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domingo, 13 de diciembre de 2015

54 Realidades del semestre de Cirugía

¿De qué me di cuenta?


Decidí escribir esta entrada para expresar mi experiencia en este semestre, el primero como MIP en el Hospital, pues tras haber iniciado esta tan esperada etapa (al menos por mí) tengo más de una cosa por contar. Queda claro que salvo esta entrada, el resto de mi Blog sigue tratando sobre la vida ficticia de Jamie Harper y sus amigos, pero aquella es otra historia.

Los últimos 4 meses y medio pasé más tiempo en el Hospital que en la escuela y sobre todo, más tiempo que en casa con mi familia. Pero se sintió bien, es decir, por algo he tratado de formar una segunda familia en la facultad, porque sé que habrá momentos en que necesite de alguien ajeno a mi núcleo parental.

 Como dije, este semestre fue de comenzar un nuevo nivel, porque ya no se trató del Inicio, de echar Raíces o de atravesar la Tempestad (así titulé a mi 1º, 2º y 3º año en la facultad, respectivamente), sino que se trató del Cambio que de la mano llevaba a la Felicidad (aun trato de averiguar cuál es el título adecuado para 4º año).

Así que… ¿De qué me di cuenta?

1.       Me di cuenta que no se sintió para nada el haber estado “de vacaciones”. Tras unas semanas de descanso en verano, el primer día de clases pareció como el día después del examen final de pato. Nada de tiempo para extrañar a amigos.


2.       Que existe un Montoya-Team (aunque en ese momento no sabía de la existencia del nombre. ¡Gracias Antonio!).


3.       Que el bloque de Cirugía significa venir en pitufo el segundo día de clases. ¡TIENES GUARDIA!

4.       Por lo mismo, tu primer día de clases se resume en ir por todo Aguirre Pequeño en busca de pitufos con tus amigos.

5.       “And may the odds be in your favor” no aplica para unir a Martínez y Montoya en las guardias…


6.       Pero no importa, pues uno le entregaba guardia al otro.

7.       Es mucho menos aterrador el ir a La jungla (Cirugía AB) con una de tus mejores amigas en tu equipo de guardias.


8.       Que siempre recordarás tu primer guardia como MIP.

                                          Rotación A1. Equipo A

9.       Que no importa si no sabes absolutamente nada de las locaciones dentro del hospital, o el proceso para solicitar una TAC o un electro: el residente quiere que todo se haga YA YA YA YA YA YA YA YA YA, porque ¡¡URGE!!
¡¡URGE!!
¡CONFIRMEN!
YA
YA
YA
YA
YA
YA.


10.   Aprendí a adivinar qué significaba el ir a “Trans”, “Posqui”, “TQP”, “Prequi", "Resu", "Ambu" y demás abreviaturas no encontradas en la RAE.



11.   Que tal vez en un futuro, tras más de 40 horas seguidas de guardia, tampoco sea capaz de conjugar verbos en whatsapp.

12.   Que es una gran idea compartir locker con tu mejor amigo.

13.   Que siempre hay alguien en el equipo quien en los primeros 30 minutos de la primera guardia, se presenta con todos, pregunta nuestros nombres y cómo nos gusta que nos digan y nos agrega a Facebook y a Whatsapp (Sí, ese fue Germán).

14.   También está aquel que por más difícil o incómoda sea la situación con el paciente, rompe el hielo platicando de cosas cotidianas (¡María Elena!).

15.   Incluso aquél al que siempre los residentes le piden haga lo más raro, difícil o molesto. Ese desafortunadamente, fui yo.



16.   Que es cierto. Si no puedes curar, alivia. Y si no puedes, consuela. Porque lamentablemente a veces eso es lo único que tenemos para darle a algunos pacientes.

17.   Que la curación más difícil no es aquella que requiere más tiempo, o de más personas para hacerla, sino aquella en la que el paciente está en condiciones muy delicadas y sufre cada vez que se realiza.

18.   Pero ¡ey! No todo es triste. Estos pacientes son los que más se acuerdan de ti, por haber estado con ellos haciéndole la curación por más difícil que fuera.

19.   Que a las 3:00 am se dan las charlas más filosofales con los 3 equipos reunidos en la estación de enfermería de Cirugía AB.


20.   ¡6:00am! El momento más estresante de la guardia. PASE DE VISITA.



