Despertó de golpe, o al menos así
lo sintió. Se había quedado recostado en el sofá para descansar un rato. El
trabajo de la remodelación le había estado llevando más tiempo del que había
previsto, pero aun así estaba contento con el progreso que llevaba. Su herida
iba cicatrizando muy bien. Esa herida que le dejó la muerte de su mamá.
Se levantó, se vio en el espejo
que tenía frente a sí, y vio en el a un Gabriel…diferente. Y es que los últimos
días él mismo sentía que había cambiado mucho. Dos cosas fueron (estaba seguro)
las detonantes de ese cambio: la sorpresiva intervención
de Jamie cuando toda su vida se vino abajo por la muerte de su madre. Supo
exactamente qué hacer y qué decir para sacarlo del agujero negro en que había
decidido caer. La otra persona que lo había cambiado fue Parker. Lo conoció
cuando había decidido volver a vivir, después de aquella intervención.
Gabriel encendió el televisor y
notó que aún era 23 de diciembre, extraño. Esa siesta le pareció que fue lo
suficientemente larga. Se dio cuenta que no había empezado a planear la noche
siguiente, la cual pasaría con Parker. Su nuevo amigo (aun no sabía cómo llamarle) era judío por lo que la
celebración con familiares estaba descartada para él, así que le propuso a
Gabriel el pasar juntos esa fecha. Era muy agradable y tan diferente comparado
con los anteriores dos queveres que
había tenido en el pasado.
Cuando estaba inspeccionando el
refrigerador y la alacena para darse cuenta de lo que tenía que comprar para la
cena de mañana con Parker, el teléfono sonó. Contestó.
-¿Qué tan de mente es ir mañana a
la joyería por algo de último minuto?
-Tanto como correr y cruzar sin
mirar a la calle en la ciudad más transitada de todas, y que te atropellen.
Pero eso ya lo hiciste, así que dime ¿se te olvidó comprar el regalo de Rossie?
-Es más bien, una idea de último
minuto.
El encontrar un taxi que los
llevara al aeropuerto a primera hora del 24 de diciembre fue un reto. Daniel y
Lily se encontraban ya en la puerta principal del aeropuerto, cada uno con una
maleta y su boleto y pasaporte en mano. Ambos quedaron asombrados al ver el
caos que había dentro. Aunque ya se lo esperaban pues al parecer era costumbre
de los habitantes de La Ciudad ir contra el reloj siempre, y el reservar un
vuelo el 24 de diciembre era parte de eso.
Entraron al aeropuerto. Todos
iban de un lugar a otro, a la velocidad de la luz. De vuelta a casa, de visita
con la abuela, visitar familia en el hospital. Era el motivo de viaje de la
mayoría de las personas que estaban ahí.
Lily tenía un don natural para
guardar la calma en situaciones de estrés como la que estaban pasando. Daniel
por otra parte tenía un rostro que reflejaba estar tan irritado en esos
momentos, y el niño haciendo berrinche a su madre que estaba delante suyo en la
fila para el detector de metales solo empeoraba su nivel de paciencia.
Cuando por fin pasaron por el
detector de metales y ya habiendo dejado su equipaje en la cinta gris, se
dirigieron a buscar su terminal, la F3 lo antes posible pues en media hora
salía su vuelo.
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Se despertó antes de que sonara
el despertador, se levantó de la cama y notó en la ventana de su habitación que
la tormenta de nieve de la noche anterior había sido cosa seria. Se puso sus
pantuflas e intentó aplacar un poco su cabello de recién levantado. Bajó las
escaleras con cuidado para no despertar a nadie y así poder darle el desayuno
sorpresa que había planeado para su familia.
Lamentablemente para Eliot, mamá
Harper ya se había levantado y estaba haciendo panqueques para desayunar. Una
pena, se había estado esforzando por encajar mucho en su nueva familia, sobre
todo con su nuevo hermano mayor, a quien veía muy poco pues siempre estaba
trabajando en el hospital o con su novia. Anoche había tenido la oportunidad de
hablar con él un poco y descubrió que ambos tenían en común el béisbol como su
deporte favorito. Jamie le contó que había formado parte del equipo
representativo en la preparatoria y Eliot recordó cómo se divertía con los
demás chicos de la Casa hogar jugando los domingos en la mañana.
