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jueves, 26 de enero de 2017

Dueño de un corazón solitario

<<Nada sale como lo planeado. Todo se romperá. Las personas dicen adiós a su propia manera>>

Aparcó su auto viejo (aunque nuevo para él) debajo de un árbol en el estacionamiento del hospital. Apagó el motor y puso el freno de mano. Se quedó mirando al frente a sus demás colegas quienes iban llegando o saliendo de guardia. Dio un suspiro y esperó a que terminara la canción que estaba sonando en su radio. In my veins, de Andrew Belle parecía justa para esa mañana.

La noche anterior se había despedido de su novia Carol, la neuróloga con quien había pasado un año a su lado. Era la mujer de quien Quentin Blake se había enamorado desde la escuela de medicina, pero no había tenido el valor de intentar algo con ella sino hasta hace un año cuando se reencontraron en la sala de urgencias, cada uno con una vida y carrera ya hechas (o bueno, sólo ella quien ya era titular, debido a que Quentin al ser menor, seguía siendo residente de urgencias).

Sabía que el contrato de Carol era algo temporal y que este día llegaría, pero aun así no pudo evitar acostumbrarse a su presencia y amor.

<<Oh, estás en mis venas y no te puedo sacar. Las personas dicen adiós a su propia manera>>

Anoche en el aeropuerto habían tenido una despedida un tanto dolorosa, pero a la vez feliz. Dolorosa porque ambos acordaron el no maltratar su relación de cariño, amor, amistad y respeto el uno por el otro intentado mantener una relación a distancia, por lo que dejarían de ser novios. Feliz, porque se prometieron cumplir sus metas trazadas en su carrera y si la vida lo decidía, estarían el uno para el otro para cuando ambos alcanzaran sus objetivos. Carol regresaría al hospital donde trabajaba antes en Boston a terminar la última fase de su ensayo clínico, puesto que el Hospital General en el que se encontraban ya no podía ayudarla más. Su objetivo era exponer los resultados de su trabajo original en el Congreso Internacional de Medicina del próximo año.

Quentin por otra parte, tenía que quedarse en el Hospital General a terminar su último año de residencia en urgencias y justo en este último año, el Jefe del Servicio, el Dr. Jamie Harper, lo había nombrado Jefe de Residentes.

<<Todo cambiará. Nada queda igual […] Oh, estás en mis venas y no te puedo sacar. >>

La canción había terminado, por lo que tomó su termo con el poco café que le quedaba de esta mañana, sacó del portaequipaje su maleta con su uniforme quirúrgico dentro y su bata recién lavada y una vez cerrado el coche, caminó hacia la entrada principal del hospital.

Se detuvo un momento antes de entrar para admirar el edificio que tenía frente a sí. No por su belleza ni por su tamaño, sino por lo que había significado para él en estos últimos 4 años desde que llegó a esta ciudad a hacer su residencia. Trataba de asimilar que, al cruzar esa puerta, su último año como residente comenzaría. Quentin dibujó una sonrisa en su rostro para sí mismo (aunque no pudiese verla) dejando de lado todos sus pensamientos sobre Carol por un momento, inhaló una buena cantidad de aire que llenó sus pulmones, tomó impulso y cruzó las dos grandes puertas de vidrio, saludando como todos los días a Karen, una mujer de color, alta y robusta quien era la guardia de seguridad de la entrada del hospital.

    _______________________________________________________________

La sala de urgencias del hospital se encontraba inusualmente vacía esa mañana, no así la madrugada de hoy. Una vez que se hubo cambiado su ropa casual a su uniforme quirúrgico, Quentin Blake se dio cuenta que su uniforme cada vez le quedaba más ajustado en los hombros y la región pectoral, producto de su trabajo en el gimnasio. Apuntó en su mente el comprar una talla más grande de quirúrgicos para sentirse más cómodo yendo de aquí para allá por el hospital. Se reunió con sus nuevos internos quienes afortunada o desafortunadamente habían tenido ya su primer guardia nocturna incluso antes de recibir su bienvenida oficial con el resto de la generación de nuevos internos del hospital.

La señora McClusky, quien había llegado esa noche con un intenso dolor en la región del epigastrio y un con un tinte ictérico en las escleras se encontraba postrada en su camilla, un tanto desorientada por el medicamento para calmar el dolor que le habían administrado por vía intravenosa. Cuando la paciente entreabrió los ojos y observó un montón de figuras humanoides congregadas alrededor de su camilla se incorporó tan rápido como pudo, un poco espantada. Cuando sus cada día más opacos ojos obtuvieron una imagen más definida, lo primero que notó fue a un muchacho muy bien parecido quien dirigía la conversación con los demás muchachos aún más jóvenes que éste.

