Mostrando entradas con la etiqueta arquitectura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arquitectura. Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de enero de 2016

Grand Central Terminal

El gran reloj dispuesto en medio del salón principal de Grand Central Terminal marcaba las 7:00 pm. Jamie había llegado del andén #23 de la zona este, donde hacía su parada el vagón que venía de Brooklyn, donde estaba su nuevo departamento, que en realidad era de Gabriel, pero su amigo le ofreció quedarse con él mientras se instalaba tras su recién llegada.

Sabía que Grand Central era la estación más concurrida, y por tanto más grande en Nueva York, pero nunca se la imaginó de la manera en que estaba viéndola en ese momento. Un gran número de personas corrían de aquí para allá, comprando los boletos para abordar, buscando los andenes de donde partiría el vagón que los llevara a sus destinos, o tratando de localizar a sus amigos y familiares con quienes habían acordado encontrarse allí.

Pensando en una forma fácil de que su amiga Rosie lo encontrara cuando ésta llegase, tomó asiento en una de las bancas bajo el gran reloj central, justo al lado de una señora con ropas muy elegantes quien cargaba con dos maletas enormes. A su izquierda, un hombre de edad avanzada leía un ejemplar del New York Times, donde ponía en la primera plana el anuncio del evento que se llevaría a cabo esa noche en Times Square, mismo al que se dirigía Jamie. Así que, desde su lugar, un asombrado Jamie Harper comenzó a recorrer con sus ojos detenidamente todo el edificio.

Construido en 1903, el Grand Central Terminal era un edificio de estilo arquitectónico Beaux Arts, que como tal, constaba de una jerarquía de espacios valiéndose de la simetría, desde espacios nobles con grandes entradas y escalinatas, como lo era el Salón Principal; hasta otros más pequeños y utilitarios. La iluminación era basta en aquel recinto, y con motivo de la fecha del día de hoy 4 de julio, banderas del país decoraban el lugar. Jamie advirtió que la señora a su lado le veía en su rostro el total asombro que estaba experimentando, así que con un movimiento de cabeza de asentimiento el chico la saludó.

-¿Es tu primera vez en Grand Central verdad chico? –soltó la elegante mujer.

-De hecho, es mi primera noche en Nueva York señora –confesó, apenado.

-Lo supuse. ¡Y vaya que llegaste en un buen día! ¿Irás a la celebración del 4 de julio en Times Square?

-¡Sí! –respondió con emoción el muchacho. –De hecho estoy esperando a una amiga, ella es la que conoce aquí, y nos reuniremos con más amigos allá.

Entretanto, una chica con un cabello cobrizo que le llegaba hasta los hombros iba bajando del vagón en el andén #6. A paso rápido y esquivando a los demás pasajeros, se dirigía hacia el salón principal donde había quedado con su amigo. Se le había hecho un poco tarde, pues estaba indecisa de qué vestir para la noche de hoy. <<Una simplemente no toma a la ligera estas situaciones>>. Hacía un año que no veía a su amigo quien también era su ex novio, y quería hacerle ver al chico que un año fue suficiente para seguir adelante, tras lo sucedido.

Cuando se enteró de que Jamie regresaba a América, Rosie se sintió incómoda, pues tendría que hacer frente al chico que se fue por un año al otro lado del mundo sin decir una sola palabra de aviso, de despedida ni de nada. Ella avanzó. Siguió su camino así como Jamie había decidido seguir el suyo. Aun así, no pudo evitar alegrarse un poquito al tener a su amigo de vuelta.

Vio a su amigo sentado bajo el gran reloj. Le veía hablar con una señora sentada a su lado. Cualquier sentimiento negativo que le evocaba el regreso del chico se vio esfumado cuando Rosie observó esa escena. Jamie siempre había sido muy amable con todo mundo, era de esos chicos que entablaba fácilmente conversación con una persona desconocida y sobretodo, por alguna razón, era del agrado de las personas mayores (no mucho de los jóvenes). Por algo los padres de Rosie se habían puesto muy felices cuando hace años la chica les dio la noticia de que ella y Jamie eran pareja. Su mejor amigo. <<Tiempos de preparatoria>>.

Al percatarse de su presencia a unos metros, Jamie se levantó de su asiento para saludarla. El chico, alto y delgado y con el mismo cabello quebrado color marrón como Rosie lo recordaba, extendió los brazos para abrazarla.

La chica correspondió el abrazo, el cual ahora fue mucho más sincero que el de esta mañana en el aeropuerto. La señora elegante los veía con una sonrisita pícara.

