El auto se detuvo frente al
edificio verde. El chico bajó del auto y alzó la mirada hasta lo más alto.
Parecía un lugar algo triste. La fachada estaba ya desgastada, las ventanas de
los pisos superiores se veían sucias y notó que las vigas que sostenían el
techo del pórtico estaban algo carcomidas. A Eliot le disgustó que un lugar
destinado para un propósito tan caritativo fuera descuidado en su
mantenimiento.
Había personas haciendo fila en
la calle aún, tratando de conseguir refugio para esa noche. Se recordó a sí
mismo hace varios años yendo de albergue en albergue con su hermano hasta que
servicios sociales lo llevó a la casa hogar.
Las personas empezaron a notar la
comida que el equipo de Parker y la familia Harper empezaban a bajar del auto y
en sus rostros Eliot notó la alegría que sentían al saber que esa noche
tendrían una cena de navidad como el resto de las personas en sus hogares
suelen tenerla.
La directora del refugio salió a
recibirlos y trajo consigo a personal para llevar los recipientes de comida
dentro del edificio, asimismo le dijo a las personas en la fila que todos
alcanzarían lugar esta noche y que tendrían una cena especial.
Los guío hacia dentro recorriendo
el angosto pasillo, iluminado por una tenue serie de luces navideñas.
-Recibimos a mucha gente por
estas fechas, estamos planeando expandir el refugio. El edificio de al lado
está en venta, pero aún estamos por lejos de conseguir el dinero que piden por
ella, así que mientras nos ajustamos a lo que tenemos.
-¿Pero entonces que pasa cuando
llega gente de más? ¿Les niegan la entra así nada más? –La señora Harper parecía
un poco indignada con tan sólo imaginar aquella situación.
-Sé lo que piensa. Pero tenemos
que hacerlo, créame que esa es la única parte de mi trabajo que detesto, pero
tenemos que cumplir exactamente con la cantidad máxima de personas refugiadas
en el edificio. Regla de sanidad. Si nos sobrepasamos podrían sancionarnos o
hasta quitar la licencia del refugio.
Eliot se dio cuenta que la única
manera de que nadie se quedara sin cama ninguna noche era consiguiendo expandir
el refugio. Creyó tener una idea, pero no la dijo en voz alta hasta cerciorarse
de cuán posible era su plan. Al parecer, tenía un gran proyecto en mente.
Llegaron a una habitación amplia,
donde había mesas largas con bancos del mismo largo de las mesas. Algunos de
los refugiados ya habían empezado a acomodarse, esperando la cena.
-Y este es el comedor. La cocina
está tras esas puertas, pero creo que podemos servir la comida aquí frente a
ellos. ¿Se quedarán con nosotros verdad? Vendrá el coro de la iglesia, siempre
ponen muy buen ambiente aquí.
Parker y los Harper accedieron, y
se integraron junto con el personal del refugio para empezar a servir la
comida. El coro llegó y empezó a cantar al unísono la canción navideña más
agitada que Eliot había escuchado, sintiéndose aún más alegre de lo que ya
estaba.
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Llamó a la puerta y esperó a que
Charlie abriera. En la parte sur de Nueva York empezaba a soplar un viento
congelante que se arrepintió de ponerse ese abrigo ligero pero fabuloso a la
vista. -La elegancia es primero.
Alto, con un cuerpo atlético pero
con esa mirada de pocos amigos que siempre se cargaba Charlie abrió la puerta.
El mismo la había llamado y pedido que fuera a su casa, pero Vanessa Phyffer no
sabía para qué.
-¿Y? ¿Puedo pasar al menos? El
viento está congelante.
-Depende de qué tan dispuesta
vengas. –Contestó e hizo esa sonrisa bufona que aunque ella no quería
admitirlo, le derretía.
-Te dije que aquellos… encuentros entre nosotros se acabaron.
–Pasó a la casa y Charlie cerró la puerta tras de sí. El frío viento dejó de
sentirse. –Además ni siquiera eras tan bueno.
-Eso no decías cuando te…
-Vanessa le arrojó su bolso al pecho para callarlo. –De acuerdo de acuerdo, no
más comentarios, bonita.
-Entonces… -hizo una pausa para
hacer a un lado la ropa sucia que había regada en el sofá donde prosiguió a
sentarse. –¿a que se debe tu llamada?
-Supuse que no tenías nada mejor
que hacer en tu casa que leer algún libro tonto sobre la mujer exitosa en la noche de navidad.
-No seas ridículo, ¡tengo muchas
cosas qué hacer
Charlie volvió hacia ella con su
sonrisa bufona.
-Admítelo, estás tan sola y
amargada en la vida como yo. –Le pasó un cerveza a su amiga, y se empinó la
suya.
