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domingo, 15 de noviembre de 2015

Hasta pronto en Cambridge

Mientras iba en el avión de regreso a América, releía la carta que su amigo Clay le había escrito como despedida. No, no como despedida sino más bien como un agradecimiento. Un recordatorio de los momentos que pasaron juntos en la escuela de medicina. Clay siempre había tenido esa particularidad de escribir lo que pensaba, por más inusual, sincero o incómodo que fuera, era de esas personas que mediante las palabras escritas encontraban su manera tan única de expresarse.

 Lo curioso era que la carta fungía como un adicional, pues la noche anterior habían tenido su gran hasta pronto en el mismo bar al que acudieron la primera noche que arribaron a Inglaterra, y al cual acudían con sus compañeros de Cambridge ocasionalmente después de los exámenes.

-Admito que cuando llegué a nuestro dormitorio en Stanford y empezaste a hablar y hablar tan rápido dándome la bienvenida, buen yo, me asusté un poco. –dijo Jamie, quien tomo un trago de vodka de su vaso. Hizo un gesto que a Clay le causó gracia. El vodka había raspado la garganta de Jamie. –y ahora, a seis años después de habernos conocido, sigues asustándome de vez en cuando.

Clayton río con el comentario. Sirvió más de la botella a su vaso y bebió. También se le dificultó el deglutir la irritante bebida.

-¿Sabes? Ayer después de la ceremonia de entrega, cuando fui por otra copa de vino… Lucille me abordó.

-¿Qué te dijo?

-Ya sabes, todo ese rollo de despedida, de lo afortunada que había sido de habernos conocido, de lo que hará de aquí en adelante. No sé, la notaba diferente. Pienso que estas situaciones en que termina una etapa importante y comienza una nueva, pone a las personas a reflexionar. Eso hice al llegar a mi dormitorio después del evento.

-¿De qué te diste cuenta? –Jamie dejó su vaso por un tiempo. Se empezaba a sentir mareado.
-De que eres el primer amigo que tengo.

Jamie Harper tuvo una sensación que no pudo describir al escuchar eso. Se limitó a seguir escuchando a su amigo.

-El día en que nos conocimos nunca imaginé que pasaríamos todo lo que hemos pasado. Conoces personas a lo largo de tu vida, personas que mucho o poco, para bien o para mal influyen en tu vida. Tú decides si las dejas entrar, o sólo las dejas acompañarte durante un corto viaje. Tú me dejaste entrar Harper. Aquél primer año en Stanford, cuando supiste que pasaría navidad sin mis padres otro año más, me llevaste a tu casa con tus padres.

-No podía dejar que estuvieras solo esa fecha tan importante Clay. Nadie debería. –le dijo Jamie, con la mirada fija a sus ojos.

-Y cuando reprobé mi primer examen (eso sigue sonando igual de tonto como aquella vez), me compraste un paquete enorme de las golosinas de limón que tanto me gustan. Sabías que las palabras no iban a funcionar para hacerme sentir mejor, así que pensaste en algo más eficaz. –Clayton bebió una vez más de su vaso. Esta vez ya no sintió arder su garganta. –Y cuando tuve aquel crush con mi compañera de clase, hiciste hasta lo imposible para ayudarme a conseguir esa cita.

-Sigo pensando que hubieras usado la táctica que te dije, habrías conseguido salir con ella.

-Y después llegamos aquí, Inglaterra. Cambridge  jamás hubiera sido lo mismo si hubiera venido sin ti. Me dio gusto que a última hora decidieras tomar la oportunidad. Este año aquí ha sido sobre una sola cosa.

-¿Cuál?

-Tomar oportunidades.

-Siempre debe de ser así Clay, también me di cuenta de eso.

-Este año ha sido de tomar oportunidades. Y yo…emm. Yo no voy a tomar ese avión contigo mañana Jamie. No volveré a América.

Le costaba trabajo a Jamie asimilar lo que acababa de escuchar.

-Decidí lo que quiero hacer. Quiero ser genetista. El doctor Brown aceptó mi solicitud de internado en su clínica. En cuanto acabe, haré mi residencia en genética con él. –Clay soltó un gran respiro después de haber contado esto. Aun le parecía difícil de creer. Se sentía nervioso con su decisión. Pero era el tipo de nervios que te dan el coraje necesario para afrontar lo desconocido.

