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lunes, 19 de diciembre de 2016

De un susurro a un grito

El día llegaba a su fin, y Vanessa Phyffer contemplaba desde su lujosa oficina los enormes edificios de la ciudad de Nueva York bañados por un haz de tonalidades naranja del atardecer. Se encontraba ensimismada en sus pensamientos. Era de esos momentos en que la exitosa mujer se cuestionaba a sí misma sobre su vida, sobre si había valido la pena dedicar el cien por ciento de su tiempo en poner en alto el apellido de su difunto padre en los negocios, de convertir de su presencia una muy imponente frente a sus colegas, frente a sus empleados y aún más frente a su competencia a costa de dejar en segundo plano su vida personal, sus amistades y el romance. Normalmente no le afectaba ese hecho, pero hoy por alguna razón rondaban en su cabeza.

La elegante mujer se sobresaltó al escuchar que alguien llamaba a su puerta.

-Vanessa, aquí está el informe de este mes que me pediste.

Vislumbró en el umbral de la puerta a una chica de cabello cobrizo y de una mirada profunda que inspiraba confianza, la misma que la había hecho convencer hace dos años de contratarla para la vacante en Economía de su empresa, a pesar de tener mínima experiencia en su área. Pero aprendía rápido y eventualmente escaló a un puesto más alto. Rosie McCall se adentró en la oficina de su jefa y le extendió en las manos el informe.

-Bien, lo leeré en un momento. -Contestó con ímpetu.

<<De nada>> pensó Rosie, pero ya estaba acostumbrada a la forma de ser de la presidenta de Phyffer Company.

La pelirroja chica se quedó inmóvil, mirándola.

- ¿Si?

- ¿Te sucede algo, Vanessa? -preguntó la chica. Sabía que su jefa era de pocos amigos (o más bien, ninguno), y se imaginaba lo difícil que habría de ser el no tener a alguien de confianza para hablar de vez en cuando.

Vanessa entendió el interés de Rosie.

-Es sólo que…me imaginaba cómo sería ser otra persona. Y quiero decir, completamente diferente a mí, no sólo unas cuantas cualidades distintas. Una que haya formado una familia, tal vez en otro país o una que sea atleta profesional o viajara por el mundo en busca de la mejor ropa de diseñador.

- ¡Pero tú viajas alrededor del mundo! aunque por motivos diferentes. Y aun no es tarde para encontrar a alguien y formar una familia, o para entrenar duro y competir.

Se daba cuenta que Rosie era la única que realmente se interesaba en ella como amiga, aunque para ella era algo difícil el corresponder. Siempre había sido así, con cualquier persona. Tal vez por eso no había sido capaz de entablar una relación de amistad con nadie nunca.

-Suena más fácil decirlo que hacerlo.

Rosie volvía a quedársele viendo, como si tratara de leerle la mente para saber qué decirle.

-Puedes hacerlo. El día se está acabando. Carter -la mejor amiga de Rosie de la universidad, y que trabajaba también en Phyffer Co. – y yo vamos a ir al karaoke bar a unas cuadras de aquí. Puedes venir y unírtenos. Será divertido.

Vanessa se sentía confundida por la invitación. Usualmente después del trabajo iba a su suite y bebía una copa de vino mientras preparaba su cena, o cuando el clima se lo permitía daba un paseo nocturno por Central Park, que le quedaba a unas calles de distancia.

- ¡Vamos! Ni siquiera tienes que cantar. Sólo nosotras tres, bebiendo un poco y conversando, y quién sabe, tal vez hasta conozcas a algún hombre. Al menos esa es la intención de Carter al ir allí -dijo, entre risas.



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-Entonces… ¿Cómo dices que sucedió esto? -preguntó el joven médico al paciente que tenía frente suyo, quien tenía la mano metida en la parte delantera de sus pantalones los cuales estaban manchados de sangre.

El chico aun con la mano dentro de sus pantalones, apenado y sonrojado no quería hablar lo bastante fuerte frente a los demás en la Sala de Urgencias. El joven médico quien en el gafete que colgaba de su cuello ponía Jamie Harper entendió la situación de vergüenza del chico y lo pasó a una camilla un tanto arrinconada, donde inmediatamente corrió las cortinas, dejándolos solos a él y a su paciente.