21.   Que da una alegría indescriptible el encontrarte por las escaleras, en los elevadores o los pasillos con tus amigos que están rotando en otros departamentos . Pero solo es un saludo rápido, pues ambos tienen pendientes por hacer.



22.   Que el pasar 12x24 horas de guardia en un mes, son suficientes para conocer a tu equipo. Conocer su forma de trabajar, de ver a los pacientes, lo que les gusta comer, cómo comen, cuánto comen, si siempre tienen “clases”, si son de sueño pesado, si roncan mientras duermen, si tienen una obsesión con el orden o si les gustan las fotos. Como dije, suficiente tiempo.




23.   Que el día después de tu guardia de noche o de 24 horas, ¡NO EXISTE!

24.   Mentira. Siempre tienes clases en tu  descanso.



25.   Que al estar post-guardia cosas como si estás despeinado/a, traes ojeras, hueles a hospital, o tienes hambre, se vuelven superflúas. ¡SOLO QUIERES DORMIR!


26. Así que intenta mantenerte despierto en clases cuando estés post-guardia. ¡Tú puedes!


       .....o no.

27.   Y estando post-guardia tus amigos tienen de a dos: o estás tan drogado de felicidad, o tienes un humor nulo. Nada personal ¡Suerte!



28.   Que aunque no soy foráneo, este es el semestre que más extrañé a mis papás.

29.   Que a veces tomar una decisión arriesgada es lo que mejor pudiste hacer. Porque siempre que se cumple una meta, tienes que ir por la siguiente y no quedarte siempre haciendo lo mismo.

Mis primeros alumnos

30.   A pesar de que he insistido en que ya no formo parte, para mis compañeros de generación siempre “DIME es sinónimo de Montoya, ¿qué rollo?”


31.   Que si el mundo conspira contra ti, basta con que te vean insistir en ir por lo que quieres para que decidan darte una oportunidad.

32.   Que cuando algo se va, siempre llega algo nuevo.

                                           Primer día en Departamento de Microbiología

33.   Que este fue el cumpleaños que más he disfrutado. Pero ya hice otro post (en Facebook) parecido a este, dedicado exclusivamente a ese día.


34.   Que el único beneficio de ser A1 es haber iniciado con las guardias pesadas, antes de iniciar con cualquier examen. Pero repito, el ÚNICO beneficio. ¡El ÚNICO!



35.   Que eres capaz de convertirte en un Robin Hood en busca de material para las curaciones de tus pacientes.

36.   Que no importa si tu doctor de Sala te tupe de preguntas al presentar la historia clínica. Si es buena persona, el paciente siempre te ayudará frente al doctor.

37.   Que SIEMPRE se sienten bien los abrazos post guardia.


38.   Que se siente bonito ver a tus pacientes de rotaciones anteriores y que digan “Cómo no me voy a acordar de ti, si eres el que estuvo conmigo todo el tiempo”.


39.   Que bastó llegar al cuarto con una sonrisa y saludando efusivamente al paciente para que éste cambiara su semblante y se incorporara, devolviendo la sonrisa y respondiendo “estoy muy bien doctor”.

40.   Que SIEMPRE debes usar tus lentes protectores.



41.   Y definitivamente, siempre debes decir cuando te pinchas suturando a un paciente. “De algo me voy a morir” es la excusa más estúpida.

42.   Que en corto tiempo ya te sabrás el menú de la cafetería y por lo tanto, la hora en que ponen lo más rico para comer.


43.   Que cuando tienes guardia pre-examen, la cafetería es la mejor sala de estudio grupal que existe.



44.   Que no importa lo cansado que estés. La vista desde Aulas Nuevas-Nuevas por las mañanas es maravillosa.


45.   Que al terminar la clase de las 7:00am, el recorrido al locker o al hospital puede convertirse en la charla más agradable que tengas con tu mejor amigo.



46.   Por esto mismo, me gustó dejar de ser cyberamigos en este semestre. Éramos amigos en persona. “Charlas post-cirugía”.

47.   Que era un ritual el compartir un café. Sobre todo con mi adicta a la cafeína favorita (¡Marinela!)

.

48.   Que si no manchaste tu pitufo de yeso, no llevaste Trauma. Y si no se te manchó, el residente te salpicará “para que se vea que trabajaste”.

