martes, 30 de diciembre de 2014

La última Navidad, parte 2

Despertó de golpe, o al menos así lo sintió. Se había quedado recostado en el sofá para descansar un rato. El trabajo de la remodelación le había estado llevando más tiempo del que había previsto, pero aun así estaba contento con el progreso que llevaba. Su herida iba cicatrizando muy bien. Esa herida que le dejó la muerte de su mamá.

Se levantó, se vio en el espejo que tenía frente a sí, y vio en el a un Gabriel…diferente. Y es que los últimos días él mismo sentía que había cambiado mucho. Dos cosas fueron (estaba seguro) las detonantes de ese cambio: la sorpresiva intervención de Jamie cuando toda su vida se vino abajo por la muerte de su madre. Supo exactamente qué hacer y qué decir para sacarlo del agujero negro en que había decidido caer. La otra persona que lo había cambiado fue Parker. Lo conoció cuando había decidido volver a vivir, después de aquella intervención.

Gabriel encendió el televisor y notó que aún era 23 de diciembre, extraño. Esa siesta le pareció que fue lo suficientemente larga. Se dio cuenta que no había empezado a planear la noche siguiente, la cual pasaría con Parker. Su nuevo amigo (aun no sabía cómo llamarle) era judío por lo que la celebración con familiares estaba descartada para él, así que le propuso a Gabriel el pasar juntos esa fecha. Era muy agradable y tan diferente comparado con los anteriores dos queveres que había tenido en el pasado.

Cuando estaba inspeccionando el refrigerador y la alacena para darse cuenta de lo que tenía que comprar para la cena de mañana con Parker, el teléfono sonó. Contestó.

-¿Qué tan de mente es ir mañana a la joyería por algo de último minuto?
-Tanto como correr y cruzar sin mirar a la calle en la ciudad más transitada de todas, y que te atropellen. Pero eso ya lo hiciste, así que dime ¿se te olvidó comprar el regalo de Rossie?
-Es más bien, una idea de último minuto.

     ___________________________________________________________________

El encontrar un taxi que los llevara al aeropuerto a primera hora del 24 de diciembre fue un reto. Daniel y Lily se encontraban ya en la puerta principal del aeropuerto, cada uno con una maleta y su boleto y pasaporte en mano. Ambos quedaron asombrados al ver el caos que había dentro. Aunque ya se lo esperaban pues al parecer era costumbre de los habitantes de La Ciudad ir contra el reloj siempre, y el reservar un vuelo el 24 de diciembre era parte de eso.

Entraron al aeropuerto. Todos iban de un lugar a otro, a la velocidad de la luz. De vuelta a casa, de visita con la abuela, visitar familia en el hospital. Era el motivo de viaje de la mayoría de las personas que estaban ahí.

Lily tenía un don natural para guardar la calma en situaciones de estrés como la que estaban pasando. Daniel por otra parte tenía un rostro que reflejaba estar tan irritado en esos momentos, y el niño haciendo berrinche a su madre que estaba delante suyo en la fila para el detector de metales solo empeoraba su nivel de paciencia.

Cuando por fin pasaron por el detector de metales y ya habiendo dejado su equipaje en la cinta gris, se dirigieron a buscar su terminal, la F3 lo antes posible pues en media hora salía su vuelo.

     __________________________________________________________________

Se despertó antes de que sonara el despertador, se levantó de la cama y notó en la ventana de su habitación que la tormenta de nieve de la noche anterior había sido cosa seria. Se puso sus pantuflas e intentó aplacar un poco su cabello de recién levantado. Bajó las escaleras con cuidado para no despertar a nadie y así poder darle el desayuno sorpresa que había planeado para su familia.

Lamentablemente para Eliot, mamá Harper ya se había levantado y estaba haciendo panqueques para desayunar. Una pena, se había estado esforzando por encajar mucho en su nueva familia, sobre todo con su nuevo hermano mayor, a quien veía muy poco pues siempre estaba trabajando en el hospital o con su novia. Anoche había tenido la oportunidad de hablar con él un poco y descubrió que ambos tenían en común el béisbol como su deporte favorito. Jamie le contó que había formado parte del equipo representativo en la preparatoria y Eliot recordó cómo se divertía con los demás chicos de la Casa hogar jugando los domingos en la mañana.

