auto de Alex, un camaro convertible en color amarillo. Se subieron en él y se dirigieron fuera del campus. Éste se despidió del guardia de la entrada como si fuesen viejos amigos.

-Me dijiste que estudias arquitectura, ¿Qué piensas de los edificios de la universidad?

-Son muy variados. Los hay contemporáneos, clásicos y góticos. Góticos en su mayoría. Pienso que refleja lo antigua que es la escuela, pero también el progreso que ha logrado a lo largo de los años –no podía creer que le preguntara sobre eso –en una de mis clases el profesor nos ha pedido para este lunes que analicemos un edificio de la ciudad, el que más nos gustase.

-Bueno, tal vez puedas elegir alguno esta noche –sacó de la guantera una bolsa oscura con zipper- traje mi cámara fotográfica –le guiñó un ojo –sabes, mi hermana también estudió arquitectura en Yale, me ha enseñado lo poco que sé sobre el tema. Hay muchas edificaciones en la ciudad que son dignas de admirar. Es algo que me gusta de vivir aquí.

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-¿Hola? –dijo el chico en un susurro, pues su compañero de cuarto ya estaba dormido.

-¡Hola! Espero que no sea demasiado tarde. Es sólo que quería escucharte.

El joven salió del cuarto. Una delgada figura atravesaba los ventanales del pasillo del cuarto piso, dirigiéndose a las enormes escaleras en caracol.

-También he querido escucharte –suspiró  –¿Cómo va todo por allá linda?

Se sentó a los escalones. El suelo del vitro piso estaba frío. La luz de la luna que atravesaba el vitral que estaba sobre las escaleras iluminaba la delgada figura de Jamie Harper.

-Bien, las cosas parecen ir bien. Vengo de visitar a Gabriel en su habitación, lo estaba ayudando a prepararse para su cita.

-¿Cita? No sabía eso ¡Bien por él!

-Y entonces pasé por esta plaza donde vi a varias parejas reunidas, y no sé…sentí la necesidad de hablarte. Y tu…¿cómo has estado?

Jamie notaba el tono nostálgico en la voz de su novia, lo que no hizo sino ponerlo nostálgico también a él.

-Muy bien, algo apurado, las cosas van muy rápido por acá. Trato aún de acostumbrarme a la manera de trabajar en esta carrera ¡todos son muy competentes! Me emociona. Deberías conocer a mi compañero de cuarto ¡es todo un personaje!

No era la primera vez que Rosie sentía que Jamie había avanzado muy rápido de página. Le daba gusto que su novio estuviera feliz estudiando lo que más le emocionaba, pero a la vez se preguntaba si ella no se estaría quedando atrás en sus ambiciones y metas.

La plática siguió por media hora más. Cuando Jamie se percató que tal vez había despertado a sus vecinos, se empezó a despedir de Rosie.

-En verdad espero verte pronto. Iré a visitarlos próximamente, te lo prometo –dijo Jamie, esperanzado.

-También planeo visitarte. Quiero sentir tus abrazos otra vez…

-Puedes hacerlo ahora mismo. Cierra tus ojos. Imagina que te abrazo, que me abrazas. Yo imaginaré lo mismo.

Rosie tuvo una sensación de calidez en todo su cuerpo al escuchar las palabras de su novio. De cierta manera, él estaba junto a ella haciéndola sentir reconfortada.

-Te amo, Rosie –dijo, con la voz más sincera que pudo.

-Te amo Jamie –respondió ella .
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Recorrían las antiguas calles de New Haven. Habían dejado el auto estacionado cerca de Principal Avenue e iban a pie por el piso de piedra laja de las calles. Se detenían de vez en cuando para fotografiar un edificio memorable. Primero Alex tomaba una del edificio completo, después tomaba una de ellos dos con una cómica pose frente a dichos edificios.

-¿Qué te parece éste? –señaló Alex con los brazos extendidos a lo alto. –Torre Harkness. 1917. James Gamble Rogers. De los primeros edificios góticos en la ciudad. Este en particular me parece fascinante. La base es de forma cuadrangular, pero a mitad de camino…

-Cambia su estructura a un octágono perfecto –completó Gabriel, con la vista clavada en la punta de la torre.

