domingo, 10 de enero de 2016

Grand Central Terminal

El gran reloj dispuesto en medio del salón principal de Grand Central Terminal marcaba las 7:00 pm. Jamie había llegado del andén #23 de la zona este, donde hacía su parada el vagón que venía de Brooklyn, donde estaba su nuevo departamento, que en realidad era de Gabriel, pero su amigo le ofreció quedarse con él mientras se instalaba tras su recién llegada.

Sabía que Grand Central era la estación más concurrida, y por tanto más grande en Nueva York, pero nunca se la imaginó de la manera en que estaba viéndola en ese momento. Un gran número de personas corrían de aquí para allá, comprando los boletos para abordar, buscando los andenes de donde partiría el vagón que los llevara a sus destinos, o tratando de localizar a sus amigos y familiares con quienes habían acordado encontrarse allí.

Pensando en una forma fácil de que su amiga Rosie lo encontrara cuando ésta llegase, tomó asiento en una de las bancas bajo el gran reloj central, justo al lado de una señora con ropas muy elegantes quien cargaba con dos maletas enormes. A su izquierda, un hombre de edad avanzada leía un ejemplar del New York Times, donde ponía en la primera plana el anuncio del evento que se llevaría a cabo esa noche en Times Square, mismo al que se dirigía Jamie. Así que, desde su lugar, un asombrado Jamie Harper comenzó a recorrer con sus ojos detenidamente todo el edificio.

Construido en 1903, el Grand Central Terminal era un edificio de estilo arquitectónico Beaux Arts, que como tal, constaba de una jerarquía de espacios valiéndose de la simetría, desde espacios nobles con grandes entradas y escalinatas, como lo era el Salón Principal; hasta otros más pequeños y utilitarios. La iluminación era basta en aquel recinto, y con motivo de la fecha del día de hoy 4 de julio, banderas del país decoraban el lugar. Jamie advirtió que la señora a su lado le veía en su rostro el total asombro que estaba experimentando, así que con un movimiento de cabeza de asentimiento el chico la saludó.

-¿Es tu primera vez en Grand Central verdad chico? –soltó la elegante mujer.

-De hecho, es mi primera noche en Nueva York señora –confesó, apenado.

-Lo supuse. ¡Y vaya que llegaste en un buen día! ¿Irás a la celebración del 4 de julio en Times Square?

-¡Sí! –respondió con emoción el muchacho. –De hecho estoy esperando a una amiga, ella es la que conoce aquí, y nos reuniremos con más amigos allá.

Entretanto, una chica con un cabello cobrizo que le llegaba hasta los hombros iba bajando del vagón en el andén #6. A paso rápido y esquivando a los demás pasajeros, se dirigía hacia el salón principal donde había quedado con su amigo. Se le había hecho un poco tarde, pues estaba indecisa de qué vestir para la noche de hoy. <<Una simplemente no toma a la ligera estas situaciones>>. Hacía un año que no veía a su amigo quien también era su ex novio, y quería hacerle ver al chico que un año fue suficiente para seguir adelante, tras lo sucedido.

Cuando se enteró de que Jamie regresaba a América, Rosie se sintió incómoda, pues tendría que hacer frente al chico que se fue por un año al otro lado del mundo sin decir una sola palabra de aviso, de despedida ni de nada. Ella avanzó. Siguió su camino así como Jamie había decidido seguir el suyo. Aun así, no pudo evitar alegrarse un poquito al tener a su amigo de vuelta.

Vio a su amigo sentado bajo el gran reloj. Le veía hablar con una señora sentada a su lado. Cualquier sentimiento negativo que le evocaba el regreso del chico se vio esfumado cuando Rosie observó esa escena. Jamie siempre había sido muy amable con todo mundo, era de esos chicos que entablaba fácilmente conversación con una persona desconocida y sobretodo, por alguna razón, era del agrado de las personas mayores (no mucho de los jóvenes). Por algo los padres de Rosie se habían puesto muy felices cuando hace años la chica les dio la noticia de que ella y Jamie eran pareja. Su mejor amigo. <<Tiempos de preparatoria>>.

Al percatarse de su presencia a unos metros, Jamie se levantó de su asiento para saludarla. El chico, alto y delgado y con el mismo cabello quebrado color marrón como Rosie lo recordaba, extendió los brazos para abrazarla.

La chica correspondió el abrazo, el cual ahora fue mucho más sincero que el de esta mañana en el aeropuerto. La señora elegante los veía con una sonrisita pícara.

-Te ves… ¡fantástica! –exclamó el chico.