-En verdad quiero darte un golpe directo en la cara ahora mismo. Pensé que haríamos el internado juntos en el mismo hospital. ¡Así lo planeamos!

Jamie se levantó de un brinco de su silla. Clayton creía que sólo lo decía bromeando. Cerró los ojos y esperó el golpe de su amigo. En lugar de eso, recibió un abrazo de su amigo.

-Estoy orgulloso de ti, amigo. –hizo un especial énfasis en esa última palabra. Jamie también estaba muy agradecido con Clay. Le había apoyado en momentos difíciles de una manera en que ni Gabriel hubiese podido.  –Me alegra que estés tomando estas decisiones, en verdad me alegra. Y no te preocupes. No estaremos en el mismo hospital, pero desde ya eres el primer colega al que le pediría una interconsulta de genética. ¡Somos médicos ya!

Ambos soltaron una carcajada al escuchar esa frase. Una broma interna entre ellos. Jamie llenó los vasos de ambos, tomo el suyo y lo alzó al aire.

-¡Por lo que viene!

-¡Por lo que viene! –asintió Clayton.


Música del blog:
All alright - Fun





viernes, 10 de abril de 2015

Desayuno entre amigos

8:00 am. El despertador no alcanzó a sonar, pues se levantó antes de que este se activara. Gabriel había hecho su rutina de ejercicio desde temprano en su cuarto. Le sorprendía la facilidad con la que las abdominales avanzaban una tras otra, pues llevaba un largo tiempo sin hacer ejercicio real. Habiendo terminado se metió a la regadera. Dejó que el agua lavara tanto su sudor, como sus pensamientos, aquellos que desde hace unas semanas había tratado de disipar, sin embargo el dolor que sentía aun dejaba pequeñas boronas dentro de él, aquellas lo suficientemente pequeñas que son difíciles de limpiar. << Intenta pensar en algo más >>. Siempre lo hacía.

Salió de la regadera. Se cambió. Fue hasta la cocina de su departamento y sacó del refrigerador un poco de zumo de naranja. Notó que en la barra del desayunador había dejado su laptop encendida. Anoche se quedó hasta tarde trabajando en unos planos que le habían encargado diseñar de un pequeño local, era algo simple pero tenía que encontrar de dónde obtener dinero para la renta mientras conseguía un trabajo estable. Aún seguía esperando respuestas en una de esas firmas importantes de Nueva York.

Cuando terminó de beber el zumo se dirigió hacia la puerta, tomó las llaves y billetera y dejó el lugar, pues había quedado ir a desayunar con sus viejos amigos.

El distrito de Brooklyn de Nueva York era aún como un laberinto para Jamie quien llevaba una semana tratando de recorrer sus calles sin perderse. Sus amigos, que llevaban unos meses viviendo ahí le explicaron la ruta que debía seguir para llegar al Hospital General donde hacía su internado. Su ruta era fácil: Hospital – Departamento de Gabriel. La línea D del subterráneo que tomaba diario en la Cuarta Avenida lo transportaba de un sitio a otro al instante.

Por suerte The Brooklyn Taste, el sitio donde se había quedado de ver con sus amigos quedaba a unas calles al norte del barrio donde vivía Gabriel. El clima pintaba sería un gran día. Los rayos del sol, que empezaban a sentirse cálidos desde muy temprano iluminaban una de las escenas más amigables que veía desde que llegó a Nueva York: personas yendo hacia su trabajo a paso rápido sobre Grand Street, el hombre del periódico en una esquina deseándole buen día al que pasara frente a él, el autobús escolar recogiendo a los niños del barrio contiguo y los dueños de los locales de dicha calle preparándose para un nuevo día laboral. Cuando hubo llegado al punto de cruce con la calle English Kills hacia Queens vio el pintoresco restaurante. Ya quedaban pocos clásicos como esos, del estilo pueblerino como aquél al que iba en su adolescencia con sus amigos después de clases en su pueblo de origen.

En cuanto entró al restaurante vio a los chicos sentados en la mesa junto a la ventana. A pesar de lo asténico que se sentía pues acababa de terminar su guardia, saludó a sus amigos con júbilo, como si de hermanos perdidos se tratasen.

Gabriel con el aspecto más entusiasta posible, como si un niño en el área de juegos del parque fuese y Daniel con el semblante relajado y sin preocupaciones, el adecuado para su vida en estos momentos, pues era el único del grupo de amigos que aún seguía en la universidad, siendo un año menor que los demás.

