martes, 7 de julio de 2015

Música del blog: Por los viejos tiempos

A mi parecer, toda historia bien contada requiere de música que la enriquezca. Muchas veces, el drama, el amor, la felicidad, la tristeza, la furia requieren de canciones sonando de fondo para hacernos llegar estos sentimientos. Aquí una lista de canciones que a mi perspectiva encajan perfecto con algunas escenas del capítulo más reciente titulado "Por los viejos tiempos".

1. Dan y Olive se dirigen al pueblo que vio crecer a nuestros protagonistas, en su viaje en carretera disfrutan de cantar en voz alta una de sus canciones favoritas. La canción que suena en la radio es Love is easy de The Mowgli's



2. En espera de la cena de acción de gracias, padres e hijos se divierten en un amistoso partido de fútbol. Esta divertida secuencia es acompañada con la canción Home to you, de The Mowgli's



3. La noche ha caído, todos han llegado y sentados a la mesa esperan a que Jamie inaugure la gran cena. Este último tiene un momento de reflexión viendo a los que más quiere reunidos en esa noche tan especial. A su mente viene la letra de la conocida canción de año nuevo, Auld Lang Syne, derivada del poema de escocés escrito por Robert Burns y popularizada por cientos de intérpretes a través de los años. Aquí la versión de la película New Year's Eve cantada por Lea Michele



Por los viejos tiempos

A pesar de ser noviembre, el clima le daba la impresión a Rosie de estar en un caluroso día de verano. Los niños estaban fuera en el patio trasero jugando con su cuñado Eliot. Habían improvisado un campo de béisbol (el juego favorito de su esposo, de su cuñado y ahora de sus hijos) y los niños le enseñaban a su joven tío sus mejores lanzamientos.

Mirándolos desde la ventana de la cocina se encontraba la mujer de cabello cobrizo a la cual los años parecían no haberle pasado encima del todo. Se veía como cualquier mujer que ha parido y críado a dos hijos claro, pero aun así su belleza era admirable. Al menos eso pensó la chica que tenía detrás suyo, sentada a la barra del desayunador.

-Es muy bueno que vengan a visitarnos, los niños extrañan mucho a su tío –dijo Rosie, a la vez que dirigió su mirada a la ventana de nuevo. –En verdad se lleva muy bien con ellos, tienes suerte querida, te encontraste a uno de los buenos.

La chica se sintió incómoda con el comentario, pues lo último que tenía planeado al momento era casarse o tener hijos. Rosie notó el efecto de sus palabras, a lo que prosiguió:

-Oh dios, no me malentiendas. Sé que tu y Eliot se conocieron en la universidad el semestre pasado y…

Afortunadamente para ambas, Jamie el esposo de Rosie llegó a casa. Portaba aún el uniforme clínico color verde esmeralda a juego con unos tenis manchados con gotas de sangre seca. El hombre le dio un fuerte y rápido beso en los labios a su esposa y después se dirigió hacia la chica sentada en la cocina.

-Jamie Harper, mucho gusto. –le extendió la mano a la joven, con una sonrisa en el rostro.

-Heidi Alpert, el gusto es mío señor. –la chica notó los amables ojos del doctor, en verdad irradiaba bondad como le había descrito Eliot. Cayó en cuenta que se había quedado mirándole a los ojos, y rápido desvió la mirada, apenada.

-Siéntete como en casa, ¿ya conociste a los chicos? ¡Que ni siquiera han venido a saludarme! –gritó ésta última frase en un tono burlón.

Acto seguido, dos individuos pequeños franquearon la puerta trasera de la cocina y corrieron a abrazar a su padre. Reed, con el cabello cobrizo como el de su madre y con 8 años de edad le llegaba ya a la cintura a su alto padre, y Carson, de 5 años era la viva imagen del doctor Harper, incluso había heredado los mismos ojos color miel de él y el cabello castaño.

Detrás de los chicos venía un joven de cabello grueso y arremolinado, moreno y delgado. Se había quedado parado observando la adorable escena de sus sobrinos y su hermano, deseando poder algún día tener la hermosa familia que Jamie tenía. Se daba cuenta que a pesar de su agobiante trabajo como Jefe del Servicio de Urgencias en el Hospital General, su hermano tenía todo el cariño y la paciencia disponibles para tratar con esos pequeños diablillos y ser el padre y esposo amoroso que tanto admiraba.