Saludó a mamá en la cocina y se sentó en el desayunador para verla trabajar. Mamá Harper sabía que Eliot era el tipo de chico que tiene mucho qué decir, pero que nunca encuentra la manera de cómo decirlo. A diferencia de Jamie que siempre tuvo una opinión sincera (y muchas veces innecesaria) de todo.
-¿Pasa algo Eliot?
-¿Te puedo ayudar con el desayuno? Lo que más me gustaba en la Casa hogar era preparar el desayuno con mis compañeros. A nadie le gustaba la idea, pero a mi sí porque era podíamos platicar cómodamente…ya sabes…sin el cansancio de haber terminado un largo día como cuando se prepara la cena.
-Entiendo, mira falta batir esta mezcla. Qué bien se siente tener algo de ayuda por aquí.
El señor y la señora Harper habían tenido sus dudas sobre si debían adoptar a un nuevo chico. Ya eran algo viejos y no sabían si podían lidiar con un adolescente como hijo. Tal vez fue porque su único hijo (también adoptado, pero desde pequeño) ya vivía con ellos, se había mudado a La Ciudad hacía años para estudiar y consecuentemente ejercer la medicina, o tal vez fue aquel instinto materno de la señora Harper que sintió por Eliot desde aquella vez que la salvó de unos asaltantes. Como haya sido, ella y su esposo tomaron la decisión de agregar a un miembro más a su familia. Cuando se lo contaron a su hijo Jamie, éste se mostró muy contento y regreso al Pueblo sólo para conocerlo.

La señora Harper vio con cariño cómo Eliot se encargaba de los panqueques mientras ella iniciaba a freír el huevo. De cierta forma, le recordó a Jamie cuando tenía esa edad.
-Hijo, acerca de lo que dijiste anoche…¿a qué te referías?
A Eliot le gustaba cuando le decían hijo.
-Verás, hace poco me enteré que hay un refugio para indigentes en el Pueblo. Lo fui a visitar después de la escuela y el encargado de ahí me dijo que para navidad no sabía si iban a poder aceptar a demasiada gente, pues el refugio no contaba con el dinero suficiente para costear una cena navideña para tantos.
-Eliot, no le habrás prometido a aquel hombre dinero que no tenemos.
-No nada de eso. Bueno, cuando me enteré me empecé a sentir mal por todas esas personas que noche tras noche buscan un lugar en un refugio como ese. Lo he vivido. Antes de llegar a la Casa hogar, buscaba sitios como ese en el cual pasar la noche. Los niños siempre tenían un lugar asegurado por suerte, pero muchos de los adultos no alcanzaban lugar ya sea por falta de camas o de comida. Recuerdo que en estas fechas era cuando más personas solicitan el asilo. Estuve pensando y me acordé de Parker, el novio de Gabriel, él tiene un restaurante ¿no? -Mamá Harper se sintió mal con tan sólo imaginarse aquellos días difíciles para Eliot- Bueno, hablé primero con Gabriel para ver si me podía ayudar convenciendo a Parker de aceptar, no fue difícil pues es muy buena persona. Se sintió conmovido a pesar de ser judío y no celebrar navidad. Dedicará la producción del día de hoy del restaurante y llevará comida al refugio ¿no es grandioso?
-¿Y tú solo pensaste todo eso? Qué bueno eres. Supongo querrás ir con ellos a entregar la comida ¿verdad? Te acompañaré con gusto.
-¿pero y la reunión de hoy? Tiene que estar todo listo para cuando lleguen todos. Vendrán los McCall cierto, y conoceré al abuelo y a su atractiva y joven novia.
La señora Harper lanzó una mirada matadora, odiaba a esa mujer que se había metido con su papá.
-¡Fueron palabras de Jamie! –se excusó Eliot, asustado.

Terminaron de preparar el desayuno y despertaron al señor Harper y a Jamie para que bajaran a comerlo. El chico y su madre le contaron al resto la navidad que planeaba para los refugiados y el señor Harper tomó la iniciativa de empezar a cocinar todo de una vez para que todo estuviera listo a tiempo para los invitados y así tuvieran oportunidad de acompañar a Eliot al refugio.