El atractivo muchacho de un cabello castaño muy claro y unos ojos verdes se había presentado con ella como el doctor Quentin Blake al cual no le calculaba más de unos 30 años, y aunque le resultaba algo joven como para ser el doctor en jefe del resto de los muchachos, a la señora McClusky le constaba que era el único de ellos que en verdad sabía lo que hacía.

-Entonces, doctora… -Quentin leyó el gafete de la chica de lentes con cabello despeinado que tenía frente suyo- Ramírez, ¿cómo se encontraba la paciente cuando llegó? ¿qué mostraba su exploración física?

La anciana mujer del tinte ictérico veía cómo la chica Ramírez buscaba agitadamente entre su libreta de notas, algo que pareció molestarle al doctor Blake…y a ella.

-No necesitas eso para contármelo -dijo, con una mirada desaprobadora.

Quentin se acercó a la paciente y le pidió permiso para explorarla. De algún modo éste chico se había ganado la confianza de la señora McClusky. Después de que el doctor Blake le hiciera algunas preguntas más acerca de su padecimiento y antecedentes, éste le explico que le harían más estudios para tener una visión más clara de su diagnóstico presuntivo y que era importante descartar algunos otros posibles diagnósticos. Pronto sería ingresada a piso y dejaría la incómoda camilla de Urgencias
.
Vio que el pequeño grupo de doctores se desplazó por las siguientes dos camillas con el hombre que había llegado por dificultad para respirar y la chica de preparatoria que según escuchó decir a las enfermeras, había ingerido todo el frasco de pastillas para el dolor de su botiquín.

El doctor en jefe llevó a sus residentes al cubículo de shock-trauma vacío para discutir los casos de los tres pacientes que tenían esa mañana.

-Comencemos con la paciente McClusky. Doctora -señaló a la misma chica de lentes de hace un momento- presenta tú.

-Es una femenina de 68 años que llegó al hospital esta madrugada por un dolor de intensidad 10/10 en la región del epigastrio de carácter sordo, el cual inició desde hace un mes con una intensidad leve, pero refiere que en las últimas 24 horas el dolor ha sido constantemente intenso, sin agravantes ni atenuantes por lo que decidió acudir a Urgencias y como acompañante refiere cansancio y fatiga desde hace un mes. También se agregó un tinte ictérico en escleras en el transcurso de la tarde del día anterior y esta madrugada.

La doctora Allegra Ramírez fue interrumpida por su residente quien realizó un ademán para que  detuviese su relato.

-Tú -señaló al chico de ojos rasgados y labios grandes que se encontraba al lado de Allegra - ¿Qué parte del interrogatorio que hice a la paciente te interesaría resaltar?

-Bueno… -al chico le ponía de nervios la mirada desafiante del doctor Blake- la paciente negó alcoholismo y el resto de hábitos nocivos.

-También tiene antecedente fam… -dijo rápidamente otro de los internos, uno de estatura alta y de cabello rizado a quien Quentin notó que le quedaba corta la bata de las mangas y al que, con otro ademán también lo hizo callar. - ¿Te pregunté a ti?

-No señor -respondió el alto, un poco sorprendido. -Doctor, quise decir -corrigió.

- ¿Te ayudó el comentario de tu compañero, doctor? -preguntó Quentin al chico de ojos rasgados. -Te dio una pista muy importante.

-A decir verdad… -el chico de ojos rasgados se quedó en blanco.

- ¡Vamos gente! Doctora Ramírez, ¿Qué más encontraste a la inspección?

-Se veía muy delgada, me dijo que había bajado mucho de peso.

- ¿Cuántos kilogramos? ¿Y en cuánto tiempo?

-Emm… no se lo pregunté -respondió la chica, apenada.

- ¡No se lo preguntaste! -exclamó Quentin, desesperado.

-Yo sé que ustedes lo saben. Al menos eso pienso, no creo que hayan sido aceptados como internos en este hospital sin ser capaces de resolver esto o de otra forma tendría que informarle al doctor Harper (el jefe de Urgencias) que necesita un nuevo sistema de selección de personal. Así que… -comenzó-  paciente femenina de la tercera edad con antecedente familiar de cáncer de mama, dolor epigástrico, cansancio y fatiga crónicos, tinte ictérico en escleras, pérdida de peso sin una razón aparente. Si ustedes pidieran un estudio de imagen… ¿qué verían?