Rosie llevaba puesto un vestido oscuro con detalles púrpuras, que hacía sobresaltar su cabello color cobrizo. Su nuevo corte la hacía lucir ya no como la tierna chica que recordaba Jamie, sino como la joven mujer empresaria en que se había convertido.

-¡Gracias! –fue lo primero que se le ocurrió responder a la chica.

-Madame, ella es mi amiga Rosie de la que le estaba hablando –dijo con un tono impetuoso, como si de una gran estrella se tratase.

-¡Qué gusto! –la señora tenía esa sonrisa pícara al verlos a los dos juntos. –Será  mejor que vayan camino a Times Square de una vez, si es que quieren alcanzar un lugar cercano al escenario para ver a esos… Miedo en la disco que mencionaste.

-¡Panic at the disco! Sí, está bien. Un gusto conocerla. –Jamie le estrechó la mano.

Mientras se encaminaban hacia la salida del edificio, esquivando un montón de gente, los dos amigos continuaban con la conversación:

-Creí que seguiríamos en el subterráneo hasta llegar a una estación más cerca a Times Square –le dijo el chico, un tanto pensativo a su amiga.

-Pero entonces te perderías la oportunidad de recorrer las calles principales de Manhattan. ¡Es Nueva York, Jamie! Tienes que conocerlo, al fin -dijo la chica de una manera cómica, cómo si fuera lo más obvio del mundo.

Se echó a reír el muchacho. Le gustaba cuando se ponía en plan gracioso su amiga.

-Cierto, tienes razón. Sabes… creí que no vendría aquí jamás. Pero ustedes llegaron aquí hace un año, y aceptaron mi solicitud de internado en el Hospital General de Manhattan. Así que, todo se puso en orden para venir aquí con ustedes como…

-Como lo prometimos en preparatoria. Es curioso, creí que jamás vendría aquí tampoco.

Atravesaron la puerta principal de Grand Central, que salía a la Calle 42. Una gran fila de taxis amarillos esperaban fuera del edificio de los cuales venían bajando apresuradas personas cargando un enorme equipaje. Siguieron el camino de la acera hacia la intersección con la Avenida Park, donde doblaron y siguieron su camino hacia el norte.


Para leer la continuación de esta historia, da click en el link: 



Entradas relacionadas:
Hasta pronto en Cambridge, Desayuno entre amigos

domingo, 13 de diciembre de 2015

54 Realidades del semestre de Cirugía

¿De qué me di cuenta?


Decidí escribir esta entrada para expresar mi experiencia en este semestre, el primero como MIP en el Hospital, pues tras haber iniciado esta tan esperada etapa (al menos por mí) tengo más de una cosa por contar. Queda claro que salvo esta entrada, el resto de mi Blog sigue tratando sobre la vida ficticia de Jamie Harper y sus amigos, pero aquella es otra historia.

Los últimos 4 meses y medio pasé más tiempo en el Hospital que en la escuela y sobre todo, más tiempo que en casa con mi familia. Pero se sintió bien, es decir, por algo he tratado de formar una segunda familia en la facultad, porque sé que habrá momentos en que necesite de alguien ajeno a mi núcleo parental.

 Como dije, este semestre fue de comenzar un nuevo nivel, porque ya no se trató del Inicio, de echar Raíces o de atravesar la Tempestad (así titulé a mi 1º, 2º y 3º año en la facultad, respectivamente), sino que se trató del Cambio que de la mano llevaba a la Felicidad (aun trato de averiguar cuál es el título adecuado para 4º año).

Así que… ¿De qué me di cuenta?

1.       Me di cuenta que no se sintió para nada el haber estado “de vacaciones”. Tras unas semanas de descanso en verano, el primer día de clases pareció como el día después del examen final de pato. Nada de tiempo para extrañar a amigos.


2.       Que existe un Montoya-Team (aunque en ese momento no sabía de la existencia del nombre. ¡Gracias Antonio!).


3.       Que el bloque de Cirugía significa venir en pitufo el segundo día de clases. ¡TIENES GUARDIA!

4.       Por lo mismo, tu primer día de clases se resume en ir por todo Aguirre Pequeño en busca de pitufos con tus amigos.

5.       “And may the odds be in your favor” no aplica para unir a Martínez y Montoya en las guardias…


6.       Pero no importa, pues uno le entregaba guardia al otro.

7.       Es mucho menos aterrador el ir a La jungla (Cirugía AB) con una de tus mejores amigas en tu equipo de guardias.


8.       Que siempre recordarás tu primer guardia como MIP.

                                          Rotación A1. Equipo A

9.       Que no importa si no sabes absolutamente nada de las locaciones dentro del hospital, o el proceso para solicitar una TAC o un electro: el residente quiere que todo se haga YA YA YA YA YA YA YA YA YA, porque ¡¡URGE!!
¡¡URGE!!
¡CONFIRMEN!
YA
YA
YA
YA
YA
YA.