-¿Se dan cuenta? Es la primera vez que nos reunimos desde que Jamie llegó de Inglaterra –dijo Gabriel, recargándose en el respaldo acojinado, cruzando sus manos detrás de su nuca.

-Lo siento, es que con el inicio del internado he estado algo apurado esta primera semana. Esta ciudad se mueve tan rápido, ¡es de locos! ¿tardaron mucho en acostumbrarse? Aún estoy tratando.

-Ya te acostumbrarás. Puedo enseñarte los mejores lugares para beber y bailar en la ciudad, y ¿por qué no? para cazar alguna chica. Apuesto a que no hacías eso con tus formales compañeros en Cambridge ¿verdad? –dijo Daniel, soltando una risa y dándole un golpe a Jamie en el hombro.

-En realidad…se sorprenderán mucho con lo que tengo para contarles sobre mis vivencias allá.

-¡Vaya, Jamie por fin decidió alocarse! Apuesto a que tú y ese tipo…Clayton –Gabriel hizo un tono diferente cuando mencionó a Clayton. Jamie supuso aún seguía celoso de que Clay fuera su amigo más cercano en Cambridge University, sintiéndose Gabriel olvidado –tuvieron muchas aventuras.

-Antes de que avancemos… -Jamie titubeo sobre si continuar o no -La noche en que volví, Rosie y yo fuimos a Times Square…ahí nos encontramos a este tipo, Christopher. ¿Hay algo que me haya perdido respecto a tu hermana Daniel?

Gabriel y Daniel se lanzaron una mirada de complicidad.

-Al parecer no te lo dijo. Bueno, tarde o temprano lo sabrás. Ellos...son novios –repuso secamente Daniel.

Jamie tardó unos segundos en asimilar eso. Cuando se dio cuenta que había entrado en un estado de pause se incorporó y con el tono más formal que pudo, dijo:

-Oh…muy bien. Qué bueno que esté con alguien ahora -tomó un sorbo a su taza de café.

La plática siguió, las historias fueron relatadas y los felices recuerdos salieron a flote. Los amigos disfrutaron de un desayuno de campeones esa mañana. Waffles bañados en miel de maple, con fresa y arándanos encima, huevos refritos con tocino, salchicha y papas fritas, avena con cereal, fruta diversa, tostadas untadas con mantequilla, pan recién horneado y zumo de naranja llenaban la mesa de los chicos. Los tres amigos devoraron todo.

Con el estómago distendido y aun sintiendo que la plática no debía terminar, continuaron:

-Deberíamos de hacerlo una tradición, como cuando íbamos a Julio’s a tomar malteadas después de clases allá en casa. –Propuso Gabriel.

-¡Sí! Una vez a la semana por lo menos. Ahora que tenemos el honor de que el doctor Jamie esté con nosotros en Nueva York.

-Qué puedo decir, viejo –dijo Jamie con una sonrisa hacia sus amigos –fue una promesa ¿no? Toda la pandilla reunida en Nueva York cuando creciéramos. Estamos aquí, viviendo el sueño de nuestras vidas.

-¡Por la pandilla! –Daniel levantó su taza de zumo e instó a un brindis. Las dos tazas de café chocaron contra la suya.

Gabriel se levantó al baño, dejando a sus amigos detrás. 

-De acuerdo, tenemos poco tiempo así que explícame: ¿Qué pasó exactamente con Gabriel? Está diferente, ¿es por Alex? Porque no lo ha mencionado desde que llegué a la ciudad.

-Si. Hace un mes Alex se fue, así sin más. Ninguna llamada, ninguna pista de su destino. Dejó una carta en el departamento de Gabriel diciéndole que no lo buscara y ya. Lo estuvo buscando durante las primeras semanas, sin resultados. Y como Alex nunca habló sobre su familia ni nada, fue aún más difícil la búsqueda. Gabriel se rindió. Se deprimió. Rosie y yo intentamos todo para animarlo pero nada servía. No sabíamos si decírtelo a ti, pues él nunca te lo menciono en tus llamadas. Empezó a faltar al trabajo, lo despidieron. Hasta la semana en que llegaste empezó a reponerse y a actuar tan jodidamente animoso. No me quejo, al menos ya no está tirado en su cama todo el día. Espero puedas ayudarlo.

