Sentía transpirar bajo su camisa
verde, aquella que hacía juego con sus ojos. Trató de llevarla con calma
durante todo el día, pero hace unos minutos empezó a ponerse nervioso respecto
a lo que se venía en unas horas.
Su amiga Rosie estaba con él en
su habitación, la 17-A del edificio Lawrence, ayudándole a afrontar la
situación.
-He hecho esto antes, es decir,
he tenido citas…con chicas. Solía recurrir a Jamie para estas cosas (no es muy
bueno en el tema, pero al menos lo intentaba) pero ahora que… <<que descubrí que en verdad me gustan los chicos>> bueno, ya sabes.
-No te agobies, aquí me tienes.
Entonces ¿dices que este es el mismo chico de la fiesta de bienvenida? Alex.
Pensé que lo estabas ignorando desde entones.
-¡Así fue! Sabes que no quiero
pasar por todo el drama del año pasado otra vez…
-Aquella situación era totalmente
diferente Gabriel –le dijo mientras le acomodaba el cuello de la camisa.
-Está bien, está bien. Aun así,
lo evité lo más que pude estas últimas semanas, pero coincidimos en el mismo
piso durante clase y en veces insistentemente me abordaba.
-Pues si yo fuera tú (y si no
tuviese novio, claro), hubiera aceptado salir con él a la primera, ¡¿Qué no lo
has visto?!
Gabriel trató de borrar de su
mente el gesto que había hecho su amiga.
-De hecho puedes. Es bisexual –se
aplicó gomina en el cabello –y tiene una gran reputación en el campus… si sabes
a lo que me refiero. ¿La barba está bien?
-Te ves mejor sin ella, a mi
parecer –percibió la mirada asesina de su amigo. Debió decirle eso antes de que
se cambiara.
-Bien bien, todo está bien
–suspiró –solo es una cita, como muchas que he tenido antes <<sólo que
con mujeres>>. ¡¿Por qué rayos es tan atractivo?!
Estaba seguro que lo arruinaría
todo. La única experiencia que tenía con otro hombre le había dejado un mal
recuerdo. No por él, Desmond fue como un faro para su barco. Le estaba
agradecido inmensamente por todo lo que le hizo madurar. Verse auténtico.
Sentirse libre. Ser valiente. Los padres de Gabriel por otro lado…no tomaron
muy bien la noticia. Y Desmond resultó afectado. Gabriel siempre se preguntaba
si aquél chico se recuperó del todo de la brutal golpiza que le brindó su padre
<<su rostro y costillas tal vez, pero su orgullo no lo creo>>. Era
una lástima que jamás quiso contactarse con Gabriel después.
Y aquí estaba. 4 meses después,
en un lugar diferente del país, esperando su cita con un chico diferente, pero
aun así, se sentía como el mismo Gabriel inexperto que salió por primera vez
con otro hombre.
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Estaba en una banca fuera del
gran edificio de la biblioteca central, el punto medio entre la Casa Alfa Phi
Alfa, hogar de Alex y el Edificio Lawrence. Bajo la luz del farol que se
encontraba a un costado de la banca donde estaba sentado, Gabriel aguardó la
llegada del chico. Faltaban unos 33 minutos para la hora acordada.
Repasaba en voz alta una y otra
vez lo que iba a decir. Realmente estaba nervioso. Sentía un ligero aire
colarse por su camisa. El otoño estaba llegando a su punto álgido.
-Creo que es muy dulce lo que
estás haciendo.
Exclamó una viril voz. Gabriel
saltó de un respingo y giró su cuello a la izquierda donde Alex se encontraba
recargado en el respaldo de la banca.
Sonrojado, Gabriel articuló con
dificultad un hola.
-¿Llevas mucho esperando? Perdón,
pero los Alfa Phi no me dejaban irme de su fiesta. Sábado por la noche, tú
sabes.
-No, acabo de llegar –mintió.
–Entonces… ¿cuál es el plan que tiene Alex Cooper para esta noche?