- ¿Y bien? ¿Qué te pasó? Descúbrete por favor, Arnold para poder valorarte.

El chico comenzó a desvestirse, pero en cuanto sacó su mano de sus pantalones, su miembro comenzó sangrar de nuevo. El doctor Harper contuvo rápidamente el sangrado haciendo presión con gasas, pero dejó de inmediato tomar la tarea el chico con sus propias manos. <<No puedo creer que me toquen estos casos a mí >> se dijo a sí mismo, quejumbroso.

El paciente Arnold, volviendo a recuperar la calma tras el sangrado, decidió confiar en el joven médico, pues pensó que haría su trabajo mucho más fácil, pues se veía muy apurado y su cabello un tanto desarreglado, las ojeras profundas y la barba de tres días lo hacían lucir verdaderamente cansado.

-Estaba…tú sabes -el chico moría de pena y desviaba la mirada de la de Jamie-, masturbándome.

- ¿Te desgarraste el frenillo así? -preguntó Jamie, incrédulo.

-Tal vez lo hice muy fuerte y rápido…y por mucho tiempo. Es sólo que…pensé que se sentiría mejor.
Jamie se puso en los zapatos de su paciente y se imaginó lo vulnerable que se habría de estar sintiendo, así que trató de generar confianza con su paciente.

-Bueno, en efecto tienes desgarrado el frenillo. A pesar de que llevas mucho tiempo haciendo presión según me refieres, tu sangrado aún no ha parado, lo más seguro es que tenga que ponerte unos puntos -vio cómo la cara del chico palidecía-. ¡Pero no te asustes, hombre! Es un procedimiento rápido. Ya llamé a mi residente de urología para que supervise el procedimiento, no te preocupes. Terminará todo muy rápido y no sentirás nada en el proceso, usaremos anestesia por supuesto.

 El chico se tranquilizó un poco con las palabras de Jamie, pero aun así se sentía afligido por la situación en la que estaba.

-Mira, no tienes por qué sentirte mal. Yo también soy hombre y lo hago de vez en cuando como todos, sólo que tómatelo con calma la próxima vez ¿entendido? Mi trabajo aquí es ayudarte y sólo eso, no te preocupes por ello.

A pesar de lo cansado que lucía el joven médico, emitía una sonrisa brillante que daba mucha confianza, y reflejaba lo entregado que era para con sus pacientes, pues a su parecer él gustaba de tratar a los pacientes como le gustaría que cualquier médico lo tratase a él o a su familia.


Cuando hubo terminado el procedimiento regresó a la Sala de Urgencias, con la esperanza de encontrar algún caso interesante que lo despertara literalmente. Para su sorpresa, no había ningún otro ingreso de urología. Su amiga Becca se acercó a él y le extendió un caramelo de cereza el cual agradecido, rápidamente se llevó a la boca.

- ¿Aún no te vas Harper? Pensé que habías salido de guardia en la mañana -dijo la chica, con su tono un tanto burlón como de costumbre. Disfrutaba de molestar cariñosamente a su amigo.

-Las guardias en Uro son un tanto más largas. ¿Y tú, que tal te trata Interna?

-Es mi favorita, ya lo sabes. Aunque me tocó en Cardio y Chris es mi residente –puso una cara de incomodidad al decir su nombre-  pero por el resto no me quejo.

El móvil de Becca comenzó a vibrar. Era Chris, quien la buscaba para pedirle informes de la evolución de sus pacientes justo como hace media hora lo había hecho, y la media hora anterior a esa y la anterior.

- ¿De nuevo? ¡Pero si acabo de decírselo! -vio a Jamie pidiendo compasión.

-No me mires a mí -dijo, encogiéndose de hombros-, yo soy el doctor de los  penes hoy.

- ¿Cómo es que lo soportaste la rotación pasada? Si conmigo es pesado, no me imagino cómo era contigo después de que se enteró que fuiste novio de su novia Rosie.

- ¡No tienes idea!

- ¡Regrésenme a Hemato donde todo es amor! -dijo por último su amiga.