La iluminación propia que tenía el edificio no hacía más que resaltar su majestuosidad.

-Y están esos enormes relojes de metal, uno en cada cara de la torre que le recuerdan a las cuatro direcciones de la ciudad las horas que pasan con un fugaz tic tac...especialmente en la noche.

A Gabriel le gustaba el interés con que Alex narraba sus conocimientos.

-Aunado a la numerosa y detallada ornamentación y las formas en ojal características de la corriente gótica arquitectónica. <<Empequeñecer al hombre es su objetivo>> recordó Gabriel.

-Anda, tomémonos una fotografía justo aquí –Alex sonó esmeradamente feliz.

Gabriel no era alguien que gustase mucho de las fotos, pero quería quedar bien con su cita. Después de todo, él estaba poniendo mucho de su parte al mostrarle la ciudad. Alex le pidió a dos señoritas que iban pasando que les tomasen la foto. Corrió hacia donde estaba Gabriel, poniéndose a su derecha. El chico sonreía de oreja a oreja, rodeo su brazo tras Gabriel y lo tomó por la cintura. El flash disparó.

Alex recuperó la cámara. Puso en el visor de fotografías la que se acababan de tomar. <<¡Muy linda!>> pensó.

Siguieron caminando por las nocturnas calles de la ciudad, hasta que llegaron a uno que ponía Memorial Theater en una placa dorada al frente. Uno de los pocos edificios renacentistas en New Haven. Gabriel recordaba lo que había visto de el en clase hace unas semanas. Subieron la escalinata de piedra y Alex le guió por la entrada.

-¿Está abierto a esa hora? Parece vacío.

-Conseguí que nos abrieran el lugar hoy.

Los dos chicos cruzaron el umbral de las puertas plegadizas de madera. Gabriel, asombrado ante o lo que sus ojos estaban viendo, dejó escapar un leve oohh. Era muchísimo más grande y elegante que el teatro local de su pueblo, sin duda. Alex se adelantó y caminó por el pasillo principal entre las rojas butacas. Caminando al revés, disfrutaba la mirada de asombro de su acompañante.

-¿Y…qué te parece?

-Espléndido. Entonces ¿solo pediste que te abrieran y ya?

-He pasado aquí mucho tiempo desde que era niño. Mi mamá es productora de obras de teatrales, y los primeros años de su carrera fungió en este teatro. Henry, el velador del edificio es buen amigo mío –dijo entre risas. –Hoy está cerrado, pero el próximo mes se estrena El sueño de una noche de verano, de Shakespeare.

-Vaya…debo admitir que has superado mis expectativas. –vio que Alex puso una mirada de desconcerto. –Jamás pensé que fueses un chico tan interesante. Culto. Supongo que te juzgué mal, lo siento.

-No te culpo. Sé bien la fama que me he creado en la universidad. Y aunque la mayoría de eso es cierto –soltó una risita –quiero que sepas que tengo muchos lados que no todos ven, más allá del chico que se mete con todos (y todas).  No siempre me muestro como soy, pues prefiero reservarlo para mí, pero creo que tú tienes algo especial.

Habían vuelto al camaro amarillo y se dirigieron a las afueras de la ciudad, del lado del mar. Pararon frente a un pintoresco establecimiento llamado Frank Pepe Pizzeria Napoletana. Famoso no sólo en la ciudad, sino en el lado este del país.

Entraron al restaurante y había tres mesas ocupadas, una por un grupo de amigos que celebraban el cumpleaños de uno de ellos, y las otras dos por dos parejas. Gabriel supuso que debido a la hora (casi las 12:00), el lugar se encontraba algo vacío.

Fueron hasta el mostrador, y Alex le recomendaba a Gabriel sus opciones favoritas del menú. Al final se decidieron por una de masa delgada con peperoni, pollo, cebolla, champiñones, queso mozarela y orégano, con un tarro de cerveza para tomar.