49.   El equivalente a esto en Plástica, es la gloriosa mancha amarilla del furacin en las mangas de tu bata.
      También puede ser sangre...



50.   Que tienes que ir al asta bandera en la azotea del hospital en tus guardias de este semestre.


51.   ¿Había algo llamado Bagre-cueva?



52.   Que por más lejano que parezca el día del final de tus guardias al inicio del semestre, el tiempo se llega rápido.


53.   Que tengo un nuevo sentido de pertenencia.
Posada del Departamento de Microbiología

54.   Que no importa el cansancio, la vigilia, los regaños, las peleas de equipo o el estrés, porque al final, disfrutarás haber pasado por todo esto.


   ¡Infinitas gracias, Semestre de Cirugía!


Por cierto, ya me decidí. Este 4º año se titula Cambio, pero este semestre de Cirugía indiscutiblemente se titula Felicidad.



viernes, 10 de abril de 2015

Desayuno entre amigos

8:00 am. El despertador no alcanzó a sonar, pues se levantó antes de que este se activara. Gabriel había hecho su rutina de ejercicio desde temprano en su cuarto. Le sorprendía la facilidad con la que las abdominales avanzaban una tras otra, pues llevaba un largo tiempo sin hacer ejercicio real. Habiendo terminado se metió a la regadera. Dejó que el agua lavara tanto su sudor, como sus pensamientos, aquellos que desde hace unas semanas había tratado de disipar, sin embargo el dolor que sentía aun dejaba pequeñas boronas dentro de él, aquellas lo suficientemente pequeñas que son difíciles de limpiar. << Intenta pensar en algo más >>. Siempre lo hacía.

Salió de la regadera. Se cambió. Fue hasta la cocina de su departamento y sacó del refrigerador un poco de zumo de naranja. Notó que en la barra del desayunador había dejado su laptop encendida. Anoche se quedó hasta tarde trabajando en unos planos que le habían encargado diseñar de un pequeño local, era algo simple pero tenía que encontrar de dónde obtener dinero para la renta mientras conseguía un trabajo estable. Aún seguía esperando respuestas en una de esas firmas importantes de Nueva York.

Cuando terminó de beber el zumo se dirigió hacia la puerta, tomó las llaves y billetera y dejó el lugar, pues había quedado ir a desayunar con sus viejos amigos.

El distrito de Brooklyn de Nueva York era aún como un laberinto para Jamie quien llevaba una semana tratando de recorrer sus calles sin perderse. Sus amigos, que llevaban unos meses viviendo ahí le explicaron la ruta que debía seguir para llegar al Hospital General donde hacía su internado. Su ruta era fácil: Hospital – Departamento de Gabriel. La línea D del subterráneo que tomaba diario en la Cuarta Avenida lo transportaba de un sitio a otro al instante.

Por suerte The Brooklyn Taste, el sitio donde se había quedado de ver con sus amigos quedaba a unas calles al norte del barrio donde vivía Gabriel. El clima pintaba sería un gran día. Los rayos del sol, que empezaban a sentirse cálidos desde muy temprano iluminaban una de las escenas más amigables que veía desde que llegó a Nueva York: personas yendo hacia su trabajo a paso rápido sobre Grand Street, el hombre del periódico en una esquina deseándole buen día al que pasara frente a él, el autobús escolar recogiendo a los niños del barrio contiguo y los dueños de los locales de dicha calle preparándose para un nuevo día laboral. Cuando hubo llegado al punto de cruce con la calle English Kills hacia Queens vio el pintoresco restaurante. Ya quedaban pocos clásicos como esos, del estilo pueblerino como aquél al que iba en su adolescencia con sus amigos después de clases en su pueblo de origen.

En cuanto entró al restaurante vio a los chicos sentados en la mesa junto a la ventana. A pesar de lo asténico que se sentía pues acababa de terminar su guardia, saludó a sus amigos con júbilo, como si de hermanos perdidos se tratasen.

Gabriel con el aspecto más entusiasta posible, como si un niño en el área de juegos del parque fuese y Daniel con el semblante relajado y sin preocupaciones, el adecuado para su vida en estos momentos, pues era el único del grupo de amigos que aún seguía en la universidad, siendo un año menor que los demás.

-¿Se dan cuenta? Es la primera vez que nos reunimos desde que Jamie llegó de Inglaterra –dijo Gabriel, recargándose en el respaldo acojinado, cruzando sus manos detrás de su nuca.