No se veían muy seguido, pues sus estudios en Stanford mantenían alejado a Eliot de su familia durante todo el semestre. Sólo en vacaciones y en fechas importantes como ésta, el día de acción de gracias llegaba a ver a su hermano mayor y a sus padres.

Se percató que a diferencia de su cuñada Rosie, a sus 36 años Jamie Harper se veía incluso mayor. Con arrugas cada vez más notables cerca de sus ojos y en la frente, ojeras producto de las noches de vigilia en el hospital, los lentes que había tenido que usar de tiempo completo desde los 30 años y esa barba de tres días que solía caracterizarle desde hace mucho. El urgenciólogo cayó en cuenta de que su hermano le observaba y avanzó hacía él, soltando una enorme carcajada de felicidad y dándole un fuerte y cálido abrazo a su hermano menor.

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Mientras tanto, en la carretera rumbo al pueblo Dan y su novia escuchaban felices la radio y cantaban juntos a grito abierto esa canción de rock que tanto les gustaba. Daniel iba al volante, y además de ver el camino con árboles alzándose al costado, disfrutaba de ver a la bella chica que venía en el asiento del copiloto. La había conocido cuando más necesitaba de alguien, pues pasaba por un momento difícil en su vida y se encontraba viviendo solo en la gran ciudad de San Francisco, después de haber dejado todo atrás en Nueva York. Su nombre, Olive. O como a Dan le gusta decirle, el amor de su vida.

Quitó una mano del volante en busca de la mano su novia. Entrelazaron sus dedos con delicadeza. Dan volvió a contarle con entusiasmo cómo era toda la familia que en unos momentos más conocería Olive, le  contó su anterior vida en el pueblo, le contó de sus padres, de sus hermanos mayores, sus amigos de sus lindos sobrinos y anécdotas que tenía de las aventuras que tuvo cuando joven en dicho pueblo.

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La tarde caía, y los que habían llegado ya se habían trasladado al patio trasero donde habían acomodado varias mesas juntas a lo largo para formar una sola donde en unas horas se reunirían todos para disfrutar de la cena de acción de gracias.

Los niños y algunos de los adultos jugaban una reñida partida de futbol en el verde césped. De un lado del campo de juego estaban Jamie y Gabriel guiando a Reed y a Alby (hijo de Gabriel y Parker) en una emocionante táctica contra el equipo de Charlie y Eliot quienes guiaban a Carson y Andrew, éste último hijo de Charlie y Carter. Padres e hijos se divertían en el juego, se podría decir que más los padres que los niños, pues era la primera vez en mucho tiempo que se reunían todos.

Dentro de la casa Parker conversaba con la ahora abuela Harper, la madre de Jamie y Eliot, sobre recetas de pavos ahumados y ganso al horno. Fuera, preparando la ensalada y demás entradas se encontraban Heidi, Rosie junto a sus amigas de siempre: Carter y Hailey. Las chicas se ponían al tanto de sus vidas,  intercambiando historias de trabajo, de sus hijos y demás.

Los chicos acababan de anotar el último touchdown del partido. El equipo ganador celebraba entre vítores mientras que el perdedor abucheaba graciosamente. Al instante vieron que más invitados llegaban al patio trasero y todos los niños corrieron a saludar. Se trataban de Dan y su novia quienes se habían encontrado en la puerta a Jessica con su esposo y pequeña hija.

Había sido un poco incómodo para Daniel y Jessica el encontrase ahí con sus respectivas parejas, pues en el pasado ellos habían sido novios, pero las cosas no terminaron nada bien cuando ella decidió dejarlo e irse a vivir con sus padres al otro lado del mundo. En fin, los años habían transcurrido y a pesar de jamás haber vuelto a hablar desde ese entonces, ambos entendían que ya eran adultos y que cada quien había hecho su vida en un camino diferente.