Jamie Harper salió con prisa, dijo que tenía algo que hacer y que volvería más tarde a preparar los últimos detalles mientras ellos estuvieran en el refugio. Sin duda algo traía entre manos para esa noche de navidad que despertó la curiosidad en su familia. Tendrían que esperar a verlo.





sábado, 27 de diciembre de 2014

La última Navidad, parte 1

Árboles cubiertos de nieve, veredas obstruidas por un manto blanco, el cielo de un azul oscuro y el viento ligero pero helado. Jamie iba caminando hacia su casa, entumido por el frío (y tal vez por la ropa empalmada que llevaba puesta). Había olvidado su bufanda en casa por lo que el fresco viento le rozaba el rostro y sentía que cada vez a su cara le inyectaban botox.

Venía de la casa de la familia de Rossie tras haber pasado una bonita tarde en compañía de su novia y de su familia que eran casi como la suya propia, pues tenían de conocerse desde niños. Ahora mismo volvía a su casa ya que acababan de anunciar en el noticiero que una repentina tormenta de nieve se acercaba, y una vez empezada ya no podría si quiera ver el camino de regreso a casa.

Se dio cuenta que de su boca y nariz salía vapor. El frío se volvía cada vez más intenso. Mala decisión el no llevar el auto a casa de Rossie, pensó que no haría falta pues vivía a tan solo unas calles. La suerte de vivir en el mismo vecindario. Pasó frente a la casa de Gabriel pero no se detuvo a saludar ya que el cielo cada vez se ponía más oscuro. Vio de reojo la casa y pensó que su amigo estaba haciendo un buen trabajo al remodelar la casa de su recién fallecida madre. Las ventajas de ser arquitecto. Pensó que mañana llamaría a su amigo para que lo ayudase a buscar el anillo perfecto de compromiso para Rossie. Curioso. Acababa de decidir pedirle matrimonio en ese preciso instante.

A unas cuantas casas de su destino, los copos de nieve empezaron a caer. Extrañaba tanto ver esa escena pues en La Ciudad donde había estado viviendo los últimos 3 años no tenía la dicha (ni el tiempo) de hacerlo. Buena idea el volver al Pueblo.

Cuando llegó al jardín de enfrente de su casa, vio que el pequeño Eliot, su nuevo hermano adoptivo se había esmerado en poner las decoraciones de navidad. Y de pequeño no tenía mucho ya que era algo alto (no tanto como Jamie) y con 16 años. El chico hacía lo que podía para adaptarse a su nueva familia y Jamie sentía que no había hecho mucho por incluirlo con lo ocupado que estaba en el Hospital General desempeñándose como residente de primer año en Urgencias. En fin, llegó a la puerta y tocó el timbre, pues había olvidado sus llaves.

Un alegre chico abrió la puerta, con un gorro navideño sobre sí y con las mejillas rojas que Jamie sabía se ponían así cuando se ponía penoso. Aún no se había ganado la completa confianza de su nuevo hermano. Pero según mamá, lo admiraba mucho ya que nunca había tenido un hermano, y menos un doctor. Pasaron juntos a la casa y a Jamie le dio tanta satisfacción el oler las galletas de mantequilla que estaba horneando su mamá. Dejó su abrigo en el perchero y pasó junto con Eliot a la cocina a saludar a su amorosa madre.

     ________________________________________________________________

Mientras tanto en La Ciudad, Daniel el hermano menor de Rossie acababa de comprar dos boletos para el vuelo que lo llevaría a casa para noche buena. Y compró dos boletos porque llevaría a su novia consigo para presentarla a la familia (aunque Rossie ya la conocía, claro).

Daniel se había quedado en La Ciudad junto con los demás chicos. Aunque creo sonaría más fácil decir que Jamie, Rossie y Gabriel volvieron al Pueblo en ese año, cada uno llevado por un motivo sumamente importante. Pero en fin, cuando Daniel se quedó solo en del departamento que rentaba junto con sus amigos Jamie y Gabriel en la ciudad tuvo que aceptar la oferta de su hermano mayor Charlie y mudase a su casa. 
Al principio se negó rotundamente pues aún no había hecho las paces con su hermano por aquel problema que los había distanciado desde hace muchos años. Pero la falta de dinero suficiente y de compañía, hizo que al final Daniel terminara aceptando la hospitalidad de su hermano. Sin embargo todavía no se llevaban bien ambos hermanos, su relación iba fluyendo muy lentamente aunque en ese año era en el que más habían avanzado. Tal vez la partida de Rossie, su hermana de en medio, hizo que a fuerza tuvieran que convivir.