-Lo siento, es que con el inicio del internado he estado algo apurado esta primera semana. Esta ciudad se mueve tan rápido, ¡es de locos! ¿tardaron mucho en acostumbrarse? Aún estoy tratando.

-Ya te acostumbrarás. Puedo enseñarte los mejores lugares para beber y bailar en la ciudad, y ¿por qué no? para cazar alguna chica. Apuesto a que no hacías eso con tus formales compañeros en Cambridge ¿verdad? –dijo Daniel, soltando una risa y dándole un golpe a Jamie en el hombro.

-En realidad…se sorprenderán mucho con lo que tengo para contarles sobre mis vivencias allá.

-¡Vaya, Jamie por fin decidió alocarse! Apuesto a que tú y ese tipo…Clayton –Gabriel hizo un tono diferente cuando mencionó a Clayton. Jamie supuso aún seguía celoso de que Clay fuera su amigo más cercano en Cambridge University, sintiéndose Gabriel olvidado –tuvieron muchas aventuras.

-Antes de que avancemos… -Jamie titubeo sobre si continuar o no -La noche en que volví, Rosie y yo fuimos a Times Square…ahí nos encontramos a este tipo, Christopher. ¿Hay algo que me haya perdido respecto a tu hermana Daniel?

Gabriel y Daniel se lanzaron una mirada de complicidad.

-Al parecer no te lo dijo. Bueno, tarde o temprano lo sabrás. Ellos...son novios –repuso secamente Daniel.

Jamie tardó unos segundos en asimilar eso. Cuando se dio cuenta que había entrado en un estado de pause se incorporó y con el tono más formal que pudo, dijo:

-Oh…muy bien. Qué bueno que esté con alguien ahora -tomó un sorbo a su taza de café.

La plática siguió, las historias fueron relatadas y los felices recuerdos salieron a flote. Los amigos disfrutaron de un desayuno de campeones esa mañana. Waffles bañados en miel de maple, con fresa y arándanos encima, huevos refritos con tocino, salchicha y papas fritas, avena con cereal, fruta diversa, tostadas untadas con mantequilla, pan recién horneado y zumo de naranja llenaban la mesa de los chicos. Los tres amigos devoraron todo.

Con el estómago distendido y aun sintiendo que la plática no debía terminar, continuaron:

-Deberíamos de hacerlo una tradición, como cuando íbamos a Julio’s a tomar malteadas después de clases allá en casa. –Propuso Gabriel.

-¡Sí! Una vez a la semana por lo menos. Ahora que tenemos el honor de que el doctor Jamie esté con nosotros en Nueva York.

-Qué puedo decir, viejo –dijo Jamie con una sonrisa hacia sus amigos –fue una promesa ¿no? Toda la pandilla reunida en Nueva York cuando creciéramos. Estamos aquí, viviendo el sueño de nuestras vidas.

-¡Por la pandilla! –Daniel levantó su taza de zumo e instó a un brindis. Las dos tazas de café chocaron contra la suya.

Gabriel se levantó al baño, dejando a sus amigos detrás. 

-De acuerdo, tenemos poco tiempo así que explícame: ¿Qué pasó exactamente con Gabriel? Está diferente, ¿es por Alex? Porque no lo ha mencionado desde que llegué a la ciudad.

-Si. Hace un mes Alex se fue, así sin más. Ninguna llamada, ninguna pista de su destino. Dejó una carta en el departamento de Gabriel diciéndole que no lo buscara y ya. Lo estuvo buscando durante las primeras semanas, sin resultados. Y como Alex nunca habló sobre su familia ni nada, fue aún más difícil la búsqueda. Gabriel se rindió. Se deprimió. Rosie y yo intentamos todo para animarlo pero nada servía. No sabíamos si decírtelo a ti, pues él nunca te lo menciono en tus llamadas. Empezó a faltar al trabajo, lo despidieron. Hasta la semana en que llegaste empezó a reponerse y a actuar tan jodidamente animoso. No me quejo, al menos ya no está tirado en su cama todo el día. Espero puedas ayudarlo.

-Lo haré, hablaré con él cuando lleguemos a casa. –Jamie veía con preocupación a su amigo Gabriel quien volvía del baño, tarareando una canción.

