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domingo, 15 de noviembre de 2015

Hasta pronto en Cambridge

Mientras iba en el avión de regreso a América, releía la carta que su amigo Clay le había escrito como despedida. No, no como despedida sino más bien como un agradecimiento. Un recordatorio de los momentos que pasaron juntos en la escuela de medicina. Clay siempre había tenido esa particularidad de escribir lo que pensaba, por más inusual, sincero o incómodo que fuera, era de esas personas que mediante las palabras escritas encontraban su manera tan única de expresarse.

 Lo curioso era que la carta fungía como un adicional, pues la noche anterior habían tenido su gran hasta pronto en el mismo bar al que acudieron la primera noche que arribaron a Inglaterra, y al cual acudían con sus compañeros de Cambridge ocasionalmente después de los exámenes.

-Admito que cuando llegué a nuestro dormitorio en Stanford y empezaste a hablar y hablar tan rápido dándome la bienvenida, buen yo, me asusté un poco. –dijo Jamie, quien tomo un trago de vodka de su vaso. Hizo un gesto que a Clay le causó gracia. El vodka había raspado la garganta de Jamie. –y ahora, a seis años después de habernos conocido, sigues asustándome de vez en cuando.

Clayton río con el comentario. Sirvió más de la botella a su vaso y bebió. También se le dificultó el deglutir la irritante bebida.

-¿Sabes? Ayer después de la ceremonia de entrega, cuando fui por otra copa de vino… Lucille me abordó.

-¿Qué te dijo?

-Ya sabes, todo ese rollo de despedida, de lo afortunada que había sido de habernos conocido, de lo que hará de aquí en adelante. No sé, la notaba diferente. Pienso que estas situaciones en que termina una etapa importante y comienza una nueva, pone a las personas a reflexionar. Eso hice al llegar a mi dormitorio después del evento.

-¿De qué te diste cuenta? –Jamie dejó su vaso por un tiempo. Se empezaba a sentir mareado.
-De que eres el primer amigo que tengo.

Jamie Harper tuvo una sensación que no pudo describir al escuchar eso. Se limitó a seguir escuchando a su amigo.

-El día en que nos conocimos nunca imaginé que pasaríamos todo lo que hemos pasado. Conoces personas a lo largo de tu vida, personas que mucho o poco, para bien o para mal influyen en tu vida. Tú decides si las dejas entrar, o sólo las dejas acompañarte durante un corto viaje. Tú me dejaste entrar Harper. Aquél primer año en Stanford, cuando supiste que pasaría navidad sin mis padres otro año más, me llevaste a tu casa con tus padres.

-No podía dejar que estuvieras solo esa fecha tan importante Clay. Nadie debería. –le dijo Jamie, con la mirada fija a sus ojos.

-Y cuando reprobé mi primer examen (eso sigue sonando igual de tonto como aquella vez), me compraste un paquete enorme de las golosinas de limón que tanto me gustan. Sabías que las palabras no iban a funcionar para hacerme sentir mejor, así que pensaste en algo más eficaz. –Clayton bebió una vez más de su vaso. Esta vez ya no sintió arder su garganta. –Y cuando tuve aquel crush con mi compañera de clase, hiciste hasta lo imposible para ayudarme a conseguir esa cita.

-Sigo pensando que hubieras usado la táctica que te dije, habrías conseguido salir con ella.

-Y después llegamos aquí, Inglaterra. Cambridge  jamás hubiera sido lo mismo si hubiera venido sin ti. Me dio gusto que a última hora decidieras tomar la oportunidad. Este año aquí ha sido sobre una sola cosa.

-¿Cuál?

-Tomar oportunidades.

-Siempre debe de ser así Clay, también me di cuenta de eso.

-Este año ha sido de tomar oportunidades. Y yo…emm. Yo no voy a tomar ese avión contigo mañana Jamie. No volveré a América.

Le costaba trabajo a Jamie asimilar lo que acababa de escuchar.

-Decidí lo que quiero hacer. Quiero ser genetista. El doctor Brown aceptó mi solicitud de internado en su clínica. En cuanto acabe, haré mi residencia en genética con él. –Clay soltó un gran respiro después de haber contado esto. Aun le parecía difícil de creer. Se sentía nervioso con su decisión. Pero era el tipo de nervios que te dan el coraje necesario para afrontar lo desconocido.

-En verdad quiero darte un golpe directo en la cara ahora mismo. Pensé que haríamos el internado juntos en el mismo hospital. ¡Así lo planeamos!