-Mañana jueves, 9:00 am. ¿Paso por ti a las 7:00? Recuerda que es 24 de diciembre y el aeropuerto estará a reventar
-Me parece perfecto. Oye…¿y sólo iremos nosotros dos? ¿Qué hay de Charlie? Pensé que también iba a visitar a tus padres.
-No sé hasta cuándo piensa arreglar las cosas con papá. Su pelea ha llevado años, desde que yo estaba en secundaria. Suerte la mía de que podamos desayunar en la misma habitación sin que empecemos una discusión. No sé Lily…aún me cuesta perdonarlo después de todos esos años que nos abandonó y no supimos nada de él.
-Me gustaría que pronto arreglaran todo. ¡Mírense! Hace unos meses no podían verse ni en pintura y ahora comparten la misma casa. Este año ha sido muy bueno para ustedes… Dan…estoy nerviosa. Es decir, viví en el mismo pueblo que tú e íbamos a la misma preparatoria pero jamás vi a tus padres. Me siento como en la típica situación de película en que el chico va y presenta a una total desconocida de un mundo totalmente diferente a sus padres.
-Nada de eso. Eres linda y demasiado agradable. Como ya te había dicho, me cuesta trabajo creer que en preparatoria no nos llevábamos tanto, si eres alguien que vale la pena conocer. Les agradarás.
-Eso quiero. Bueno, te dejaré, terminaré de empacar y dejar todo listo para mañana. Adiós.


La víspera de navidad se acercaba, y para cada uno había un plan que ninguno se esperaba para este año, incluso si se veía desde cierto ángulo, podría ser mejor.

Phyffer

El día brillante y caliente desde su amanecer sentaba a la perfección con la energía que siempre tenía para trabajar. Llegó puntual como de costumbre al enorme edificio donde trabajaba, un rascacielos a su parecer. Con tan sólo verla cruzar la puerta del lobby todo el mundo empezaba a  moverse más de prisa que de costumbre, ella misma se daba cuenta de la imponencia que tenía su presencia en el personal de la empresa. Recibió su capuccino especial de parte de su asistente y tomó el elevador hacia el último piso del edificio, donde se encontraba su oficina.

Salió del elevador y llegó a su destino.

-¡Buen día señorita Phyffer!
-Buenos días Hilda. Dígame, ¿cuál es mi itinerario de hoy?
-Tiene agendadas tres entrevistas esta mañana para el puesto vacante en Economía. La primera es en quince minutos.
-Perfecto. Y la junta con los accionistas es hoy verdad, adelántala para dentro de media hora. No planeo tardar mucho con los aspirantes al puesto. Terminemos con esto rápido, termino con un horrible dolor de cabeza cada vez que entrevisto a alguien. Sería agradable que no me enviaras aspirantes tan incompetentes y ordinarios.

Sin duda Vanessa Phyffer era una persona exigente en todos los sentidos, justo como tiene que serlo la Directora de Phyffer Industries, la gran empresa que había fundado su padre y que dirigía desde hace años con una astucia intangible.

Se sentó en su gran silla detrás de su escritorio, tomó un sorbo de su capuccino y cerró sus ojos reclinando su cabeza hacia atrás. Y apenas son las 9:00 de la mañana, pensó.

Controlaba su vida tanto como controlaba su empresa. Tenía una envidiable figura, resultado de su disciplinada rutina de ejercicio y su alimentación meramente orgánica. Vivía sola y no tenía ningún interés amoroso en el cual perder su tiempo a pesar de estar alrededor de los treintas  <<El éxito es primero>> .


Echó un vistazo a la lista de nombres de los aspirantes que entrevistaría hoy y la primera persona, a quien vio por las puertas de cristal que iba llegando a su oficina, era una tal Rossie McCall.

jueves, 25 de diciembre de 2014

¿De qué va todo esto? Explicación del Blog

¡Hola!
Este blog fue creado para subir a esta plataforma las historias que desde hace un buen tiempo vienen albergando mi mente. Fue desde tiempos de mi adolescencia en que inicie con estos personajes, creándoles situaciones y vivencias que tal vez nos pudiera pasar a cualquiera.

