Mostrando entradas con la etiqueta cena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cena. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de julio de 2015

Por los viejos tiempos

A pesar de ser noviembre, el clima le daba la impresión a Rosie de estar en un caluroso día de verano. Los niños estaban fuera en el patio trasero jugando con su cuñado Eliot. Habían improvisado un campo de béisbol (el juego favorito de su esposo, de su cuñado y ahora de sus hijos) y los niños le enseñaban a su joven tío sus mejores lanzamientos.

Mirándolos desde la ventana de la cocina se encontraba la mujer de cabello cobrizo a la cual los años parecían no haberle pasado encima del todo. Se veía como cualquier mujer que ha parido y críado a dos hijos claro, pero aun así su belleza era admirable. Al menos eso pensó la chica que tenía detrás suyo, sentada a la barra del desayunador.

-Es muy bueno que vengan a visitarnos, los niños extrañan mucho a su tío –dijo Rosie, a la vez que dirigió su mirada a la ventana de nuevo. –En verdad se lleva muy bien con ellos, tienes suerte querida, te encontraste a uno de los buenos.

La chica se sintió incómoda con el comentario, pues lo último que tenía planeado al momento era casarse o tener hijos. Rosie notó el efecto de sus palabras, a lo que prosiguió:

-Oh dios, no me malentiendas. Sé que tu y Eliot se conocieron en la universidad el semestre pasado y…

Afortunadamente para ambas, Jamie el esposo de Rosie llegó a casa. Portaba aún el uniforme clínico color verde esmeralda a juego con unos tenis manchados con gotas de sangre seca. El hombre le dio un fuerte y rápido beso en los labios a su esposa y después se dirigió hacia la chica sentada en la cocina.

-Jamie Harper, mucho gusto. –le extendió la mano a la joven, con una sonrisa en el rostro.

-Heidi Alpert, el gusto es mío señor. –la chica notó los amables ojos del doctor, en verdad irradiaba bondad como le había descrito Eliot. Cayó en cuenta que se había quedado mirándole a los ojos, y rápido desvió la mirada, apenada.

-Siéntete como en casa, ¿ya conociste a los chicos? ¡Que ni siquiera han venido a saludarme! –gritó ésta última frase en un tono burlón.

Acto seguido, dos individuos pequeños franquearon la puerta trasera de la cocina y corrieron a abrazar a su padre. Reed, con el cabello cobrizo como el de su madre y con 8 años de edad le llegaba ya a la cintura a su alto padre, y Carson, de 5 años era la viva imagen del doctor Harper, incluso había heredado los mismos ojos color miel de él y el cabello castaño.

Detrás de los chicos venía un joven de cabello grueso y arremolinado, moreno y delgado. Se había quedado parado observando la adorable escena de sus sobrinos y su hermano, deseando poder algún día tener la hermosa familia que Jamie tenía. Se daba cuenta que a pesar de su agobiante trabajo como Jefe del Servicio de Urgencias en el Hospital General, su hermano tenía todo el cariño y la paciencia disponibles para tratar con esos pequeños diablillos y ser el padre y esposo amoroso que tanto admiraba.

No se veían muy seguido, pues sus estudios en Stanford mantenían alejado a Eliot de su familia durante todo el semestre. Sólo en vacaciones y en fechas importantes como ésta, el día de acción de gracias llegaba a ver a su hermano mayor y a sus padres.

Se percató que a diferencia de su cuñada Rosie, a sus 36 años Jamie Harper se veía incluso mayor. Con arrugas cada vez más notables cerca de sus ojos y en la frente, ojeras producto de las noches de vigilia en el hospital, los lentes que había tenido que usar de tiempo completo desde los 30 años y esa barba de tres días que solía caracterizarle desde hace mucho. El urgenciólogo cayó en cuenta de que su hermano le observaba y avanzó hacía él, soltando una enorme carcajada de felicidad y dándole un fuerte y cálido abrazo a su hermano menor.

   _______________________________________________________________________

Mientras tanto, en la carretera rumbo al pueblo Dan y su novia escuchaban felices la radio y cantaban juntos a grito abierto esa canción de rock que tanto les gustaba. Daniel iba al volante, y además de ver el camino con árboles alzándose al costado, disfrutaba de ver a la bella chica que venía en el asiento del copiloto. La había conocido cuando más necesitaba de alguien, pues pasaba por un momento difícil en su vida y se encontraba viviendo solo en la gran ciudad de San Francisco, después de haber dejado todo atrás en Nueva York. Su nombre, Olive. O como a Dan le gusta decirle, el amor de su vida.

Quitó una mano del volante en busca de la mano su novia. Entrelazaron sus dedos con delicadeza. Dan volvió a contarle con entusiasmo cómo era toda la familia que en unos momentos más conocería Olive, le  contó su anterior vida en el pueblo, le contó de sus padres, de sus hermanos mayores, sus amigos de sus lindos sobrinos y anécdotas que tenía de las aventuras que tuvo cuando joven en dicho pueblo.

  _________________________________________________________________________

La tarde caía, y los que habían llegado ya se habían trasladado al patio trasero donde habían acomodado varias mesas juntas a lo largo para formar una sola donde en unas horas se reunirían todos para disfrutar de la cena de acción de gracias.