-Hoy Gabriel,
conocerás el lado nocturno de New Haven. Soy local, no sé si lo sabías. He
vivido toda mi vida en esta ciudad.
-Vaya, no sabía. Oye...entonces si
eres local, ¿por qué vives en el campus con los Alfa Phi? –empezaron a caminar hacia al oriente, rumbo a la salida del campus.
-Bueno, es que es mucho más interesante
estar aquí en el campus que en casa con mis padres, ¿no lo crees? –le indicó un atajo por un
estrecho pasillo entre el edificio de la oficina postal y el centro médico.
Gabriel miraba el camino
empedrado en busca de ideas para más conversación, no quería parecer alguien
cohibido. Ahí, bajo la tenue luz de la luna en esa noche fresca, entre los
tradicionales edificios de arquitectura gótica del campus, sus pensamientos
parecían aflorar débilmente. <<Es
el efecto de empequeñecimiento del arte gótico>>
Llegaron hasta donde estaba el
auto de Alex, un camaro convertible en color amarillo. Se subieron en él y se
dirigieron fuera del campus. Éste se despidió del guardia de la entrada
como si fuesen viejos amigos.
-Me dijiste que estudias
arquitectura, ¿Qué piensas de los edificios de la universidad?
-Son muy variados. Los hay
contemporáneos, clásicos y góticos. Góticos en su mayoría. Pienso que refleja
lo antigua que es la escuela, pero también el progreso que ha logrado a lo
largo de los años –no podía creer que le preguntara sobre eso –en una de mis
clases el profesor nos ha pedido para este lunes que analicemos un edificio de
la ciudad, el que más nos gustase.
-Bueno, tal vez puedas elegir
alguno esta noche –sacó de la guantera una bolsa oscura con zipper- traje mi
cámara fotográfica –le guiñó un ojo –sabes, mi hermana también estudió
arquitectura en Yale, me ha enseñado lo poco que sé sobre el tema. Hay muchas
edificaciones en la ciudad que son dignas de admirar. Es algo que me gusta de
vivir aquí.
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-¿Hola? –dijo el chico en un susurro, pues
su compañero de cuarto ya estaba dormido.
-¡Hola! Espero que no sea
demasiado tarde. Es sólo que quería escucharte.
El joven salió del cuarto. Una
delgada figura atravesaba los ventanales del pasillo del cuarto piso, dirigiéndose
a las enormes escaleras en caracol.
-También he querido escucharte –suspiró
–¿Cómo va todo por allá linda?
Se sentó a los escalones. El
suelo del vitro piso estaba frío. La luz de la luna que atravesaba el vitral
que estaba sobre las escaleras iluminaba la delgada figura de Jamie Harper.
-Bien, las cosas parecen ir bien.
Vengo de visitar a Gabriel en su habitación, lo estaba ayudando a prepararse para
su cita.
-¿Cita? No sabía eso ¡Bien por
él!
-Y entonces pasé por esta plaza
donde vi a varias parejas reunidas, y no sé…sentí la necesidad de hablarte. Y
tu…¿cómo has estado?
Jamie notaba el tono nostálgico
en la voz de su novia, lo que no hizo sino ponerlo nostálgico también a él.
-Muy bien, algo apurado, las
cosas van muy rápido por acá. Trato aún de acostumbrarme a la manera de
trabajar en esta carrera ¡todos son muy competentes! Me emociona. Deberías conocer
a mi compañero de cuarto ¡es todo un personaje!
No era la primera vez que Rosie
sentía que Jamie había avanzado muy rápido de página. Le daba gusto que su
novio estuviera feliz estudiando lo que más le emocionaba, pero a la vez se
preguntaba si ella no se estaría quedando atrás en sus ambiciones y metas.
La plática siguió por media hora
más. Cuando Jamie se percató que tal vez había despertado a sus vecinos, se
empezó a despedir de Rosie.