-Lo haré, hablaré con él cuando lleguemos a casa. –Jamie veía con preocupación a su amigo Gabriel quien volvía del baño, tarareando una canción.

-Listo. ¿Continuamos? –dijo Gabriel, e hizo una seña a la mesera pidiéndole la cuenta. -Tenemos mucho por recorrer. Hay diez opciones muy buenas de departamentos ideales para vivir los tres juntos, como lo planeamos. Será mejor apresurarnos si queremos visitar todos hoy.




miércoles, 1 de abril de 2015

La última navidad parte 4 (desenlace)

El auto se detuvo frente al edificio verde. El chico bajó del auto y alzó la mirada hasta lo más alto. Parecía un lugar algo triste. La fachada estaba ya desgastada, las ventanas de los pisos superiores se veían sucias y notó que las vigas que sostenían el techo del pórtico estaban algo carcomidas. A Eliot le disgustó que un lugar destinado para un propósito tan caritativo fuera descuidado en su mantenimiento.
Había personas haciendo fila en la calle aún, tratando de conseguir refugio para esa noche. Se recordó a sí mismo hace varios años yendo de albergue en albergue con su hermano hasta que servicios sociales lo llevó a la casa hogar. 
Las personas empezaron a notar la comida que el equipo de Parker y la familia Harper empezaban a bajar del auto y en sus rostros Eliot notó la alegría que sentían al saber que esa noche tendrían una cena de navidad como el resto de las personas en sus hogares suelen tenerla.
La directora del refugio salió a recibirlos y trajo consigo a personal para llevar los recipientes de comida dentro del edificio, asimismo le dijo a las personas en la fila que todos alcanzarían lugar esta noche y que tendrían una cena especial.
Los guío hacia dentro recorriendo el angosto pasillo, iluminado por una tenue serie de luces navideñas.

-Recibimos a mucha gente por estas fechas, estamos planeando expandir el refugio. El edificio de al lado está en venta, pero aún estamos por lejos de conseguir el dinero que piden por ella, así que mientras nos ajustamos a lo que tenemos.

-¿Pero entonces que pasa cuando llega gente de más? ¿Les niegan la entra así nada más? –La señora Harper parecía un poco indignada con tan sólo imaginar aquella situación.

-Sé lo que piensa. Pero tenemos que hacerlo, créame que esa es la única parte de mi trabajo que detesto, pero tenemos que cumplir exactamente con la cantidad máxima de personas refugiadas en el edificio. Regla de sanidad. Si nos sobrepasamos podrían sancionarnos o hasta quitar la licencia del refugio.

Eliot se dio cuenta que la única manera de que nadie se quedara sin cama ninguna noche era consiguiendo expandir el refugio. Creyó tener una idea, pero no la dijo en voz alta hasta cerciorarse de cuán posible era su plan. Al parecer, tenía un gran proyecto en mente.
Llegaron a una habitación amplia, donde había mesas largas con bancos del mismo largo de las mesas. Algunos de los refugiados ya habían empezado a acomodarse, esperando la cena.

-Y este es el comedor. La cocina está tras esas puertas, pero creo que podemos servir la comida aquí frente a ellos. ¿Se quedarán con nosotros verdad? Vendrá el coro de la iglesia, siempre ponen muy buen ambiente aquí.

Parker y los Harper accedieron, y se integraron junto con el personal del refugio para empezar a servir la comida. El coro llegó y empezó a cantar al unísono la canción navideña más agitada que Eliot había escuchado, sintiéndose aún más alegre de lo que ya estaba.

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Llamó a la puerta y esperó a que Charlie abriera. En la parte sur de Nueva York empezaba a soplar un viento congelante que se arrepintió de ponerse ese abrigo ligero pero fabuloso a la vista. -La elegancia es primero.
Alto, con un cuerpo atlético pero con esa mirada de pocos amigos que siempre se cargaba Charlie abrió la puerta. El mismo la había llamado y pedido que fuera a su casa, pero Vanessa Phyffer no sabía para qué.

-¿Y? ¿Puedo pasar al menos? El viento está congelante.

-Depende de qué tan dispuesta vengas. –Contestó e hizo esa sonrisa bufona que aunque ella no quería admitirlo, le derretía.