Jamie se levantó de un brinco de su silla. Clayton creía que sólo lo decía bromeando. Cerró los ojos y esperó el golpe de su amigo. En lugar de eso, recibió un abrazo de su amigo.

-Estoy orgulloso de ti, amigo. –hizo un especial énfasis en esa última palabra. Jamie también estaba muy agradecido con Clay. Le había apoyado en momentos difíciles de una manera en que ni Gabriel hubiese podido.  –Me alegra que estés tomando estas decisiones, en verdad me alegra. Y no te preocupes. No estaremos en el mismo hospital, pero desde ya eres el primer colega al que le pediría una interconsulta de genética. ¡Somos médicos ya!

Ambos soltaron una carcajada al escuchar esa frase. Una broma interna entre ellos. Jamie llenó los vasos de ambos, tomo el suyo y lo alzó al aire.

-¡Por lo que viene!

-¡Por lo que viene! –asintió Clayton.


Música del blog:
All alright - Fun





viernes, 10 de abril de 2015

Desayuno entre amigos

8:00 am. El despertador no alcanzó a sonar, pues se levantó antes de que este se activara. Gabriel había hecho su rutina de ejercicio desde temprano en su cuarto. Le sorprendía la facilidad con la que las abdominales avanzaban una tras otra, pues llevaba un largo tiempo sin hacer ejercicio real. Habiendo terminado se metió a la regadera. Dejó que el agua lavara tanto su sudor, como sus pensamientos, aquellos que desde hace unas semanas había tratado de disipar, sin embargo el dolor que sentía aun dejaba pequeñas boronas dentro de él, aquellas lo suficientemente pequeñas que son difíciles de limpiar. << Intenta pensar en algo más >>. Siempre lo hacía.

Salió de la regadera. Se cambió. Fue hasta la cocina de su departamento y sacó del refrigerador un poco de zumo de naranja. Notó que en la barra del desayunador había dejado su laptop encendida. Anoche se quedó hasta tarde trabajando en unos planos que le habían encargado diseñar de un pequeño local, era algo simple pero tenía que encontrar de dónde obtener dinero para la renta mientras conseguía un trabajo estable. Aún seguía esperando respuestas en una de esas firmas importantes de Nueva York.

Cuando terminó de beber el zumo se dirigió hacia la puerta, tomó las llaves y billetera y dejó el lugar, pues había quedado ir a desayunar con sus viejos amigos.

El distrito de Brooklyn de Nueva York era aún como un laberinto para Jamie quien llevaba una semana tratando de recorrer sus calles sin perderse. Sus amigos, que llevaban unos meses viviendo ahí le explicaron la ruta que debía seguir para llegar al Hospital General donde hacía su internado. Su ruta era fácil: Hospital – Departamento de Gabriel. La línea D del subterráneo que tomaba diario en la Cuarta Avenida lo transportaba de un sitio a otro al instante.

Por suerte The Brooklyn Taste, el sitio donde se había quedado de ver con sus amigos quedaba a unas calles al norte del barrio donde vivía Gabriel. El clima pintaba sería un gran día. Los rayos del sol, que empezaban a sentirse cálidos desde muy temprano iluminaban una de las escenas más amigables que veía desde que llegó a Nueva York: personas yendo hacia su trabajo a paso rápido sobre Grand Street, el hombre del periódico en una esquina deseándole buen día al que pasara frente a él, el autobús escolar recogiendo a los niños del barrio contiguo y los dueños de los locales de dicha calle preparándose para un nuevo día laboral. Cuando hubo llegado al punto de cruce con la calle English Kills hacia Queens vio el pintoresco restaurante. Ya quedaban pocos clásicos como esos, del estilo pueblerino como aquél al que iba en su adolescencia con sus amigos después de clases en su pueblo de origen.

En cuanto entró al restaurante vio a los chicos sentados en la mesa junto a la ventana. A pesar de lo asténico que se sentía pues acababa de terminar su guardia, saludó a sus amigos con júbilo, como si de hermanos perdidos se tratasen.

Gabriel con el aspecto más entusiasta posible, como si un niño en el área de juegos del parque fuese y Daniel con el semblante relajado y sin preocupaciones, el adecuado para su vida en estos momentos, pues era el único del grupo de amigos que aún seguía en la universidad, siendo un año menor que los demás.

-¿Se dan cuenta? Es la primera vez que nos reunimos desde que Jamie llegó de Inglaterra –dijo Gabriel, recargándose en el respaldo acojinado, cruzando sus manos detrás de su nuca.