Los tres internos se miraron entre sí. El doctor Blake apretó su mandíbula con fuerza y frunció el ceño al mismo tiempo que inflaba su pecho y se ponía los puños cerrados en la cintura, desaprobando el silencio de los jóvenes médicos.

-Una masa, están buscando cáncer de páncreas. De la cabeza principalmente, por orden de frecuencia -dijo un doctor delgado y de pequeña estatura quien se encontraba cruzado de brazos recargado en la puerta del cuarto viendo la escena.

La doctora de lentes veía cómo cambiaba el semblante del gruñón doctor Blake a uno sorprendido y feliz. Al parecer, estos dos doctores se conocían bien y llevaban tiempo de no verse.

-Vine a decirte que tenemos una cama disponible en piso de Cirugía, puedes subir a tu paciente en cuanto gustes -agregó el pequeño doctor de la puerta, con una sonrisa hacia Quentin. Se veía que era un buen tipo.

- ¿Ven? -dijo a los internos, supinando su antebrazo hacia el doctor de la puerta. -Ahí lo tienen.

Quentin leyó la hora en su reloj y pareció preocuparse.

-De acuerdo. Tenemos que estar en 10 minutos en la sala de conferencias para su Bienvenida y la de los nuevos residentes a Urgencias, adelántense y los veo allá.

Los tres doctores se movieron tontamente, chocando unos con otros. Quentin entendió que no sabían hacia dónde ir.

-Está en el segundo piso. Y terminaremos con esta sesión de caso en cuanto termine la reunión, así que tienen hora y media para investigar todo lo que puedan de cáncer de páncreas en sus teléfonos móviles, y también quiero al menos dos diagnósticos diferenciales. ¡Vayan!

Ahora sí, los chicos dejaron la habitación.

Leonard Richards, el doctor que se había quedado en la puerta echó una mirada a Quentin riéndose, pero a la vez negando con la cabeza en desapruebo a su estilo de enseñanza. Ambos amigos se acercaron el uno al otro y se dieron un abrazo y fuertes palmadas en la espalda mientras reían a carcajadas.

- ¡No puedo creer que sigas usando lo de inflar el pecho y tu cara de matón!

- ¡Pero si así es como aprenden! Tú lo hiciste, hace un año. ¿Cómo te fue en tus vacaciones?

- Dormí todo lo que no había dormido en mucho tiempo, créeme.

- Y bien… ¡quiero verlo! -le instó Quentin, girando a su amigo Leo para ver el logo que tenía bordado en el brazo izquierdo de su bata. - ¡Vaya! Servicio de Cirugía General -le dio una palmadita en el hombro.

- ¡Es genial, verdad! Y lo mejor para ti es que comenzaré rotando en Urgencias, así que nos veremos seguido al menos este primer mes.

- Perfecto. -Hizo una pausa, y luego miró con complicidad a su amigo. - ¿Ya viste a algún residente para ti? -soltó un sonido parecido a un chirrido.

- ¡No, no! -Richards le dio la espalda a Quentin -el año pasado tuve suficiente drama con residentes. El pequeño doctor esperó el comentario de su amigo, pero había silencio. Se giró de nuevo hacia él y continuó - ¿Quentin? Esta es la parte en la que te ríes de mi por haber tenido un intenso crush por ti el año pasado.

Leo Richards vio que su amigo dirigía la mirada hacia alguien fuera en la sala de urgencias. Nunca lo había visto de ese modo. Apretaba la mandíbula y notó que los ojos comenzaban a tornársele húmedos y estaba casi seguro que podía escuchar su corazón latir aceleradamente, aunque claro está, era una exageración. Su mirada reflejaba rencor e ira hacia la persona que estaba fuera.

- ¿Quentin? -le llamó, preocupado.

- ¿Qué hace él aquí?

- ¿Él quién?

Leo vio como un grupo de nuevos residentes -quienes eran internistas, a juzgar por el logo en sus batas -salían de la sala de urgencias.

- ¿Te encuentras bien?

Quentin no quiso dar detalles en este momento, así que reponiéndose rápidamente dijo:

- Tengo que ir a dirigir la Bienvenida, me voy.

Y salió huyendo de la habitación.

- ¡Espera hombre! ¡Si yo también voy para allá! -le gritó Richards, yendo tras él.