No sé si tenía suficiente tiempo libre, o si mi imaginación me hacía escapar de la realidad en que vivía, pero sí sé que me gusta. Me gusta la vida que llevan, los problemas que afrontan y cómo todas nuestras acciones vienen a repercutir tarde o temprano en nuestras vidas.

Espero te entretengas leyendo esto tanto como yo lo hice cuando lo creé en aquel momento de mi vida. Varios amigos a los que ya les había contado de la historia me habían pedido que la plasmara para leerla, pero no fue hasta este momento vacacional en que decidí hacerles caso.

¿Cómo está estructurada? Bueno, eso es difícil de explicar. Para mi, está vista como una serie la cual, como es costumbre, tiene varias temporadas que transcurren en un espacio de tiempo no tan lejano una de la otra. También pueden llamarse Años estas temporadas. Pero eso no importa, porque en esta plataforma existe otro orden en que irán leyendo la historia. El orden de publicación  es en el que ustedes irán adquiriendo estos relatos, siendo el primer post el que esté hasta abajo de este blog y así en modo creciente hasta el tope de esta página estarán los post más recientes.

Existe otro orden, el orden cronológico el cual ustedes irán atando cabos conforme vayan leyendo el orden de publicación, es por esto que en un post los personajes se encuentran en cierta edad de su vida, experimentando cierta situación, y al siguiente post los mismos personajes se encuentran unos años más tarde viviendo otras experiencias. Por esta misma razón habrá personajes secundarios que aparezcan en sólo algunos post, pero los personajes principales (Jamie, Rossie, Gabriel y Daniel) siempre están juntos en la misma época. 

A mí siempre me gustó unir todas las piezas del rompecabezas cuando niño.

Cuando sienta que ya haya terminado de relatar la historia de vida de estos personajes, publicaré yo mismo una lista con el nombre de cada post y el orden cronológico que les corresponde, así como los rostros y nombres de los actores que (me esforcé demasiado escogiéndolos) representan la viva imagen de personalidad de mis personajes.

Gracias por leer.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Urgencia

La casa estaba de cabeza, un desorden total. Si Rossie se enterara jamás los volvería a dejar solos otra vez. En este momento, apurado estaba Jamie buscando en internet cómo diablos se hacía el peinado que tenía que llevar su hija para el festival de primavera. Desesperado, tomo el teléfono y empezó a marcar.

-¿Si?
-¡Parker! ¡Te necesito, es una emergencia!
-¿De qué se trata? Suenas muy alterado.
-Rossie está en la ciudad trabajando. Ayer Phyffer la llamó y tomó el primer vuelo hacia allá. A lo que voy… Reed tiene su presentación en el festival de primavera en unas horas. Muy a penas logré que se pusiera ese tutú y ahora no tengo ni idea de cómo tenga que ir ese peinado. Rossie intentó explicármelo ayer pero no puse nada de atención pues venía saliendo de guardia.

Había soltado un fuerte jadeo pues todo esto último lo había dicho muy rápido. Cuando se repuso su respiración, siguió:
-Ya llame a Hailey y no está. Naomi (su niñera) está en la preparatoria y temo que si llamo a mamá me regañe por no saber hacer el maldito peinado ¡VEN PORFAVOR!
-¿Y pensaste que yo sé hacer ese peinado porque soy gay?

Silencio incómodo.

-No…no es que…tú entiendes…
-¡Ja! Bromeaba. Sí, estaré ahí en una hora.
-¿Una hora? Pero es que…
-Tengo que terminar algo.
-¡Vamos, hombre! Y le pediré a mamá que te dé la receta de su tarta especial
-Mmm…
-Pagaré el billar de este jueves…y pediré a un colega pediatra una consulta gratis para tu pequeño Jimmy.
-Voy en seguida.

Jamie dio un brinco de felicidad, y al hacerlo, pisó con su pie descalzo un lego que había dejado regado su pequeña hija.

-Y sabes…había accedido a ayudarte desde lo de la tarta.

Colgaron y Jamie se sintió más tranquilo ahora. Dio la vuelta hacia la habitación y se dio cuenta que había perdido de vista a Reed, otra vez. Fue a buscarla.

