miércoles, 21 de enero de 2015

La última navidad, parte 3

Tenía que ser una broma. Acababan de recibir el desafortunado anuncio y su estómago ya presentaba los síntomas de su enojo. Daniel frunció el ceño y miró hacia el techo simulando mirar a Dios preguntando el por qué de su mala suerte. Lily lo acariciaba del hombro en señal de que se calmara y le decía que en cualquier momento todo volvería a su curso.

Los mismos ruidos, palabrotas y quejas resonaban en la terminal F3 pues la ciudad de Colorado (donde el vuelo haría escala para poder llegar a su destino final) había sido sumida en la peor tormenta de nieve que se había visto en 5 años << el calvo de la voz graciosa del noticiero se había equivocado en el pronóstico del clima, como de costumbre >> y por tanto el vuelo había sido cancelado indefinidamente.

Muchos de los pasajeros se dieron por vencido ante la triste situación, dieron media vuelta y se fueron. Otros, como Daniel y Lily esperanzados a que en cualquier momento la tormenta pasaría y el vuelo sería reanudado, se quedaron sentados en la F3.

-¿Cuál? ¿Cuál es la probabilidad de que justo la primera vez que volvemos a casa para las fiestas después de 3 años, el maldito vuelo es cancelado? ¡Es navidad, por dios! –empezó a caminar de un lado a otro, con su tan ya conocida manera de quejarse.
-Nadie lo veía venir Dan, estoy segura que tu familia entenderá si llegamos algo tarde para la cena.
-Ni siquiera sabemos si llegaremos al menos. Tenía tantas ganas de verlos a todos y de que mis padres te conocieran. Y ahora todo está…

Daniel volvió con los dolores abdominales que ya no eran inusuales en él, en especial cuando se estresaba. Apretó su mandíbula fuertemente en señal de desesperación y Lily se levantó rápidamente de su asiento para abrazarlo tiernamente y tratar de tranquilizarlo, o terminaría en el hospital por úlceras gástricas como aquella vez.

-Esperemos. Verás que todo se pone bien –le susurró al oído.
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Los dos amigos se habían quedado de ver en el centro comercial de las afueras del pueblo, para que Rossie no pudiera encontrárselos por accidente. El clima era tan frío que Jamie se veía aún más blanco que de costumbre. Su enmarañado cabello se cubría de nieve mientras atravesaba el estacionamiento del centro comercial. Deseó haber venido un poco más abrigado pero por salir a prisa de su casa no se percató de eso. Pudo distinguir la silueta de su mejor amigo a lo lejos. Alto (pero no tanto como él), algo fortachón y de piel morena, Gabriel le saludaba desde el otro lado de la acera.

-¡Dios! En verdad parece que hoy es navidad –Jamie se sacudió la nieve de su cabello y saludó a su amigo.
-Sólo a ti se te ocurre venir de último momento. Llegué antes y eché un vistazo a una de las tiendas, tienen muy buenos diseños, ¡vamos!
Como era de esperarse, todos en el centro comercial se veían tan frustrados buscando los regalos de último minuto. Lo mejor fue ver a una pareja de ancianitos con un montón de bolsas que el señor ni podía cargar pero que su esposa lo obligaba a ir entrando a más tiendas por más regalos. Se vio a sí mismo tal vez en un futuro.
-Gabriel, sé que piensas que la decisión que he tomado es algo repentina, pero con todo lo que nos ha pasado me he dado cuenta que la vida puede cambiar en un instante. No quiero que de un momento a otro todo se esfume.
-¿Qué se esfume? ¿Piensas que si no lo haces ahora, Rossie pueda cambiar de opinión acerca de lo suyo, de lo que siente por ti?
-No me refiero a eso.
-¿Entonces hablas de ti?
Un chico casi hace tropezar a Jamie al ir jugando con su carrito de control remoto. Siguió caminando.
-¡No, para nada! Mira, lo que quiero decir…hace unos meses ella y yo estábamos en caminos tan separados. Las circunstancias cambiaron. Elena murió. En verdad me afectó eso, al mismo tiempo me enteré de que Christopher le pediría matrimonio a Rossie, tú regresaste aquí y de pronto sentí que me encontraba al borde de un acantilado. ¿Caer o no? Fue cuando la solución llegó. Mis padres me dijeron que estaba el proceso de adopción de Eliot y usé esa excusa para venir aquí y alejarme de todo.
-Fue cuando Rossie vino para buscarte. Renunció a todo por ti. Incluso a Christopher, el doctor de ensueño –hizo una cara graciosa de desagrado- pidiéndole matrimonio.
-¿Ves a lo que me refiero? Una simple decisión, tomada en un instante hace la diferencia. Por eso no necesito pensar detenidamente si quiero a Rossie en mi vida para siempre. Ella ya lo ha estado, siempre.
-Pero… -Dijo Gabriel en voz baja, como para sí. Subieron por las escaleras eléctricas, volteo la mirada para evitar terminar su comentario.
-¿Pero…? –Jamie lo había escuchado.
-En verdad creo en ustedes. En el amor que se tienen y que están destinados a estar juntos y tener adorables niños diabólicos con el cabello rojizo como el de ella, el cuerpo escuálido como el tuyo…
-Al punto.
-Acabas de comenzar tu residencia. Estás más tiempo en el hospital que en cualquier lugar y cuando termina tu turno, vuelves agotado. Y eso está genial, no estoy diciendo que no. Eres urgenciólogo, salvas vidas de a montón, como el protagonista de aquella serie de Emergencias médicas…
-Gabriel… -Le molestaba que diera tantos rodeos.
Llegaron al café y Jamie pidió lo usual para los dos.
-¿Crees que puedas hacer funcionar lo suyo con todo lo que tienes encima? Es decir, recuerda lo que los separó hace años en la universidad. Además también está Eliot, ¡ni siquiera te has acercado al chico!