-Te dije que aquellos… encuentros entre nosotros se acabaron. –Pasó a la casa y Charlie cerró la puerta tras de sí. El frío viento dejó de sentirse. –Además ni siquiera eras tan bueno.

-Eso no decías cuando te… -Vanessa le arrojó su bolso al pecho para callarlo. –De acuerdo de acuerdo, no más comentarios, bonita.


-Entonces… -hizo una pausa para hacer a un lado la ropa sucia que había regada en el sofá donde prosiguió a sentarse. –¿a que se debe tu llamada?

-Supuse que no tenías nada mejor que hacer en tu casa que leer algún libro tonto sobre la mujer exitosa en la noche de navidad.

-No seas ridículo, ¡tengo muchas cosas qué hacer

Charlie volvió hacia ella con su sonrisa bufona.

-Admítelo, estás tan sola y amargada en la vida como yo. –Le pasó un cerveza a su amiga, y se empinó la suya.

-La única diferencia –dijo Vanessa, levantándose de su asiento y yendo hacia el dolido tipo poniéndole el dedo índice en sus labios en señal de silencio.- es que tú si tienes una familia a la cual puedes visitar.

Antes de que Charlie pudiera replicar, el teléfono sonó. Prefirió ignorarlo, pues sabía de quién se trataba, pero Phyffer contestó.

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Todos en el refugio disfrutaban de la comida que el restaurante MILLAR’s había donado. Refugiados, trabajadores y los chicos del coro compartían mesa. Eliot miraba con gusto a sus padres adoptivos reírse y conversar con una de las familias refugiadas. Parker se cercioraba de que no le faltara ninguna ración a nadie, deseó que Gabriel estuviera ahí junto a él en ese momento.

Tratando de servir el ponche de ese enorme jarrón Eliot perdió el equilibrio, pero alguien llegó a tiempo para ayudarlo y evitar se cayera todo.

-¡Cuidado colega! ¿Necesitas ayuda?

Eliot sonrío con todo su júbilo al ver que su hermano Jamie había llegado para ayudar. Por la mañana había sentido que ignoró todo este asunto y se fue extremadamente rápido, pero ahora estaba ahí, apoyándolo en su proyecto.

-Perdón por salirme así sin más en la mañana colega. Gabriel me contó tu plan y quise venir a ayudarte si es que aún quieres.

-¡Claro! Mira puedes ayudarme a servir esto, por poco se me cae a mi…

-¡Sonrían!

La mamá de los chicos les sacó una fotografía con su antigua cámara instantánea. Vio la foto de sus dos muchachos, Jamie el niño al que crío desde su adopción hace ya 14 años, y Eliot, el nuevo integrante de la familia de quien rápidamente se había encariñado. La primera foto que tenían juntos. No pudo evitar derramar una lágrima al verla y sus hijos dejaron el ponche para ir a abrazarla, darle un beso en la mejilla ambos al mismo tiempo y desearle feliz navidad.

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En el aeropuerto de Nueva York seguía la desesperación de Daniel por poder despegar de una vez por todas el vuelo, pues ya era casi media noche y el y Lily tenían que estar en casa para la cena de navidad. Tenía mucho sin ver a sus padres, además quería escuchar personalmente cómo iban las cosas entre su hermana Rosie y su amigo Jamie. Les tenía mucha fe a la pareja.

Lily había ido por algo de comer y él se quedó en la sala de la terminal F3. Quería arrancarse el cabello pues Jimmy, el pequeño odioso que estaba sentado a su lado no paraba de hacer berrinche a sus padres sobre un videojuego que exigía tener.

Con pocas esperanzas, vio que la azafata de la terminal tomó el micrófono diciendo:
Agradecemos su espera por el vuelo 104 a Colorado, nos complace anunciarles que las condiciones meteorológicas en dicha ciudad han mejorado, por lo que el vuelo es reanudado. Pasajeros favor de abordar por la puerta 3.

En cuanto escuchó esto, Daniel se puso de pie, en busca de su novia. Tomó la maleta de mano que traía consigo y se dirigió hacia la puerta de la terminal para apresurar a Lily.

-¡Vamos! ¿Escuchaste? El vuelo ha reanudado, ya podemos abordar el avión ¿encontraste lo que ibas a comprar?

-De hecho, encontré algo más. Bueno, a alguien más.