Los niños y algunos de los adultos jugaban una reñida partida de futbol en el verde césped. De un lado del campo de juego estaban Jamie y Gabriel guiando a Reed y a Alby (hijo de Gabriel y Parker) en una emocionante táctica contra el equipo de Charlie y Eliot quienes guiaban a Carson y Andrew, éste último hijo de Charlie y Carter. Padres e hijos se divertían en el juego, se podría decir que más los padres que los niños, pues era la primera vez en mucho tiempo que se reunían todos.

Dentro de la casa Parker conversaba con la ahora abuela Harper, la madre de Jamie y Eliot, sobre recetas de pavos ahumados y ganso al horno. Fuera, preparando la ensalada y demás entradas se encontraban Heidi, Rosie junto a sus amigas de siempre: Carter y Hailey. Las chicas se ponían al tanto de sus vidas,  intercambiando historias de trabajo, de sus hijos y demás.

Los chicos acababan de anotar el último touchdown del partido. El equipo ganador celebraba entre vítores mientras que el perdedor abucheaba graciosamente. Al instante vieron que más invitados llegaban al patio trasero y todos los niños corrieron a saludar. Se trataban de Dan y su novia quienes se habían encontrado en la puerta a Jessica con su esposo y pequeña hija.

Había sido un poco incómodo para Daniel y Jessica el encontrase ahí con sus respectivas parejas, pues en el pasado ellos habían sido novios, pero las cosas no terminaron nada bien cuando ella decidió dejarlo e irse a vivir con sus padres al otro lado del mundo. En fin, los años habían transcurrido y a pesar de jamás haber vuelto a hablar desde ese entonces, ambos entendían que ya eran adultos y que cada quien había hecho su vida en un camino diferente.

Jamie avanzó con todo su júbilo al ver a su hermana Jessica, levantándola del suelo al darle un apretado abrazo y un cariñoso beso en la mejilla. Cuando se dio cuenta, trató de volver en cordura y saludó a su elegante cuñado, un rubio con demasiada gomina en el cabello y que era aún más alto que él, casi del tamaño de Charlie. En seguida se puso en cuclillas para decirle hola a su pequeña sobrina, una linda niña de 3 años, rubia como su padre y con unas coletas y un overol que la hacían ver aún más tierna de lo que ya era.

-¿A quién tenemos aquí? –Jamie hizo ese tono de voz que hacía cuando hablaba con los bebés.

La pequeña niña se escondió tras su padre, asomando sólo la cabeza tratando de identificar al hombre que le había hablado.

-Vamos mi vida, dile cómo te llamas a tu tío. –le dijo su madre.

-Sammy. –dijo la niña con voz temerosa. Aún seguía tras su padre.

-Hola Sammy, yo me llamo Jamie. Soy tu tío –Jamie le regaló la sonrisa más fiel que pudo. –¿me quieres dar un abrazo?

La niña titubeó, pero empezó a avanzar poco a poco hasta donde estaba su tío aún en cuclillas. Extendió sus rechonchos brazos y le regaló un abrazo.

-¡Eso! Ven linda, ¿quieres conocer a tu tía y a tus primos?

Del otro lado del patio, otro reencuentro tomaba lugar.

-¡Vaya! ¡Te llegaron los años enano! –el enorme Charlie chocó con fuerza la palma de su hermano Dan y en seguida lo abrazó, dándole unas fuertes palmadas en la espalda.

Desde hacía años que su relación había aflorado, desde aquella vez en el aeropuerto en navidad. Charlie era el único de la familia con quien Daniel se comunicaba seguido desde San Francisco. Tenían muchas cosas en común, y en cierto modo, Charlie era el único que lo entendía. Daniel le presentó a su novia Olive y Charlie no perdió la oportunidad para dejar en vergüenza a su hermano menor con un recuerdo tonto de cuando eran niños. En instantes, llegó Rosie a saludarlos, sintiéndose realizada de por fin tener en sus brazos a sus dos hermanos.

-Mamá y papá llegarán pronto chicos. Estoy segura que van a amar verlos a ambos. Vamos, pónganse cómodos.

En eso, otro hombre llegaba a la reunión, un tanto despistado pues no creyó que habría tanta gente allí. Se detuvo en seco para ubicar a su colega del hospital quien amistosamente lo había invitado a la cena. Vio al doctor Harper, su Jefe de Urgencias o Jamie, como le había pedido éste que le llamase, saludando a una pequeña niña. De pronto sintió la mirada de todos -más bien, de todas- sobre sí.
Alto, con un cuerpo trabajado resultado de horas en el gimnasio, una estructura craneal perfecta y de un cabello rubio muy corto, Quentin Lane estaba acostumbrado a recibir la atención de las mujeres, solo que en ese momento deseaba no ser el centro de atención. No conocía a nadie más que a los anfitriones.

El doctor Harper se percató de la llegada de su colega, y caminó justo hacia él dándole la bienvenida.

-¡Hey, Quentin! Pasa, te estábamos esperando -le dio la mano y caminó con el rodeándole la espalda con su brazo.

