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viernes, 16 de septiembre de 2016

De todo corazón

Salió de la ducha con el cuerpo entumecido debido al frío de esa mañana. Se miró en el espejo y aun le sangraba el tajo que se había hecho en la mandíbula al afeitarse hace unos minutos. Aplicó presión con un trozo de papel higiénico y empezó a secarse con su toalla la cual, al terminar, se la puso alrededor de la cintura y con el torso descubierto Daniel atravesó el pasillo y se dirigió hacia su cuarto para vestirse. Había olvidado ponerse unas sandalias, por lo que la sensación de frío embargó su ser.

Cuando hubo terminado de vestirse, se percató de que, si no salía del departamento lo más rápido posible, llegaría tarde a la primera clase en su universidad.

Fue directo a la sala común donde, como todos los días de los últimos 3 meses, se encontró con la misma deprimente imagen de su amigo, en ropa interior, despeinado y con la barba crecida y desarreglada, postrado en el sofá viendo un partido de alguna nación que desconocía, con un tazón de papas fritas, o pretzels o lo que sea que quedase en la alacena aún.

- ¿Gabriel…sabes si necesito llevar más de un abrigo para salir esta mañana?

El silencio, algo últimamente frecuente en él, volvió a manifestarse.

-Gabriel… ¿qué…? –Daniel fue a donde su amigo y se le plantó enfrente. Gabriel lo miró irritado. –Te pregunté si…

-No. Con eso que llevas está bien. Luces muy bien. Ahora, ¿puedes moverte?

-Gabe…ya no puedes seguir así. Ayer contesté una llamada para ti, de la firma de arquitectos a la que solicitaste empleo hace unos meses. Ni siquiera fuiste a la entrevista, ¿verdad?

-No te importa lo que haga o deje de hacer. –Su actitud se volvía más arrogante con cada frase.

-Déjame decirte algo amigo. –Dan hizo un especial énfasis en ésta última palabra –Vivimos juntos. Tú, Jamie y yo. Y aunque él haya llegado a la ciudad hace un par de semanas y ha estado demasiado ocupado con sus guardias del internado en el hospital como para percatarse de tu problema, yo no. Yo te he visto así desde hace tres meses. Y al parecer mis palabras no son lo suficiente como para hacerte entrar en razón, pero sé que a tu mejor amigo sí lo escucharás. ¡Así que hoy, en la noche cuando Jamie regrese nos sentaremos los tres en esta sala y tendremos una charla seria sobre lo que está pasándote! –soltó un gran suspiro tras terminar. Sentía el corazón latirle aceleradamente.

- ¿Qué está pasándome, según tú? –Gabriel lo miraba desafiante.

- ¡Increíble! –Dan decidió dejar de discutir. Tomó su mochila y se dirigió a la salida del departamento.

Tenía que acabar con esto de una vez por todas. Su amigo Gabriel había entrado en una depresión mayor tras enterarse que su ex novio había muerto debido a un corazón insuficiente del cual recibía tratamiento desde su niñez, pero nunca le había contado ni una palabra a nadie de su enfermedad.

Dan no sabía si todo el asunto era por la muerte de Alex en sí, o porque el chico no había tenido la confianza de contárselo a Gabriel sino hasta que cuando su condición fue en declive, Alex decidió alejarse de la vida de Gabriel para que éste no lo viera en su estado convaleciente. No podía imaginarse el dolor de su amigo al enterarse no sólo que había muerto su ex novio, si no que nunca había sido sincero con él, y no haber tenido si quiera la oportunidad de apoyar a su novio en su enfermedad.

A pesar de ser amigos desde la preparatoria, Dan y Gabriel no habían establecido un vínculo especial como el de éste y Jamie, como para poder brindarle su ayuda y que Gabriel la aceptase. Hoy tenían que poner las cartas sobre la mesa y realizar una intervención para ayudar a su amigo.



El frío matutino de Manhattan era algo de lo que Dan disfrutaba desde que se mudaron a la gran ciudad hace un año. Las personas salían con sus abrigos rumbo a su trabajo o a la escuela, y conforme transcurría el día, a veces ameritaba desabrigarse y ponerse más frescos.

Ya era un poco tarde para Daniel, pero tenía la esperanza de que si se apuraba conseguiría llegar a tiempo para su clase de Pedagogía en la Universidad de Nueva York. Estaba a un año de graduarse, y no quería perder ninguna clase, pues las disfrutaba mucho.