Jamie avanzó con todo su júbilo al ver a su hermana Jessica, levantándola del suelo al darle un apretado abrazo y un cariñoso beso en la mejilla. Cuando se dio cuenta, trató de volver en cordura y saludó a su elegante cuñado, un rubio con demasiada gomina en el cabello y que era aún más alto que él, casi del tamaño de Charlie. En seguida se puso en cuclillas para decirle hola a su pequeña sobrina, una linda niña de 3 años, rubia como su padre y con unas coletas y un overol que la hacían ver aún más tierna de lo que ya era.

-¿A quién tenemos aquí? –Jamie hizo ese tono de voz que hacía cuando hablaba con los bebés.

La pequeña niña se escondió tras su padre, asomando sólo la cabeza tratando de identificar al hombre que le había hablado.

-Vamos mi vida, dile cómo te llamas a tu tío. –le dijo su madre.

-Sammy. –dijo la niña con voz temerosa. Aún seguía tras su padre.

-Hola Sammy, yo me llamo Jamie. Soy tu tío –Jamie le regaló la sonrisa más fiel que pudo. –¿me quieres dar un abrazo?

La niña titubeó, pero empezó a avanzar poco a poco hasta donde estaba su tío aún en cuclillas. Extendió sus rechonchos brazos y le regaló un abrazo.

-¡Eso! Ven linda, ¿quieres conocer a tu tía y a tus primos?

Del otro lado del patio, otro reencuentro tomaba lugar.

-¡Vaya! ¡Te llegaron los años enano! –el enorme Charlie chocó con fuerza la palma de su hermano Dan y en seguida lo abrazó, dándole unas fuertes palmadas en la espalda.

Desde hacía años que su relación había aflorado, desde aquella vez en el aeropuerto en navidad. Charlie era el único de la familia con quien Daniel se comunicaba seguido desde San Francisco. Tenían muchas cosas en común, y en cierto modo, Charlie era el único que lo entendía. Daniel le presentó a su novia Olive y Charlie no perdió la oportunidad para dejar en vergüenza a su hermano menor con un recuerdo tonto de cuando eran niños. En instantes, llegó Rosie a saludarlos, sintiéndose realizada de por fin tener en sus brazos a sus dos hermanos.

-Mamá y papá llegarán pronto chicos. Estoy segura que van a amar verlos a ambos. Vamos, pónganse cómodos.

En eso, otro hombre llegaba a la reunión, un tanto despistado pues no creyó que habría tanta gente allí. Se detuvo en seco para ubicar a su colega del hospital quien amistosamente lo había invitado a la cena. Vio al doctor Harper, su Jefe de Urgencias o Jamie, como le había pedido éste que le llamase, saludando a una pequeña niña. De pronto sintió la mirada de todos -más bien, de todas- sobre sí.
Alto, con un cuerpo trabajado resultado de horas en el gimnasio, una estructura craneal perfecta y de un cabello rubio muy corto, Quentin Lane estaba acostumbrado a recibir la atención de las mujeres, solo que en ese momento deseaba no ser el centro de atención. No conocía a nadie más que a los anfitriones.

El doctor Harper se percató de la llegada de su colega, y caminó justo hacia él dándole la bienvenida.

-¡Hey, Quentin! Pasa, te estábamos esperando -le dio la mano y caminó con el rodeándole la espalda con su brazo.

Se le acercó al oído y en voz baja, exclamó:

-Ya llegó la amiga de la que te hablé, ven te la presentaré.
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El reloj daba casi daba las 7:00 pm y la señora Harper se había detenido en la sala de la casa en su camino en busca de la cámara fotográfica. Admiraba una fotografía enmarcada donde salían ella y su esposo junto a su hijo Jamie en su cumpleaños número nueve.

Rememoró perfectamente ese día, era el primero que pasaba el chico con sus padres adoptivos. Ella quería que fuera algo memorable por lo que invitó a toda la clase de Jamie a la fiesta y le hizo ese enorme pastel de relleno de fresa y granada cubierto con crema de mantequilla con queso. Se había sentido orgullosa de su trabajo hasta que accidentalmente el pastel cayó de la tabla de la cocina. Recordó ver los ojos llenarse de lágrimas de su pequeño, pero ella lo tranquilizó diciéndole que lo arreglaría, y así fue.