Becca Donson se fue corriendo por las escaleras en busca de sus pacientes mientras una ambulancia llegaba a la entrada de Urgencias. Al parecer Jamie Harper iba a tener una guardia entretenida esa noche.


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Mientras tanto Rosie, Carter y Vanessa sentadas a la barra en el bar disfrutaban de un martini cada una. A pesar de ser la noche del jueves, Penrose’s era un bar muy concurrido. Con sus pisos de cerámica oscura y sus techos y acabados de madera daba un aspecto industrial pero elegante a la vez, y la música jazz que tocaban en vivo transportaba a una atmosfera única a todos los que lo visitaban en el #1590 de 2nd Avenue.

- ¡En verdad este lugar luce mucho mejor que el karaoke-bar al que planeábamos ir, Vanessa! Me alegro que hayas decidido salir con nosotras -dijo Rosie mientras daba un trago a su martini.

-Y tienen los mejores cocktails de la ciudad, se los aseguro.

-Las bebidas no son lo único bueno de aquí, al parecer -comentó Carter, la amiga de Rosie mientras veía a un grupo de chicos en las mesas contiguas.

- ¡Carter, acabamos de llegar! -le regañó Rosie.

-Está bien, está bien. ¡Cielos amiga, sólo fue un comentario!

Vanessa reía de la situación. A decir verdad, Carter siempre le había parecido graciosa en el trabajo, solamente que nunca se había dado el permiso de demostrarlo puesto que, para ella, la Presidenta de Phyffer Company debía de comportarse con total rectitud frente a sus empleados.

Vanessa y Rosie ordenaban al barman un trago de cada uno de los que servían del menú. Cada una elegía una bebida que quería que la otra probase, así conocían mejor sus gustos entre sí, mientras Carter, con los ojos entrecerrados agudizando su vista, no paraba de mirar en la misma dirección de antes.

- ¿En serio quieres ir a conocerlos? Ya te dije, platiquemos un poco…

-No, no lo entiendes. ¡Mira! -le dijo señalando con la cabeza al hombre alto sentado con sus amigos

- ¡Miro qué!

-Es…

- ¡Oh por dios, Carter!

- ¡Si!

- ¡Alguien explíqueme qué está pasando aquí! -dijo Vanessa, quien ahora también tenía curiosidad.

- ¡El hombre alto sentado con aquél grupo!

-Ya lo vi, pero no se quien sea -soltó Phyffer, un tanto desesperada.

-No lo puedo creer, ¿creen que esté filmando aquí en Nueva York?

-No, ya terminaron de filmar la película. O eso publicaron hace una semana.

- ¡¿QUIÉN ES?!

- ¡El mismísimo Superman!

Vanessa seguía sin entender.

Y de pronto, las voces de Rosie y Carter pasaron de un susurro a un grito:

- ¡HENRY CAVILL! -dijeron las dos.




Continúa la historia aquí: 


Música del blog:
Street Lights - Kanye West

 

viernes, 20 de mayo de 2016

Cruce de mundos

El sol comenzaba a emitir sus primeros rayos de luz cuando bajaba del avión. Jamie Harper se detuvo en uno de los escalones y contempló la oscuridad siendo cálidamente acogida por haces color naranja sobresaliendo de las nubes. Inhaló el aire fresco de la ciudad que le traía tantos recuerdos y lo dejó escapar con la misma tranquilidad. ¡Vaya manera de recibir su cumpleaños!

Siguió su paso por la plataforma de aterrizaje hasta llegar al interior del edificio del aeropuerto. Se percató que tenía una videollamada entrante, una que en verdad no quería perder, así que tomó asiento en la sala de espera rápidamente, dejando su maletín en la silla contigua. Contestó.

-¡Feliz cumpleaños papá! –gritaron dos voces.

Jamie logró reconocer a sus dos hijos a la cámara del celular. A Reed, la mayor de ellos, quien se había dejado hacer la trenza que tanto le gustaba a él (pero que ella odiaba); y a Carson, la viva imagen de él, pero en miniatura. 

Ambos se peleaban por enfocarse a sí mismos en la cámara para ver a su padre primero que el otro. Entre tirones y quejidos, el teléfono cayó al suelo. A Jamie le pareció muy graciosa esa escena.