Jamie se quedó mirando el vaso del Expresso que le acababa de entregar la empleada del café. Gabriel había dado en el clavo. Su nuevo hermano, del que prácticamente apenas sabía su nombre. Con todo el  ajetreo de su nueva vida, apenas se daba el tiempo para él. Salía del hospital, iba a visitar a Rossie o llegaba a casa y se iba a dormir. Se dio cuenta que el chico había contado a la familia lo que haría en el refugio para indigentes y él no había mostrado ni un poco de interés en ayudarlo, se había ido sin haber dicho nada y estaba ahí, en el centro comercial no apoyando a su hermano.

Gabriel notó lo que habían causado sus palabras en Jamie, así que bebió un sorbo de su café,  continuó.

-Decidas lo que decidas, sé que estarás en lo correcto. Y si las cosas empiezan a ponerse duras, recuerda lo que me decías en preparatoria: Para un futuro exitoso, se necesita un...
-Mucho de esfuerzo en el presente. –Terminó junto con su amigo la frase.
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Todos en MILLAR’S estaban terminando los últimos detalles del banquete para el refugio. Parker había pedido el apoyo de sus cocineros para la ocasión, todos en el restaurante trabajaban como nunca.
Eliot y los señores Harper llegaron para brindarle ayuda a Parker y su equipo. Aunque el restaurante no había abierto sus puertas para el público ese día, la cocina estaba tan llena que a Eliot le recordó una de esas escenas animadas de los duendecillos trabajando en el taller de Santa la noche previa a navidad. El Santa del restaurante se acercó a ellos, con su estilo único al caminar y su sonrisa enorme.

-¡Señores Harper! Parker Millar, un placer conocerlos. –Dijo con tanto ahínco y soltando un chillido  al mismo tiempo que apretó las manos de los padres del chico. –Supongo que Eliot ya les explicó todo, les mostraré lo que estamos preparando, por aquí.

El dueño del restaurante les dio un tour por la cocina, haciéndoles saborear el gran banquete que estaban preparando. A Eliot se le hizo agua la boca, estaba seguro que las personas en el refugio disfrutarían tanto la comida.

-Pero hijo, no lo entiendo ¿cómo es que nuestro muchacho te convenció para que donaras todo esto?  –Al señor Harper le costaba creerlo.
-No se preocupe. Al restaurante le ha estado muy bien desde que abrí, lo suficiente como para hacer este tipo de caridad. Tal vez sea judío y no celebre la navidad, pero sé lo importante que es esta festividad para muchos y pienso que incluso el más desamparado tiene el derecho de celebrarla, es algo que no nos podemos permitir dejar pasar. Deberían de estar orgullosos de su hijo por ser la mente maestra detrás de todo.

Ambos padres miraron a Eliot con ese mismo brillo en los ojos que el chico notó cuando recién llegó a la familia. Se sintió un poco abrumado y notó que sus mejillas empezaron a sentirse cálidas, seguramente se estaría sonrojando, otra vez.




Continúa en la parte 4, el desenlace.

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