Tras ella escuchó los pasos de alguien. Volteó y vio a Eliot. Ya no era el chico inseguro que llegó a casa a los 16 años. Ahora era un hombre, a punto de graduarse en Stanford y con el mejor de los caminos por delante.

-No lo entiendo mamá… ¿esa mujer, Jessica es hermana de Jamie?

-Así es hijo, ambos tenían los mismos padres, solo que cuando los dieron en adopción fueron separados. Un destino muy común en hermanos huérfanos. Se separaron y no supieron uno del otro hasta que cuando Jamie estaba en preparatoria Rosie le ayudó a encontrarla. Jessica volvió a su vida durante unos años, pero después se mudó con su familia al otro lado del mundo -suspiró, y siguió mirando la fotografía-. No se ven muy seguido, y sólo en raras ocasiones se hacen llamadas telefónicas. Aun así, Jamie le tiene un gran afecto.

-Desearía que Jamie me lo hubiése dicho. Siento que aún no lo conozco del todo. –contempló a su mamá con una mirada confundida.

-¡Oh hijo! sabes que él te quiere, es sólo que…

-¿Solo que qué? –Jamie acababa de llegar a la habitación.

-Nada. –respondió Eliot. –Vine a llevar a mamá para que se una con nosotros. El señor McCall está contando otra de sus aventuras en la milicia.

-Sí hijo, es sólo que me detuve a ver esta foto.

Ambos hijos comprendieron que mamá se había puesto a recordar a papá con aquella fotografía. Pensaba en él muy seguido.

-Mamá... –dijo Jamie en un tono más que un susurro. Se acercó y rodeo con sus brazos a la mujer, frotándolos en su cuerpo en simbolismo de calidez. –Ya pasó un año y medio desde que papá falleció. Sabes, tu cuarto sigue aquí, ¡ven con nosotros! no me gusta que estés sola. Eliot solo puede estar contigo en las vacaciones por la universidad y aunque nosotros tratamos de visitarte lo más que podemos, no es lo mismo.

-Hijo, no me puedo ir de casa. Es nuestra casa, ¿no entiendes? He echado raíces ahí. No me da miedo quedarme sola. Es parte del ciclo. Te casas, compras una casa, tienes niños, envejeces y ves lo suficiente como para darte cuenta que esos niños ya son unos adultos y que tienen que ir fuera a enfrentar el mundo y a echar sus propias raíces con su propia familiar. Es lo que hice, es lo que estás haciendo y es lo que hará Eliot. Además aún tengo a Delta conmigo –la señora Harper sonrió al imaginar qué estaría haciendo esa labrador sola en casa. –Ahora ven Eliot y únete al abrazo.

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La noche cayó, se sentía una brisa agradablemente fresca. Las estrellas iluminaban el manto oscuro del cielo bajo el cual se encontraban todos. La luna había dejado su escondite detrás de las nubes para adornar la celebración. Jamie Harper tenía los ojos clavados en el firmamento. Acababa de colgar al teléfono con su amigo de la universidad, Clayton, quien no había podido asistir al festejo pero aún así no podía dejar pasar la fecha para saludar a su viejo amigo Jamie.

Todos  lo llamaron a la mesa, pues querían que inaugurara la gran cena con algunas palabras.

Dio vuelta a su mirada y sus ojos color miel vieron la imagen más preciada que pudo capturar. La gran mesa, cubierta de manteles blancos se encontraba rebosante de comida. Dos grandes pavos bañados en la salsa secreta de Parker ornamentados con frutos y hierbas. Complementándolos, diversos tazones y platos de puré, pastas, ensaladas, pan recién horneado y demás recetas de Parker que Jamie era incapaz de pronunciar. Con las copas llenas de vino tinto y los platos vacíos esperando llenarse, los efusivos rostros de los asistentes se iluminaban con las velas dispuestas en la mesa. Jamie deseó tomar una fotografía de ese encuadre pero decidió atesorarla de una manera más sencilla, en su memoria.

De pronto, en su cabeza rememoró la letra de aquella entrañable canción que el mundo entero escuchaba al mismo tiempo en un día del año en particular. Del poema escrito por Robert Burns, la canción patrimonio cultural era tocada en momentos solemnes, como aquellos en los que se inicia o acaba un viaje. Justamente, este momento le pareció a Jamie digno de relacionar con la letra de la canción.