Sabía que si tomaba el subterráneo, éste lo dejaría muy lejos de la escuela, por lo que decidió usar el poco dinero que le quedaba del mes en un taxi que lo llevase directamente a su destino. Pero, como era de esperarse, a ese punto de la mañana todos los taxis se encontraban ocupados.

Estar de pie en la avenida esperando le había dado más frío. Sentía helada la punta se nariz, y el tajo en su mandíbula le punzaba cada que el viento soplaba en dirección suya. Frotaba sus manos una con la otra para generar un poco de calor, y no quitaba la vista de la avenida en busca de un taxi vacío.

Entre tanto, una chica pelirroja con un abrigo enorme y cargada de varias maletas se puso frente suyo. Un taxi se acercó, y la chica gritó espantosamente para llamarlo, sin éxito alguno. Dan dio un salto del susto.

-No eres de por aquí, ¿cierto? –trató de iniciar conversación el chico.

La pelirroja volteó, confundida, preguntándose si era a ella a la que se dirigía. Al no haber nadie más al lado de ellos, supuso que se refería a ella.

Al principio no la había reconocido porque se veía muy diferente, pero Daniel se quedó boquiabierto al ver el rostro de la chica. Una compañera de preparatoria, un año mayor que él, de la generación de Jamie y los demás. Se veía muy diferente, porque había perdido un poco de peso, y aunque no era del todo delgada, a Dan le atrajo mucho su cuerpo. La chica lo reconoció al instante.

- ¿Daniel? –la chica se sonrojó al ver al atractivo joven, quien le sonreía animoso. –Sí, acabo de llegar ¿soy tan obvia?

-Bueno, las maletas son un fuerte indicio –Dan levantó una de las maletas de la chica, la cual se había caído. –Pero es tu manera de llamar el taxi la que te delata.

- ¿Hay una manera? –preguntó apenada la chica. Sabía que sus gritos eran algo perturbadores.

-Sólo te paras, extiendes el brazo con la mano abierta silbas una vez –Dan realizó el llamado a un taxi vacío que iba pasando. Se detuvo.

- ¿Hacia dónde vas?

-Midtown. Mi hermana y su esposo viven ahí. Me quedaré con ellos mientras consigo algún otro sitio.

- ¿Podemos compartir el taxi? Voy a la universidad, y queda de paso en tu camino. Podemos ponernos al día –Dan puso esa cara bonita que usaba con las chicas que acababa de conocer para invitarlas a salir.

- ¿Tengo alternativa? –dijo la chica, encogiéndose de hombros. –¡Vamos!

Daniel le ayudó subiendo sus maletas al portaequipaje.

El viaje fue corto para su plática. A pesar de no haber interactuado mucho en la preparatoria, parecía como si tuvieran muchas cosas que contarse, y eso alegraba a Dan. Él le contó que había llegado hace un año a la ciudad de Nueva York junto con su hermana Rosie y sus amigos, que estaba en su último año de universidad, preparándose para ser maestro y que trabajaba la mitad de la semana como asistente educativo en una pequeña escuela en Midtown. Ella, por otra parte, le contó a Dan que, tras graduarse de Berkeley, había trabajado en una editorial en California como traductora. Se encargaba de la traducción y edición de libros de autores latinos, alemanes y franceses al inglés, y que su trabajo allí le había creado contactos en el mundo editorial y fue así como consiguió la oportunidad de un nuevo empleo para esta importante empresa en Nueva York.

Para su mala suerte, el taxi había llegado a la parada de Daniel, frente a la universidad.

-Bueno, hasta aquí llego yo –sacó el dinero que le correspondía de su bolsa y se lo entregó a ella. Abrió la puerta del coche. –Espero que te vaya bien, amm…

Dan estaba muy apenado. Creyó que la plática durante el viaje le recordaría el nombre de la chica, pero ahora estaba despidiéndose de alguien de quien se suponía debería de saber su nombre, pero no lograba recordarlo. Ella lo miró esperando que un nombre saliera de su boca, pero nada salió.

-Lily Alpert. Es mi nombre –dijo ella, un poco decepcionada.

Dan dio un suspiro.

- ¡Soy un torpe! Perdóname. De todo corazón.

No sabía cómo despedirse después de eso, así que se acercó a ella rodeándole un brazo sobre sus hombros y le dio un beso en la mejilla. Esperaba que esa muestra de cariño la hubiera hecho sentir un poco menos mal por no haberse acordado de su nombre.