10.   Aprendí a adivinar qué significaba el ir a “Trans”, “Posqui”, “TQP”, “Prequi", "Resu", "Ambu" y demás abreviaturas no encontradas en la RAE.



11.   Que tal vez en un futuro, tras más de 40 horas seguidas de guardia, tampoco sea capaz de conjugar verbos en whatsapp.

12.   Que es una gran idea compartir locker con tu mejor amigo.

13.   Que siempre hay alguien en el equipo quien en los primeros 30 minutos de la primera guardia, se presenta con todos, pregunta nuestros nombres y cómo nos gusta que nos digan y nos agrega a Facebook y a Whatsapp (Sí, ese fue Germán).

14.   También está aquel que por más difícil o incómoda sea la situación con el paciente, rompe el hielo platicando de cosas cotidianas (¡María Elena!).

15.   Incluso aquél al que siempre los residentes le piden haga lo más raro, difícil o molesto. Ese desafortunadamente, fui yo.



16.   Que es cierto. Si no puedes curar, alivia. Y si no puedes, consuela. Porque lamentablemente a veces eso es lo único que tenemos para darle a algunos pacientes.

17.   Que la curación más difícil no es aquella que requiere más tiempo, o de más personas para hacerla, sino aquella en la que el paciente está en condiciones muy delicadas y sufre cada vez que se realiza.

18.   Pero ¡ey! No todo es triste. Estos pacientes son los que más se acuerdan de ti, por haber estado con ellos haciéndole la curación por más difícil que fuera.

19.   Que a las 3:00 am se dan las charlas más filosofales con los 3 equipos reunidos en la estación de enfermería de Cirugía AB.


20.   ¡6:00am! El momento más estresante de la guardia. PASE DE VISITA.



21.   Que da una alegría indescriptible el encontrarte por las escaleras, en los elevadores o los pasillos con tus amigos que están rotando en otros departamentos . Pero solo es un saludo rápido, pues ambos tienen pendientes por hacer.



22.   Que el pasar 12x24 horas de guardia en un mes, son suficientes para conocer a tu equipo. Conocer su forma de trabajar, de ver a los pacientes, lo que les gusta comer, cómo comen, cuánto comen, si siempre tienen “clases”, si son de sueño pesado, si roncan mientras duermen, si tienen una obsesión con el orden o si les gustan las fotos. Como dije, suficiente tiempo.




23.   Que el día después de tu guardia de noche o de 24 horas, ¡NO EXISTE!

24.   Mentira. Siempre tienes clases en tu  descanso.



25.   Que al estar post-guardia cosas como si estás despeinado/a, traes ojeras, hueles a hospital, o tienes hambre, se vuelven superflúas. ¡SOLO QUIERES DORMIR!


26. Así que intenta mantenerte despierto en clases cuando estés post-guardia. ¡Tú puedes!


       .....o no.

27.   Y estando post-guardia tus amigos tienen de a dos: o estás tan drogado de felicidad, o tienes un humor nulo. Nada personal ¡Suerte!



28.   Que aunque no soy foráneo, este es el semestre que más extrañé a mis papás.

29.   Que a veces tomar una decisión arriesgada es lo que mejor pudiste hacer. Porque siempre que se cumple una meta, tienes que ir por la siguiente y no quedarte siempre haciendo lo mismo.

Mis primeros alumnos

30.   A pesar de que he insistido en que ya no formo parte, para mis compañeros de generación siempre “DIME es sinónimo de Montoya, ¿qué rollo?”


31.   Que si el mundo conspira contra ti, basta con que te vean insistir en ir por lo que quieres para que decidan darte una oportunidad.

32.   Que cuando algo se va, siempre llega algo nuevo.

                                           Primer día en Departamento de Microbiología

33.   Que este fue el cumpleaños que más he disfrutado. Pero ya hice otro post (en Facebook) parecido a este, dedicado exclusivamente a ese día.


34.   Que el único beneficio de ser A1 es haber iniciado con las guardias pesadas, antes de iniciar con cualquier examen. Pero repito, el ÚNICO beneficio. ¡El ÚNICO!