-Listo. ¿Continuamos? –dijo Gabriel, e hizo una seña a la mesera pidiéndole la cuenta. -Tenemos mucho por recorrer. Hay diez opciones muy buenas de departamentos ideales para vivir los tres juntos, como lo planeamos. Será mejor apresurarnos si queremos visitar todos hoy.




lunes, 22 de diciembre de 2014

El cumpleaños

Se apuró por intentar arreglar su fallido regalo. Él venía bajando las escaleras camino a la salida del hospital y ella no lograba encender la vela del desafortunado pastel.

-¡Demonios!

Él ya estaba ahí.

-Te ves muy estresada

-¿Puedes regresar en 5 minutos? Este tonto pastel se me acaba de caer, los globos que te traía se me escaparon de las manos al asustarme por tirar el pastel, y al parecer mi encendedor ya dio lo que tenía que dar.

Tenía esa mirada de estrés que él conocía de ella desde hace mucho, la voz quebrantada del enojo al haber arruinado la sorpresa de cumpleaños para su mejor amigo, y el cabello desaliñado después de seguramente empezar a rascar su cabeza como sabe que ella lo hace cuando se pone en sus momentos.

Lo miró con detenimiento y se percató que por mucho, su amigo Jamie estaba haciendo un esfuerzo enorme por mantener los ojos abiertos, pues había terminado un turno de 48 horas y ella sabía bien que esas horas en urgencias lo agotaban demasiado.

-¿Puedo probarlo? –Hizo esa sonrisa burlona que tanto amaba de él.
-Debes estar muy hambriento para querer algo que se cayó.
-Mmm calla y dame de comer -dijo él, despreocupadamente, al mismo tiempo que se echaba un trozo de pastel a la boca.

Jamie vio que Rossie seguía con su cara angustiada, enojada y ojos algo llorosos, entonces tomó el pastel y lo puso en la banca que tenían al lado, se acercó y le dio un cálido abrazo. Por alguna razón ella recordó aquellas veces en las que se abrazaban más seguido. Pero esos días y esas expresiones de cariño se habían perdido poco a poco después de que dejaron de ser pareja y cada quien encontró a alguien más. Como sea, ese momento para ambos fue muy significativo.

-Es mi primer descanso oficial desde que inició el mes. Mi rutina ha sido el hospital. Casa con los chicos. Hospital. Casa. Eres la única que está aquí conmigo, acaba de llover y por lo que noto en tu chaqueta, olvidaste tu paraguas porque aún tienes gotas sobre ti. Este abrazo es lo único que necesitaba en mi cumpleaños. Gracias.

-Por cierto, felicidades. Creo que no lo había dicho desde que llegaste. –Seguían abrazados.
Se miraron al rostro y ella le quitó el chocolate embarrado que tenía en la comisura de los labios con su manga. Se separaron, tomaron el pastel de la banca y empezaron a caminar alejándose del hospital.

-¿Entonces nadie más se acordó de ti?

-Claro que sí. Tuve una videollamada de 5 minutos con mis padres mientras a mi paciente lo preparaban para cirugía. Gabriel intentó llamarme desde el congreso en el que está desde hace dos días, pero no pude contestarle, y Jessica se adelantó y me envió un mensaje desde anoche. Creo que aun se confunde con la diferencia de horario que hay entre el de Europa y el nuestro.

Iban caminando uno con el brazo detrás de la espalda del otro, pisando los charcos y salpicándose como cuando eran niños

-Sabes, también tenía pensado en llevarte a cenar hoy. ¿A dónde te gustaría ir?

-Creo que prefiero ver una película. ¿Vamos a mi casa? Me puedes hacer de cenar ahí. A no ser que Christopher se moleste otra vez.

-Está de guardia. ¿No lo viste en quirófano? Me dijo que le tocaba estar ahí.

-Trato de no encontrármelo mucho por el hospital. Está bien, en mi casa será. Estaré solo hoy porque Gabriel llega hasta mañana y tu hermano Daniel viene a dormir sólo cuando quiere. No parece que seamos tres los que rentamos esa casa.

Rosie lo veía tan bien. Su actitud amable no desaparecía ni con mil horas de trabajo sin haber dormido. Era lo que apreciaba de él, era lo que extrañaba de él. Ahora sólo podía disfrutar de esos pequeños ratos en que se veían, aun así era perfecto para ella, y estaba segura que para el también.



Música del blog:
Where does the Good go? - Tegan and Sarah