sábado, 27 de diciembre de 2014

Phyffer

El día brillante y caliente desde su amanecer sentaba a la perfección con la energía que siempre tenía para trabajar. Llegó puntual como de costumbre al enorme edificio donde trabajaba, un rascacielos a su parecer. Con tan sólo verla cruzar la puerta del lobby todo el mundo empezaba a  moverse más de prisa que de costumbre, ella misma se daba cuenta de la imponencia que tenía su presencia en el personal de la empresa. Recibió su capuccino especial de parte de su asistente y tomó el elevador hacia el último piso del edificio, donde se encontraba su oficina.

Salió del elevador y llegó a su destino.

-¡Buen día señorita Phyffer!
-Buenos días Hilda. Dígame, ¿cuál es mi itinerario de hoy?
-Tiene agendadas tres entrevistas esta mañana para el puesto vacante en Economía. La primera es en quince minutos.
-Perfecto. Y la junta con los accionistas es hoy verdad, adelántala para dentro de media hora. No planeo tardar mucho con los aspirantes al puesto. Terminemos con esto rápido, termino con un horrible dolor de cabeza cada vez que entrevisto a alguien. Sería agradable que no me enviaras aspirantes tan incompetentes y ordinarios.

Sin duda Vanessa Phyffer era una persona exigente en todos los sentidos, justo como tiene que serlo la Directora de Phyffer Industries, la gran empresa que había fundado su padre y que dirigía desde hace años con una astucia intangible.

Se sentó en su gran silla detrás de su escritorio, tomó un sorbo de su capuccino y cerró sus ojos reclinando su cabeza hacia atrás. Y apenas son las 9:00 de la mañana, pensó.

Controlaba su vida tanto como controlaba su empresa. Tenía una envidiable figura, resultado de su disciplinada rutina de ejercicio y su alimentación meramente orgánica. Vivía sola y no tenía ningún interés amoroso en el cual perder su tiempo a pesar de estar alrededor de los treintas  <<El éxito es primero>> .


Echó un vistazo a la lista de nombres de los aspirantes que entrevistaría hoy y la primera persona, a quien vio por las puertas de cristal que iba llegando a su oficina, era una tal Rossie McCall.

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