35.   Que eres capaz de convertirte en un Robin Hood en busca de material para las curaciones de tus pacientes.

36.   Que no importa si tu doctor de Sala te tupe de preguntas al presentar la historia clínica. Si es buena persona, el paciente siempre te ayudará frente al doctor.

37.   Que SIEMPRE se sienten bien los abrazos post guardia.


38.   Que se siente bonito ver a tus pacientes de rotaciones anteriores y que digan “Cómo no me voy a acordar de ti, si eres el que estuvo conmigo todo el tiempo”.


39.   Que bastó llegar al cuarto con una sonrisa y saludando efusivamente al paciente para que éste cambiara su semblante y se incorporara, devolviendo la sonrisa y respondiendo “estoy muy bien doctor”.

40.   Que SIEMPRE debes usar tus lentes protectores.



41.   Y definitivamente, siempre debes decir cuando te pinchas suturando a un paciente. “De algo me voy a morir” es la excusa más estúpida.

42.   Que en corto tiempo ya te sabrás el menú de la cafetería y por lo tanto, la hora en que ponen lo más rico para comer.


43.   Que cuando tienes guardia pre-examen, la cafetería es la mejor sala de estudio grupal que existe.



44.   Que no importa lo cansado que estés. La vista desde Aulas Nuevas-Nuevas por las mañanas es maravillosa.


45.   Que al terminar la clase de las 7:00am, el recorrido al locker o al hospital puede convertirse en la charla más agradable que tengas con tu mejor amigo.



46.   Por esto mismo, me gustó dejar de ser cyberamigos en este semestre. Éramos amigos en persona. “Charlas post-cirugía”.

47.   Que era un ritual el compartir un café. Sobre todo con mi adicta a la cafeína favorita (¡Marinela!)

.

48.   Que si no manchaste tu pitufo de yeso, no llevaste Trauma. Y si no se te manchó, el residente te salpicará “para que se vea que trabajaste”.

49.   El equivalente a esto en Plástica, es la gloriosa mancha amarilla del furacin en las mangas de tu bata.
      También puede ser sangre...



50.   Que tienes que ir al asta bandera en la azotea del hospital en tus guardias de este semestre.


51.   ¿Había algo llamado Bagre-cueva?



52.   Que por más lejano que parezca el día del final de tus guardias al inicio del semestre, el tiempo se llega rápido.


53.   Que tengo un nuevo sentido de pertenencia.
Posada del Departamento de Microbiología

54.   Que no importa el cansancio, la vigilia, los regaños, las peleas de equipo o el estrés, porque al final, disfrutarás haber pasado por todo esto.


   ¡Infinitas gracias, Semestre de Cirugía!


Por cierto, ya me decidí. Este 4º año se titula Cambio, pero este semestre de Cirugía indiscutiblemente se titula Felicidad.



sábado, 5 de diciembre de 2015

La neuróloga

-Emm… ¿de qué tamaño el yelco? –preguntó el hombre más joven en la sala.

-¡EL MAS GRANDE QUE PUEDAS ENCONTRAR! –le gritó Quentin, desesperado.

El muchacho le entrego en la mano el yelco, a lo que el residente prosiguió clavándoselo en el tórax al hombre que se encontraba en la camilla. Su vida estaba en riesgo.

-Segundo espacio intercostal, línea medio clavicular –repitió, para sí mismo.

Cuando hubo clavado el artefacto, el paciente logró estabilizarse. Quentin dejó escapar un aliento de alivio. Había dejado encargado a su interno de este paciente mientras reanimaba por compresiones torácicas a otra de los pacientes que llegaban a la sala de Urgencias. El joven practicante se descuidó y no fue hasta que el paciente a su cargo dejó de respirar por sí solo y a presentar dilatación de las venas yugulares y coloración azulada del rostro que se dio cuenta que algo iba mal. Neumotórax a tensión. El chico había ido corriendo a avisar a su residente al instante.

-Ya descomprimimos ese neumotórax a tensión, ¿ahora que sigue Richards? –preguntó a su interno, tratando de verse calmado. Estaba furioso con él por haber pasado por alto el incidente. Pero sabía que todos empezaron de la misma manera, así que prosiguió enseñándole.

-Ya es un neumotórax simple. Lo que sigue es poner una sonda en tórax en el quinto espacio intercostal sobre la línea medio axilar. –dijo el muchacho, titubeando. Sabía que lo había estropeado desde el principio.

-¿Estás seguro? –al residente de urgencias, Quentin Blake, no le parecía la inseguridad de su interno.

-Sí. –contestó Richards, ahora con un tono más convincente.

-Perfecto. Ponla tú. No te preocupes, te guiaré.