La chica viró hacia atrás e introdujo al ala a un alto y fornido hombre a quien Daniel no esperaba ver en esos momentos. El alto personaje se acercó a Daniel, y con mirada de duda e incomodidad miró a los ojos de su hermano.

-Así que…tu vuelo… -Charlie no sabía ni qué decir. No había podido conectar con su hermano menor en estos meses que habían tratado de sobrellevar su relación viviendo juntos.

-Se reanudó. Ya vamos directo a casa, con mamá, papá y Rosie. –repuso en tono seco Daniel, quien también se sentía en una situación incómoda.

-Genial. Totalmente genial –Charlie tenía en la punta de la lengua lo que iba a proponerle a su hermano, pero el orgullo no lo dejaba. –Salúdame a todos en casa.

-Dan…ya es muy tarde como para tomar el vuelo. Recuerda que transbordaremos en Colorado, y no como éste primer vuelo se retrasó, no sabemos si habrá un segundo disponible para llegar a casa.
Daniel sabía por dónde iba el asunto, pero no estaba dispuesto a aceptar quedarse con Charlie si éste mismo no lo decía por su cuenta.

-Enano, lo que Lily trata de decir, es que habrán llegado como mínimo para el medio día de mañana, perdiéndose de la cena de navidad de hoy. Deberían quedarse aquí ambos, podemos preparar algo y tener nuestra mini cena de navidad…improvisada. Si así lo quieres.

Lo dijo. Había una brecha enorme entre estos hermanos, pero a Daniel tampoco le gustaba la idea de quedarse sin cena de navidad, ni mucho menos de seguir soportado al odioso Jimmy sentado junto a él.

-Cena improvisada, eh. Suena bien grandulón. Podemos llamar a la familia por Skype y desearles feliz navidad. Más vale que te peines o papá creerá que aún sigues en esa banda de rock –le dice Daniel en tono burlón, dándole una palmada en el brazo a su hermano.

-Y tu quítate esa barba o mamá se asustará –repuso el hermano mayor, ayudándole al menor con el equipaje de Lily.

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En casa de los Harper todos disfrutaban el estar reunidos. La cena había terminado y ahora se encontraban todos en la sala recordando las travesuras de Jamie, Rosie y Gabriel cuando eran chicos, quienes no paraban de reír y sentirse avergonzados de vez en cuando con alguna de las historias. Eliot y Parker escuchaban asombrados las aventuras (y desventuras) por las que pasó el trío de amigos, y morían de ganas por conocer al resto del grupo como a Daniel, Hailey y Jessica.

Llegó un momento en que Jamie y Rosie se escaparon del bullicio y salieron al frente de la casa a tomar un respiro. En lo que iba del día, era la primera vez que se encontraban a solas.

-No podía creer cuando llegó esa llamada por Skype de Daniel y Charlie…¡juntos! –esbozó una linda sonrisa, aquella de la que Jamie se había enamorado desde hacía tiempo.

-Sólo era cuestión de tiempo para que esos dos se arreglaran. Extrañan a su hermana que los hacía sentar cabeza. Ahora que no estás, lo hacen ellos mismos –la tomó de la mano para bajar las escaleras del pórtico, yendo hacia el jardín congelado.

-¡Y tu abuelo! Creí que era mentira cuando dijiste ayer que tenía una novia más joven que tu mamá, a la cual vi cómo la miraste…

Jamie hizo una expresión burlona que hizo que Rosie se molestara aún más.

-¡No te enojes! –la besó- aunque me gusta cuando lo haces.

La tomó de las manos, y como un acto reflejo, empezó a trazar en la nieve del piso unos pequeños pasos de vals, a los cuales Rosie siguió, desconcertada.

-¿Qué haces? –tenía tan cerca de su rostro a Jamie que se percató del color avellana de los ojos del chico, y las pequeñas pecas en el dorso de su nariz mirándolo con ternura.

-Bailo. Como en nuestra primera cita…aunque no sé si contó como cita o no. Baile de primavera en primer año de prepa.

-Cuando me animaste a ir contigo después de que aquél chico con el que salía me cambiara por otra. Recuerdo que no quería ir después de eso, pero como sabías lo entusiasmada que estaba por ir al primer baile de preparatoria desde siempre, no dejaste que eso me lo arruinara y me invitaste tú. Y durante el baile recuerdo que me protegiste porque aquel fulano me hizo una escena de reclamo.