-¡Miren lo que hicieron! ¡Dejen de pelear al menos por hoy! Es el cumpleaños de su padre.

Jamie disfrutó mucho escuchar la voz de su esposa. Siempre lo hacía.

Rosie levantó el teléfono, y esta vez enfocó a todos al mismo tiempo. Ahí estaban. Las tres personas que Jamie amaba tanto. Sonrientes ante él, ansiosos por brindarle a su padre un abrazo tan fuerte que lo tirara al suelo o al sofá y después, abrazarlo más.

Era el primer cumpleaños que Jamie Harper pasaba sin tener a su padre con vida, a la vez que era el primer cumpleaños que recibía sin ser despertado por sus dos hijos en su cama. Este año, el doctor Harper tenía una conferencia que impartir en una ciudad que también evocaba sentimientos de nostalgia, de una manera positiva.

-¡Hey chicos! ¡Muchas gracias! –Jamie estaba evitando a toda costa soltar lágrimas de emoción por su familia- ¿Cómo están, listos para la escuela?

-¡Hoy no hay escuela! –gritó Carson, con gran entusiasmo.

-¿De qué me perdí, linda? –refiriéndose a su esposa Rosie.

-Ayer encontraron una colonia enorme de cucarachas mientras limpiaban los ductos de ventilación, así que aprovecharon que era viernes para fumigar a fondo la escuela –respondió, mientras temblaba del horror al imaginar esa cantidad de insectos juntos.

Jamie estaba consternado al escuchar eso también.

-Papi, ¿ya hablaste frente a todos esos doctores? ¿No te dio miedo? –preguntó la pequeña pelirroja.

-¡Papi no tiene miedo, Reed! Es papi. –dijo Carson, como si fuera lo más obvio del mundo.

A Jamie le pareció tierno que pensaran así de él.

-Aun no hablo frente a los doctores amor, de hecho aún estoy en el aeropuerto.

-¡¿Y qué esperas papá?! Demuéstrales que eres el mejor ugianciologo.

-Urgenciólogo, Reed –le corrigió su madre.

-Por eso, ugianciologo.

-Sí mi vida –Jamie quería reírse cada vez que escuchaba a su hija decir erróneamente esa palabra –lo haré en cuanto sea el momento.

-Chicos, papá ya se tiene que ir, despídanse de él.

Los chicos volvieron a pelear por el teléfono. Uno no podía despedirse menos que el otro.

-Feliz cumpleaños Jamie. Te amo –él le mandó un beso a su esposa al escuchar esto- nos vemos en la noche.

-Así será linda. Te amo también.

La pantalla se apagó.
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Mientras tanto, dos hombres tomados de la mano iban llegando al aeropuerto del extremo contrario a donde se encontraba Jamie. Uno de ellos, moreno y con barba venía vestido con un traje de tonos cafés mientras que el otro, de piel blanca y ojos color gris, vestía un atuendo un poco menos formal y con la mirada puesta sobre el niño de unos cinco años que venía con ellos quien, asombrado, veía lo grande que eran los aviones que despegaban.

-¿Estás seguro que no quieren ir conmigo? Puedo llevar acompañantes –dijo el hombre de la barba.

-Seguro. Además, no creo que Marv encuentre divertido sentarse a escuchar a conferencistas médicos. Nos quedaremos en el hotel mientras tanto.

-¿En el hotel? ¡Timothy, estamos en Nueva York! –le gustaba nombrarle por su nombre completo, en vez de sólo Tim, como el resto de sus conocidos - Salgan a conocer la ciudad. ¡Pero no vayan a Times Square sin mí, por favor!

-Lucas, te prometo que te esperaremos para ir allí.

-¡Papá, papá, quiero subirme otra vez al avión, pero ahora a ese! 

-Marv, acabamos de llegar. ¿No querías conocer Estados Unidos?

-¡Siiiiii! –soltó el niño. Era algo hiperactivo.

-Bueno, vayamos primero al hotel para que Lucas pueda ir a la reunión de doctores. Después tú y yo podemos salir a conocer la ciudad.