-Me dio mucho gusto encontrarte, Lily. Cuídate mucho. –Salió del taxi torpemente. –Y bienvenida a Nueva York.

Cerró la puerta.



Música del blog:
Spacin out - The Mowgli's 



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domingo, 10 de enero de 2016

Grand Central Terminal

El gran reloj dispuesto en medio del salón principal de Grand Central Terminal marcaba las 7:00 pm. Jamie había llegado del andén #23 de la zona este, donde hacía su parada el vagón que venía de Brooklyn, donde estaba su nuevo departamento, que en realidad era de Gabriel, pero su amigo le ofreció quedarse con él mientras se instalaba tras su recién llegada.

Sabía que Grand Central era la estación más concurrida, y por tanto más grande en Nueva York, pero nunca se la imaginó de la manera en que estaba viéndola en ese momento. Un gran número de personas corrían de aquí para allá, comprando los boletos para abordar, buscando los andenes de donde partiría el vagón que los llevara a sus destinos, o tratando de localizar a sus amigos y familiares con quienes habían acordado encontrarse allí.

Pensando en una forma fácil de que su amiga Rosie lo encontrara cuando ésta llegase, tomó asiento en una de las bancas bajo el gran reloj central, justo al lado de una señora con ropas muy elegantes quien cargaba con dos maletas enormes. A su izquierda, un hombre de edad avanzada leía un ejemplar del New York Times, donde ponía en la primera plana el anuncio del evento que se llevaría a cabo esa noche en Times Square, mismo al que se dirigía Jamie. Así que, desde su lugar, un asombrado Jamie Harper comenzó a recorrer con sus ojos detenidamente todo el edificio.

Construido en 1903, el Grand Central Terminal era un edificio de estilo arquitectónico Beaux Arts, que como tal, constaba de una jerarquía de espacios valiéndose de la simetría, desde espacios nobles con grandes entradas y escalinatas, como lo era el Salón Principal; hasta otros más pequeños y utilitarios. La iluminación era basta en aquel recinto, y con motivo de la fecha del día de hoy 4 de julio, banderas del país decoraban el lugar. Jamie advirtió que la señora a su lado le veía en su rostro el total asombro que estaba experimentando, así que con un movimiento de cabeza de asentimiento el chico la saludó.

-¿Es tu primera vez en Grand Central verdad chico? –soltó la elegante mujer.

-De hecho, es mi primera noche en Nueva York señora –confesó, apenado.

-Lo supuse. ¡Y vaya que llegaste en un buen día! ¿Irás a la celebración del 4 de julio en Times Square?

-¡Sí! –respondió con emoción el muchacho. –De hecho estoy esperando a una amiga, ella es la que conoce aquí, y nos reuniremos con más amigos allá.

Entretanto, una chica con un cabello cobrizo que le llegaba hasta los hombros iba bajando del vagón en el andén #6. A paso rápido y esquivando a los demás pasajeros, se dirigía hacia el salón principal donde había quedado con su amigo. Se le había hecho un poco tarde, pues estaba indecisa de qué vestir para la noche de hoy. <<Una simplemente no toma a la ligera estas situaciones>>. Hacía un año que no veía a su amigo quien también era su ex novio, y quería hacerle ver al chico que un año fue suficiente para seguir adelante, tras lo sucedido.

Cuando se enteró de que Jamie regresaba a América, Rosie se sintió incómoda, pues tendría que hacer frente al chico que se fue por un año al otro lado del mundo sin decir una sola palabra de aviso, de despedida ni de nada. Ella avanzó. Siguió su camino así como Jamie había decidido seguir el suyo. Aun así, no pudo evitar alegrarse un poquito al tener a su amigo de vuelta.

Vio a su amigo sentado bajo el gran reloj. Le veía hablar con una señora sentada a su lado. Cualquier sentimiento negativo que le evocaba el regreso del chico se vio esfumado cuando Rosie observó esa escena. Jamie siempre había sido muy amable con todo mundo, era de esos chicos que entablaba fácilmente conversación con una persona desconocida y sobretodo, por alguna razón, era del agrado de las personas mayores (no mucho de los jóvenes). Por algo los padres de Rosie se habían puesto muy felices cuando hace años la chica les dio la noticia de que ella y Jamie eran pareja. Su mejor amigo. <<Tiempos de preparatoria>>.

