Mantenía fija la mirada al camino en la carretera. Había
tenido una leve conversación durante todo el camino con su hermano quien era el
que manejaba el auto, pero no más. En su cabeza seguía reproduciéndose una y
otra vez esa discusión que tuvo con su novio Jamie hace unos días.
-¿Entonces, así sin más cambiaste de opinión? No lo
entiendo, teníamos un plan –dijo la chica, confundida.
-Tenías un plan.
Escucha Rosie, quiero tanto como tú que sigamos viéndonos diario pero no siento
que esto encaje conmigo, no siento que deba ir a Yale como ustedes. Stanford
me quiere ahí, tienen este excelente programa en Medicina y la oportunidad de
irme a Europa en algún punto de la carrera…
-Si tanto querías ir a
Stanford entonces ¿por qué no lo dijiste antes? ¿Por qué hacerme ilusiones de
que estaríamos en la universidad juntos, por qué permitirme planear todo este
absurdo…? –Dio un gran suspiro –¿Por qué esconderme lo que en verdad querías?
Sabía que las cosas estaban bien entre su novio y ella.
Habían arreglado sus diferencias y cada uno dejó su hogar y partió a la universidad.
Rosie a Yale en New Haven, y Jamie a Standford en California. Aunque había
tenido algunos días para asimilar el hecho que pasaría los próximos cuatro años a
una enorme distancia de él, de su familia y de casa. Pareciera como si de pronto
en el auto se hubiera enterado de todo esto. Estaba aterrada.
-Rosie…¡Oye, Rosie! –Daniel se percató del silencio de
su hermana.
-¿Si? –se incorporó.
-¿Sabes? Creo que los echaré de menos a todos ustedes en la
preparatoria. Quiero decir, aún estará Jessica, pero no será lo mismo sin
ustedes. Creo que debí de haber hecho más amigos de mi curso en vez de pasar
todo el tiempo con ustedes los mayores. En fin, tengo este último año para
hacerlo. –Su hermana esbozó una diminuta sonrisa. El chico sabía que ella no la estaba
pasando bien. –Así como tú, estoy seguro que es emocionante llegar a un nuevo
lugar a vivir. Nuevas personas, nuevas experiencias. Sé que parece algo aterrador
al principio, por lo menos para mí lo sería, pero estoy seguro te encantará. No
te preocupes.
Los kilómetros pasaron, y pese a las palabras de ánimo de su
hermano, Rosie sentía un hueco en el estómago conforme se acercaban al campus.
Veían cada vez más y más autos hasta que por fin llegaron.
El edificio principal era tan majestuosamente grande que Rosie se sintió
empequeñecida frente a éste. Bajó del auto a ayudar a Daniel con el equipaje de
la cajuela. No entendía cómo todos los demás estudiantes que iban llegando como ella se veían tan felices. Ella no lo estaba. No sin Jamie, no sin sus
padres, no sola.
-Esta es la última –el chico le entregó una pequeña bolsa a
su hermana. –¿En serio no quieres que te ayude con ellas hasta tu dormitorio? –preguntó,
con entusiasmo. Al parecer Daniel lo que quería era ver a las chicas
universitarias.
-Creo que a me corresponde ir sola de aquí en adelante. –Viró
hacia el edificio y lo contempló,seria. –Se ve algo…aterrador. Lo nuevo, lo
desconocido. Se supone que así sea, ¿no?
-Una persona me dijo una vez, Si tus sueños no te aterran, no son lo suficientemente grandes.
Y entonces lo entendió. Rosie había sido la hermana mayor
que empujaba a su hermano Daniel por el camino que decidiese tomar éste,
aconsejándolo. Pero era ahora su hermanito quien se encargaba de este rol con
ella. Se dio cuenta que es normal sentir miedo, se dio cuenta también que, no
necesitaba de nadie más que de ella misma para pasar por esto, pues era una
nueva etapa en su vida y tenía que vivirla, recibiendo lo que sea que viniése de aquí en adelante.
Rosie se acercó a su hermano y lo abrazó fuertemente.
-Avísame cuando llegues a casa Dan. Trata de no sacarle canas
vedes a nuestros padres ¡eh!