Se acercaron a la barra de salsas y toppings y Gabriel tomó un frasco que intentó aplicar a su pizza. El orificio del frasco estaba averiado. Gabriel se dio cuenta de esto al quedar su camisa verde con una gran mancha de color rojo. Al darse cuenta, Alex rápidamente tomó una servilleta.

-Déjame ayudarte –dijo amablemente, en vista que su cita se había puesto rojo de vergüenza.

Alex limpiaba con un cuidado la mancha. Gabriel notaba el cariño con que él lo limpiaba.

-Sabes qué…creo que no se quitará –empezó a quitarse su chaqueta de cuero color café. Se quedó solo con su playera blanca. –Ten, póntela –le extendió la chaqueta, con una sonrisa sencilla.

-No…no tienes que hacerlo –le repuso Gabriel.

-Vamos, no me molesta en absoluto. Además, aún nos falta una parada por realizar.

Gabriel aceptó la chaqueta y se la puso, cubriendo en su totalidad la enorme mancha. Acto seguido, se dispusieron a comer.

Estacionaron el auto a unos metros de su última parada. La costa de New Haven contaba con una casa del faro que guiaba a las embarcaciones entrantes. Lighthouse Point Park era una de las atracciones más populares de la ciudad. El atrio del faro se encontraba iluminado por pequeñas luces salientes del suelo que delimitaban el terreno. Había una casita color rojo con un tejado negro que figuraba antes de la torre del faro. Alex la pasó de largo y dirigió a Gabriel directo a la torre. Debido a su función, el sitio se encontraba abierto las 24 horas del día.

Cuando entraron, a Gabriel le hizo feliz ver lo que había en el centro del edificio. Un carrusel dentro del edificio del faro era lo más inusual que había visto. Sabía bien que ese juego giratorio había sido testigo de muchas promesas de amor y de sesiones fotográficas de boda, donde los novios se prometían mantener juntos toda la vida, por más giros inesperados que ésta diera.

Alex había elegido un lugar tan especial para dar cierre a la noche. La fotografía, el teatro, la chaqueta, el carrusel en el faro. El chico le había demostrado a Gabriel lo detallista que era. Estaba asombrado, tenía un buen presentimiento acerca de él.

Alex se subió al carrusel y desapareció al girar éste. Volvió a aparecer, parado junto a un caballo sosteniendo uno de los tubos.

-¿Qué pasa? ¿No vas a subir Gabriel?





miércoles, 1 de abril de 2015

La última navidad parte 4 (desenlace)

El auto se detuvo frente al edificio verde. El chico bajó del auto y alzó la mirada hasta lo más alto. Parecía un lugar algo triste. La fachada estaba ya desgastada, las ventanas de los pisos superiores se veían sucias y notó que las vigas que sostenían el techo del pórtico estaban algo carcomidas. A Eliot le disgustó que un lugar destinado para un propósito tan caritativo fuera descuidado en su mantenimiento.
Había personas haciendo fila en la calle aún, tratando de conseguir refugio para esa noche. Se recordó a sí mismo hace varios años yendo de albergue en albergue con su hermano hasta que servicios sociales lo llevó a la casa hogar. 
Las personas empezaron a notar la comida que el equipo de Parker y la familia Harper empezaban a bajar del auto y en sus rostros Eliot notó la alegría que sentían al saber que esa noche tendrían una cena de navidad como el resto de las personas en sus hogares suelen tenerla.
La directora del refugio salió a recibirlos y trajo consigo a personal para llevar los recipientes de comida dentro del edificio, asimismo le dijo a las personas en la fila que todos alcanzarían lugar esta noche y que tendrían una cena especial.
Los guío hacia dentro recorriendo el angosto pasillo, iluminado por una tenue serie de luces navideñas.

-Recibimos a mucha gente por estas fechas, estamos planeando expandir el refugio. El edificio de al lado está en venta, pero aún estamos por lejos de conseguir el dinero que piden por ella, así que mientras nos ajustamos a lo que tenemos.