Quince minutos después Parker llamó a la puerta. Un Jamie desaliñado y con su tierna hija pelirroja en brazos abrieron la puerta. Se sintió aliviado de que su amigo estuviera ahí. Parker traía consigo una torre de toppers con diferentes comidas o creaciones como suele llamarles.

-¿Qué es todo esto?
-Anoche Gabriel no fue de mucha ayuda cuando le pedí su opinión sobre estos nuevos platillos que creé para agregar al menú del restaurante. Creí que tu me podrías ayudar a elegir.
-No hay problema. Siempre es un placer comer lo que cocinas. Como aquel pollo marinado en…
-De acuerdo Reed, vamos a sentarnos aquí y comencemos –Parker había dejado de ponerle atención a Jamie. –Tú vete a bañar y cambiar rápido que tienes que ir a tomar esas fotos de Reed bailando para mostrárselas a tu esposa. ¡No puede ser que siendo urgenciólogo no puedas manejar estas situaciones con tu hija, Jamie!

Jamie sintió unas ganas inmensas de reprochar. Los casos que llegaban a urgencias eran más fáciles sin duda que lidiar con el cabello de su hija. Siempre que trataba de aprender ese tipo de cosas tenía que partir corriendo al hospital o regresaba muy cansado de el. Prefirió no reprocharle a su amigo, tomó uno de los topper, lo abrió y se fue directo a la segunda planta a bañarse mientras comía un delicioso croissant.




Momento de amigos

5:00pm. Aún no estaba listo. Estaba vestido, pero por alguna razón aún no estaba preparado para el gran momento. Sentado al borde de su cama, con la corbata aún sin anudar y la mirada fija hacia sus zapatos. Veía  todos los sucesos transcurridos ese último año: dejó su plaza de residencia en el hospital que siempre quiso trabajar en aquella gran ciudad para volver a su pueblo de origen y reordenar los pensamientos que lo acongojaban. Se enteró de que sus padres adoptarían a un adolescente justo como él fue adoptado hace algunos años. La mujer que amaba volvió en busca de él al pueblo y lo eligió a él por encima del otro sujeto. La madre de su mejor amigo falleció y una vieja amiga volvió después de muchos años para enmendar los errores cometidos. Sin duda fue un año muy revoltoso para Jamie.


Subió su mirada y vio reflejado en el espejo que tenía frente a él al hombre en que se había convertido tras todas esas decisiones que había tomado, tras todos esos sueños alcanzados, tras todas esas penas superadas y tras todas las buenas relaciones forjadas.

-¿Ya estás listo? -le dijo Gabriel desde el umbral de la puerta del cuarto.

-¿Crees que sea el momento indicado? Es decir, hemos pasado por mucho y…

-¡Hombre! Te vas a casar con la mujer que has amado desde siempre. Todos hemos esperado este día. Créeme, yo más que nadie. Aún recuerdo esos días de preparatoria en que estabas totalmente colgado por ella. Y sí, han pasado por mucho. Por eso mismo sabes que es el momento indicado. Rossie te ama, tú la amas. No necesitas nada más.

Se quedó pensando un momento en las palabras de su amigo. Se percato, de que era muy afortunado al tenerlo en su vida. Gabriel solía hacerle ver las cosas que para él eran difíciles o confusas. Le brindaba ánimos cuando éste lo necesitaba, y le inspiraba esperanza cual desesperanzado rogaba. No podía tener a un mejor padrino de bodas que Gabe.
-¡Tienes razón viejo! ¡Es el momento! –se puso de pie de un salto, empezó a anudar su corbata con la mirada hacia el frente, decidido.

Gabriel le dio unos golpesitos con ambas manos en la mandíbula como dándole su aprobación para cruzar la puerta y salir.
Al dejar la habitación Jamie dio un gran suspiro de júbilo y junto a su mejor amigo camino hacia el auto.

-¿No ha venido Parker contigo? Pensé que era tu cita, en verdad me agrada el sujeto.
-Lo veré en la iglesia. Sabes, las cosas van muy bien con él. Jamás pensé que me llegara a interesar en alguien otra vez. Pero en fin, será mejor que arranquemos si queremos llegar a tiempo.
Jamie y Gabriel partieron juntos. Al parecer lidiar con problemas tan complicados como salvar la vida de un paciente que llega a urgencias era poca cosa comparado con los nervios que empezaba a sentir previo a la boda. Pero no importaba porque iba escoltado por quien toda la vida había sido su apoyo, su compañero, su amigo.