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La sala de conferencias del Hospital General era algo de lo que el jefe estaba orgulloso de mostrar. Con capacidad para trescientas personas, el recinto había albergado numerosos congresos estatales de medicina, y estaba de sobra decir que cuando algún departamento como el de Urgencias necesitaba organizar un evento de bienvenida para sus nuevos internos y residentes era algo con el que el Jefe del Servicio, el doctor Jamie Harper, podía contar.

Ansioso por dar su discurso de bienvenida a los chicos, un Jamie Harper ya entrado en años veía las caras de todos aquellos quienes estaba seguro que con su trabajo, pondrían en alto al Servicio de Urgencias. Todo estaba listo para comenzar, salvo su jefe de residentes, el doctor Quentin Blake.

Echó un vistazo a la puerta principal y notó que Blake venía llegando algo agitado al auditorio, y detrás de él venía otro de los nuevos residentes a quien recordaba como interno el año pasado. Quentin subió al escenario con Jamie para estrecharle la mano y comenzar la bienvenida, pero su mentor seguía notando algo extraño en él. Se dio cuenta que no le quitaba la vista a uno de los nuevos internistas que estaba sentado en primera fila como si lo reconociera de alguna parte. Pensó que lo más sensato era no hacer preguntas, así que tomó el micrófono encendido y comenzó a hablar.


Continuará la historia en la próxima entrada


Curiosidades:

1. Es la primera vez que Jamie Harper (el protagonista de la historia principal) hace una aparición en la historia de Quentin. En las entradas previas sólo había sido mencionado.

Entradas que tal vez quisieras leer:

Para conocer la historia de Quentin y Carol: La neuróloga, Flores a la mesa

Música del blog:

Andrew Belle - In my veins




lunes, 19 de diciembre de 2016

De un susurro a un grito

El día llegaba a su fin, y Vanessa Phyffer contemplaba desde su lujosa oficina los enormes edificios de la ciudad de Nueva York bañados por un haz de tonalidades naranja del atardecer. Se encontraba ensimismada en sus pensamientos. Era de esos momentos en que la exitosa mujer se cuestionaba a sí misma sobre su vida, sobre si había valido la pena dedicar el cien por ciento de su tiempo en poner en alto el apellido de su difunto padre en los negocios, de convertir de su presencia una muy imponente frente a sus colegas, frente a sus empleados y aún más frente a su competencia a costa de dejar en segundo plano su vida personal, sus amistades y el romance. Normalmente no le afectaba ese hecho, pero hoy por alguna razón rondaban en su cabeza.

La elegante mujer se sobresaltó al escuchar que alguien llamaba a su puerta.

-Vanessa, aquí está el informe de este mes que me pediste.

Vislumbró en el umbral de la puerta a una chica de cabello cobrizo y de una mirada profunda que inspiraba confianza, la misma que la había hecho convencer hace dos años de contratarla para la vacante en Economía de su empresa, a pesar de tener mínima experiencia en su área. Pero aprendía rápido y eventualmente escaló a un puesto más alto. Rosie McCall se adentró en la oficina de su jefa y le extendió en las manos el informe.

-Bien, lo leeré en un momento. -Contestó con ímpetu.

<<De nada>> pensó Rosie, pero ya estaba acostumbrada a la forma de ser de la presidenta de Phyffer Company.

La pelirroja chica se quedó inmóvil, mirándola.

- ¿Si?

- ¿Te sucede algo, Vanessa? -preguntó la chica. Sabía que su jefa era de pocos amigos (o más bien, ninguno), y se imaginaba lo difícil que habría de ser el no tener a alguien de confianza para hablar de vez en cuando.

Vanessa entendió el interés de Rosie.

-Es sólo que…me imaginaba cómo sería ser otra persona. Y quiero decir, completamente diferente a mí, no sólo unas cuantas cualidades distintas. Una que haya formado una familia, tal vez en otro país o una que sea atleta profesional o viajara por el mundo en busca de la mejor ropa de diseñador.

- ¡Pero tú viajas alrededor del mundo! aunque por motivos diferentes. Y aun no es tarde para encontrar a alguien y formar una familia, o para entrenar duro y competir.

Se daba cuenta que Rosie era la única que realmente se interesaba en ella como amiga, aunque para ella era algo difícil el corresponder. Siempre había sido así, con cualquier persona. Tal vez por eso no había sido capaz de entablar una relación de amistad con nadie nunca.

-Suena más fácil decirlo que hacerlo.

Rosie volvía a quedársele viendo, como si tratara de leerle la mente para saber qué decirle.