-La única diferencia –dijo
Vanessa, levantándose de su asiento y yendo hacia el dolido tipo poniéndole el
dedo índice en sus labios en señal de silencio.- es que tú si tienes una
familia a la cual puedes visitar.
Antes de que Charlie pudiera replicar,
el teléfono sonó. Prefirió ignorarlo, pues sabía de quién se trataba, pero
Phyffer contestó.
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Todos en el refugio disfrutaban
de la comida que el restaurante MILLAR’s había donado. Refugiados, trabajadores
y los chicos del coro compartían mesa. Eliot miraba con gusto a sus padres
adoptivos reírse y conversar con una de las familias refugiadas. Parker se
cercioraba de que no le faltara ninguna ración a nadie, deseó que Gabriel
estuviera ahí junto a él en ese momento.
Tratando de servir el ponche de ese
enorme jarrón Eliot perdió el equilibrio, pero alguien llegó a tiempo para
ayudarlo y evitar se cayera todo.
-¡Cuidado colega! ¿Necesitas
ayuda?
Eliot sonrío con todo su júbilo
al ver que su hermano Jamie había llegado para ayudar. Por la mañana había sentido
que ignoró todo este asunto y se fue extremadamente rápido, pero ahora estaba
ahí, apoyándolo en su proyecto.
-Perdón por salirme así sin más
en la mañana colega. Gabriel me contó tu plan y quise venir a ayudarte si es
que aún quieres.
-¡Claro! Mira puedes ayudarme a
servir esto, por poco se me cae a mi…
-¡Sonrían!
La mamá de los chicos les sacó
una fotografía con su antigua cámara instantánea. Vio la foto de sus dos
muchachos, Jamie el niño al que crío desde su adopción hace ya 14 años, y
Eliot, el nuevo integrante de la familia de quien rápidamente se había
encariñado. La primera foto que tenían juntos. No pudo evitar derramar una
lágrima al verla y sus hijos dejaron el ponche para ir a abrazarla, darle un
beso en la mejilla ambos al mismo tiempo y desearle feliz navidad.
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En el aeropuerto de Nueva York
seguía la desesperación de Daniel por poder despegar de una vez por todas el
vuelo, pues ya era casi media noche y el y Lily tenían que estar en casa para
la cena de navidad. Tenía mucho sin ver a sus padres, además quería escuchar
personalmente cómo iban las cosas entre su hermana Rosie y su amigo Jamie. Les
tenía mucha fe a la pareja.
Lily había ido por algo de comer
y él se quedó en la sala de la terminal F3. Quería arrancarse el cabello pues Jimmy, el pequeño odioso que estaba
sentado a su lado no paraba de hacer berrinche a sus padres sobre un videojuego
que exigía tener.
Con pocas esperanzas, vio que la
azafata de la terminal tomó el micrófono diciendo:
Agradecemos su espera por el vuelo 104 a Colorado, nos complace
anunciarles que las condiciones meteorológicas en dicha ciudad han mejorado,
por lo que el vuelo es reanudado. Pasajeros favor de abordar por la puerta 3.
En cuanto escuchó esto, Daniel se
puso de pie, en busca de su novia. Tomó la maleta de mano que traía consigo y
se dirigió hacia la puerta de la terminal para apresurar a Lily.
-¡Vamos! ¿Escuchaste? El vuelo ha
reanudado, ya podemos abordar el avión ¿encontraste lo que ibas a comprar?
-De hecho, encontré algo más.
Bueno, a alguien más.
La chica viró hacia atrás e
introdujo al ala a un alto y fornido hombre a quien Daniel no esperaba ver en
esos momentos. El alto personaje se acercó a
Daniel, y con mirada de duda e incomodidad miró a los ojos de su hermano.
-Así que…tu vuelo… -Charlie no
sabía ni qué decir. No había podido conectar con su hermano menor en estos
meses que habían tratado de sobrellevar su relación viviendo juntos.
-Se reanudó. Ya vamos directo a
casa, con mamá, papá y Rosie. –repuso en tono seco Daniel, quien también se
sentía en una situación incómoda.
-Genial. Totalmente genial –Charlie
tenía en la punta de la lengua lo que iba a proponerle a su hermano, pero el
orgullo no lo dejaba. –Salúdame a todos en casa.
-Dan…ya es muy tarde como para
tomar el vuelo. Recuerda que transbordaremos en Colorado, y no como éste primer
vuelo se retrasó, no sabemos si habrá un segundo disponible para llegar a casa.
Daniel sabía por dónde iba el
asunto, pero no estaba dispuesto a aceptar quedarse con Charlie si éste mismo
no lo decía por su cuenta.
-Enano, lo que Lily trata de
decir, es que habrán llegado como mínimo para el medio día de mañana, perdiéndose
de la cena de navidad de hoy. Deberían quedarse aquí ambos, podemos preparar
algo y tener nuestra mini cena de navidad…improvisada. Si así lo quieres.