Al mismo tiempo el residente seguía con la evaluación primaria del paciente. No quería que se pasara por alto alguna otra cosa de nuevo. Quentin era el tipo de residente del que cualquier interno querría aprender. Inteligente, amable, con un temple fascinante y para las chicas (o en este caso también para Richards), un atractivo físico eclipsante.

-¡Eso! ya sólo tienes que suturar la herida para mantener la sonda dentro

La voz grave de su residente ponía nervioso al interno. Y no podía mirarle mucho tiempo sus ojos verdes sin dejarle clavada la mirada. Se concentró en lo que estaba haciendo y empezó a introducir la aguja de sutura en la piel del tórax del paciente.

-¿Pediste a alguien de neuro? –dijo una voz femenina detrás de ellos.

-Sí. Es un masculino de 37 años, quien fue atropellado por un vehículo de carga en movimiento al cruzar la calle. Proyectado 20 metros de distancia desde el punto de impacto. Al arribar al hospital llega con… -Quentin dejó de mirar el monitor de signos vitales y giró su cabeza para ahora sí ver el rostro de la doctora a quien había empezado a exponer el caso.

 Al verla, éste se quedó perplejo al reconocerla. Se veía aún más bella de como la recordaba. En ese instante una secuencia de imágenes del pasado ocuparon su mente. No pudo evitar mostrarle una sonrisa tonta. Ella solía tener ese efecto en él.

Recordó que se encontraba exponiéndole el caso de un paciente para una interconsulta de neurología, a lo que prosiguió dejando los sentimientos encontrados a un lado, relatando:

-Al arribar al hospital llega con una escala de coma de Glasgow de 8. Signos vitales en límites inferiores. Hematoma en región parietal. Laceraciones en cabeza, cara, espalda y pies. Fractura expuesta del fémur izquierdo y crepitación al explorar pelvis. Hace unos minutos presentó neumotórax a tensión, logramos descomprimirlo a tiempo. Acabo de repetir la evaluación primaria y secundaria. Estable, por el momento. Quería que lo revisara alguien de neuro antes de hacerle el FAST.

-De acuerdo, déjame revisarlo.

Mientras la neuróloga hacía su trabajo, Quentin no le quitaba la vista de encima. Se hizo mil y un preguntas del por qué ella se encontraba en el hospital. Habían dejado de verse desde que ella inició la residencia en medicina interna. Él era un año menor que ella, por lo que se quedó un paso atrás mientras ella avanzaba al siguiente nivel.

Le resultaba verdaderamente atractivo que ella terminara siendo neuróloga. Siempre le había admirado que tuviera la misma belleza que inteligencia, ¡y vaya que era inteligente!

Después de terminar de explorar al paciente, la castaña doctora se dirigió hacia Quentin y  el interno Richards.

-No presenta signos de daño neurológico. Aun así me gustaría observar su TAC. –se quitó los guantes y le hizo una seña al interno para que le pasara su tabla para escribir la nota de interconsulta. Se echó el cabello tras su oreja del lado izquierdo y muy concentrada en lo que hacía, empezó a redactar. Quentin estaba maravillado observándole.

En eso, un hombre al que Quentin admiraba, pues era su mentor, hizo su aparición en la sala de urgencias. El doctor Jamie Harper, jefe del Servicio de Urgencias del hospital había llegado de su día de descanso para apoyar con los numerables pacientes que no dejaban de llegar por la tormenta que fuera tomaba lugar.

-Dime qué tienes aquí, Blake. -El doctor Harper conocía el nombre cada uno de sus residentes. Le gustaba ser cercano con sus estudiantes.

Quentin Blake expuso al instante el caso a su profesor. Jamie Harper dirigió la mirada al paciente y en seguida hacia la doctora que se encontraba presente aun.

-Usted debe ser la doctora Carol Rivers, ¿cierto? Su hermano en San Diego me informó de su transferencia a este hospital. He leído sus artículos sobre de casos en urgencias. Espero pueda aprender aquí y desarrollarse como lo hacía en el hospital de su hermano. Nos hace mucha falta doctoras como usted  -hizo un especial énfasis en esta palabra- en su campo. Bienvenida a Urgencias doctora Rivers- le dio un apretón de manos a la chica.

-Muchas gracias doctor, así será. –la chica se sonrojó. Le apenaba que la adularan frente a todos por su trabajo.