Se le acercó al oído y en voz baja, exclamó:

-Ya llegó la amiga de la que te hablé, ven te la presentaré.
   _____________________________________________________________________

El reloj daba casi daba las 7:00 pm y la señora Harper se había detenido en la sala de la casa en su camino en busca de la cámara fotográfica. Admiraba una fotografía enmarcada donde salían ella y su esposo junto a su hijo Jamie en su cumpleaños número nueve.

Rememoró perfectamente ese día, era el primero que pasaba el chico con sus padres adoptivos. Ella quería que fuera algo memorable por lo que invitó a toda la clase de Jamie a la fiesta y le hizo ese enorme pastel de relleno de fresa y granada cubierto con crema de mantequilla con queso. Se había sentido orgullosa de su trabajo hasta que accidentalmente el pastel cayó de la tabla de la cocina. Recordó ver los ojos llenarse de lágrimas de su pequeño, pero ella lo tranquilizó diciéndole que lo arreglaría, y así fue.

Tras ella escuchó los pasos de alguien. Volteó y vio a Eliot. Ya no era el chico inseguro que llegó a casa a los 16 años. Ahora era un hombre, a punto de graduarse en Stanford y con el mejor de los caminos por delante.

-No lo entiendo mamá… ¿esa mujer, Jessica es hermana de Jamie?

-Así es hijo, ambos tenían los mismos padres, solo que cuando los dieron en adopción fueron separados. Un destino muy común en hermanos huérfanos. Se separaron y no supieron uno del otro hasta que cuando Jamie estaba en preparatoria Rosie le ayudó a encontrarla. Jessica volvió a su vida durante unos años, pero después se mudó con su familia al otro lado del mundo -suspiró, y siguió mirando la fotografía-. No se ven muy seguido, y sólo en raras ocasiones se hacen llamadas telefónicas. Aun así, Jamie le tiene un gran afecto.

-Desearía que Jamie me lo hubiése dicho. Siento que aún no lo conozco del todo. –contempló a su mamá con una mirada confundida.

-¡Oh hijo! sabes que él te quiere, es sólo que…

-¿Solo que qué? –Jamie acababa de llegar a la habitación.

-Nada. –respondió Eliot. –Vine a llevar a mamá para que se una con nosotros. El señor McCall está contando otra de sus aventuras en la milicia.

-Sí hijo, es sólo que me detuve a ver esta foto.

Ambos hijos comprendieron que mamá se había puesto a recordar a papá con aquella fotografía. Pensaba en él muy seguido.

-Mamá... –dijo Jamie en un tono más que un susurro. Se acercó y rodeo con sus brazos a la mujer, frotándolos en su cuerpo en simbolismo de calidez. –Ya pasó un año y medio desde que papá falleció. Sabes, tu cuarto sigue aquí, ¡ven con nosotros! no me gusta que estés sola. Eliot solo puede estar contigo en las vacaciones por la universidad y aunque nosotros tratamos de visitarte lo más que podemos, no es lo mismo.

-Hijo, no me puedo ir de casa. Es nuestra casa, ¿no entiendes? He echado raíces ahí. No me da miedo quedarme sola. Es parte del ciclo. Te casas, compras una casa, tienes niños, envejeces y ves lo suficiente como para darte cuenta que esos niños ya son unos adultos y que tienen que ir fuera a enfrentar el mundo y a echar sus propias raíces con su propia familiar. Es lo que hice, es lo que estás haciendo y es lo que hará Eliot. Además aún tengo a Delta conmigo –la señora Harper sonrió al imaginar qué estaría haciendo esa labrador sola en casa. –Ahora ven Eliot y únete al abrazo.

    _________________________________________________________________

La noche cayó, se sentía una brisa agradablemente fresca. Las estrellas iluminaban el manto oscuro del cielo bajo el cual se encontraban todos. La luna había dejado su escondite detrás de las nubes para adornar la celebración. Jamie Harper tenía los ojos clavados en el firmamento. Acababa de colgar al teléfono con su amigo de la universidad, Clayton, quien no había podido asistir al festejo pero aún así no podía dejar pasar la fecha para saludar a su viejo amigo Jamie.

Todos  lo llamaron a la mesa, pues querían que inaugurara la gran cena con algunas palabras.

Dio vuelta a su mirada y sus ojos color miel vieron la imagen más preciada que pudo capturar. La gran mesa, cubierta de manteles blancos se encontraba rebosante de comida. Dos grandes pavos bañados en la salsa secreta de Parker ornamentados con frutos y hierbas. Complementándolos, diversos tazones y platos de puré, pastas, ensaladas, pan recién horneado y demás recetas de Parker que Jamie era incapaz de pronunciar. Con las copas llenas de vino tinto y los platos vacíos esperando llenarse, los efusivos rostros de los asistentes se iluminaban con las velas dispuestas en la mesa. Jamie deseó tomar una fotografía de ese encuadre pero decidió atesorarla de una manera más sencilla, en su memoria.

De pronto, en su cabeza rememoró la letra de aquella entrañable canción que el mundo entero escuchaba al mismo tiempo en un día del año en particular. Del poema escrito por Robert Burns, la canción patrimonio cultural era tocada en momentos solemnes, como aquellos en los que se inicia o acaba un viaje. Justamente, este momento le pareció a Jamie digno de relacionar con la letra de la canción.