-Puedes hacerlo. El día se está acabando. Carter -la mejor amiga de Rosie de la universidad, y que trabajaba también en Phyffer Co. – y yo vamos a ir al karaoke bar a unas cuadras de aquí. Puedes venir y unírtenos. Será divertido.

Vanessa se sentía confundida por la invitación. Usualmente después del trabajo iba a su suite y bebía una copa de vino mientras preparaba su cena, o cuando el clima se lo permitía daba un paseo nocturno por Central Park, que le quedaba a unas calles de distancia.

- ¡Vamos! Ni siquiera tienes que cantar. Sólo nosotras tres, bebiendo un poco y conversando, y quién sabe, tal vez hasta conozcas a algún hombre. Al menos esa es la intención de Carter al ir allí -dijo, entre risas.



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-Entonces… ¿Cómo dices que sucedió esto? -preguntó el joven médico al paciente que tenía frente suyo, quien tenía la mano metida en la parte delantera de sus pantalones los cuales estaban manchados de sangre.

El chico aun con la mano dentro de sus pantalones, apenado y sonrojado no quería hablar lo bastante fuerte frente a los demás en la Sala de Urgencias. El joven médico quien en el gafete que colgaba de su cuello ponía Jamie Harper entendió la situación de vergüenza del chico y lo pasó a una camilla un tanto arrinconada, donde inmediatamente corrió las cortinas, dejándolos solos a él y a su paciente.

- ¿Y bien? ¿Qué te pasó? Descúbrete por favor, Arnold para poder valorarte.

El chico comenzó a desvestirse, pero en cuanto sacó su mano de sus pantalones, su miembro comenzó sangrar de nuevo. El doctor Harper contuvo rápidamente el sangrado haciendo presión con gasas, pero dejó de inmediato tomar la tarea el chico con sus propias manos. <<No puedo creer que me toquen estos casos a mí >> se dijo a sí mismo, quejumbroso.

El paciente Arnold, volviendo a recuperar la calma tras el sangrado, decidió confiar en el joven médico, pues pensó que haría su trabajo mucho más fácil, pues se veía muy apurado y su cabello un tanto desarreglado, las ojeras profundas y la barba de tres días lo hacían lucir verdaderamente cansado.

-Estaba…tú sabes -el chico moría de pena y desviaba la mirada de la de Jamie-, masturbándome.

- ¿Te desgarraste el frenillo así? -preguntó Jamie, incrédulo.

-Tal vez lo hice muy fuerte y rápido…y por mucho tiempo. Es sólo que…pensé que se sentiría mejor.
Jamie se puso en los zapatos de su paciente y se imaginó lo vulnerable que se habría de estar sintiendo, así que trató de generar confianza con su paciente.

-Bueno, en efecto tienes desgarrado el frenillo. A pesar de que llevas mucho tiempo haciendo presión según me refieres, tu sangrado aún no ha parado, lo más seguro es que tenga que ponerte unos puntos -vio cómo la cara del chico palidecía-. ¡Pero no te asustes, hombre! Es un procedimiento rápido. Ya llamé a mi residente de urología para que supervise el procedimiento, no te preocupes. Terminará todo muy rápido y no sentirás nada en el proceso, usaremos anestesia por supuesto.

 El chico se tranquilizó un poco con las palabras de Jamie, pero aun así se sentía afligido por la situación en la que estaba.

-Mira, no tienes por qué sentirte mal. Yo también soy hombre y lo hago de vez en cuando como todos, sólo que tómatelo con calma la próxima vez ¿entendido? Mi trabajo aquí es ayudarte y sólo eso, no te preocupes por ello.

A pesar de lo cansado que lucía el joven médico, emitía una sonrisa brillante que daba mucha confianza, y reflejaba lo entregado que era para con sus pacientes, pues a su parecer él gustaba de tratar a los pacientes como le gustaría que cualquier médico lo tratase a él o a su familia.


Cuando hubo terminado el procedimiento regresó a la Sala de Urgencias, con la esperanza de encontrar algún caso interesante que lo despertara literalmente. Para su sorpresa, no había ningún otro ingreso de urología. Su amiga Becca se acercó a él y le extendió un caramelo de cereza el cual agradecido, rápidamente se llevó a la boca.

- ¿Aún no te vas Harper? Pensé que habías salido de guardia en la mañana -dijo la chica, con su tono un tanto burlón como de costumbre. Disfrutaba de molestar cariñosamente a su amigo.