-¿Pero entonces que pasa cuando llega gente de más? ¿Les niegan la entra así nada más? –La señora Harper parecía un poco indignada con tan sólo imaginar aquella situación.

-Sé lo que piensa. Pero tenemos que hacerlo, créame que esa es la única parte de mi trabajo que detesto, pero tenemos que cumplir exactamente con la cantidad máxima de personas refugiadas en el edificio. Regla de sanidad. Si nos sobrepasamos podrían sancionarnos o hasta quitar la licencia del refugio.

Eliot se dio cuenta que la única manera de que nadie se quedara sin cama ninguna noche era consiguiendo expandir el refugio. Creyó tener una idea, pero no la dijo en voz alta hasta cerciorarse de cuán posible era su plan. Al parecer, tenía un gran proyecto en mente.
Llegaron a una habitación amplia, donde había mesas largas con bancos del mismo largo de las mesas. Algunos de los refugiados ya habían empezado a acomodarse, esperando la cena.

-Y este es el comedor. La cocina está tras esas puertas, pero creo que podemos servir la comida aquí frente a ellos. ¿Se quedarán con nosotros verdad? Vendrá el coro de la iglesia, siempre ponen muy buen ambiente aquí.

Parker y los Harper accedieron, y se integraron junto con el personal del refugio para empezar a servir la comida. El coro llegó y empezó a cantar al unísono la canción navideña más agitada que Eliot había escuchado, sintiéndose aún más alegre de lo que ya estaba.

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Llamó a la puerta y esperó a que Charlie abriera. En la parte sur de Nueva York empezaba a soplar un viento congelante que se arrepintió de ponerse ese abrigo ligero pero fabuloso a la vista. -La elegancia es primero.
Alto, con un cuerpo atlético pero con esa mirada de pocos amigos que siempre se cargaba Charlie abrió la puerta. El mismo la había llamado y pedido que fuera a su casa, pero Vanessa Phyffer no sabía para qué.

-¿Y? ¿Puedo pasar al menos? El viento está congelante.

-Depende de qué tan dispuesta vengas. –Contestó e hizo esa sonrisa bufona que aunque ella no quería admitirlo, le derretía.

-Te dije que aquellos… encuentros entre nosotros se acabaron. –Pasó a la casa y Charlie cerró la puerta tras de sí. El frío viento dejó de sentirse. –Además ni siquiera eras tan bueno.

-Eso no decías cuando te… -Vanessa le arrojó su bolso al pecho para callarlo. –De acuerdo de acuerdo, no más comentarios, bonita.


-Entonces… -hizo una pausa para hacer a un lado la ropa sucia que había regada en el sofá donde prosiguió a sentarse. –¿a que se debe tu llamada?

-Supuse que no tenías nada mejor que hacer en tu casa que leer algún libro tonto sobre la mujer exitosa en la noche de navidad.

-No seas ridículo, ¡tengo muchas cosas qué hacer

Charlie volvió hacia ella con su sonrisa bufona.

-Admítelo, estás tan sola y amargada en la vida como yo. –Le pasó un cerveza a su amiga, y se empinó la suya.

-La única diferencia –dijo Vanessa, levantándose de su asiento y yendo hacia el dolido tipo poniéndole el dedo índice en sus labios en señal de silencio.- es que tú si tienes una familia a la cual puedes visitar.

Antes de que Charlie pudiera replicar, el teléfono sonó. Prefirió ignorarlo, pues sabía de quién se trataba, pero Phyffer contestó.

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Todos en el refugio disfrutaban de la comida que el restaurante MILLAR’s había donado. Refugiados, trabajadores y los chicos del coro compartían mesa. Eliot miraba con gusto a sus padres adoptivos reírse y conversar con una de las familias refugiadas. Parker se cercioraba de que no le faltara ninguna ración a nadie, deseó que Gabriel estuviera ahí junto a él en ese momento.

Tratando de servir el ponche de ese enorme jarrón Eliot perdió el equilibrio, pero alguien llegó a tiempo para ayudarlo y evitar se cayera todo.

-¡Cuidado colega! ¿Necesitas ayuda?