-De acuerdo papá –se calmó por un momento.- ¡Mira! Mejor en ése, ¡por favor, por favor! –soltó al instante.
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El centro de convenciones de Nueva York alberga una enorme cantidad de personas cada fin de semana. Desde eventos sociales como graduaciones y bodas, hasta convenciones de cómics y videojuegos. Ese día, se llevaba a cabo el VIII Congreso Internacional de Investigación en Medicina, donde los trabajos más destacados de los principales hospitales alrededor del mundo eran expuestos. Cada año desde hace ocho, se ponía en manifiesto el avance que la ciencia médica lograba, y el impacto que éstos trabajos tenían en la salud de la población mundial. El doctor Jamie Harper había sido elegido para presentar su propuesta de la implementación de un nuevo algoritmo en la atención de politraumas críticos en pacientes pediátricos.

El lobby del centro de convenciones se encontraba lleno, todos los médicos de los países participantes no querían perderse este importante evento. Hacía unos momentos había sido ubicado en el Hall correspondiente donde presentaría su trabajo. Ahora, Jamie se localizaba en el área del bar donde con un martini en mano, buscaba entre toda la multitud a la persona con quien había quedado de verse.

Dio el último trago a la copa y sintió desde atrás la ligera mano de alguien en su hombro.

-¿Tan nervioso estás Harper? –dijo una voz seductora que reconoció al instante.

Se dio la vuelta para contemplar a la mujer que tenía tras de sí. De estatura promedio, de tez morena, con un cabello castaño oscuro peinado de una manera elegante para la ocasión y con un cuerpo que cualquier hombre encontraría muy atractivo, lucía a la perfección un vestido de tonalidades rojas. Rebecca Donson saludaba a Jamie con una gran sonrisa y con los brazos abiertos.

Se abrazaron con cariño.

-Lo había pedido para ti Becca, pero no aparecías.

-Eso debió ser. Recuerdo que tú no tienes buen gusto para el alcohol –tomó otra copa de la bandeja del mesero. -¿Ya estás preparado? Tu turno es en una hora. Tengo que ir a inaugurar los casos de Hemato, pero en cuanto acabe voy directo al Hall de Urgencias.

-Estaré esperándote. Así te enterarás de la acción que te pierdes cada día en tu hospital.

-¡Ya veremos Harper, éxito! –dio unos pasos hacia la dirección opuesta y desapareció entre la multitud.

La doctora Rebecca Donson, o como Jamie le solía decir, “Becca”, una reconocida hematóloga en el país era también una de las mejores amigas del urgenciólogo desde que se conocieron en el hospital durante su internado, en esa misma ciudad, hace 10 años.
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Un hombre moreno de barba iba entrando al Hall donde se daría una de las exposiciones que más le habían interesado al ver el programa que le entregaron en la entrada del edificio. La pantalla de bienvenida del Hall ponía “Implementación de algoritmo de atención en Urgencias a pacientes pediátricos politraumatizados en estado crítico. Por Dr. Jamie Harper del Hospital Regional de Georgia.”

-¿Qué tal todo por allá Lucas?, ¿Ya te has encontrado con alguno de tus antiguos colegas? –dijo la voz de Timothy al otro lado del teléfono.

-Unos cuantos, sí. Ahora estoy entrando a una conferencia de urgencias en pediatría.
Entonces… ¿si pudiste arreglar lo de la reservación del hotel? No sé por qué no lo tenían registrado.

-Sí, ya quedó todo, no te preocupes. Te dejo porque Marv quiere que lo lleve a la piscina. ¡Y deja de estar llamando! Disfruta del congreso.

-¡De acuerdo, hombre!


Todos los asientos del Hall se encontraban ocupados por doctores ansiosos de escuchar su conferencia. El último en sentarse fue un hombre moreno de barba quien terminaba de hablar por teléfono. De pie, sobre el pequeño escenario frente a ellos, el doctor Jamie Harper observaba a su audiencia con una mirada decidida. No recordaba la última vez que se había sentido en una situación así salvo en el hospital. Y es que en Urgencias, había aprendido a aislar su mente de todo el caos de la situaciones y a actuar con suma templanza, cualidad que era necesaria desarrollar para un urgenciólogo.