El chico se alegró por el cambio de actitud de su hermana,
su trabajo estaba hecho.
-Por cierto Rosie... sé que no eres gran fan de la tecnología y que
por eso prefieres escribir en papel que en tu computadora, pero te creé una cuenta
en ese sitio de videollamadas en internet. Puedes llamarme cuando lo necesites.
El teléfono sirve, pero estoy seguro que tal vez ver mi atractivo rostro sea
mucho mejor.
Rosie se dio la vuelta y trató de dar el primer paso pero no
pudo, pues su hermano la retuvo con un abrazo por la espalda. El brazo de él
rodeaba su pecho, su mano le sostenía el hombro derecho de ella. La cabeza del
chico, apoyada en el hombro izquierdo de Rosie.
Acto seguido, Daniel la soltó y ella avanzó. No era una
despedida, al final del semestre ella volvería a casa para vacaciones. Era un
hasta entonces.
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El clima mediterráneo de Palo Alto, California le agradaba
mucho a Jamie. En esa época del año era cálido y seco. A Jamie la pareció una
ciudad muy pintoresca desde que arribó en el avión. Ahora iba en un taxi hacia
Stanford y la vista por la ventana del coche era muy acogedora. Las montañas
eran visibles y los numerosos robles característicos de la ciudad (el logo de
Stanford tení un roble sobre sí) le hacían sentir que oxigenaban su sangre
directamente, como si de un nuevo Jamie renaciendo se tratara.
Había tomado la decisión correcta. Estaría literalmente al
otro extremo del país de donde estarían su novia y su mejor amigo Gabriel, pero
eso no le preocupaba en absoluto. Por alguna razón, sintió que esta nueva etapa
tenía que pasarla solo, y descubrirse a sí mismo. La Escuela de Medicina lo
esperaba, y él la esperaba a él.
Cuando hubo llegado al campus, el coche recorrió el camino
adornado con enormes palmeras al costado. El camino terminaba frente un jardín
donde a lo lejos veía el edificio principal. Bajó del taxi con su equipaje y
caminó hacia el edificio atravesando el enorme jardín verde. Pasó por la
rotonda que se encontraba a mitad del jardín, la cual ponía una S hecha con flores en el centro. Se
entusiasmaba viendo a los demás jóvenes llegando por primera vez al campus como
él, a los que regresaban reencontrándose con sus amigos y a las animadoras
haciendo lo que parecía una rutina de exhibición dándoles la bienvenida a todos
al ritmo de esa pegajosa canción de Britney Spears.
Al llegar frente al edificio, se detuvo en seco y lo
contempló de esquina a esquina. Inspiró una gran cantidad de aire y la dejó
salir levemente por su boca. Hizo un movimiento de asentimiento con su cabeza y
se dispuso a cruzar la puerta.
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Gabriel había tenido que llegar un par de días antes a Yale
para discutir algunos puntos sobre su beca en la universidad. Acordó con el
encargado que jugaría futbol esta temporada y el resto del dinero que
necesitaba para cubrir el otro porcentaje de la matrícula lo costearía con el
dinero que venía ahorrando de su empleo en el centro comercial de su pueblo.
Se sentía tan nuevo, sentía que podía empezar una nueva vida
y formar un nuevo camino después del año tan difícil que tuvo: conoció a este grandioso chico que el dio la confianza y el coraje de aceptar su
homosexualidad, aceptarse a sí mismo y confesárselo a sus amigos. Había
agradecido mucho el conocer a Desmond, y la reacción de sus amigos.
Lo que no agradecía era lo que había pasado con sus padres. Intenta olvidarlo, se decía a sí mismo.
Así que aquí estaba, en una nueva ciudad empezando de cero.
Decidió jamás volver a su pueblo, pues no había nadie allá a quien deseaba
volver a ver. En cambio, tenía todo por delante. En cuanto se graduara en unos
años, se iría a Nueva York como lo prometió junto con Jamie, Rosie y Daniel.
El reloj marcó las 12:00 pm. Se preguntó si su amiga Rosie
habría llegado ya al campus. Empezó a marcar su teléfono para invitarla a comer
en la cafetería e ir juntos a recorrer el plantel.
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