Estaba
dentro de su cama listo para dormir. Envuelto en su cobertor, con una taza de
leche sobre la mesa de noche, su pijama azul puesta encima y la edición de ese
mes de Cardiologic urgencies en sus
manos, leía bajo la tenue luz de su lámpara con una tranquilidad invaluable.
Traía puesto sus gafas de lectura, aunque él sabía que pronto necesitaría
usarlas de tiempo completo pues comenzaba a disminuir su agudeza visual desde
que estaba en la escuela de medicina. El clima fuera en la ciudad neoyorquina
estaba fresco, pues el invierno se acercaba.
Había
decidido ponerse al tanto de lo más reciente en el tratamiento de urgencias
cardiológicas pues su residente, Chris, disfrutaba de tupirlo frente al resto
de sus compañeros internos en cada caso en el que trabajaban juntos. A veces
Jamie tenía la respuesta correcta, pero otras veces tenía que callar y dejar
lucirse a Chris, el actual novio de Rosie. A pesar de eso, Jamie disfrutaba
leyendo temas de urgencias en su tiempo libre, pues empezaba a considerarla
como una especialidad potencial para él en un futuro.
Echó un
vistazo a los gráficos que mostraban el valor predictivo positivo de los datos
recabados de este estudio experimental sobre farmacogenómica en casos de
cardiopatía isquémica cuando tomó un sorbo de su taza de leche con la forma del
casco de Darth Vader. Alguien llamó a la puerta.
-Pasa, está
abierto Dan
-¡Hey! Hola, soy yo –asomó
la cabeza una chica de tez blanca con el cabello color cobrizo la cual Jamie
reconoció al instante a pesar de la tenue iluminación de la habitación. –Vine a
dejarle unas cosas a Daniel y quise saludarte, espero que no estés ocupado.
-En
absoluto, ven aquí –el chico dio unas palmaditas al sitio al lado suyo en la
cama. –estaba a punto de dormir pero antes quise leer un poco esto.
-¿Urgencias
cardiológicas? Jamie, ni en tu día libre dejas de lado el hospital.
El chico se
encogió de hombros y sonrió. Rosie quedó inmóvil un minuto tras ver sonreír a
su amigo. En ese momento recordó lo mucho que le gustaba verlo. Le gustaba su
sonrisa, pues cada vez que lo hacía, en las comisuras de sus labios se formaban
unos hoyuelos muy lindos, y se hacían visibles las diminutas arrugas en la
unión de sus párpados. También, la lámpara ponía en evidencia las pecas que el
chico tenía en el puente de su nariz y en sus pómulos. Cuando la chica se dio
cuenta de que se había quedado atontada observando el rostro de su exnovio,
sacudió la cabeza.
-Me ha
contado Chris que estás con él en cardio, lo había olvidado.
-Sí, estos
dos meses es mi residente a cargo. Es bueno en lo que hace, pero es sólo que no
congeniamos mucho.
En realidad,
Jamie quería contarle a su amiga que su novio era un patán con el en el
hospital y que seguido sacaba ventaja de su puesto sobre él, pero a pesar de lo
mucho que él desaprobaba su actual relación amorosa, no quería darle más
problemas de los que ya tenía Rosie con Chris, pues el chico sabía que
discutían mucho. De cierto modo, Jamie seguía preocupándose por ella, pues
antes de haber sido novia, fue su mejor amiga. Así que puso una cara alegre y
prosiguió.
-¿Y qué hay
de ti? ¿Cuándo pensabas decirme del nuevo puesto al que fuiste ascendida?
La chica se
sonrojó.
-Oh –soltó una
risita nerviosa –es sólo…a Vanessa le gustó la propuesta de la que te platiqué.
La semana pasada me planté frente a la sala de juntas con los accionistas de la
empresa (aunque ni siquiera debía estar ahí) y expliqué mis ideas. Les
encantó.
-¡Bien hecho
chica! –chocaron las palmas. –Me da gusto este avance que diste, estoy seguro
que irás a por más.
Tomó otro
sorbo de su taza de Darth y le ofreció a su amiga pero esta se negó.
-¿Cuál crees…
-hizo una pausa para dejar la taza de nuevo en la mesita de noche –cuál crees
que sea el resultado en una pelea entre Venom y Magneto?
-Venom y… ¿Son
personajes de cómics, cierto? –preguntó la chica, sintiéndose ignorante acerca
del tema. Jamie siempre había sido su fuente de información sobre cosas geeks.
-Sí. Si no
sabes la respuesta, puedes preguntarle a tu hermano. Magneto gana fácilmente,
por supuesto.
La chica
seguía desubicada.
-Es que todo
el día fue de jugar Marvel’s combat con los chicos. Daniel creía que Venom
podía vencer a cualquier personaje jugable, pero claramente no conocía mis
habilidades usando a Magneto –Jamie se sintió muy niño después de escucharse
decir eso.
-Siempre
aprendo algo nuevo sobre cosas nerds contigo.
-Para esto
me tienes –dijo, con un tono juguetón.
Rosie miró
el reloj digital del despetador que Jamie tenía en su mesita de noche. Las
10:30.
-Bueno –se levantó
de la cama –es hora de irme. Seguramente Charlie está esperándome para cenar
(por segunda vez). Recuérdame la próxima vez no compartir casa con mi hermano
mayor. Prefiero a Dan. ¡Oye –señaló la camisa del pijama de Jamie –me gusta tu
pijama!.¡ Se te mira muy bien!
-Gracias, me
la dio alguien especial el año pasado en navidad –le guiñó el ojo.
-Te veo
después entonces.
-¡Espera! –la
pelirroja se detuvo en seco. –Faltan dos semanas para tu cumpleaños. ¿Qué
quieres hacer ese día?
-Mmm…no lo
sé, no tengo nada en mente.
-¡Oh, vamos!
Llegaste a esta ciudad un año antes que yo. Debes de conocer un buen lugar en Nueva York al
que quieras ir a comer, cenar o tal vez a bailar o echar un trago.
-Tiffany’s.
Ahí quiero ir ahora que lo pienso.
-¡Tiffany’s,
eh! –exclamó el chico en tono sarcástico. –Según Gabriel, sirven muy delicioso
el almuerzo ahí.
-Como no
tienes idea.
-Entonces
ahí será. Bueno, igual tenemos tiempo hasta que llegue el día. Puedes retirarte
en paz linda –a Rosie le dio gracia esa última frase.
-Con su
permiso –respondió, en el mismo tono.
Salió de la
habitación.
Jamie tomó
el último sorbo de su leche ya fría y dejó a un lado la revista que estaba
leyendo. Apagó la lámpara y se echó hasta los hombros el cobertor que tenía en
sus pies. Mañana sería otro día en el hospital.