Lo dijo. Había una brecha enorme
entre estos hermanos, pero a Daniel tampoco le gustaba la idea de quedarse sin
cena de navidad, ni mucho menos de seguir soportado al odioso Jimmy sentado
junto a él.
-Cena improvisada, eh. Suena bien
grandulón. Podemos llamar a la familia por Skype y desearles feliz navidad. Más
vale que te peines o papá creerá que aún sigues en esa banda de rock –le dice
Daniel en tono burlón, dándole una palmada en el brazo a su hermano.
-Y tu quítate esa barba o mamá se
asustará –repuso el hermano mayor, ayudándole al menor con el equipaje de Lily.
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En casa de los Harper todos
disfrutaban el estar reunidos. La cena había terminado y ahora se encontraban
todos en la sala recordando las travesuras de Jamie, Rosie y Gabriel cuando
eran chicos, quienes no paraban de reír y sentirse avergonzados de vez en
cuando con alguna de las historias. Eliot y Parker escuchaban asombrados las
aventuras (y desventuras) por las que pasó el trío de amigos, y morían de ganas
por conocer al resto del grupo como a Daniel, Hailey y Jessica.
Llegó un momento en que Jamie y
Rosie se escaparon del bullicio y salieron al frente de la casa a tomar un
respiro. En lo que iba del día, era la primera vez que se encontraban a solas.
-No podía creer cuando llegó esa
llamada por Skype de Daniel y Charlie…¡juntos! –esbozó una linda sonrisa,
aquella de la que Jamie se había enamorado desde hacía tiempo.
-Sólo era cuestión de tiempo para
que esos dos se arreglaran. Extrañan a su hermana que los hacía sentar cabeza.
Ahora que no estás, lo hacen ellos mismos –la tomó de la mano para bajar las
escaleras del pórtico, yendo hacia el jardín congelado.
-¡Y tu abuelo! Creí que era
mentira cuando dijiste ayer que tenía una novia más joven que tu mamá, a la
cual vi cómo la miraste…
Jamie hizo una expresión burlona
que hizo que Rosie se molestara aún más.
-¡No te enojes! –la besó- aunque
me gusta cuando lo haces.
La tomó de las manos, y como un
acto reflejo, empezó a trazar en la nieve del piso unos pequeños pasos de vals,
a los cuales Rosie siguió, desconcertada.
-¿Qué haces? –tenía tan cerca de
su rostro a Jamie que se percató del color avellana de los ojos del chico, y
las pequeñas pecas en el dorso de su nariz mirándolo con ternura.
-Bailo. Como en nuestra primera
cita…aunque no sé si contó como cita o no. Baile de primavera en primer año de
prepa.
-Cuando me animaste a ir contigo
después de que aquél chico con el que salía me cambiara por otra. Recuerdo que
no quería ir después de eso, pero como sabías lo entusiasmada que estaba por ir
al primer baile de preparatoria desde siempre, no dejaste que eso me lo
arruinara y me invitaste tú. Y durante el baile recuerdo que me protegiste
porque aquel fulano me hizo una escena de reclamo.
-Valió la pena el golpe –Rosie se
sorprendió- …espera, se supone no sabías eso. En fin ¿Cuál era la canción que
bailamos al final? The A…
-The A team. Ed Sheeran.
A Rosie le sorprendió que Jamie
recordara todos los detalles de aquella noche, aún más cuando, al ritmo de los
pasos de vals, empezó a tararear la canción. Estaba tan contenta del momento
que estaban teniendo. Alzó la mirada y vio los copos de nieve caer del
oscurecido cielo. Las campanas de la iglesia empezaron a tocar. Doce. Jamie se
detuvo en seco, acercó sus labios a los de Rosie, y antes de besarla articuló el
susurro más atractivo que ella le había escuchado jamás:
-Feliz navidad linda.
La nieve empezó a caer más a
prisa y en más volumen. Sus rostros se separaron y ella, sin aliento, repuso un
feliz navidad . Escucharon a todos
adentro deseándose dicha por la navidad y decidieron regresar. Rosie iba por
delante, subiendo las escaleras del pórtico cuando Jamie la detuvo de la mano.
La chica vio la cajita azul que el chico había sacado de su abrigo. Reaccionó.
-¿Quieres ser mi esposa? –dijo, soltando
un gran suspiro.
Ohh my god!! ! Lo dijo!!!
ResponderEliminarGracias Roberto por escribir esta historia llena de emociones, llore imagiandome la esena que vio la mama de Jamie y me llena de ternura Eliot, es un personaje generoso y muy activo. Te pido sigas escribiendo, Quiero saber la repuesta de Rosie!!!! :B
Atte. Tu fan #1 ;)
Gracias chica! Trataré de escribir más seguido
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