Al percatarse de su presencia a unos metros, Jamie se levantó de su asiento para saludarla. El chico, alto y delgado y con el mismo cabello quebrado color marrón como Rosie lo recordaba, extendió los brazos para abrazarla.

La chica correspondió el abrazo, el cual ahora fue mucho más sincero que el de esta mañana en el aeropuerto. La señora elegante los veía con una sonrisita pícara.

-Te ves… ¡fantástica! –exclamó el chico.

Rosie llevaba puesto un vestido oscuro con detalles púrpuras, que hacía sobresaltar su cabello color cobrizo. Su nuevo corte la hacía lucir ya no como la tierna chica que recordaba Jamie, sino como la joven mujer empresaria en que se había convertido.

-¡Gracias! –fue lo primero que se le ocurrió responder a la chica.

-Madame, ella es mi amiga Rosie de la que le estaba hablando –dijo con un tono impetuoso, como si de una gran estrella se tratase.

-¡Qué gusto! –la señora tenía esa sonrisa pícara al verlos a los dos juntos. –Será  mejor que vayan camino a Times Square de una vez, si es que quieren alcanzar un lugar cercano al escenario para ver a esos… Miedo en la disco que mencionaste.

-¡Panic at the disco! Sí, está bien. Un gusto conocerla. –Jamie le estrechó la mano.

Mientras se encaminaban hacia la salida del edificio, esquivando un montón de gente, los dos amigos continuaban con la conversación:

-Creí que seguiríamos en el subterráneo hasta llegar a una estación más cerca a Times Square –le dijo el chico, un tanto pensativo a su amiga.

-Pero entonces te perderías la oportunidad de recorrer las calles principales de Manhattan. ¡Es Nueva York, Jamie! Tienes que conocerlo, al fin -dijo la chica de una manera cómica, cómo si fuera lo más obvio del mundo.

Se echó a reír el muchacho. Le gustaba cuando se ponía en plan gracioso su amiga.

-Cierto, tienes razón. Sabes… creí que no vendría aquí jamás. Pero ustedes llegaron aquí hace un año, y aceptaron mi solicitud de internado en el Hospital General de Manhattan. Así que, todo se puso en orden para venir aquí con ustedes como…

-Como lo prometimos en preparatoria. Es curioso, creí que jamás vendría aquí tampoco.

Atravesaron la puerta principal de Grand Central, que salía a la Calle 42. Una gran fila de taxis amarillos esperaban fuera del edificio de los cuales venían bajando apresuradas personas cargando un enorme equipaje. Siguieron el camino de la acera hacia la intersección con la Avenida Park, donde doblaron y siguieron su camino hacia el norte.


Para leer la continuación de esta historia, da click en el link: 



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Hasta pronto en Cambridge, Desayuno entre amigos

domingo, 13 de diciembre de 2015

54 Realidades del semestre de Cirugía

¿De qué me di cuenta?


Decidí escribir esta entrada para expresar mi experiencia en este semestre, el primero como MIP en el Hospital, pues tras haber iniciado esta tan esperada etapa (al menos por mí) tengo más de una cosa por contar. Queda claro que salvo esta entrada, el resto de mi Blog sigue tratando sobre la vida ficticia de Jamie Harper y sus amigos, pero aquella es otra historia.

Los últimos 4 meses y medio pasé más tiempo en el Hospital que en la escuela y sobre todo, más tiempo que en casa con mi familia. Pero se sintió bien, es decir, por algo he tratado de formar una segunda familia en la facultad, porque sé que habrá momentos en que necesite de alguien ajeno a mi núcleo parental.

 Como dije, este semestre fue de comenzar un nuevo nivel, porque ya no se trató del Inicio, de echar Raíces o de atravesar la Tempestad (así titulé a mi 1º, 2º y 3º año en la facultad, respectivamente), sino que se trató del Cambio que de la mano llevaba a la Felicidad (aun trato de averiguar cuál es el título adecuado para 4º año).

Así que… ¿De qué me di cuenta?

1.       Me di cuenta que no se sintió para nada el haber estado “de vacaciones”. Tras unas semanas de descanso en verano, el primer día de clases pareció como el día después del examen final de pato. Nada de tiempo para extrañar a amigos.


2.       Que existe un Montoya-Team (aunque en ese momento no sabía de la existencia del nombre. ¡Gracias Antonio!).


3.       Que el bloque de Cirugía significa venir en pitufo el segundo día de clases. ¡TIENES GUARDIA!

4.       Por lo mismo, tu primer día de clases se resume en ir por todo Aguirre Pequeño en busca de pitufos con tus amigos.

