Mientras iba en el avión de regreso a América, releía la
carta que su amigo Clay le había escrito como despedida. No, no como despedida
sino más bien como un agradecimiento. Un recordatorio de los momentos que
pasaron juntos en la escuela de medicina. Clay siempre había tenido esa
particularidad de escribir lo que pensaba, por más inusual, sincero o incómodo
que fuera, era de esas personas que mediante las palabras escritas encontraban
su manera tan única de expresarse.
Lo curioso era que la
carta fungía como un adicional, pues la noche anterior habían tenido su gran hasta pronto en el mismo bar al que
acudieron la primera noche que arribaron a Inglaterra, y al cual acudían con sus compañeros de Cambridge ocasionalmente después de los exámenes.
-Admito que cuando llegué a nuestro dormitorio en Stanford y
empezaste a hablar y hablar tan rápido dándome la bienvenida, buen yo, me
asusté un poco. –dijo Jamie, quien tomo un trago de vodka de su vaso. Hizo un
gesto que a Clay le causó gracia. El vodka había raspado la garganta de Jamie.
–y ahora, a seis años después de habernos conocido, sigues asustándome de vez
en cuando.
Clayton río con el comentario. Sirvió más de la botella a su
vaso y bebió. También se le dificultó el deglutir la irritante bebida.
-¿Sabes? Ayer después de la ceremonia de entrega, cuando fui
por otra copa de vino… Lucille me abordó.
-¿Qué te dijo?
-Ya sabes, todo ese rollo de despedida, de lo afortunada que
había sido de habernos conocido, de lo que hará de aquí en adelante. No sé, la
notaba diferente. Pienso que estas situaciones en que termina una etapa
importante y comienza una nueva, pone a las personas a reflexionar. Eso hice al
llegar a mi dormitorio después del evento.
-¿De qué te diste cuenta? –Jamie dejó su vaso por un tiempo.
Se empezaba a sentir mareado.
-De que eres el primer amigo que tengo.
Jamie Harper tuvo una sensación que no pudo describir al
escuchar eso. Se limitó a seguir escuchando a su amigo.
-El día en que nos conocimos nunca imaginé que pasaríamos
todo lo que hemos pasado. Conoces personas a lo largo de tu vida, personas que
mucho o poco, para bien o para mal influyen en tu vida. Tú decides si las dejas
entrar, o sólo las dejas acompañarte durante un corto viaje. Tú me dejaste
entrar Harper. Aquél primer año en Stanford, cuando supiste que pasaría navidad
sin mis padres otro año más, me llevaste a tu casa con tus padres.
-No podía dejar que estuvieras solo esa fecha tan importante
Clay. Nadie debería. –le dijo Jamie, con la mirada fija a sus ojos.
-Y cuando reprobé mi primer examen (eso sigue sonando igual
de tonto como aquella vez), me compraste un paquete enorme de las golosinas de
limón que tanto me gustan. Sabías que las palabras no iban a funcionar para
hacerme sentir mejor, así que pensaste en algo más eficaz. –Clayton bebió una
vez más de su vaso. Esta vez ya no sintió arder su garganta. –Y cuando tuve
aquel crush con mi compañera de clase, hiciste hasta lo imposible para ayudarme
a conseguir esa cita.
-Sigo pensando que hubieras usado la táctica que te dije, habrías
conseguido salir con ella.
-Y después llegamos aquí, Inglaterra. Cambridge jamás hubiera sido lo
mismo si hubiera venido sin ti. Me dio gusto que a última hora decidieras tomar
la oportunidad. Este año aquí ha sido sobre una sola cosa.
-¿Cuál?
-Tomar oportunidades.
-Siempre debe de ser así Clay, también me di cuenta de eso.
-Este año ha sido de tomar oportunidades. Y yo…emm. Yo no voy
a tomar ese avión contigo mañana Jamie. No volveré a América.
Le costaba trabajo a Jamie asimilar lo que acababa de
escuchar.
-Decidí lo que quiero hacer. Quiero ser genetista. El doctor
Brown aceptó mi solicitud de internado en su clínica. En cuanto acabe, haré mi
residencia en genética con él. –Clay soltó un gran respiro después de haber
contado esto. Aun le parecía difícil de creer. Se sentía nervioso con su
decisión. Pero era el tipo de nervios que te dan el coraje necesario para
afrontar lo desconocido.
-En verdad quiero darte un golpe directo en la cara ahora
mismo. Pensé que haríamos el internado juntos en el mismo hospital. ¡Así lo
planeamos!
Jamie se levantó de un brinco de su silla. Clayton creía que
sólo lo decía bromeando. Cerró los ojos y esperó el golpe de su amigo. En lugar
de eso, recibió un abrazo de su amigo.
-Estoy orgulloso de ti, amigo. –hizo un especial énfasis en
esa última palabra. Jamie también estaba muy agradecido con Clay. Le había apoyado en momentos difíciles de una manera en que ni Gabriel hubiese podido. –Me alegra que estés tomando estas decisiones, en verdad me
alegra. Y no te preocupes. No estaremos en el mismo hospital, pero desde ya
eres el primer colega al que le pediría una interconsulta de genética. ¡Somos
médicos ya!
Ambos soltaron una carcajada al escuchar esa frase. Una
broma interna entre ellos. Jamie llenó los vasos de ambos, tomo el suyo y lo
alzó al aire.
-¡Por lo que viene!
-¡Por lo que viene! –asintió Clayton.
Música del blog:
All alright - Fun
Música del blog:
All alright - Fun
No hay comentarios:
Publicar un comentario