<< ¿Deberían olvidarse las viejas amistades y nunca recordarse?>>

Todos sus seres queridos se encontraban allí. Le habían guardado el asiento de la cabecera. A su lado se encontraban dos de las mujeres que amaba más en el mundo. A su derecha, su bella esposa Rosie enviando miradas de advertencia al pequeño Carson que jugaba con los cubiertos, mientras que a su izquierda estaba su madre, la señora Harper, observando al hombre de familia en que se había convertido su hijo. En seguida Gabriel y Parker tomados de la mano le recordaban al urgenciólogo lo indistinto que era el amor y que dos hombres pueden ser tan buenos padres como un hombre y una mujer.

<< ¿Deberían olvidarse las viejas amistades y los viejos tiempos?>>

Ver a Charlie rodeándole con el brazo a su esposa Carter era una prueba de que incluso aquel tan perdido en su vida puede encontrar a la persona que le recuerde lo valioso de ésta. Carter había sido todos estos años desde la universidad, el equivalente de amiga leal y fiel para Rosie que Gabriel había sido para Jamie desde siempre.

<<Por los viejos tiempos, amigo mío, por los viejos tiempos. Tomaremos una copa por los viejos tiempos >>

Se sentía feliz de que Dan haya vuelto a casa para ver a su familia. Había estado en un camino oscuro todos estos años, pero al parecer Olive lo había sacado de esa oscuridad. Así mismo Hailey, una vieja amiga, había vuelto a sus vidas desde que regresaron al pueblo demostrando que si una amistad en verdad es valorada harás lo que sea por enmendar un error y recuperarla. `
La chica parecía estarse entendiendo muy bien con el apuesto Quentin.

<<…pero hemos errado mucho con los pies adoloridos desde viejos tiempos>>

Incluso Vanessa Phyffer de quien nadie se esperaba el gran cambio de perspectiva de vida que tuvo después de conocer al que ahora es su esposo, le había enseñado a sus amigos que incluso aquel que ha vivido rodeado de muros toda su vida, es capaz de derrumbarlos por la persona adecuada. Ella y Cole se encontraban en espera de su primer hijo.

<<Los dos hemos correteado por las laderas y recogido las hermosas margaritas>>

El señor y la señora McCall, los padres de Rosie, Charlie y Daniel eran tan tiernos. Su amor por su familia era tan grande. Llenos de dicha estaban al ver después de años a sus tres hijos reunidos con ellos, incluso ahora eran abuelos de tres niños maravillosos.

<<Los dos hemos vadeado la corriente desde el mediodía hasta la cena…>>

Y entonces vio a sus dos hermanos menores. Eliot quien había llegado a la familia hace diez años, de alguna manera convirtió a Jamie en el hombre de familia que ahora es. Y Jessica, su hermana biológica a quien había tenido la fortuna de reencontrar. Habían hecho sus vidas separados uno del otro en diferentes familias y ahora en diferentes países pero aun así, ambos sabían que donde sea que estuviesen, tenían el amor de hermanos que los unía.

<<…pero anchos mares han rugido entre nosotros, desde los viejos tiempos>>

Veía lo mejor de todos, pero sabía que eran los defectos, las tormentas y las batallas perdidas lo que había hecho tan fuerte a las personas que tenía frente suyo, eso es lo que le enseñó su padre en vida y lo que admiraba de todos ellos. Sabía que si los problemas se presentaban, tenía a toda esta gente para apoyarse en sí, como siempre lo han hecho. Porque a lo largo de su vida, se había dado cuenta que no sólo es familia aquél con quien se comparte material genético, es aquél con quien se decide pasar los días de su vida.

<<Y he aquí una mano, mi fiel amigo, dános una de tus manos, y ¡echemos un trago de cerveza por los viejos tiempos! >>




miércoles, 1 de abril de 2015

La última navidad parte 4 (desenlace)

El auto se detuvo frente al edificio verde. El chico bajó del auto y alzó la mirada hasta lo más alto. Parecía un lugar algo triste. La fachada estaba ya desgastada, las ventanas de los pisos superiores se veían sucias y notó que las vigas que sostenían el techo del pórtico estaban algo carcomidas. A Eliot le disgustó que un lugar destinado para un propósito tan caritativo fuera descuidado en su mantenimiento.
Había personas haciendo fila en la calle aún, tratando de conseguir refugio para esa noche. Se recordó a sí mismo hace varios años yendo de albergue en albergue con su hermano hasta que servicios sociales lo llevó a la casa hogar. 
Las personas empezaron a notar la comida que el equipo de Parker y la familia Harper empezaban a bajar del auto y en sus rostros Eliot notó la alegría que sentían al saber que esa noche tendrían una cena de navidad como el resto de las personas en sus hogares suelen tenerla.
La directora del refugio salió a recibirlos y trajo consigo a personal para llevar los recipientes de comida dentro del edificio, asimismo le dijo a las personas en la fila que todos alcanzarían lugar esta noche y que tendrían una cena especial.
Los guío hacia dentro recorriendo el angosto pasillo, iluminado por una tenue serie de luces navideñas.

-Recibimos a mucha gente por estas fechas, estamos planeando expandir el refugio. El edificio de al lado está en venta, pero aún estamos por lejos de conseguir el dinero que piden por ella, así que mientras nos ajustamos a lo que tenemos.