-Valió la pena el golpe –Rosie se sorprendió- …espera, se supone no sabías eso. En fin ¿Cuál era la canción que bailamos al final? The A…

-The A team. Ed Sheeran.

A Rosie le sorprendió que Jamie recordara todos los detalles de aquella noche, aún más cuando, al ritmo de los pasos de vals, empezó a tararear la canción. Estaba tan contenta del momento que estaban teniendo. Alzó la mirada y vio los copos de nieve caer del oscurecido cielo. Las campanas de la iglesia empezaron a tocar. Doce. Jamie se detuvo en seco, acercó sus labios a los de Rosie, y antes de besarla articuló el susurro más atractivo que ella le había escuchado jamás:

-Feliz navidad linda.

La nieve empezó a caer más a prisa y en más volumen. Sus rostros se separaron y ella, sin aliento, repuso un feliz navidad . Escucharon a todos adentro deseándose dicha por la navidad y decidieron regresar. Rosie iba por delante, subiendo las escaleras del pórtico cuando Jamie la detuvo de la mano. La chica vio la cajita azul que el chico había sacado de su abrigo. Reaccionó.

-¿Quieres ser mi esposa? –dijo, soltando un gran suspiro.


Entradas relacionadas:
Parte 3, Parte 2, Parte 1, Momento de amigos

lunes, 22 de diciembre de 2014

Momento de amigos

5:00pm. Aún no estaba listo. Estaba vestido, pero por alguna razón aún no estaba preparado para el gran momento. Sentado al borde de su cama, con la corbata aún sin anudar y la mirada fija hacia sus zapatos. Veía  todos los sucesos transcurridos ese último año: dejó su plaza de residencia en el hospital que siempre quiso trabajar en aquella gran ciudad para volver a su pueblo de origen y reordenar los pensamientos que lo acongojaban. Se enteró de que sus padres adoptarían a un adolescente justo como él fue adoptado hace algunos años. La mujer que amaba volvió en busca de él al pueblo y lo eligió a él por encima del otro sujeto. La madre de su mejor amigo falleció y una vieja amiga volvió después de muchos años para enmendar los errores cometidos. Sin duda fue un año muy revoltoso para Jamie.


Subió su mirada y vio reflejado en el espejo que tenía frente a él al hombre en que se había convertido tras todas esas decisiones que había tomado, tras todos esos sueños alcanzados, tras todas esas penas superadas y tras todas las buenas relaciones forjadas.

-¿Ya estás listo? -le dijo Gabriel desde el umbral de la puerta del cuarto.

-¿Crees que sea el momento indicado? Es decir, hemos pasado por mucho y…

-¡Hombre! Te vas a casar con la mujer que has amado desde siempre. Todos hemos esperado este día. Créeme, yo más que nadie. Aún recuerdo esos días de preparatoria en que estabas totalmente colgado por ella. Y sí, han pasado por mucho. Por eso mismo sabes que es el momento indicado. Rossie te ama, tú la amas. No necesitas nada más.

Se quedó pensando un momento en las palabras de su amigo. Se percato, de que era muy afortunado al tenerlo en su vida. Gabriel solía hacerle ver las cosas que para él eran difíciles o confusas. Le brindaba ánimos cuando éste lo necesitaba, y le inspiraba esperanza cual desesperanzado rogaba. No podía tener a un mejor padrino de bodas que Gabe.
-¡Tienes razón viejo! ¡Es el momento! –se puso de pie de un salto, empezó a anudar su corbata con la mirada hacia el frente, decidido.

Gabriel le dio unos golpesitos con ambas manos en la mandíbula como dándole su aprobación para cruzar la puerta y salir.
Al dejar la habitación Jamie dio un gran suspiro de júbilo y junto a su mejor amigo camino hacia el auto.

-¿No ha venido Parker contigo? Pensé que era tu cita, en verdad me agrada el sujeto.
-Lo veré en la iglesia. Sabes, las cosas van muy bien con él. Jamás pensé que me llegara a interesar en alguien otra vez. Pero en fin, será mejor que arranquemos si queremos llegar a tiempo.
Jamie y Gabriel partieron juntos. Al parecer lidiar con problemas tan complicados como salvar la vida de un paciente que llega a urgencias era poca cosa comparado con los nervios que empezaba a sentir previo a la boda. Pero no importaba porque iba escoltado por quien toda la vida había sido su apoyo, su compañero, su amigo.