-Las guardias en Uro son un tanto más largas. ¿Y tú, que tal te trata Interna?

-Es mi favorita, ya lo sabes. Aunque me tocó en Cardio y Chris es mi residente –puso una cara de incomodidad al decir su nombre-  pero por el resto no me quejo.

El móvil de Becca comenzó a vibrar. Era Chris, quien la buscaba para pedirle informes de la evolución de sus pacientes justo como hace media hora lo había hecho, y la media hora anterior a esa y la anterior.

- ¿De nuevo? ¡Pero si acabo de decírselo! -vio a Jamie pidiendo compasión.

-No me mires a mí -dijo, encogiéndose de hombros-, yo soy el doctor de los  penes hoy.

- ¿Cómo es que lo soportaste la rotación pasada? Si conmigo es pesado, no me imagino cómo era contigo después de que se enteró que fuiste novio de su novia Rosie.

- ¡No tienes idea!

- ¡Regrésenme a Hemato donde todo es amor! -dijo por último su amiga.

Becca Donson se fue corriendo por las escaleras en busca de sus pacientes mientras una ambulancia llegaba a la entrada de Urgencias. Al parecer Jamie Harper iba a tener una guardia entretenida esa noche.


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Mientras tanto Rosie, Carter y Vanessa sentadas a la barra en el bar disfrutaban de un martini cada una. A pesar de ser la noche del jueves, Penrose’s era un bar muy concurrido. Con sus pisos de cerámica oscura y sus techos y acabados de madera daba un aspecto industrial pero elegante a la vez, y la música jazz que tocaban en vivo transportaba a una atmosfera única a todos los que lo visitaban en el #1590 de 2nd Avenue.

- ¡En verdad este lugar luce mucho mejor que el karaoke-bar al que planeábamos ir, Vanessa! Me alegro que hayas decidido salir con nosotras -dijo Rosie mientras daba un trago a su martini.

-Y tienen los mejores cocktails de la ciudad, se los aseguro.

-Las bebidas no son lo único bueno de aquí, al parecer -comentó Carter, la amiga de Rosie mientras veía a un grupo de chicos en las mesas contiguas.

- ¡Carter, acabamos de llegar! -le regañó Rosie.

-Está bien, está bien. ¡Cielos amiga, sólo fue un comentario!

Vanessa reía de la situación. A decir verdad, Carter siempre le había parecido graciosa en el trabajo, solamente que nunca se había dado el permiso de demostrarlo puesto que, para ella, la Presidenta de Phyffer Company debía de comportarse con total rectitud frente a sus empleados.

Vanessa y Rosie ordenaban al barman un trago de cada uno de los que servían del menú. Cada una elegía una bebida que quería que la otra probase, así conocían mejor sus gustos entre sí, mientras Carter, con los ojos entrecerrados agudizando su vista, no paraba de mirar en la misma dirección de antes.

- ¿En serio quieres ir a conocerlos? Ya te dije, platiquemos un poco…

-No, no lo entiendes. ¡Mira! -le dijo señalando con la cabeza al hombre alto sentado con sus amigos

- ¡Miro qué!

-Es…

- ¡Oh por dios, Carter!

- ¡Si!

- ¡Alguien explíqueme qué está pasando aquí! -dijo Vanessa, quien ahora también tenía curiosidad.

- ¡El hombre alto sentado con aquél grupo!

-Ya lo vi, pero no se quien sea -soltó Phyffer, un tanto desesperada.

-No lo puedo creer, ¿creen que esté filmando aquí en Nueva York?

-No, ya terminaron de filmar la película. O eso publicaron hace una semana.

- ¡¿QUIÉN ES?!

- ¡El mismísimo Superman!

Vanessa seguía sin entender.

Y de pronto, las voces de Rosie y Carter pasaron de un susurro a un grito:

- ¡HENRY CAVILL! -dijeron las dos.




Continúa la historia aquí: 


Música del blog:
Street Lights - Kanye West

 

domingo, 13 de diciembre de 2015

54 Realidades del semestre de Cirugía

¿De qué me di cuenta?


Decidí escribir esta entrada para expresar mi experiencia en este semestre, el primero como MIP en el Hospital, pues tras haber iniciado esta tan esperada etapa (al menos por mí) tengo más de una cosa por contar. Queda claro que salvo esta entrada, el resto de mi Blog sigue tratando sobre la vida ficticia de Jamie Harper y sus amigos, pero aquella es otra historia.