-¿Pero entonces que pasa cuando llega gente de más? ¿Les niegan la entra así nada más? –La señora Harper parecía un poco indignada con tan sólo imaginar aquella situación.

-Sé lo que piensa. Pero tenemos que hacerlo, créame que esa es la única parte de mi trabajo que detesto, pero tenemos que cumplir exactamente con la cantidad máxima de personas refugiadas en el edificio. Regla de sanidad. Si nos sobrepasamos podrían sancionarnos o hasta quitar la licencia del refugio.

Eliot se dio cuenta que la única manera de que nadie se quedara sin cama ninguna noche era consiguiendo expandir el refugio. Creyó tener una idea, pero no la dijo en voz alta hasta cerciorarse de cuán posible era su plan. Al parecer, tenía un gran proyecto en mente.
Llegaron a una habitación amplia, donde había mesas largas con bancos del mismo largo de las mesas. Algunos de los refugiados ya habían empezado a acomodarse, esperando la cena.

-Y este es el comedor. La cocina está tras esas puertas, pero creo que podemos servir la comida aquí frente a ellos. ¿Se quedarán con nosotros verdad? Vendrá el coro de la iglesia, siempre ponen muy buen ambiente aquí.

Parker y los Harper accedieron, y se integraron junto con el personal del refugio para empezar a servir la comida. El coro llegó y empezó a cantar al unísono la canción navideña más agitada que Eliot había escuchado, sintiéndose aún más alegre de lo que ya estaba.

         ______________________________________________________________


Llamó a la puerta y esperó a que Charlie abriera. En la parte sur de Nueva York empezaba a soplar un viento congelante que se arrepintió de ponerse ese abrigo ligero pero fabuloso a la vista. -La elegancia es primero.
Alto, con un cuerpo atlético pero con esa mirada de pocos amigos que siempre se cargaba Charlie abrió la puerta. El mismo la había llamado y pedido que fuera a su casa, pero Vanessa Phyffer no sabía para qué.

-¿Y? ¿Puedo pasar al menos? El viento está congelante.

-Depende de qué tan dispuesta vengas. –Contestó e hizo esa sonrisa bufona que aunque ella no quería admitirlo, le derretía.

-Te dije que aquellos… encuentros entre nosotros se acabaron. –Pasó a la casa y Charlie cerró la puerta tras de sí. El frío viento dejó de sentirse. –Además ni siquiera eras tan bueno.

-Eso no decías cuando te… -Vanessa le arrojó su bolso al pecho para callarlo. –De acuerdo de acuerdo, no más comentarios, bonita.


-Entonces… -hizo una pausa para hacer a un lado la ropa sucia que había regada en el sofá donde prosiguió a sentarse. –¿a que se debe tu llamada?

-Supuse que no tenías nada mejor que hacer en tu casa que leer algún libro tonto sobre la mujer exitosa en la noche de navidad.

-No seas ridículo, ¡tengo muchas cosas qué hacer

Charlie volvió hacia ella con su sonrisa bufona.

-Admítelo, estás tan sola y amargada en la vida como yo. –Le pasó un cerveza a su amiga, y se empinó la suya.

-La única diferencia –dijo Vanessa, levantándose de su asiento y yendo hacia el dolido tipo poniéndole el dedo índice en sus labios en señal de silencio.- es que tú si tienes una familia a la cual puedes visitar.

Antes de que Charlie pudiera replicar, el teléfono sonó. Prefirió ignorarlo, pues sabía de quién se trataba, pero Phyffer contestó.

       ____________________________________________________________________


Todos en el refugio disfrutaban de la comida que el restaurante MILLAR’s había donado. Refugiados, trabajadores y los chicos del coro compartían mesa. Eliot miraba con gusto a sus padres adoptivos reírse y conversar con una de las familias refugiadas. Parker se cercioraba de que no le faltara ninguna ración a nadie, deseó que Gabriel estuviera ahí junto a él en ese momento.

Tratando de servir el ponche de ese enorme jarrón Eliot perdió el equilibrio, pero alguien llegó a tiempo para ayudarlo y evitar se cayera todo.

-¡Cuidado colega! ¿Necesitas ayuda?

Eliot sonrío con todo su júbilo al ver que su hermano Jamie había llegado para ayudar. Por la mañana había sentido que ignoró todo este asunto y se fue extremadamente rápido, pero ahora estaba ahí, apoyándolo en su proyecto.

-Perdón por salirme así sin más en la mañana colega. Gabriel me contó tu plan y quise venir a ayudarte si es que aún quieres.

-¡Claro! Mira puedes ayudarme a servir esto, por poco se me cae a mi…

-¡Sonrían!

La mamá de los chicos les sacó una fotografía con su antigua cámara instantánea. Vio la foto de sus dos muchachos, Jamie el niño al que crío desde su adopción hace ya 14 años, y Eliot, el nuevo integrante de la familia de quien rápidamente se había encariñado. La primera foto que tenían juntos. No pudo evitar derramar una lágrima al verla y sus hijos dejaron el ponche para ir a abrazarla, darle un beso en la mejilla ambos al mismo tiempo y desearle feliz navidad.