El cumpleaños

Se apuró por intentar arreglar su fallido regalo. Él venía bajando las escaleras camino a la salida del hospital y ella no lograba encender la vela del desafortunado pastel.

-¡Demonios!

Él ya estaba ahí.

-Te ves muy estresada

-¿Puedes regresar en 5 minutos? Este tonto pastel se me acaba de caer, los globos que te traía se me escaparon de las manos al asustarme por tirar el pastel, y al parecer mi encendedor ya dio lo que tenía que dar.

Tenía esa mirada de estrés que él conocía de ella desde hace mucho, la voz quebrantada del enojo al haber arruinado la sorpresa de cumpleaños para su mejor amigo, y el cabello desaliñado después de seguramente empezar a rascar su cabeza como sabe que ella lo hace cuando se pone en sus momentos.

Lo miró con detenimiento y se percató que por mucho, su amigo Jamie estaba haciendo un esfuerzo enorme por mantener los ojos abiertos, pues había terminado un turno de 48 horas y ella sabía bien que esas horas en urgencias lo agotaban demasiado.

-¿Puedo probarlo? –Hizo esa sonrisa burlona que tanto amaba de él.
-Debes estar muy hambriento para querer algo que se cayó.
-Mmm calla y dame de comer -dijo él, despreocupadamente, al mismo tiempo que se echaba un trozo de pastel a la boca.

Jamie vio que Rossie seguía con su cara angustiada, enojada y ojos algo llorosos, entonces tomó el pastel y lo puso en la banca que tenían al lado, se acercó y le dio un cálido abrazo. Por alguna razón ella recordó aquellas veces en las que se abrazaban más seguido. Pero esos días y esas expresiones de cariño se habían perdido poco a poco después de que dejaron de ser pareja y cada quien encontró a alguien más. Como sea, ese momento para ambos fue muy significativo.

-Es mi primer descanso oficial desde que inició el mes. Mi rutina ha sido el hospital. Casa con los chicos. Hospital. Casa. Eres la única que está aquí conmigo, acaba de llover y por lo que noto en tu chaqueta, olvidaste tu paraguas porque aún tienes gotas sobre ti. Este abrazo es lo único que necesitaba en mi cumpleaños. Gracias.

-Por cierto, felicidades. Creo que no lo había dicho desde que llegaste. –Seguían abrazados.
Se miraron al rostro y ella le quitó el chocolate embarrado que tenía en la comisura de los labios con su manga. Se separaron, tomaron el pastel de la banca y empezaron a caminar alejándose del hospital.

-¿Entonces nadie más se acordó de ti?

-Claro que sí. Tuve una videollamada de 5 minutos con mis padres mientras a mi paciente lo preparaban para cirugía. Gabriel intentó llamarme desde el congreso en el que está desde hace dos días, pero no pude contestarle, y Jessica se adelantó y me envió un mensaje desde anoche. Creo que aun se confunde con la diferencia de horario que hay entre el de Europa y el nuestro.

Iban caminando uno con el brazo detrás de la espalda del otro, pisando los charcos y salpicándose como cuando eran niños

-Sabes, también tenía pensado en llevarte a cenar hoy. ¿A dónde te gustaría ir?

-Creo que prefiero ver una película. ¿Vamos a mi casa? Me puedes hacer de cenar ahí. A no ser que Christopher se moleste otra vez.

-Está de guardia. ¿No lo viste en quirófano? Me dijo que le tocaba estar ahí.

-Trato de no encontrármelo mucho por el hospital. Está bien, en mi casa será. Estaré solo hoy porque Gabriel llega hasta mañana y tu hermano Daniel viene a dormir sólo cuando quiere. No parece que seamos tres los que rentamos esa casa.

Rosie lo veía tan bien. Su actitud amable no desaparecía ni con mil horas de trabajo sin haber dormido. Era lo que apreciaba de él, era lo que extrañaba de él. Ahora sólo podía disfrutar de esos pequeños ratos en que se veían, aun así era perfecto para ella, y estaba segura que para el también.



Música del blog:
Where does the Good go? - Tegan and Sarah