Saludó a mamá en la cocina y se
sentó en el desayunador para verla trabajar. Mamá Harper sabía que Eliot era el
tipo de chico que tiene mucho qué decir, pero que nunca encuentra la manera de
cómo decirlo. A diferencia de Jamie que siempre tuvo una opinión sincera (y
muchas veces innecesaria) de todo.
-¿Pasa algo Eliot?
-¿Te puedo ayudar con el
desayuno? Lo que más me gustaba en la Casa hogar era preparar el desayuno con
mis compañeros. A nadie le gustaba la idea, pero a mi sí porque era podíamos
platicar cómodamente…ya sabes…sin el cansancio de haber terminado un largo día
como cuando se prepara la cena.
-Entiendo, mira falta batir esta
mezcla. Qué bien se siente tener algo de ayuda por aquí.
El señor y la señora Harper habían
tenido sus dudas sobre si debían adoptar a un nuevo chico. Ya eran algo viejos
y no sabían si podían lidiar con un adolescente como hijo. Tal vez fue porque
su único hijo (también adoptado, pero desde pequeño) ya vivía con ellos, se
había mudado a La Ciudad hacía años para estudiar y consecuentemente ejercer la
medicina, o tal vez fue aquel instinto materno de la señora Harper que sintió
por Eliot desde aquella vez que la salvó de unos asaltantes. Como haya sido, ella
y su esposo tomaron la decisión de agregar a un miembro más a su familia.
Cuando se lo contaron a su hijo Jamie, éste se mostró muy contento y regreso al
Pueblo sólo para conocerlo.
La señora Harper vio con cariño
cómo Eliot se encargaba de los panqueques mientras ella iniciaba a freír el huevo.
De cierta forma, le recordó a Jamie cuando tenía esa edad.
-Hijo, acerca de lo que dijiste
anoche…¿a qué te referías?
A Eliot le gustaba cuando le
decían hijo.
-Verás, hace poco me enteré que
hay un refugio para indigentes en el Pueblo. Lo fui a visitar después de la
escuela y el encargado de ahí me dijo que para navidad no sabía si iban a poder
aceptar a demasiada gente, pues el refugio no contaba con el dinero suficiente
para costear una cena navideña para tantos.
-Eliot, no le habrás prometido a
aquel hombre dinero que no tenemos.
-No nada de eso. Bueno, cuando me
enteré me empecé a sentir mal por todas esas personas que noche tras noche
buscan un lugar en un refugio como ese. Lo he vivido. Antes de llegar a la Casa
hogar, buscaba sitios como ese en el cual pasar la noche. Los niños siempre
tenían un lugar asegurado por suerte, pero muchos de los adultos no alcanzaban
lugar ya sea por falta de camas o de comida. Recuerdo que en estas fechas era
cuando más personas solicitan el asilo. Estuve pensando y me acordé de Parker,
el novio de Gabriel, él tiene un restaurante ¿no? -Mamá Harper se sintió mal
con tan sólo imaginarse aquellos días difíciles para Eliot- Bueno, hablé
primero con Gabriel para ver si me podía ayudar convenciendo a Parker de
aceptar, no fue difícil pues es muy buena persona. Se sintió conmovido a pesar
de ser judío y no celebrar navidad. Dedicará la producción del día de hoy del
restaurante y llevará comida al refugio ¿no es grandioso?
-¿Y tú solo pensaste todo eso?
Qué bueno eres. Supongo querrás ir con ellos a entregar la comida ¿verdad? Te
acompañaré con gusto.
-¿pero y la reunión de hoy? Tiene
que estar todo listo para cuando lleguen todos. Vendrán los McCall cierto, y
conoceré al abuelo y a su atractiva y joven novia.
La señora Harper lanzó una mirada
matadora, odiaba a esa mujer que se había metido con su papá.
-¡Fueron palabras de Jamie! –se
excusó Eliot, asustado.
Terminaron de preparar el
desayuno y despertaron al señor Harper y a Jamie para que bajaran a comerlo. El
chico y su madre le contaron al resto la navidad que planeaba para los
refugiados y el señor Harper tomó la iniciativa de empezar a cocinar todo de
una vez para que todo estuviera listo a tiempo para los invitados y así tuvieran oportunidad de acompañar a Eliot al refugio.
Jamie Harper salió con prisa,
dijo que tenía algo que hacer y que volvería más tarde a preparar los últimos detalles mientras ellos estuvieran en el refugio. Sin duda algo traía entre manos para
esa noche de navidad que despertó la curiosidad en su familia. Tendrían que
esperar a verlo.