         _________________________________________________________________


En el aeropuerto de Nueva York seguía la desesperación de Daniel por poder despegar de una vez por todas el vuelo, pues ya era casi media noche y el y Lily tenían que estar en casa para la cena de navidad. Tenía mucho sin ver a sus padres, además quería escuchar personalmente cómo iban las cosas entre su hermana Rosie y su amigo Jamie. Les tenía mucha fe a la pareja.

Lily había ido por algo de comer y él se quedó en la sala de la terminal F3. Quería arrancarse el cabello pues Jimmy, el pequeño odioso que estaba sentado a su lado no paraba de hacer berrinche a sus padres sobre un videojuego que exigía tener.

Con pocas esperanzas, vio que la azafata de la terminal tomó el micrófono diciendo:
Agradecemos su espera por el vuelo 104 a Colorado, nos complace anunciarles que las condiciones meteorológicas en dicha ciudad han mejorado, por lo que el vuelo es reanudado. Pasajeros favor de abordar por la puerta 3.

En cuanto escuchó esto, Daniel se puso de pie, en busca de su novia. Tomó la maleta de mano que traía consigo y se dirigió hacia la puerta de la terminal para apresurar a Lily.

-¡Vamos! ¿Escuchaste? El vuelo ha reanudado, ya podemos abordar el avión ¿encontraste lo que ibas a comprar?

-De hecho, encontré algo más. Bueno, a alguien más.

La chica viró hacia atrás e introdujo al ala a un alto y fornido hombre a quien Daniel no esperaba ver en esos momentos. El alto personaje se acercó a Daniel, y con mirada de duda e incomodidad miró a los ojos de su hermano.

-Así que…tu vuelo… -Charlie no sabía ni qué decir. No había podido conectar con su hermano menor en estos meses que habían tratado de sobrellevar su relación viviendo juntos.

-Se reanudó. Ya vamos directo a casa, con mamá, papá y Rosie. –repuso en tono seco Daniel, quien también se sentía en una situación incómoda.

-Genial. Totalmente genial –Charlie tenía en la punta de la lengua lo que iba a proponerle a su hermano, pero el orgullo no lo dejaba. –Salúdame a todos en casa.

-Dan…ya es muy tarde como para tomar el vuelo. Recuerda que transbordaremos en Colorado, y no como éste primer vuelo se retrasó, no sabemos si habrá un segundo disponible para llegar a casa.
Daniel sabía por dónde iba el asunto, pero no estaba dispuesto a aceptar quedarse con Charlie si éste mismo no lo decía por su cuenta.

-Enano, lo que Lily trata de decir, es que habrán llegado como mínimo para el medio día de mañana, perdiéndose de la cena de navidad de hoy. Deberían quedarse aquí ambos, podemos preparar algo y tener nuestra mini cena de navidad…improvisada. Si así lo quieres.

Lo dijo. Había una brecha enorme entre estos hermanos, pero a Daniel tampoco le gustaba la idea de quedarse sin cena de navidad, ni mucho menos de seguir soportado al odioso Jimmy sentado junto a él.

-Cena improvisada, eh. Suena bien grandulón. Podemos llamar a la familia por Skype y desearles feliz navidad. Más vale que te peines o papá creerá que aún sigues en esa banda de rock –le dice Daniel en tono burlón, dándole una palmada en el brazo a su hermano.

-Y tu quítate esa barba o mamá se asustará –repuso el hermano mayor, ayudándole al menor con el equipaje de Lily.

      ___________________________________________________________________


En casa de los Harper todos disfrutaban el estar reunidos. La cena había terminado y ahora se encontraban todos en la sala recordando las travesuras de Jamie, Rosie y Gabriel cuando eran chicos, quienes no paraban de reír y sentirse avergonzados de vez en cuando con alguna de las historias. Eliot y Parker escuchaban asombrados las aventuras (y desventuras) por las que pasó el trío de amigos, y morían de ganas por conocer al resto del grupo como a Daniel, Hailey y Jessica.

Llegó un momento en que Jamie y Rosie se escaparon del bullicio y salieron al frente de la casa a tomar un respiro. En lo que iba del día, era la primera vez que se encontraban a solas.

-No podía creer cuando llegó esa llamada por Skype de Daniel y Charlie…¡juntos! –esbozó una linda sonrisa, aquella de la que Jamie se había enamorado desde hacía tiempo.

-Sólo era cuestión de tiempo para que esos dos se arreglaran. Extrañan a su hermana que los hacía sentar cabeza. Ahora que no estás, lo hacen ellos mismos –la tomó de la mano para bajar las escaleras del pórtico, yendo hacia el jardín congelado.

-¡Y tu abuelo! Creí que era mentira cuando dijiste ayer que tenía una novia más joven que tu mamá, a la cual vi cómo la miraste…

Jamie hizo una expresión burlona que hizo que Rosie se molestara aún más.

-¡No te enojes! –la besó- aunque me gusta cuando lo haces.

La tomó de las manos, y como un acto reflejo, empezó a trazar en la nieve del piso unos pequeños pasos de vals, a los cuales Rosie siguió, desconcertada.

-¿Qué haces? –tenía tan cerca de su rostro a Jamie que se percató del color avellana de los ojos del chico, y las pequeñas pecas en el dorso de su nariz mirándolo con ternura.