El doctor Harper dio media vuelta para seguir supervisando lo que los demás residentes hacían. Dio unos pasos, pero se detuvo como si hubiera olvidado algo. Sin voltearse completamente, sólo giró la cabeza hacia atrás, y exclamó:

-Por cierto Blake, pensé que estando en segundo año de tu residencia de Urgencias ya sabrías el protocolo de atención para un politrauma a la perfección. El FAST se hace antes –alzó la voz en esta palabra- de cualquier interconsulta. Incluso neuro.

Siguió su camino.

Quentin Blake se sintió tan avergonzado. Había quedado mal frente a su jefe, frente a Carol y frente a su interno. No sabía que decir para romper el hielo.

-Quería decírtelo cuando me dijiste que no habías hecho el FAST, pero… -dijo la chica, a manera de disculpa.

-No te preocupes –le tocó el brazo con cariño- gracias por venir. Cuando tenga los resultados de la TAC te llamo. ¡Qué gusto volverte a ver Carol!  –alzó los barrotes de la camilla y quitó el seguro para ponerla a andar -¡vamos a hacer el FAST! –le dijo a su interno.

Y eso fue todo. Quería pedirle que quedaran para tomar un café o algo y ponerse al día el uno con el otro, pero no estaba seguro si ella sentía el afecto que él  le seguía teniendo. Carol Rivers: su primer amor. Aunque ella jamás supo nada, al menos no de su boca. Jamás tuvo el valor de decirle absolutamente nada.

Quentin sabía que esto no era coincidencia. Sabía que había sido el destino quien quiso volverlos a poner en el mismo camino de nuevo…


Música del blog:
Portions for foxes - Cover de Caught a ghost



Entradas relacionadas:
Por los viejos tiempos

domingo, 15 de noviembre de 2015

Hasta pronto en Cambridge

Mientras iba en el avión de regreso a América, releía la carta que su amigo Clay le había escrito como despedida. No, no como despedida sino más bien como un agradecimiento. Un recordatorio de los momentos que pasaron juntos en la escuela de medicina. Clay siempre había tenido esa particularidad de escribir lo que pensaba, por más inusual, sincero o incómodo que fuera, era de esas personas que mediante las palabras escritas encontraban su manera tan única de expresarse.

 Lo curioso era que la carta fungía como un adicional, pues la noche anterior habían tenido su gran hasta pronto en el mismo bar al que acudieron la primera noche que arribaron a Inglaterra, y al cual acudían con sus compañeros de Cambridge ocasionalmente después de los exámenes.

-Admito que cuando llegué a nuestro dormitorio en Stanford y empezaste a hablar y hablar tan rápido dándome la bienvenida, buen yo, me asusté un poco. –dijo Jamie, quien tomo un trago de vodka de su vaso. Hizo un gesto que a Clay le causó gracia. El vodka había raspado la garganta de Jamie. –y ahora, a seis años después de habernos conocido, sigues asustándome de vez en cuando.

Clayton río con el comentario. Sirvió más de la botella a su vaso y bebió. También se le dificultó el deglutir la irritante bebida.

-¿Sabes? Ayer después de la ceremonia de entrega, cuando fui por otra copa de vino… Lucille me abordó.

-¿Qué te dijo?

-Ya sabes, todo ese rollo de despedida, de lo afortunada que había sido de habernos conocido, de lo que hará de aquí en adelante. No sé, la notaba diferente. Pienso que estas situaciones en que termina una etapa importante y comienza una nueva, pone a las personas a reflexionar. Eso hice al llegar a mi dormitorio después del evento.

-¿De qué te diste cuenta? –Jamie dejó su vaso por un tiempo. Se empezaba a sentir mareado.
-De que eres el primer amigo que tengo.

Jamie Harper tuvo una sensación que no pudo describir al escuchar eso. Se limitó a seguir escuchando a su amigo.

-El día en que nos conocimos nunca imaginé que pasaríamos todo lo que hemos pasado. Conoces personas a lo largo de tu vida, personas que mucho o poco, para bien o para mal influyen en tu vida. Tú decides si las dejas entrar, o sólo las dejas acompañarte durante un corto viaje. Tú me dejaste entrar Harper. Aquél primer año en Stanford, cuando supiste que pasaría navidad sin mis padres otro año más, me llevaste a tu casa con tus padres.

-No podía dejar que estuvieras solo esa fecha tan importante Clay. Nadie debería. –le dijo Jamie, con la mirada fija a sus ojos.