-Te ves… ¡fantástica! –exclamó el chico.

Rosie llevaba puesto un vestido oscuro con detalles púrpuras, que hacía sobresaltar su cabello color cobrizo. Su nuevo corte la hacía lucir ya no como la tierna chica que recordaba Jamie, sino como la joven mujer empresaria en que se había convertido.

-¡Gracias! –fue lo primero que se le ocurrió responder a la chica.

-Madame, ella es mi amiga Rosie de la que le estaba hablando –dijo con un tono impetuoso, como si de una gran estrella se tratase.

-¡Qué gusto! –la señora tenía esa sonrisa pícara al verlos a los dos juntos. –Será  mejor que vayan camino a Times Square de una vez, si es que quieren alcanzar un lugar cercano al escenario para ver a esos… Miedo en la disco que mencionaste.

-¡Panic at the disco! Sí, está bien. Un gusto conocerla. –Jamie le estrechó la mano.

Mientras se encaminaban hacia la salida del edificio, esquivando un montón de gente, los dos amigos continuaban con la conversación:

-Creí que seguiríamos en el subterráneo hasta llegar a una estación más cerca a Times Square –le dijo el chico, un tanto pensativo a su amiga.

-Pero entonces te perderías la oportunidad de recorrer las calles principales de Manhattan. ¡Es Nueva York, Jamie! Tienes que conocerlo, al fin -dijo la chica de una manera cómica, cómo si fuera lo más obvio del mundo.

Se echó a reír el muchacho. Le gustaba cuando se ponía en plan gracioso su amiga.

-Cierto, tienes razón. Sabes… creí que no vendría aquí jamás. Pero ustedes llegaron aquí hace un año, y aceptaron mi solicitud de internado en el Hospital General de Manhattan. Así que, todo se puso en orden para venir aquí con ustedes como…

-Como lo prometimos en preparatoria. Es curioso, creí que jamás vendría aquí tampoco.

Atravesaron la puerta principal de Grand Central, que salía a la Calle 42. Una gran fila de taxis amarillos esperaban fuera del edificio de los cuales venían bajando apresuradas personas cargando un enorme equipaje. Siguieron el camino de la acera hacia la intersección con la Avenida Park, donde doblaron y siguieron su camino hacia el norte.


Para leer la continuación de esta historia, da click en el link: 



Entradas relacionadas:
Hasta pronto en Cambridge, Desayuno entre amigos

viernes, 17 de julio de 2015

La noche en New Haven

Sentía transpirar bajo su camisa verde, aquella que hacía juego con sus ojos. Trató de llevarla con calma durante todo el día, pero hace unos minutos empezó a ponerse nervioso respecto a lo que se venía en unas horas.

Su amiga Rosie estaba con él en su habitación, la 17-A del edificio Lawrence, ayudándole a afrontar la situación.

-He hecho esto antes, es decir, he tenido citas…con chicas. Solía recurrir a Jamie para estas cosas (no es muy bueno en el tema, pero al menos lo intentaba) pero ahora que… <<que descubrí que en verdad me gustan los chicos>> bueno, ya sabes.

-No te agobies, aquí me tienes. Entonces ¿dices que este es el mismo chico de la fiesta de bienvenida? Alex. Pensé que lo estabas ignorando desde entones.

-¡Así fue! Sabes que no quiero pasar por todo el drama del año pasado otra vez…

-Aquella situación era totalmente diferente Gabriel –le dijo mientras le acomodaba el cuello de la camisa.

-Está bien, está bien. Aun así, lo evité lo más que pude estas últimas semanas, pero coincidimos en el mismo piso durante clase y en veces insistentemente me abordaba.

-Pues si yo fuera tú (y si no tuviese novio, claro), hubiera aceptado salir con él a la primera, ¡¿Qué no lo has visto?!

Gabriel trató de borrar de su mente el gesto que había hecho su amiga.

-De hecho puedes. Es bisexual –se aplicó gomina en el cabello –y tiene una gran reputación en el campus… si sabes a lo que me refiero. ¿La barba está bien?

-Te ves mejor sin ella, a mi parecer –percibió la mirada asesina de su amigo. Debió decirle eso antes de que se cambiara.

-Bien bien, todo está bien –suspiró –solo es una cita, como muchas que he tenido antes <<sólo que con mujeres>>. ¡¿Por qué rayos es tan atractivo?!