-Bailo. Como en nuestra primera cita…aunque no sé si contó como cita o no. Baile de primavera en primer año de prepa.

-Cuando me animaste a ir contigo después de que aquél chico con el que salía me cambiara por otra. Recuerdo que no quería ir después de eso, pero como sabías lo entusiasmada que estaba por ir al primer baile de preparatoria desde siempre, no dejaste que eso me lo arruinara y me invitaste tú. Y durante el baile recuerdo que me protegiste porque aquel fulano me hizo una escena de reclamo.

-Valió la pena el golpe –Rosie se sorprendió- …espera, se supone no sabías eso. En fin ¿Cuál era la canción que bailamos al final? The A…

-The A team. Ed Sheeran.

A Rosie le sorprendió que Jamie recordara todos los detalles de aquella noche, aún más cuando, al ritmo de los pasos de vals, empezó a tararear la canción. Estaba tan contenta del momento que estaban teniendo. Alzó la mirada y vio los copos de nieve caer del oscurecido cielo. Las campanas de la iglesia empezaron a tocar. Doce. Jamie se detuvo en seco, acercó sus labios a los de Rosie, y antes de besarla articuló el susurro más atractivo que ella le había escuchado jamás:

-Feliz navidad linda.

La nieve empezó a caer más a prisa y en más volumen. Sus rostros se separaron y ella, sin aliento, repuso un feliz navidad . Escucharon a todos adentro deseándose dicha por la navidad y decidieron regresar. Rosie iba por delante, subiendo las escaleras del pórtico cuando Jamie la detuvo de la mano. La chica vio la cajita azul que el chico había sacado de su abrigo. Reaccionó.

-¿Quieres ser mi esposa? –dijo, soltando un gran suspiro.


Entradas relacionadas:
Parte 3, Parte 2, Parte 1, Momento de amigos

martes, 30 de diciembre de 2014

La última Navidad, parte 2

Despertó de golpe, o al menos así lo sintió. Se había quedado recostado en el sofá para descansar un rato. El trabajo de la remodelación le había estado llevando más tiempo del que había previsto, pero aun así estaba contento con el progreso que llevaba. Su herida iba cicatrizando muy bien. Esa herida que le dejó la muerte de su mamá.

Se levantó, se vio en el espejo que tenía frente a sí, y vio en el a un Gabriel…diferente. Y es que los últimos días él mismo sentía que había cambiado mucho. Dos cosas fueron (estaba seguro) las detonantes de ese cambio: la sorpresiva intervención de Jamie cuando toda su vida se vino abajo por la muerte de su madre. Supo exactamente qué hacer y qué decir para sacarlo del agujero negro en que había decidido caer. La otra persona que lo había cambiado fue Parker. Lo conoció cuando había decidido volver a vivir, después de aquella intervención.

Gabriel encendió el televisor y notó que aún era 23 de diciembre, extraño. Esa siesta le pareció que fue lo suficientemente larga. Se dio cuenta que no había empezado a planear la noche siguiente, la cual pasaría con Parker. Su nuevo amigo (aun no sabía cómo llamarle) era judío por lo que la celebración con familiares estaba descartada para él, así que le propuso a Gabriel el pasar juntos esa fecha. Era muy agradable y tan diferente comparado con los anteriores dos queveres que había tenido en el pasado.

Cuando estaba inspeccionando el refrigerador y la alacena para darse cuenta de lo que tenía que comprar para la cena de mañana con Parker, el teléfono sonó. Contestó.

-¿Qué tan de mente es ir mañana a la joyería por algo de último minuto?
-Tanto como correr y cruzar sin mirar a la calle en la ciudad más transitada de todas, y que te atropellen. Pero eso ya lo hiciste, así que dime ¿se te olvidó comprar el regalo de Rossie?
-Es más bien, una idea de último minuto.

     ___________________________________________________________________

El encontrar un taxi que los llevara al aeropuerto a primera hora del 24 de diciembre fue un reto. Daniel y Lily se encontraban ya en la puerta principal del aeropuerto, cada uno con una maleta y su boleto y pasaporte en mano. Ambos quedaron asombrados al ver el caos que había dentro. Aunque ya se lo esperaban pues al parecer era costumbre de los habitantes de La Ciudad ir contra el reloj siempre, y el reservar un vuelo el 24 de diciembre era parte de eso.

Entraron al aeropuerto. Todos iban de un lugar a otro, a la velocidad de la luz. De vuelta a casa, de visita con la abuela, visitar familia en el hospital. Era el motivo de viaje de la mayoría de las personas que estaban ahí.

Lily tenía un don natural para guardar la calma en situaciones de estrés como la que estaban pasando. Daniel por otra parte tenía un rostro que reflejaba estar tan irritado en esos momentos, y el niño haciendo berrinche a su madre que estaba delante suyo en la fila para el detector de metales solo empeoraba su nivel de paciencia.

Cuando por fin pasaron por el detector de metales y ya habiendo dejado su equipaje en la cinta gris, se dirigieron a buscar su terminal, la F3 lo antes posible pues en media hora salía su vuelo.