-Y cuando reprobé mi primer examen (eso sigue sonando igual de tonto como aquella vez), me compraste un paquete enorme de las golosinas de limón que tanto me gustan. Sabías que las palabras no iban a funcionar para hacerme sentir mejor, así que pensaste en algo más eficaz. –Clayton bebió una vez más de su vaso. Esta vez ya no sintió arder su garganta. –Y cuando tuve aquel crush con mi compañera de clase, hiciste hasta lo imposible para ayudarme a conseguir esa cita.

-Sigo pensando que hubieras usado la táctica que te dije, habrías conseguido salir con ella.

-Y después llegamos aquí, Inglaterra. Cambridge  jamás hubiera sido lo mismo si hubiera venido sin ti. Me dio gusto que a última hora decidieras tomar la oportunidad. Este año aquí ha sido sobre una sola cosa.

-¿Cuál?

-Tomar oportunidades.

-Siempre debe de ser así Clay, también me di cuenta de eso.

-Este año ha sido de tomar oportunidades. Y yo…emm. Yo no voy a tomar ese avión contigo mañana Jamie. No volveré a América.

Le costaba trabajo a Jamie asimilar lo que acababa de escuchar.

-Decidí lo que quiero hacer. Quiero ser genetista. El doctor Brown aceptó mi solicitud de internado en su clínica. En cuanto acabe, haré mi residencia en genética con él. –Clay soltó un gran respiro después de haber contado esto. Aun le parecía difícil de creer. Se sentía nervioso con su decisión. Pero era el tipo de nervios que te dan el coraje necesario para afrontar lo desconocido.

-En verdad quiero darte un golpe directo en la cara ahora mismo. Pensé que haríamos el internado juntos en el mismo hospital. ¡Así lo planeamos!

Jamie se levantó de un brinco de su silla. Clayton creía que sólo lo decía bromeando. Cerró los ojos y esperó el golpe de su amigo. En lugar de eso, recibió un abrazo de su amigo.

-Estoy orgulloso de ti, amigo. –hizo un especial énfasis en esa última palabra. Jamie también estaba muy agradecido con Clay. Le había apoyado en momentos difíciles de una manera en que ni Gabriel hubiese podido.  –Me alegra que estés tomando estas decisiones, en verdad me alegra. Y no te preocupes. No estaremos en el mismo hospital, pero desde ya eres el primer colega al que le pediría una interconsulta de genética. ¡Somos médicos ya!

Ambos soltaron una carcajada al escuchar esa frase. Una broma interna entre ellos. Jamie llenó los vasos de ambos, tomo el suyo y lo alzó al aire.

-¡Por lo que viene!

-¡Por lo que viene! –asintió Clayton.


Música del blog:
All alright - Fun





sábado, 10 de octubre de 2015

Antes de dormir

Estaba dentro de su cama listo para dormir. Envuelto en su cobertor, con una taza de leche sobre la mesa de noche, su pijama azul puesta encima y la edición de ese mes de Cardiologic urgencies en sus manos, leía bajo la tenue luz de su lámpara con una tranquilidad invaluable. Traía puesto sus gafas de lectura, aunque él sabía que pronto necesitaría usarlas de tiempo completo pues comenzaba a disminuir su agudeza visual desde que estaba en la escuela de medicina. El clima fuera en la ciudad neoyorquina estaba fresco, pues el invierno se acercaba.

Había decidido ponerse al tanto de lo más reciente en el tratamiento de urgencias cardiológicas pues su residente, Chris, disfrutaba de tupirlo frente al resto de sus compañeros internos en cada caso en el que trabajaban juntos. A veces Jamie tenía la respuesta correcta, pero otras veces tenía que callar y dejar lucirse a Chris, el actual novio de Rosie. A pesar de eso, Jamie disfrutaba leyendo temas de urgencias en su tiempo libre, pues empezaba a considerarla como una especialidad potencial para él en un futuro.

Echó un vistazo a los gráficos que mostraban el valor predictivo positivo de los datos recabados de este estudio experimental sobre farmacogenómica en casos de cardiopatía isquémica cuando tomó un sorbo de su taza de leche con la forma del casco de Darth Vader. Alguien llamó a la puerta.

-Pasa, está abierto Dan

-¡Hey! Hola, soy yo –asomó la cabeza una chica de tez blanca con el cabello color cobrizo la cual Jamie reconoció al instante a pesar de la tenue iluminación de la habitación. –Vine a dejarle unas cosas a Daniel y quise saludarte, espero que no estés ocupado.

-En absoluto, ven aquí –el chico dio unas palmaditas al sitio al lado suyo en la cama. –estaba a punto de dormir pero antes quise leer un poco esto.

-¿Urgencias cardiológicas? Jamie, ni en tu día libre dejas de lado el hospital.