Estaba seguro que lo arruinaría todo. La única experiencia que tenía con otro hombre le había dejado un mal recuerdo. No por él, Desmond fue como un faro para su barco. Le estaba agradecido inmensamente por todo lo que le hizo madurar. Verse auténtico. Sentirse libre. Ser valiente. Los padres de Gabriel por otro lado…no tomaron muy bien la noticia. Y Desmond resultó afectado. Gabriel siempre se preguntaba si aquél chico se recuperó del todo de la brutal golpiza que le brindó su padre <<su rostro y costillas tal vez, pero su orgullo no lo creo>>. Era una lástima que jamás quiso contactarse con Gabriel después.

Y aquí estaba. 4 meses después, en un lugar diferente del país, esperando su cita con un chico diferente, pero aun así, se sentía como el mismo Gabriel inexperto que salió por primera vez con otro hombre.
_______________________________________________________________________

Estaba en una banca fuera del gran edificio de la biblioteca central, el punto medio entre la Casa Alfa Phi Alfa, hogar de Alex y el Edificio Lawrence. Bajo la luz del farol que se encontraba a un costado de la banca donde estaba sentado, Gabriel aguardó la llegada del chico. Faltaban unos 33 minutos para la hora acordada.

Repasaba en voz alta una y otra vez lo que iba a decir. Realmente estaba nervioso. Sentía un ligero aire colarse por su camisa. El otoño estaba llegando a su punto álgido.

-Creo que es muy dulce lo que estás haciendo.

Exclamó una viril voz. Gabriel saltó de un respingo y giró su cuello a la izquierda donde Alex se encontraba recargado en el respaldo de la banca.

Sonrojado, Gabriel articuló con dificultad un hola.

-¿Llevas mucho esperando? Perdón, pero los Alfa Phi no me dejaban irme de su fiesta. Sábado por la noche, tú sabes.

-No, acabo de llegar –mintió. –Entonces… ¿cuál es el plan que tiene Alex Cooper para esta noche?

-Hoy Gabriel, conocerás el lado nocturno de New Haven. Soy local, no sé si lo sabías. He vivido toda mi vida en esta ciudad.

-Vaya, no sabía. Oye...entonces si eres local, ¿por qué vives en el campus con los Alfa Phi? –empezaron a caminar hacia al oriente, rumbo a la salida del campus.

-Bueno, es que es mucho más interesante estar aquí en el campus que en casa con mis padres, ¿no lo crees? –le indicó un atajo por un estrecho pasillo entre el edificio de la oficina postal y el centro médico.

Gabriel miraba el camino empedrado en busca de ideas para más conversación, no quería parecer alguien cohibido. Ahí, bajo la tenue luz de la luna en esa noche fresca, entre los tradicionales edificios de arquitectura gótica del campus, sus pensamientos parecían aflorar débilmente. <<Es el efecto de empequeñecimiento del arte gótico>>

Llegaron hasta donde estaba el auto de Alex, un camaro convertible en color amarillo. Se subieron en él y se dirigieron fuera del campus. Éste se despidió del guardia de la entrada como si fuesen viejos amigos.

-Me dijiste que estudias arquitectura, ¿Qué piensas de los edificios de la universidad?

-Son muy variados. Los hay contemporáneos, clásicos y góticos. Góticos en su mayoría. Pienso que refleja lo antigua que es la escuela, pero también el progreso que ha logrado a lo largo de los años –no podía creer que le preguntara sobre eso –en una de mis clases el profesor nos ha pedido para este lunes que analicemos un edificio de la ciudad, el que más nos gustase.

-Bueno, tal vez puedas elegir alguno esta noche –sacó de la guantera una bolsa oscura con zipper- traje mi cámara fotográfica –le guiñó un ojo –sabes, mi hermana también estudió arquitectura en Yale, me ha enseñado lo poco que sé sobre el tema. Hay muchas edificaciones en la ciudad que son dignas de admirar. Es algo que me gusta de vivir aquí.

    ________________________________________________________________

-¿Hola? –dijo el chico en un susurro, pues su compañero de cuarto ya estaba dormido.

-¡Hola! Espero que no sea demasiado tarde. Es sólo que quería escucharte.

El joven salió del cuarto. Una delgada figura atravesaba los ventanales del pasillo del cuarto piso, dirigiéndose a las enormes escaleras en caracol.

-También he querido escucharte –suspiró  –¿Cómo va todo por allá linda?

Se sentó a los escalones. El suelo del vitro piso estaba frío. La luz de la luna que atravesaba el vitral que estaba sobre las escaleras iluminaba la delgada figura de Jamie Harper.