Eliot sonrío con todo su júbilo al ver que su hermano Jamie había llegado para ayudar. Por la mañana había sentido que ignoró todo este asunto y se fue extremadamente rápido, pero ahora estaba ahí, apoyándolo en su proyecto.

-Perdón por salirme así sin más en la mañana colega. Gabriel me contó tu plan y quise venir a ayudarte si es que aún quieres.

-¡Claro! Mira puedes ayudarme a servir esto, por poco se me cae a mi…

-¡Sonrían!

La mamá de los chicos les sacó una fotografía con su antigua cámara instantánea. Vio la foto de sus dos muchachos, Jamie el niño al que crío desde su adopción hace ya 14 años, y Eliot, el nuevo integrante de la familia de quien rápidamente se había encariñado. La primera foto que tenían juntos. No pudo evitar derramar una lágrima al verla y sus hijos dejaron el ponche para ir a abrazarla, darle un beso en la mejilla ambos al mismo tiempo y desearle feliz navidad.

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En el aeropuerto de Nueva York seguía la desesperación de Daniel por poder despegar de una vez por todas el vuelo, pues ya era casi media noche y el y Lily tenían que estar en casa para la cena de navidad. Tenía mucho sin ver a sus padres, además quería escuchar personalmente cómo iban las cosas entre su hermana Rosie y su amigo Jamie. Les tenía mucha fe a la pareja.

Lily había ido por algo de comer y él se quedó en la sala de la terminal F3. Quería arrancarse el cabello pues Jimmy, el pequeño odioso que estaba sentado a su lado no paraba de hacer berrinche a sus padres sobre un videojuego que exigía tener.

Con pocas esperanzas, vio que la azafata de la terminal tomó el micrófono diciendo:
Agradecemos su espera por el vuelo 104 a Colorado, nos complace anunciarles que las condiciones meteorológicas en dicha ciudad han mejorado, por lo que el vuelo es reanudado. Pasajeros favor de abordar por la puerta 3.

En cuanto escuchó esto, Daniel se puso de pie, en busca de su novia. Tomó la maleta de mano que traía consigo y se dirigió hacia la puerta de la terminal para apresurar a Lily.

-¡Vamos! ¿Escuchaste? El vuelo ha reanudado, ya podemos abordar el avión ¿encontraste lo que ibas a comprar?

-De hecho, encontré algo más. Bueno, a alguien más.

La chica viró hacia atrás e introdujo al ala a un alto y fornido hombre a quien Daniel no esperaba ver en esos momentos. El alto personaje se acercó a Daniel, y con mirada de duda e incomodidad miró a los ojos de su hermano.

-Así que…tu vuelo… -Charlie no sabía ni qué decir. No había podido conectar con su hermano menor en estos meses que habían tratado de sobrellevar su relación viviendo juntos.

-Se reanudó. Ya vamos directo a casa, con mamá, papá y Rosie. –repuso en tono seco Daniel, quien también se sentía en una situación incómoda.

-Genial. Totalmente genial –Charlie tenía en la punta de la lengua lo que iba a proponerle a su hermano, pero el orgullo no lo dejaba. –Salúdame a todos en casa.

-Dan…ya es muy tarde como para tomar el vuelo. Recuerda que transbordaremos en Colorado, y no como éste primer vuelo se retrasó, no sabemos si habrá un segundo disponible para llegar a casa.
Daniel sabía por dónde iba el asunto, pero no estaba dispuesto a aceptar quedarse con Charlie si éste mismo no lo decía por su cuenta.

-Enano, lo que Lily trata de decir, es que habrán llegado como mínimo para el medio día de mañana, perdiéndose de la cena de navidad de hoy. Deberían quedarse aquí ambos, podemos preparar algo y tener nuestra mini cena de navidad…improvisada. Si así lo quieres.

Lo dijo. Había una brecha enorme entre estos hermanos, pero a Daniel tampoco le gustaba la idea de quedarse sin cena de navidad, ni mucho menos de seguir soportado al odioso Jimmy sentado junto a él.