     __________________________________________________________________

Se despertó antes de que sonara el despertador, se levantó de la cama y notó en la ventana de su habitación que la tormenta de nieve de la noche anterior había sido cosa seria. Se puso sus pantuflas e intentó aplacar un poco su cabello de recién levantado. Bajó las escaleras con cuidado para no despertar a nadie y así poder darle el desayuno sorpresa que había planeado para su familia.

Lamentablemente para Eliot, mamá Harper ya se había levantado y estaba haciendo panqueques para desayunar. Una pena, se había estado esforzando por encajar mucho en su nueva familia, sobre todo con su nuevo hermano mayor, a quien veía muy poco pues siempre estaba trabajando en el hospital o con su novia. Anoche había tenido la oportunidad de hablar con él un poco y descubrió que ambos tenían en común el béisbol como su deporte favorito. Jamie le contó que había formado parte del equipo representativo en la preparatoria y Eliot recordó cómo se divertía con los demás chicos de la Casa hogar jugando los domingos en la mañana.

Saludó a mamá en la cocina y se sentó en el desayunador para verla trabajar. Mamá Harper sabía que Eliot era el tipo de chico que tiene mucho qué decir, pero que nunca encuentra la manera de cómo decirlo. A diferencia de Jamie que siempre tuvo una opinión sincera (y muchas veces innecesaria) de todo.
-¿Pasa algo Eliot?
-¿Te puedo ayudar con el desayuno? Lo que más me gustaba en la Casa hogar era preparar el desayuno con mis compañeros. A nadie le gustaba la idea, pero a mi sí porque era podíamos platicar cómodamente…ya sabes…sin el cansancio de haber terminado un largo día como cuando se prepara la cena.
-Entiendo, mira falta batir esta mezcla. Qué bien se siente tener algo de ayuda por aquí.
El señor y la señora Harper habían tenido sus dudas sobre si debían adoptar a un nuevo chico. Ya eran algo viejos y no sabían si podían lidiar con un adolescente como hijo. Tal vez fue porque su único hijo (también adoptado, pero desde pequeño) ya vivía con ellos, se había mudado a La Ciudad hacía años para estudiar y consecuentemente ejercer la medicina, o tal vez fue aquel instinto materno de la señora Harper que sintió por Eliot desde aquella vez que la salvó de unos asaltantes. Como haya sido, ella y su esposo tomaron la decisión de agregar a un miembro más a su familia. Cuando se lo contaron a su hijo Jamie, éste se mostró muy contento y regreso al Pueblo sólo para conocerlo.

La señora Harper vio con cariño cómo Eliot se encargaba de los panqueques mientras ella iniciaba a freír el huevo. De cierta forma, le recordó a Jamie cuando tenía esa edad.
-Hijo, acerca de lo que dijiste anoche…¿a qué te referías?
A Eliot le gustaba cuando le decían hijo.
-Verás, hace poco me enteré que hay un refugio para indigentes en el Pueblo. Lo fui a visitar después de la escuela y el encargado de ahí me dijo que para navidad no sabía si iban a poder aceptar a demasiada gente, pues el refugio no contaba con el dinero suficiente para costear una cena navideña para tantos.
-Eliot, no le habrás prometido a aquel hombre dinero que no tenemos.
-No nada de eso. Bueno, cuando me enteré me empecé a sentir mal por todas esas personas que noche tras noche buscan un lugar en un refugio como ese. Lo he vivido. Antes de llegar a la Casa hogar, buscaba sitios como ese en el cual pasar la noche. Los niños siempre tenían un lugar asegurado por suerte, pero muchos de los adultos no alcanzaban lugar ya sea por falta de camas o de comida. Recuerdo que en estas fechas era cuando más personas solicitan el asilo. Estuve pensando y me acordé de Parker, el novio de Gabriel, él tiene un restaurante ¿no? -Mamá Harper se sintió mal con tan sólo imaginarse aquellos días difíciles para Eliot- Bueno, hablé primero con Gabriel para ver si me podía ayudar convenciendo a Parker de aceptar, no fue difícil pues es muy buena persona. Se sintió conmovido a pesar de ser judío y no celebrar navidad. Dedicará la producción del día de hoy del restaurante y llevará comida al refugio ¿no es grandioso?
-¿Y tú solo pensaste todo eso? Qué bueno eres. Supongo querrás ir con ellos a entregar la comida ¿verdad? Te acompañaré con gusto.
-¿pero y la reunión de hoy? Tiene que estar todo listo para cuando lleguen todos. Vendrán los McCall cierto, y conoceré al abuelo y a su atractiva y joven novia.
La señora Harper lanzó una mirada matadora, odiaba a esa mujer que se había metido con su papá.
-¡Fueron palabras de Jamie! –se excusó Eliot, asustado.

Terminaron de preparar el desayuno y despertaron al señor Harper y a Jamie para que bajaran a comerlo. El chico y su madre le contaron al resto la navidad que planeaba para los refugiados y el señor Harper tomó la iniciativa de empezar a cocinar todo de una vez para que todo estuviera listo a tiempo para los invitados y así tuvieran oportunidad de acompañar a Eliot al refugio.

Jamie Harper salió con prisa, dijo que tenía algo que hacer y que volvería más tarde a preparar los últimos detalles mientras ellos estuvieran en el refugio. Sin duda algo traía entre manos para esa noche de navidad que despertó la curiosidad en su familia. Tendrían que esperar a verlo.