El chico se encogió de hombros y sonrió. Rosie quedó inmóvil un minuto tras ver sonreír a su amigo. En ese momento recordó lo mucho que le gustaba verlo. Le gustaba su sonrisa, pues cada vez que lo hacía, en las comisuras de sus labios se formaban unos hoyuelos muy lindos, y se hacían visibles las diminutas arrugas en la unión de sus párpados. También, la lámpara ponía en evidencia las pecas que el chico tenía en el puente de su nariz y en sus pómulos. Cuando la chica se dio cuenta de que se había quedado atontada observando el rostro de su exnovio, sacudió la cabeza.

-Me ha contado Chris que estás con él en cardio, lo había olvidado.

-Sí, estos dos meses es mi residente a cargo. Es bueno en lo que hace, pero es sólo que no congeniamos mucho.

En realidad, Jamie quería contarle a su amiga que su novio era un patán con el en el hospital y que seguido sacaba ventaja de su puesto sobre él, pero a pesar de lo mucho que él desaprobaba su actual relación amorosa, no quería darle más problemas de los que ya tenía Rosie con Chris, pues el chico sabía que discutían mucho. De cierto modo, Jamie seguía preocupándose por ella, pues antes de haber sido novia, fue su mejor amiga. Así que puso una cara alegre y prosiguió.

-¿Y qué hay de ti? ¿Cuándo pensabas decirme del nuevo puesto al que fuiste ascendida?

La chica se sonrojó.

-Oh –soltó una risita nerviosa –es sólo…a Vanessa le gustó la propuesta de la que te platiqué. La semana pasada me planté frente a la sala de juntas con los accionistas de la empresa (aunque ni siquiera debía estar ahí) y expliqué mis ideas. Les encantó.

-¡Bien hecho chica! –chocaron las palmas. –Me da gusto este avance que diste, estoy seguro que irás a por más.

Tomó otro sorbo de su taza de Darth y le ofreció a su amiga pero esta se negó.

-¿Cuál crees… -hizo una pausa para dejar la taza de nuevo en la mesita de noche –cuál crees que sea el resultado en una pelea entre Venom y Magneto?

-Venom y… ¿Son personajes de cómics, cierto? –preguntó la chica, sintiéndose ignorante acerca del tema. Jamie siempre había sido su fuente de información sobre cosas geeks.

-Sí. Si no sabes la respuesta, puedes preguntarle a tu hermano. Magneto gana fácilmente, por supuesto.

La chica seguía desubicada.

-Es que todo el día fue de jugar Marvel’s combat con los chicos. Daniel creía que Venom podía vencer a cualquier personaje jugable, pero claramente no conocía mis habilidades usando a Magneto –Jamie se sintió muy niño después de escucharse decir eso.

-Siempre aprendo algo nuevo sobre cosas nerds contigo.

-Para esto me tienes –dijo, con un tono juguetón.

Rosie miró el reloj digital del despetador que Jamie tenía en su mesita de noche. Las 10:30.

-Bueno –se levantó de la cama –es hora de irme. Seguramente Charlie está esperándome para cenar (por segunda vez). Recuérdame la próxima vez no compartir casa con mi hermano mayor. Prefiero a Dan. ¡Oye –señaló la camisa del pijama de Jamie –me gusta tu pijama!.¡ Se te mira muy bien!

-Gracias, me la dio alguien especial el año pasado en navidad –le guiñó el ojo.

-Te veo después entonces.

-¡Espera! –la pelirroja se detuvo en seco. –Faltan dos semanas para tu cumpleaños. ¿Qué quieres hacer ese día?

-Mmm…no lo sé, no tengo nada en mente.

-¡Oh, vamos! Llegaste a esta ciudad un año antes que yo. Debes de conocer un buen lugar en Nueva York al que quieras ir a comer, cenar o tal vez a bailar o echar un trago.

-Tiffany’s. Ahí quiero ir ahora que lo pienso.

-¡Tiffany’s, eh! –exclamó el chico en tono sarcástico. –Según Gabriel, sirven muy delicioso el almuerzo ahí.

-Como no tienes idea.

-Entonces ahí será. Bueno, igual tenemos tiempo hasta que llegue el día. Puedes retirarte en paz linda –a Rosie le dio gracia esa última frase.

-Con su permiso –respondió, en el mismo tono.

Salió de la habitación.


Jamie tomó el último sorbo de su leche ya fría y dejó a un lado la revista que estaba leyendo. Apagó la lámpara y se echó hasta los hombros el cobertor que tenía en sus pies. Mañana sería otro día en el hospital.