-Cena improvisada, eh. Suena bien grandulón. Podemos llamar a la familia por Skype y desearles feliz navidad. Más vale que te peines o papá creerá que aún sigues en esa banda de rock –le dice Daniel en tono burlón, dándole una palmada en el brazo a su hermano.

-Y tu quítate esa barba o mamá se asustará –repuso el hermano mayor, ayudándole al menor con el equipaje de Lily.

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En casa de los Harper todos disfrutaban el estar reunidos. La cena había terminado y ahora se encontraban todos en la sala recordando las travesuras de Jamie, Rosie y Gabriel cuando eran chicos, quienes no paraban de reír y sentirse avergonzados de vez en cuando con alguna de las historias. Eliot y Parker escuchaban asombrados las aventuras (y desventuras) por las que pasó el trío de amigos, y morían de ganas por conocer al resto del grupo como a Daniel, Hailey y Jessica.

Llegó un momento en que Jamie y Rosie se escaparon del bullicio y salieron al frente de la casa a tomar un respiro. En lo que iba del día, era la primera vez que se encontraban a solas.

-No podía creer cuando llegó esa llamada por Skype de Daniel y Charlie…¡juntos! –esbozó una linda sonrisa, aquella de la que Jamie se había enamorado desde hacía tiempo.

-Sólo era cuestión de tiempo para que esos dos se arreglaran. Extrañan a su hermana que los hacía sentar cabeza. Ahora que no estás, lo hacen ellos mismos –la tomó de la mano para bajar las escaleras del pórtico, yendo hacia el jardín congelado.

-¡Y tu abuelo! Creí que era mentira cuando dijiste ayer que tenía una novia más joven que tu mamá, a la cual vi cómo la miraste…

Jamie hizo una expresión burlona que hizo que Rosie se molestara aún más.

-¡No te enojes! –la besó- aunque me gusta cuando lo haces.

La tomó de las manos, y como un acto reflejo, empezó a trazar en la nieve del piso unos pequeños pasos de vals, a los cuales Rosie siguió, desconcertada.

-¿Qué haces? –tenía tan cerca de su rostro a Jamie que se percató del color avellana de los ojos del chico, y las pequeñas pecas en el dorso de su nariz mirándolo con ternura.

-Bailo. Como en nuestra primera cita…aunque no sé si contó como cita o no. Baile de primavera en primer año de prepa.

-Cuando me animaste a ir contigo después de que aquél chico con el que salía me cambiara por otra. Recuerdo que no quería ir después de eso, pero como sabías lo entusiasmada que estaba por ir al primer baile de preparatoria desde siempre, no dejaste que eso me lo arruinara y me invitaste tú. Y durante el baile recuerdo que me protegiste porque aquel fulano me hizo una escena de reclamo.

-Valió la pena el golpe –Rosie se sorprendió- …espera, se supone no sabías eso. En fin ¿Cuál era la canción que bailamos al final? The A…

-The A team. Ed Sheeran.

A Rosie le sorprendió que Jamie recordara todos los detalles de aquella noche, aún más cuando, al ritmo de los pasos de vals, empezó a tararear la canción. Estaba tan contenta del momento que estaban teniendo. Alzó la mirada y vio los copos de nieve caer del oscurecido cielo. Las campanas de la iglesia empezaron a tocar. Doce. Jamie se detuvo en seco, acercó sus labios a los de Rosie, y antes de besarla articuló el susurro más atractivo que ella le había escuchado jamás:

-Feliz navidad linda.

La nieve empezó a caer más a prisa y en más volumen. Sus rostros se separaron y ella, sin aliento, repuso un feliz navidad . Escucharon a todos adentro deseándose dicha por la navidad y decidieron regresar. Rosie iba por delante, subiendo las escaleras del pórtico cuando Jamie la detuvo de la mano. La chica vio la cajita azul que el chico había sacado de su abrigo. Reaccionó.

-¿Quieres ser mi esposa? –dijo, soltando un gran suspiro.