En esta ocasión, Jamie no se encontraba ante ningún paciente quemado, empalado o convulsionando. Eran sólo él, un micrófono y alrededor de 100 sillas ocupadas por colegas, entre ellos la doctora Becca Donson, quien lo veía con orgullo desde su asiento.

-Disculpe doctor Harper –preguntó al final de la presentación el hombre moreno de barba- Dr. Lucas Thorpe, Pediatría, del John Radcliffe Hospital en Inglaterra… -hizo una breve pausa, seguida de una sonrisa juguetona- Lo sé, no parezco inglés. Soy americano.

-Gracias por el dato doctor.

La audiencia rio.

-A lo que iba… ¿cómo cree que afectaría este nuevo algoritmo de atención en pacientes que se encuentren en un hospital con escasez de recursos necesarios para seguir al pie el protocolo? ¿Tendría el mismo impacto en el pronóstico del paciente?

-Ciertamente el curso de la enfermedad cambiaría. Es decir, de no contar con muchas de las herramientas a las que estamos acostumbrados como una máquina de TAC o un kit de suturas estéril, el paciente dependerá del ingenio de su médico tratante, de su capacidad analítica, de sus habilidades clínicas y por supuesto, de qué tan osado es.

La mañana seguía transcurriendo en el Centro de Convenciones, y Jamie había sido elogiado por más de una persona por su trabajo expuesto y se mostraban interesados en que los ayudasen a adecuar dicho algoritmo en sus respectivos hospitales.

Cuando por fin tuvo un tiempo libre a solas, fue al ventanal desde donde se podía visualizar la parte más alta del lado oeste de Nueva York. Fuera, el día parecía perfecto para un picnic en Central Park, o para tomar uno de esos recorridos en bus para turistas.

-Es curioso, ¿no? –dijo la voz de Becca detrás de él.

-¿Curioso?

-Que todo siempre vuelva a esta ciudad.

-No por nada es la más famosa, al menos de éste país. Pero sí, lo encuentro bastante curioso también.

Rebecca se acercó, para contemplar la ciudad junto a él. Hubo un momento de silencio, en el cual ambos tuvieron tiempo para recordar la época en que vivían en esta ciudad. Donde aprendieron a ser doctores, a responsabilizarse por la vida de alguien más, a hacerse notar y donde, cuando ya no hubo más por aprender uno del otro, decidieron seguir caminos diferentes y disfrutar del estilo de vida que cada uno había elegido.

Y aquí estaban de nuevo, 10 años después en la misma ciudad donde se conocieron. Un cruce de mundos. Jamie se había convertido en un habilidoso médico de Urgencias, un maestro muy exigente para sus residentes e internos y había formado una hermosa familia. Rebecca había decidido vivir soltera y disfrutar de las comodidades que eso implicaba, y eso la hacía sentir bien, no se sentía menos mujer por elegir ser exitosa en su profesión, sobre tener ser esposa o madre. Se encontraba entre los hematólogos más reconocidos a nivel nacional, y también su nombre figuraba entre los consensos internacionales de Medicina Interna. Ambos tenían en este punto de su vida todo lo que habían querido desde siempre.

-Por cierto Harper…feliz cumpleaños.

La doctora le entregó un regalo de cumpleaños, envuelto en un papel rojo muy bonito, con un listón dorado. Jamie tuvo el impulso de abrazar a su mejor amiga con mucho cariño. De esos abrazos que Jamie era experto en dar. Aunque por su mente pasó que dicha muestra de afecto pondría celosa a su esposa Rosie, lo que le causó gracia. A continuación, el doctor Harper quitó la envoltura a su regalo y se llevó una gran sorpresa. Dentro de una caja transparente, figuraba el #4 de Showcase, comic donde hizo su primera aparición Flash (Barry Allen), el héroe favorito de Jamie.

Se encontraba boquiabierto.

-Sé que te gustan estas cosas de nerd, y que seguramente Rosie no te dejaría comprarlo, así que moví algunas influencias y localicé este comic.

-Becca, no tienes idea de… ¡Gracias! –podían verse humedecerse de emoción los ojos de Jamie.