Los últimos 4 meses y medio pasé más tiempo en el Hospital que en la escuela y sobre todo, más tiempo que en casa con mi familia. Pero se sintió bien, es decir, por algo he tratado de formar una segunda familia en la facultad, porque sé que habrá momentos en que necesite de alguien ajeno a mi núcleo parental.

 Como dije, este semestre fue de comenzar un nuevo nivel, porque ya no se trató del Inicio, de echar Raíces o de atravesar la Tempestad (así titulé a mi 1º, 2º y 3º año en la facultad, respectivamente), sino que se trató del Cambio que de la mano llevaba a la Felicidad (aun trato de averiguar cuál es el título adecuado para 4º año).

Así que… ¿De qué me di cuenta?

1.       Me di cuenta que no se sintió para nada el haber estado “de vacaciones”. Tras unas semanas de descanso en verano, el primer día de clases pareció como el día después del examen final de pato. Nada de tiempo para extrañar a amigos.


2.       Que existe un Montoya-Team (aunque en ese momento no sabía de la existencia del nombre. ¡Gracias Antonio!).


3.       Que el bloque de Cirugía significa venir en pitufo el segundo día de clases. ¡TIENES GUARDIA!

4.       Por lo mismo, tu primer día de clases se resume en ir por todo Aguirre Pequeño en busca de pitufos con tus amigos.

5.       “And may the odds be in your favor” no aplica para unir a Martínez y Montoya en las guardias…


6.       Pero no importa, pues uno le entregaba guardia al otro.

7.       Es mucho menos aterrador el ir a La jungla (Cirugía AB) con una de tus mejores amigas en tu equipo de guardias.


8.       Que siempre recordarás tu primer guardia como MIP.

                                          Rotación A1. Equipo A

9.       Que no importa si no sabes absolutamente nada de las locaciones dentro del hospital, o el proceso para solicitar una TAC o un electro: el residente quiere que todo se haga YA YA YA YA YA YA YA YA YA, porque ¡¡URGE!!
¡¡URGE!!
¡CONFIRMEN!
YA
YA
YA
YA
YA
YA.


10.   Aprendí a adivinar qué significaba el ir a “Trans”, “Posqui”, “TQP”, “Prequi", "Resu", "Ambu" y demás abreviaturas no encontradas en la RAE.



11.   Que tal vez en un futuro, tras más de 40 horas seguidas de guardia, tampoco sea capaz de conjugar verbos en whatsapp.

12.   Que es una gran idea compartir locker con tu mejor amigo.

13.   Que siempre hay alguien en el equipo quien en los primeros 30 minutos de la primera guardia, se presenta con todos, pregunta nuestros nombres y cómo nos gusta que nos digan y nos agrega a Facebook y a Whatsapp (Sí, ese fue Germán).

14.   También está aquel que por más difícil o incómoda sea la situación con el paciente, rompe el hielo platicando de cosas cotidianas (¡María Elena!).

15.   Incluso aquél al que siempre los residentes le piden haga lo más raro, difícil o molesto. Ese desafortunadamente, fui yo.



16.   Que es cierto. Si no puedes curar, alivia. Y si no puedes, consuela. Porque lamentablemente a veces eso es lo único que tenemos para darle a algunos pacientes.

17.   Que la curación más difícil no es aquella que requiere más tiempo, o de más personas para hacerla, sino aquella en la que el paciente está en condiciones muy delicadas y sufre cada vez que se realiza.

18.   Pero ¡ey! No todo es triste. Estos pacientes son los que más se acuerdan de ti, por haber estado con ellos haciéndole la curación por más difícil que fuera.

19.   Que a las 3:00 am se dan las charlas más filosofales con los 3 equipos reunidos en la estación de enfermería de Cirugía AB.


20.   ¡6:00am! El momento más estresante de la guardia. PASE DE VISITA.



21.   Que da una alegría indescriptible el encontrarte por las escaleras, en los elevadores o los pasillos con tus amigos que están rotando en otros departamentos . Pero solo es un saludo rápido, pues ambos tienen pendientes por hacer.



22.   Que el pasar 12x24 horas de guardia en un mes, son suficientes para conocer a tu equipo. Conocer su forma de trabajar, de ver a los pacientes, lo que les gusta comer, cómo comen, cuánto comen, si siempre tienen “clases”, si son de sueño pesado, si roncan mientras duermen, si tienen una obsesión con el orden o si les gustan las fotos. Como dije, suficiente tiempo.