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Parte 3, Parte 2, Parte 1, Momento de amigos

lunes, 22 de diciembre de 2014

El cumpleaños

Se apuró por intentar arreglar su fallido regalo. Él venía bajando las escaleras camino a la salida del hospital y ella no lograba encender la vela del desafortunado pastel.

-¡Demonios!

Él ya estaba ahí.

-Te ves muy estresada

-¿Puedes regresar en 5 minutos? Este tonto pastel se me acaba de caer, los globos que te traía se me escaparon de las manos al asustarme por tirar el pastel, y al parecer mi encendedor ya dio lo que tenía que dar.

Tenía esa mirada de estrés que él conocía de ella desde hace mucho, la voz quebrantada del enojo al haber arruinado la sorpresa de cumpleaños para su mejor amigo, y el cabello desaliñado después de seguramente empezar a rascar su cabeza como sabe que ella lo hace cuando se pone en sus momentos.

Lo miró con detenimiento y se percató que por mucho, su amigo Jamie estaba haciendo un esfuerzo enorme por mantener los ojos abiertos, pues había terminado un turno de 48 horas y ella sabía bien que esas horas en urgencias lo agotaban demasiado.

-¿Puedo probarlo? –Hizo esa sonrisa burlona que tanto amaba de él.
-Debes estar muy hambriento para querer algo que se cayó.
-Mmm calla y dame de comer -dijo él, despreocupadamente, al mismo tiempo que se echaba un trozo de pastel a la boca.

Jamie vio que Rossie seguía con su cara angustiada, enojada y ojos algo llorosos, entonces tomó el pastel y lo puso en la banca que tenían al lado, se acercó y le dio un cálido abrazo. Por alguna razón ella recordó aquellas veces en las que se abrazaban más seguido. Pero esos días y esas expresiones de cariño se habían perdido poco a poco después de que dejaron de ser pareja y cada quien encontró a alguien más. Como sea, ese momento para ambos fue muy significativo.

-Es mi primer descanso oficial desde que inició el mes. Mi rutina ha sido el hospital. Casa con los chicos. Hospital. Casa. Eres la única que está aquí conmigo, acaba de llover y por lo que noto en tu chaqueta, olvidaste tu paraguas porque aún tienes gotas sobre ti. Este abrazo es lo único que necesitaba en mi cumpleaños. Gracias.

-Por cierto, felicidades. Creo que no lo había dicho desde que llegaste. –Seguían abrazados.
Se miraron al rostro y ella le quitó el chocolate embarrado que tenía en la comisura de los labios con su manga. Se separaron, tomaron el pastel de la banca y empezaron a caminar alejándose del hospital.

-¿Entonces nadie más se acordó de ti?

-Claro que sí. Tuve una videollamada de 5 minutos con mis padres mientras a mi paciente lo preparaban para cirugía. Gabriel intentó llamarme desde el congreso en el que está desde hace dos días, pero no pude contestarle, y Jessica se adelantó y me envió un mensaje desde anoche. Creo que aun se confunde con la diferencia de horario que hay entre el de Europa y el nuestro.

Iban caminando uno con el brazo detrás de la espalda del otro, pisando los charcos y salpicándose como cuando eran niños

-Sabes, también tenía pensado en llevarte a cenar hoy. ¿A dónde te gustaría ir?

-Creo que prefiero ver una película. ¿Vamos a mi casa? Me puedes hacer de cenar ahí. A no ser que Christopher se moleste otra vez.

-Está de guardia. ¿No lo viste en quirófano? Me dijo que le tocaba estar ahí.

-Trato de no encontrármelo mucho por el hospital. Está bien, en mi casa será. Estaré solo hoy porque Gabriel llega hasta mañana y tu hermano Daniel viene a dormir sólo cuando quiere. No parece que seamos tres los que rentamos esa casa.

Rosie lo veía tan bien. Su actitud amable no desaparecía ni con mil horas de trabajo sin haber dormido. Era lo que apreciaba de él, era lo que extrañaba de él. Ahora sólo podía disfrutar de esos pequeños ratos en que se veían, aun así era perfecto para ella, y estaba segura que para el también.



Música del blog:
Where does the Good go? - Tegan and Sarah