-En verdad espero verte pronto. Iré
a visitarlos próximamente, te lo prometo –dijo Jamie, esperanzado.
-También planeo visitarte. Quiero
sentir tus abrazos otra vez…
-Puedes hacerlo ahora mismo.
Cierra tus ojos. Imagina que te abrazo, que me abrazas. Yo imaginaré lo mismo.
Rosie tuvo una sensación de
calidez en todo su cuerpo al escuchar las palabras de su novio. De cierta
manera, él estaba junto a ella haciéndola sentir reconfortada.
-Te amo, Rosie –dijo, con la voz
más sincera que pudo.
-Te amo Jamie –respondió ella .
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Recorrían las antiguas calles de
New Haven. Habían dejado el auto estacionado cerca de Principal Avenue e iban a
pie por el piso de piedra laja de las calles. Se detenían de vez en cuando para
fotografiar un edificio memorable. Primero Alex tomaba una del edificio
completo, después tomaba una de ellos dos con una cómica pose frente a dichos
edificios.
-¿Qué te parece éste? –señaló Alex
con los brazos extendidos a lo alto. –Torre Harkness. 1917. James Gamble Rogers.
De los primeros edificios góticos en la ciudad. Este en particular me parece
fascinante. La base es de forma cuadrangular, pero a mitad de camino…
-Cambia su estructura a un
octágono perfecto –completó Gabriel, con la vista clavada en la punta de la
torre.
La iluminación propia que tenía
el edificio no hacía más que resaltar su majestuosidad.
-Y están esos enormes relojes de
metal, uno en cada cara de la torre que le recuerdan a las cuatro direcciones
de la ciudad las horas que pasan con un fugaz tic tac...especialmente en la
noche.
A Gabriel le gustaba el interés con
que Alex narraba sus conocimientos.
-Aunado a la numerosa y detallada
ornamentación y las formas en ojal características de la corriente gótica
arquitectónica. <<Empequeñecer al
hombre es su objetivo>> recordó Gabriel.
-Anda, tomémonos una fotografía
justo aquí –Alex sonó esmeradamente feliz.
Gabriel no era alguien que
gustase mucho de las fotos, pero quería quedar bien con su cita. Después de
todo, él estaba poniendo mucho de su parte al mostrarle la ciudad. Alex le
pidió a dos señoritas que iban pasando que les tomasen la foto. Corrió hacia
donde estaba Gabriel, poniéndose a su derecha. El chico sonreía de oreja a
oreja, rodeo su brazo tras Gabriel y lo tomó por la cintura. El flash disparó.
Alex recuperó la cámara. Puso en
el visor de fotografías la que se acababan de tomar. <<¡Muy linda!>>
pensó.
Siguieron caminando por las
nocturnas calles de la ciudad, hasta que llegaron a uno que ponía Memorial Theater en una placa dorada al
frente. Uno de los pocos edificios renacentistas en New Haven. Gabriel
recordaba lo que había visto de el en clase hace unas semanas. Subieron la
escalinata de piedra y Alex le guió por la entrada.
-¿Está abierto a esa hora? Parece
vacío.
-Conseguí que nos abrieran el
lugar hoy.
Los dos chicos cruzaron el umbral
de las puertas plegadizas de madera. Gabriel, asombrado ante o lo que sus ojos
estaban viendo, dejó escapar un leve oohh.
Era muchísimo más grande y elegante que el teatro local de su pueblo, sin
duda. Alex se adelantó y caminó por el pasillo principal entre las rojas
butacas. Caminando al revés, disfrutaba la mirada de asombro de su acompañante.
-¿Y…qué te parece?
-Espléndido. Entonces ¿solo
pediste que te abrieran y ya?
-He pasado aquí mucho tiempo
desde que era niño. Mi mamá es productora de obras de teatrales, y los primeros
años de su carrera fungió en este teatro. Henry, el velador del edificio es
buen amigo mío –dijo entre risas. –Hoy está cerrado, pero el próximo mes se
estrena El sueño de una noche de verano,
de Shakespeare.