23.   Que el día después de tu guardia de noche o de 24 horas, ¡NO EXISTE!

24.   Mentira. Siempre tienes clases en tu  descanso.



25.   Que al estar post-guardia cosas como si estás despeinado/a, traes ojeras, hueles a hospital, o tienes hambre, se vuelven superflúas. ¡SOLO QUIERES DORMIR!


26. Así que intenta mantenerte despierto en clases cuando estés post-guardia. ¡Tú puedes!


       .....o no.

27.   Y estando post-guardia tus amigos tienen de a dos: o estás tan drogado de felicidad, o tienes un humor nulo. Nada personal ¡Suerte!



28.   Que aunque no soy foráneo, este es el semestre que más extrañé a mis papás.

29.   Que a veces tomar una decisión arriesgada es lo que mejor pudiste hacer. Porque siempre que se cumple una meta, tienes que ir por la siguiente y no quedarte siempre haciendo lo mismo.

Mis primeros alumnos

30.   A pesar de que he insistido en que ya no formo parte, para mis compañeros de generación siempre “DIME es sinónimo de Montoya, ¿qué rollo?”


31.   Que si el mundo conspira contra ti, basta con que te vean insistir en ir por lo que quieres para que decidan darte una oportunidad.

32.   Que cuando algo se va, siempre llega algo nuevo.

                                           Primer día en Departamento de Microbiología

33.   Que este fue el cumpleaños que más he disfrutado. Pero ya hice otro post (en Facebook) parecido a este, dedicado exclusivamente a ese día.


34.   Que el único beneficio de ser A1 es haber iniciado con las guardias pesadas, antes de iniciar con cualquier examen. Pero repito, el ÚNICO beneficio. ¡El ÚNICO!



35.   Que eres capaz de convertirte en un Robin Hood en busca de material para las curaciones de tus pacientes.

36.   Que no importa si tu doctor de Sala te tupe de preguntas al presentar la historia clínica. Si es buena persona, el paciente siempre te ayudará frente al doctor.

37.   Que SIEMPRE se sienten bien los abrazos post guardia.


38.   Que se siente bonito ver a tus pacientes de rotaciones anteriores y que digan “Cómo no me voy a acordar de ti, si eres el que estuvo conmigo todo el tiempo”.


39.   Que bastó llegar al cuarto con una sonrisa y saludando efusivamente al paciente para que éste cambiara su semblante y se incorporara, devolviendo la sonrisa y respondiendo “estoy muy bien doctor”.

40.   Que SIEMPRE debes usar tus lentes protectores.



41.   Y definitivamente, siempre debes decir cuando te pinchas suturando a un paciente. “De algo me voy a morir” es la excusa más estúpida.

42.   Que en corto tiempo ya te sabrás el menú de la cafetería y por lo tanto, la hora en que ponen lo más rico para comer.


43.   Que cuando tienes guardia pre-examen, la cafetería es la mejor sala de estudio grupal que existe.



44.   Que no importa lo cansado que estés. La vista desde Aulas Nuevas-Nuevas por las mañanas es maravillosa.


45.   Que al terminar la clase de las 7:00am, el recorrido al locker o al hospital puede convertirse en la charla más agradable que tengas con tu mejor amigo.



46.   Por esto mismo, me gustó dejar de ser cyberamigos en este semestre. Éramos amigos en persona. “Charlas post-cirugía”.

47.   Que era un ritual el compartir un café. Sobre todo con mi adicta a la cafeína favorita (¡Marinela!)

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48.   Que si no manchaste tu pitufo de yeso, no llevaste Trauma. Y si no se te manchó, el residente te salpicará “para que se vea que trabajaste”.

49.   El equivalente a esto en Plástica, es la gloriosa mancha amarilla del furacin en las mangas de tu bata.
      También puede ser sangre...



50.   Que tienes que ir al asta bandera en la azotea del hospital en tus guardias de este semestre.


51.   ¿Había algo llamado Bagre-cueva?



52.   Que por más lejano que parezca el día del final de tus guardias al inicio del semestre, el tiempo se llega rápido.


53.   Que tengo un nuevo sentido de pertenencia.
Posada del Departamento de Microbiología

54.   Que no importa el cansancio, la vigilia, los regaños, las peleas de equipo o el estrés, porque al final, disfrutarás haber pasado por todo esto.


   ¡Infinitas gracias, Semestre de Cirugía!


Por cierto, ya me decidí. Este 4º año se titula Cambio, pero este semestre de Cirugía indiscutiblemente se titula Felicidad.