5.       “And may the odds be in your favor” no aplica para unir a Martínez y Montoya en las guardias…


6.       Pero no importa, pues uno le entregaba guardia al otro.

7.       Es mucho menos aterrador el ir a La jungla (Cirugía AB) con una de tus mejores amigas en tu equipo de guardias.


8.       Que siempre recordarás tu primer guardia como MIP.

                                          Rotación A1. Equipo A

9.       Que no importa si no sabes absolutamente nada de las locaciones dentro del hospital, o el proceso para solicitar una TAC o un electro: el residente quiere que todo se haga YA YA YA YA YA YA YA YA YA, porque ¡¡URGE!!
¡¡URGE!!
¡CONFIRMEN!
YA
YA
YA
YA
YA
YA.


10.   Aprendí a adivinar qué significaba el ir a “Trans”, “Posqui”, “TQP”, “Prequi", "Resu", "Ambu" y demás abreviaturas no encontradas en la RAE.



11.   Que tal vez en un futuro, tras más de 40 horas seguidas de guardia, tampoco sea capaz de conjugar verbos en whatsapp.

12.   Que es una gran idea compartir locker con tu mejor amigo.

13.   Que siempre hay alguien en el equipo quien en los primeros 30 minutos de la primera guardia, se presenta con todos, pregunta nuestros nombres y cómo nos gusta que nos digan y nos agrega a Facebook y a Whatsapp (Sí, ese fue Germán).

14.   También está aquel que por más difícil o incómoda sea la situación con el paciente, rompe el hielo platicando de cosas cotidianas (¡María Elena!).

15.   Incluso aquél al que siempre los residentes le piden haga lo más raro, difícil o molesto. Ese desafortunadamente, fui yo.



16.   Que es cierto. Si no puedes curar, alivia. Y si no puedes, consuela. Porque lamentablemente a veces eso es lo único que tenemos para darle a algunos pacientes.

17.   Que la curación más difícil no es aquella que requiere más tiempo, o de más personas para hacerla, sino aquella en la que el paciente está en condiciones muy delicadas y sufre cada vez que se realiza.

18.   Pero ¡ey! No todo es triste. Estos pacientes son los que más se acuerdan de ti, por haber estado con ellos haciéndole la curación por más difícil que fuera.

19.   Que a las 3:00 am se dan las charlas más filosofales con los 3 equipos reunidos en la estación de enfermería de Cirugía AB.


20.   ¡6:00am! El momento más estresante de la guardia. PASE DE VISITA.



21.   Que da una alegría indescriptible el encontrarte por las escaleras, en los elevadores o los pasillos con tus amigos que están rotando en otros departamentos . Pero solo es un saludo rápido, pues ambos tienen pendientes por hacer.



22.   Que el pasar 12x24 horas de guardia en un mes, son suficientes para conocer a tu equipo. Conocer su forma de trabajar, de ver a los pacientes, lo que les gusta comer, cómo comen, cuánto comen, si siempre tienen “clases”, si son de sueño pesado, si roncan mientras duermen, si tienen una obsesión con el orden o si les gustan las fotos. Como dije, suficiente tiempo.




23.   Que el día después de tu guardia de noche o de 24 horas, ¡NO EXISTE!

24.   Mentira. Siempre tienes clases en tu  descanso.



25.   Que al estar post-guardia cosas como si estás despeinado/a, traes ojeras, hueles a hospital, o tienes hambre, se vuelven superflúas. ¡SOLO QUIERES DORMIR!


26. Así que intenta mantenerte despierto en clases cuando estés post-guardia. ¡Tú puedes!


       .....o no.

27.   Y estando post-guardia tus amigos tienen de a dos: o estás tan drogado de felicidad, o tienes un humor nulo. Nada personal ¡Suerte!



28.   Que aunque no soy foráneo, este es el semestre que más extrañé a mis papás.

29.   Que a veces tomar una decisión arriesgada es lo que mejor pudiste hacer. Porque siempre que se cumple una meta, tienes que ir por la siguiente y no quedarte siempre haciendo lo mismo.

Mis primeros alumnos

30.   A pesar de que he insistido en que ya no formo parte, para mis compañeros de generación siempre “DIME es sinónimo de Montoya, ¿qué rollo?”