-Lo siento, es que con el inicio del internado he estado algo apurado esta primera semana. Esta ciudad se mueve tan rápido, ¡es de locos! ¿tardaron mucho en acostumbrarse? Aún estoy tratando.

-Ya te acostumbrarás. Puedo enseñarte los mejores lugares para beber y bailar en la ciudad, y ¿por qué no? para cazar alguna chica. Apuesto a que no hacías eso con tus formales compañeros en Cambridge ¿verdad? –dijo Daniel, soltando una risa y dándole un golpe a Jamie en el hombro.

-En realidad…se sorprenderán mucho con lo que tengo para contarles sobre mis vivencias allá.

-¡Vaya, Jamie por fin decidió alocarse! Apuesto a que tú y ese tipo…Clayton –Gabriel hizo un tono diferente cuando mencionó a Clayton. Jamie supuso aún seguía celoso de que Clay fuera su amigo más cercano en Cambridge University, sintiéndose Gabriel olvidado –tuvieron muchas aventuras.

-Antes de que avancemos… -Jamie titubeo sobre si continuar o no -La noche en que volví, Rosie y yo fuimos a Times Square…ahí nos encontramos a este tipo, Christopher. ¿Hay algo que me haya perdido respecto a tu hermana Daniel?

Gabriel y Daniel se lanzaron una mirada de complicidad.

-Al parecer no te lo dijo. Bueno, tarde o temprano lo sabrás. Ellos...son novios –repuso secamente Daniel.

Jamie tardó unos segundos en asimilar eso. Cuando se dio cuenta que había entrado en un estado de pause se incorporó y con el tono más formal que pudo, dijo:

-Oh…muy bien. Qué bueno que esté con alguien ahora -tomó un sorbo a su taza de café.

La plática siguió, las historias fueron relatadas y los felices recuerdos salieron a flote. Los amigos disfrutaron de un desayuno de campeones esa mañana. Waffles bañados en miel de maple, con fresa y arándanos encima, huevos refritos con tocino, salchicha y papas fritas, avena con cereal, fruta diversa, tostadas untadas con mantequilla, pan recién horneado y zumo de naranja llenaban la mesa de los chicos. Los tres amigos devoraron todo.

Con el estómago distendido y aun sintiendo que la plática no debía terminar, continuaron:

-Deberíamos de hacerlo una tradición, como cuando íbamos a Julio’s a tomar malteadas después de clases allá en casa. –Propuso Gabriel.

-¡Sí! Una vez a la semana por lo menos. Ahora que tenemos el honor de que el doctor Jamie esté con nosotros en Nueva York.

-Qué puedo decir, viejo –dijo Jamie con una sonrisa hacia sus amigos –fue una promesa ¿no? Toda la pandilla reunida en Nueva York cuando creciéramos. Estamos aquí, viviendo el sueño de nuestras vidas.

-¡Por la pandilla! –Daniel levantó su taza de zumo e instó a un brindis. Las dos tazas de café chocaron contra la suya.

Gabriel se levantó al baño, dejando a sus amigos detrás. 

-De acuerdo, tenemos poco tiempo así que explícame: ¿Qué pasó exactamente con Gabriel? Está diferente, ¿es por Alex? Porque no lo ha mencionado desde que llegué a la ciudad.

-Si. Hace un mes Alex se fue, así sin más. Ninguna llamada, ninguna pista de su destino. Dejó una carta en el departamento de Gabriel diciéndole que no lo buscara y ya. Lo estuvo buscando durante las primeras semanas, sin resultados. Y como Alex nunca habló sobre su familia ni nada, fue aún más difícil la búsqueda. Gabriel se rindió. Se deprimió. Rosie y yo intentamos todo para animarlo pero nada servía. No sabíamos si decírtelo a ti, pues él nunca te lo menciono en tus llamadas. Empezó a faltar al trabajo, lo despidieron. Hasta la semana en que llegaste empezó a reponerse y a actuar tan jodidamente animoso. No me quejo, al menos ya no está tirado en su cama todo el día. Espero puedas ayudarlo.

-Lo haré, hablaré con él cuando lleguemos a casa. –Jamie veía con preocupación a su amigo Gabriel quien volvía del baño, tarareando una canción.

-Listo. ¿Continuamos? –dijo Gabriel, e hizo una seña a la mesera pidiéndole la cuenta. -Tenemos mucho por recorrer. Hay diez opciones muy buenas de departamentos ideales para vivir los tres juntos, como lo planeamos. Será mejor apresurarnos si queremos visitar todos hoy.