-Vaya…debo admitir que has
superado mis expectativas. –vio que Alex puso una mirada de desconcerto. –Jamás
pensé que fueses un chico tan interesante. Culto. Supongo que te juzgué mal, lo
siento.
-No te culpo. Sé bien la fama que
me he creado en la universidad. Y aunque la mayoría de eso es cierto –soltó una
risita –quiero que sepas que tengo muchos lados que no todos ven, más allá del
chico que se mete con todos (y todas). No
siempre me muestro como soy, pues prefiero reservarlo para mí, pero creo que tú
tienes algo especial.
Habían vuelto al camaro amarillo
y se dirigieron a las afueras de la ciudad, del lado del mar. Pararon frente a
un pintoresco establecimiento llamado Frank
Pepe Pizzeria Napoletana. Famoso no sólo en la ciudad, sino en el lado este
del país.
Entraron al restaurante y había
tres mesas ocupadas, una por un grupo de amigos que celebraban el cumpleaños de
uno de ellos, y las otras dos por dos parejas. Gabriel supuso que debido a la
hora (casi las 12:00), el lugar se encontraba algo vacío.
Fueron hasta el mostrador, y Alex
le recomendaba a Gabriel sus opciones favoritas del menú. Al final se
decidieron por una de masa delgada con peperoni, pollo, cebolla, champiñones, queso
mozarela y orégano, con un tarro de cerveza para tomar.
Se acercaron a la barra de salsas
y toppings y Gabriel tomó un frasco
que intentó aplicar a su pizza. El orificio del frasco estaba averiado. Gabriel
se dio cuenta de esto al quedar su camisa verde con una gran mancha de color
rojo. Al darse cuenta, Alex rápidamente tomó una servilleta.
-Déjame ayudarte –dijo amablemente,
en vista que su cita se había puesto rojo de vergüenza.
Alex limpiaba con un cuidado la mancha.
Gabriel notaba el cariño con que él lo limpiaba.
-Sabes qué…creo que no se quitará
–empezó a quitarse su chaqueta de cuero color café. Se quedó solo con su
playera blanca. –Ten, póntela –le extendió la chaqueta, con una sonrisa
sencilla.
-No…no tienes que hacerlo –le repuso
Gabriel.
-Vamos, no me molesta en absoluto.
Además, aún nos falta una parada por realizar.
Gabriel aceptó la chaqueta y se
la puso, cubriendo en su totalidad la enorme mancha. Acto seguido, se dispusieron
a comer.
Estacionaron el auto a unos
metros de su última parada. La costa de New Haven contaba con una casa del faro
que guiaba a las embarcaciones entrantes. Lighthouse Point Park era una de las
atracciones más populares de la ciudad. El atrio del faro se encontraba
iluminado por pequeñas luces salientes del suelo que delimitaban el terreno.
Había una casita color rojo con un tejado negro que figuraba antes de la torre
del faro. Alex la pasó de largo y dirigió a Gabriel directo a la torre. Debido
a su función, el sitio se encontraba abierto las 24 horas del día.
Cuando entraron, a Gabriel le
hizo feliz ver lo que había en el centro del edificio. Un carrusel dentro del
edificio del faro era lo más inusual que había visto. Sabía bien que ese juego
giratorio había sido testigo de muchas promesas de amor y de sesiones
fotográficas de boda, donde los novios se prometían mantener juntos toda la
vida, por más giros inesperados que ésta diera.
Alex había elegido un lugar tan
especial para dar cierre a la noche. La fotografía, el teatro, la chaqueta, el
carrusel en el faro. El chico le había demostrado a Gabriel lo detallista que
era. Estaba asombrado, tenía un buen presentimiento acerca de él.
Alex se subió al carrusel y
desapareció al girar éste. Volvió a aparecer, parado junto a un caballo
sosteniendo uno de los tubos.
-¿Qué pasa? ¿No vas a subir
Gabriel?
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