31.   Que si el mundo conspira contra ti, basta con que te vean insistir en ir por lo que quieres para que decidan darte una oportunidad.

32.   Que cuando algo se va, siempre llega algo nuevo.

                                           Primer día en Departamento de Microbiología

33.   Que este fue el cumpleaños que más he disfrutado. Pero ya hice otro post (en Facebook) parecido a este, dedicado exclusivamente a ese día.


34.   Que el único beneficio de ser A1 es haber iniciado con las guardias pesadas, antes de iniciar con cualquier examen. Pero repito, el ÚNICO beneficio. ¡El ÚNICO!



35.   Que eres capaz de convertirte en un Robin Hood en busca de material para las curaciones de tus pacientes.

36.   Que no importa si tu doctor de Sala te tupe de preguntas al presentar la historia clínica. Si es buena persona, el paciente siempre te ayudará frente al doctor.

37.   Que SIEMPRE se sienten bien los abrazos post guardia.


38.   Que se siente bonito ver a tus pacientes de rotaciones anteriores y que digan “Cómo no me voy a acordar de ti, si eres el que estuvo conmigo todo el tiempo”.


39.   Que bastó llegar al cuarto con una sonrisa y saludando efusivamente al paciente para que éste cambiara su semblante y se incorporara, devolviendo la sonrisa y respondiendo “estoy muy bien doctor”.

40.   Que SIEMPRE debes usar tus lentes protectores.



41.   Y definitivamente, siempre debes decir cuando te pinchas suturando a un paciente. “De algo me voy a morir” es la excusa más estúpida.

42.   Que en corto tiempo ya te sabrás el menú de la cafetería y por lo tanto, la hora en que ponen lo más rico para comer.


43.   Que cuando tienes guardia pre-examen, la cafetería es la mejor sala de estudio grupal que existe.



44.   Que no importa lo cansado que estés. La vista desde Aulas Nuevas-Nuevas por las mañanas es maravillosa.


45.   Que al terminar la clase de las 7:00am, el recorrido al locker o al hospital puede convertirse en la charla más agradable que tengas con tu mejor amigo.



46.   Por esto mismo, me gustó dejar de ser cyberamigos en este semestre. Éramos amigos en persona. “Charlas post-cirugía”.

47.   Que era un ritual el compartir un café. Sobre todo con mi adicta a la cafeína favorita (¡Marinela!)

.

48.   Que si no manchaste tu pitufo de yeso, no llevaste Trauma. Y si no se te manchó, el residente te salpicará “para que se vea que trabajaste”.

49.   El equivalente a esto en Plástica, es la gloriosa mancha amarilla del furacin en las mangas de tu bata.
      También puede ser sangre...



50.   Que tienes que ir al asta bandera en la azotea del hospital en tus guardias de este semestre.


51.   ¿Había algo llamado Bagre-cueva?



52.   Que por más lejano que parezca el día del final de tus guardias al inicio del semestre, el tiempo se llega rápido.


53.   Que tengo un nuevo sentido de pertenencia.
Posada del Departamento de Microbiología

54.   Que no importa el cansancio, la vigilia, los regaños, las peleas de equipo o el estrés, porque al final, disfrutarás haber pasado por todo esto.


   ¡Infinitas gracias, Semestre de Cirugía!


Por cierto, ya me decidí. Este 4º año se titula Cambio, pero este semestre de Cirugía indiscutiblemente se titula Felicidad.



domingo, 15 de noviembre de 2015

Hasta pronto en Cambridge

Mientras iba en el avión de regreso a América, releía la carta que su amigo Clay le había escrito como despedida. No, no como despedida sino más bien como un agradecimiento. Un recordatorio de los momentos que pasaron juntos en la escuela de medicina. Clay siempre había tenido esa particularidad de escribir lo que pensaba, por más inusual, sincero o incómodo que fuera, era de esas personas que mediante las palabras escritas encontraban su manera tan única de expresarse.

 Lo curioso era que la carta fungía como un adicional, pues la noche anterior habían tenido su gran hasta pronto en el mismo bar al que acudieron la primera noche que arribaron a Inglaterra, y al cual acudían con sus compañeros de Cambridge ocasionalmente después de los exámenes.

-Admito que cuando llegué a nuestro dormitorio en Stanford y empezaste a hablar y hablar tan rápido dándome la bienvenida, buen yo, me asusté un poco. –dijo Jamie, quien tomo un trago de vodka de su vaso. Hizo un gesto que a Clay le causó gracia. El vodka había raspado la garganta de Jamie. –y ahora, a seis años después de habernos conocido, sigues asustándome de vez en cuando.