-Bien, las cosas parecen ir bien. Vengo de visitar a Gabriel en su habitación, lo estaba ayudando a prepararse para su cita.

-¿Cita? No sabía eso ¡Bien por él!

-Y entonces pasé por esta plaza donde vi a varias parejas reunidas, y no sé…sentí la necesidad de hablarte. Y tu…¿cómo has estado?

Jamie notaba el tono nostálgico en la voz de su novia, lo que no hizo sino ponerlo nostálgico también a él.

-Muy bien, algo apurado, las cosas van muy rápido por acá. Trato aún de acostumbrarme a la manera de trabajar en esta carrera ¡todos son muy competentes! Me emociona. Deberías conocer a mi compañero de cuarto ¡es todo un personaje!

No era la primera vez que Rosie sentía que Jamie había avanzado muy rápido de página. Le daba gusto que su novio estuviera feliz estudiando lo que más le emocionaba, pero a la vez se preguntaba si ella no se estaría quedando atrás en sus ambiciones y metas.

La plática siguió por media hora más. Cuando Jamie se percató que tal vez había despertado a sus vecinos, se empezó a despedir de Rosie.

-En verdad espero verte pronto. Iré a visitarlos próximamente, te lo prometo –dijo Jamie, esperanzado.

-También planeo visitarte. Quiero sentir tus abrazos otra vez…

-Puedes hacerlo ahora mismo. Cierra tus ojos. Imagina que te abrazo, que me abrazas. Yo imaginaré lo mismo.

Rosie tuvo una sensación de calidez en todo su cuerpo al escuchar las palabras de su novio. De cierta manera, él estaba junto a ella haciéndola sentir reconfortada.

-Te amo, Rosie –dijo, con la voz más sincera que pudo.

-Te amo Jamie –respondió ella .
   ___________________________________________________________________


Recorrían las antiguas calles de New Haven. Habían dejado el auto estacionado cerca de Principal Avenue e iban a pie por el piso de piedra laja de las calles. Se detenían de vez en cuando para fotografiar un edificio memorable. Primero Alex tomaba una del edificio completo, después tomaba una de ellos dos con una cómica pose frente a dichos edificios.

-¿Qué te parece éste? –señaló Alex con los brazos extendidos a lo alto. –Torre Harkness. 1917. James Gamble Rogers. De los primeros edificios góticos en la ciudad. Este en particular me parece fascinante. La base es de forma cuadrangular, pero a mitad de camino…

-Cambia su estructura a un octágono perfecto –completó Gabriel, con la vista clavada en la punta de la torre.

La iluminación propia que tenía el edificio no hacía más que resaltar su majestuosidad.

-Y están esos enormes relojes de metal, uno en cada cara de la torre que le recuerdan a las cuatro direcciones de la ciudad las horas que pasan con un fugaz tic tac...especialmente en la noche.

A Gabriel le gustaba el interés con que Alex narraba sus conocimientos.

-Aunado a la numerosa y detallada ornamentación y las formas en ojal características de la corriente gótica arquitectónica. <<Empequeñecer al hombre es su objetivo>> recordó Gabriel.

-Anda, tomémonos una fotografía justo aquí –Alex sonó esmeradamente feliz.

Gabriel no era alguien que gustase mucho de las fotos, pero quería quedar bien con su cita. Después de todo, él estaba poniendo mucho de su parte al mostrarle la ciudad. Alex le pidió a dos señoritas que iban pasando que les tomasen la foto. Corrió hacia donde estaba Gabriel, poniéndose a su derecha. El chico sonreía de oreja a oreja, rodeo su brazo tras Gabriel y lo tomó por la cintura. El flash disparó.

Alex recuperó la cámara. Puso en el visor de fotografías la que se acababan de tomar. <<¡Muy linda!>> pensó.

Siguieron caminando por las nocturnas calles de la ciudad, hasta que llegaron a uno que ponía Memorial Theater en una placa dorada al frente. Uno de los pocos edificios renacentistas en New Haven. Gabriel recordaba lo que había visto de el en clase hace unas semanas. Subieron la escalinata de piedra y Alex le guió por la entrada.

-¿Está abierto a esa hora? Parece vacío.

-Conseguí que nos abrieran el lugar hoy.