-Otra cosa. Ya expusiste tu trabajo, así que… ¡¿qué esperas Harper?! Ve a casa con tu familia. Si tomas dentro de unas horas un vuelo, aún puedes llegar para la cena.

-Debería, ¿verdad? ¡Está bien! Tu…¿vendrías conmigo?

-No creo que se pueda campéon. Recuerda que soy parte de las autoridades del Congreso, y tengo que entregar los reconocimientos en Medicina Interna. Además, sé de buena fuente que la candidata más fuerte a ganar este año es aquella residente de último año de Neurología, Carol Rivers, la de la portada del mes pasado de la revista médica que te envíe por e-mail.

Habiéndose despedido de su amiga, Jamie fue directo al aeropuerto. Se sentía bien por lo que había vivido hasta el momento el día de su cumpleaños y ahora se dirigía a casa con su familia y amigos.

Estando en la fila para comprar su boleto, recibió un mensaje de texto de parte de su hermano Elliot:

Hola, ¡Feliz cumpleaños hermano! No quise llamar antes porque no quería interrumpir tu conferencia. Hazme saber cuando llegues a Georgia. Planeo ir por ti al aeropuerto.

Conocía bien a su hermano. Una sorpresa le esperaba en casa.




Curiosidades:
1. Un nuevo personaje es introducido. Rebecca Donson.
2. El título de la entrada es un juego de palabras. Cruce de mundos hace referencia tanto a la reunión entre Jamie y Rebecca, como a que éste capítulo es un crossover con otra nueva historia que estoy desarrollando, con Lucas y Timothy como protagonistas. Se podría decir que esta entrada sirve como capítulo piloto para esta nueva historia.
3. Se menciona a la neuróloga Carol Rivers, quien más tarde hace su debut en la entrada La neuróloga donde conoce a Jamie. Por tanto, ésta historia antecede a dicha entrada.

Música del blog:
Fancy - Cover de Xavier Dunn


Stole the show - Parson James




sábado, 27 de diciembre de 2014

Phyffer

El día brillante y caliente desde su amanecer sentaba a la perfección con la energía que siempre tenía para trabajar. Llegó puntual como de costumbre al enorme edificio donde trabajaba, un rascacielos a su parecer. Con tan sólo verla cruzar la puerta del lobby todo el mundo empezaba a  moverse más de prisa que de costumbre, ella misma se daba cuenta de la imponencia que tenía su presencia en el personal de la empresa. Recibió su capuccino especial de parte de su asistente y tomó el elevador hacia el último piso del edificio, donde se encontraba su oficina.

Salió del elevador y llegó a su destino.

-¡Buen día señorita Phyffer!
-Buenos días Hilda. Dígame, ¿cuál es mi itinerario de hoy?
-Tiene agendadas tres entrevistas esta mañana para el puesto vacante en Economía. La primera es en quince minutos.
-Perfecto. Y la junta con los accionistas es hoy verdad, adelántala para dentro de media hora. No planeo tardar mucho con los aspirantes al puesto. Terminemos con esto rápido, termino con un horrible dolor de cabeza cada vez que entrevisto a alguien. Sería agradable que no me enviaras aspirantes tan incompetentes y ordinarios.

Sin duda Vanessa Phyffer era una persona exigente en todos los sentidos, justo como tiene que serlo la Directora de Phyffer Industries, la gran empresa que había fundado su padre y que dirigía desde hace años con una astucia intangible.

Se sentó en su gran silla detrás de su escritorio, tomó un sorbo de su capuccino y cerró sus ojos reclinando su cabeza hacia atrás. Y apenas son las 9:00 de la mañana, pensó.

Controlaba su vida tanto como controlaba su empresa. Tenía una envidiable figura, resultado de su disciplinada rutina de ejercicio y su alimentación meramente orgánica. Vivía sola y no tenía ningún interés amoroso en el cual perder su tiempo a pesar de estar alrededor de los treintas  <<El éxito es primero>> .


Echó un vistazo a la lista de nombres de los aspirantes que entrevistaría hoy y la primera persona, a quien vio por las puertas de cristal que iba llegando a su oficina, era una tal Rossie McCall.