Clayton río con el comentario. Sirvió más de la botella a su vaso y bebió. También se le dificultó el deglutir la irritante bebida.

-¿Sabes? Ayer después de la ceremonia de entrega, cuando fui por otra copa de vino… Lucille me abordó.

-¿Qué te dijo?

-Ya sabes, todo ese rollo de despedida, de lo afortunada que había sido de habernos conocido, de lo que hará de aquí en adelante. No sé, la notaba diferente. Pienso que estas situaciones en que termina una etapa importante y comienza una nueva, pone a las personas a reflexionar. Eso hice al llegar a mi dormitorio después del evento.

-¿De qué te diste cuenta? –Jamie dejó su vaso por un tiempo. Se empezaba a sentir mareado.
-De que eres el primer amigo que tengo.

Jamie Harper tuvo una sensación que no pudo describir al escuchar eso. Se limitó a seguir escuchando a su amigo.

-El día en que nos conocimos nunca imaginé que pasaríamos todo lo que hemos pasado. Conoces personas a lo largo de tu vida, personas que mucho o poco, para bien o para mal influyen en tu vida. Tú decides si las dejas entrar, o sólo las dejas acompañarte durante un corto viaje. Tú me dejaste entrar Harper. Aquél primer año en Stanford, cuando supiste que pasaría navidad sin mis padres otro año más, me llevaste a tu casa con tus padres.

-No podía dejar que estuvieras solo esa fecha tan importante Clay. Nadie debería. –le dijo Jamie, con la mirada fija a sus ojos.

-Y cuando reprobé mi primer examen (eso sigue sonando igual de tonto como aquella vez), me compraste un paquete enorme de las golosinas de limón que tanto me gustan. Sabías que las palabras no iban a funcionar para hacerme sentir mejor, así que pensaste en algo más eficaz. –Clayton bebió una vez más de su vaso. Esta vez ya no sintió arder su garganta. –Y cuando tuve aquel crush con mi compañera de clase, hiciste hasta lo imposible para ayudarme a conseguir esa cita.

-Sigo pensando que hubieras usado la táctica que te dije, habrías conseguido salir con ella.

-Y después llegamos aquí, Inglaterra. Cambridge  jamás hubiera sido lo mismo si hubiera venido sin ti. Me dio gusto que a última hora decidieras tomar la oportunidad. Este año aquí ha sido sobre una sola cosa.

-¿Cuál?

-Tomar oportunidades.

-Siempre debe de ser así Clay, también me di cuenta de eso.

-Este año ha sido de tomar oportunidades. Y yo…emm. Yo no voy a tomar ese avión contigo mañana Jamie. No volveré a América.

Le costaba trabajo a Jamie asimilar lo que acababa de escuchar.

-Decidí lo que quiero hacer. Quiero ser genetista. El doctor Brown aceptó mi solicitud de internado en su clínica. En cuanto acabe, haré mi residencia en genética con él. –Clay soltó un gran respiro después de haber contado esto. Aun le parecía difícil de creer. Se sentía nervioso con su decisión. Pero era el tipo de nervios que te dan el coraje necesario para afrontar lo desconocido.

-En verdad quiero darte un golpe directo en la cara ahora mismo. Pensé que haríamos el internado juntos en el mismo hospital. ¡Así lo planeamos!

Jamie se levantó de un brinco de su silla. Clayton creía que sólo lo decía bromeando. Cerró los ojos y esperó el golpe de su amigo. En lugar de eso, recibió un abrazo de su amigo.

-Estoy orgulloso de ti, amigo. –hizo un especial énfasis en esa última palabra. Jamie también estaba muy agradecido con Clay. Le había apoyado en momentos difíciles de una manera en que ni Gabriel hubiese podido.  –Me alegra que estés tomando estas decisiones, en verdad me alegra. Y no te preocupes. No estaremos en el mismo hospital, pero desde ya eres el primer colega al que le pediría una interconsulta de genética. ¡Somos médicos ya!

Ambos soltaron una carcajada al escuchar esa frase. Una broma interna entre ellos. Jamie llenó los vasos de ambos, tomo el suyo y lo alzó al aire.

-¡Por lo que viene!

-¡Por lo que viene! –asintió Clayton.


Música del blog:
All alright - Fun