Los dos chicos cruzaron el umbral de las puertas plegadizas de madera. Gabriel, asombrado ante o lo que sus ojos estaban viendo, dejó escapar un leve oohh. Era muchísimo más grande y elegante que el teatro local de su pueblo, sin duda. Alex se adelantó y caminó por el pasillo principal entre las rojas butacas. Caminando al revés, disfrutaba la mirada de asombro de su acompañante.

-¿Y…qué te parece?

-Espléndido. Entonces ¿solo pediste que te abrieran y ya?

-He pasado aquí mucho tiempo desde que era niño. Mi mamá es productora de obras de teatrales, y los primeros años de su carrera fungió en este teatro. Henry, el velador del edificio es buen amigo mío –dijo entre risas. –Hoy está cerrado, pero el próximo mes se estrena El sueño de una noche de verano, de Shakespeare.

-Vaya…debo admitir que has superado mis expectativas. –vio que Alex puso una mirada de desconcerto. –Jamás pensé que fueses un chico tan interesante. Culto. Supongo que te juzgué mal, lo siento.

-No te culpo. Sé bien la fama que me he creado en la universidad. Y aunque la mayoría de eso es cierto –soltó una risita –quiero que sepas que tengo muchos lados que no todos ven, más allá del chico que se mete con todos (y todas).  No siempre me muestro como soy, pues prefiero reservarlo para mí, pero creo que tú tienes algo especial.

Habían vuelto al camaro amarillo y se dirigieron a las afueras de la ciudad, del lado del mar. Pararon frente a un pintoresco establecimiento llamado Frank Pepe Pizzeria Napoletana. Famoso no sólo en la ciudad, sino en el lado este del país.

Entraron al restaurante y había tres mesas ocupadas, una por un grupo de amigos que celebraban el cumpleaños de uno de ellos, y las otras dos por dos parejas. Gabriel supuso que debido a la hora (casi las 12:00), el lugar se encontraba algo vacío.

Fueron hasta el mostrador, y Alex le recomendaba a Gabriel sus opciones favoritas del menú. Al final se decidieron por una de masa delgada con peperoni, pollo, cebolla, champiñones, queso mozarela y orégano, con un tarro de cerveza para tomar.

Se acercaron a la barra de salsas y toppings y Gabriel tomó un frasco que intentó aplicar a su pizza. El orificio del frasco estaba averiado. Gabriel se dio cuenta de esto al quedar su camisa verde con una gran mancha de color rojo. Al darse cuenta, Alex rápidamente tomó una servilleta.

-Déjame ayudarte –dijo amablemente, en vista que su cita se había puesto rojo de vergüenza.

Alex limpiaba con un cuidado la mancha. Gabriel notaba el cariño con que él lo limpiaba.

-Sabes qué…creo que no se quitará –empezó a quitarse su chaqueta de cuero color café. Se quedó solo con su playera blanca. –Ten, póntela –le extendió la chaqueta, con una sonrisa sencilla.

-No…no tienes que hacerlo –le repuso Gabriel.

-Vamos, no me molesta en absoluto. Además, aún nos falta una parada por realizar.

Gabriel aceptó la chaqueta y se la puso, cubriendo en su totalidad la enorme mancha. Acto seguido, se dispusieron a comer.

Estacionaron el auto a unos metros de su última parada. La costa de New Haven contaba con una casa del faro que guiaba a las embarcaciones entrantes. Lighthouse Point Park era una de las atracciones más populares de la ciudad. El atrio del faro se encontraba iluminado por pequeñas luces salientes del suelo que delimitaban el terreno. Había una casita color rojo con un tejado negro que figuraba antes de la torre del faro. Alex la pasó de largo y dirigió a Gabriel directo a la torre. Debido a su función, el sitio se encontraba abierto las 24 horas del día.

Cuando entraron, a Gabriel le hizo feliz ver lo que había en el centro del edificio. Un carrusel dentro del edificio del faro era lo más inusual que había visto. Sabía bien que ese juego giratorio había sido testigo de muchas promesas de amor y de sesiones fotográficas de boda, donde los novios se prometían mantener juntos toda la vida, por más giros inesperados que ésta diera.

Alex había elegido un lugar tan especial para dar cierre a la noche. La fotografía, el teatro, la chaqueta, el carrusel en el faro. El chico le había demostrado a Gabriel lo detallista que era. Estaba asombrado, tenía un buen presentimiento acerca de él.

Alex se subió al carrusel y desapareció al girar éste. Volvió a aparecer, parado junto a un caballo sosteniendo uno de los tubos.

-¿Qué pasa? ¿No vas a subir Gabriel?