<< ¿Deberían olvidarse las viejas amistades y nunca recordarse?>>

Todos sus seres queridos se encontraban allí. Le habían guardado el asiento de la cabecera. A su lado se encontraban dos de las mujeres que amaba más en el mundo. A su derecha, su bella esposa Rosie enviando miradas de advertencia al pequeño Carson que jugaba con los cubiertos, mientras que a su izquierda estaba su madre, la señora Harper, observando al hombre de familia en que se había convertido su hijo. En seguida Gabriel y Parker tomados de la mano le recordaban al urgenciólogo lo indistinto que era el amor y que dos hombres pueden ser tan buenos padres como un hombre y una mujer.

<< ¿Deberían olvidarse las viejas amistades y los viejos tiempos?>>

Ver a Charlie rodeándole con el brazo a su esposa Carter era una prueba de que incluso aquel tan perdido en su vida puede encontrar a la persona que le recuerde lo valioso de ésta. Carter había sido todos estos años desde la universidad, el equivalente de amiga leal y fiel para Rosie que Gabriel había sido para Jamie desde siempre.

<<Por los viejos tiempos, amigo mío, por los viejos tiempos. Tomaremos una copa por los viejos tiempos >>

Se sentía feliz de que Dan haya vuelto a casa para ver a su familia. Había estado en un camino oscuro todos estos años, pero al parecer Olive lo había sacado de esa oscuridad. Así mismo Hailey, una vieja amiga, había vuelto a sus vidas desde que regresaron al pueblo demostrando que si una amistad en verdad es valorada harás lo que sea por enmendar un error y recuperarla. `
La chica parecía estarse entendiendo muy bien con el apuesto Quentin.

<<…pero hemos errado mucho con los pies adoloridos desde viejos tiempos>>

Incluso Vanessa Phyffer de quien nadie se esperaba el gran cambio de perspectiva de vida que tuvo después de conocer al que ahora es su esposo, le había enseñado a sus amigos que incluso aquel que ha vivido rodeado de muros toda su vida, es capaz de derrumbarlos por la persona adecuada. Ella y Cole se encontraban en espera de su primer hijo.

<<Los dos hemos correteado por las laderas y recogido las hermosas margaritas>>

El señor y la señora McCall, los padres de Rosie, Charlie y Daniel eran tan tiernos. Su amor por su familia era tan grande. Llenos de dicha estaban al ver después de años a sus tres hijos reunidos con ellos, incluso ahora eran abuelos de tres niños maravillosos.

<<Los dos hemos vadeado la corriente desde el mediodía hasta la cena…>>

Y entonces vio a sus dos hermanos menores. Eliot quien había llegado a la familia hace diez años, de alguna manera convirtió a Jamie en el hombre de familia que ahora es. Y Jessica, su hermana biológica a quien había tenido la fortuna de reencontrar. Habían hecho sus vidas separados uno del otro en diferentes familias y ahora en diferentes países pero aun así, ambos sabían que donde sea que estuviesen, tenían el amor de hermanos que los unía.

<<…pero anchos mares han rugido entre nosotros, desde los viejos tiempos>>

Veía lo mejor de todos, pero sabía que eran los defectos, las tormentas y las batallas perdidas lo que había hecho tan fuerte a las personas que tenía frente suyo, eso es lo que le enseñó su padre en vida y lo que admiraba de todos ellos. Sabía que si los problemas se presentaban, tenía a toda esta gente para apoyarse en sí, como siempre lo han hecho. Porque a lo largo de su vida, se había dado cuenta que no sólo es familia aquél con quien se comparte material genético, es aquél con quien se decide pasar los días de su vida.

<<Y he aquí una mano, mi fiel amigo, dános una de tus manos, y ¡echemos un trago de cerveza por los viejos tiempos! >>




martes, 23 de junio de 2015

Ansiedad

La habitación estaba a oscuras, pero bien iluminada por la luz de la luna que se colaba por su ventana. Se paseaba de aquí para allá tratando de poner orden a sus pensamientos. Cuando se dio cuenta que sus pasos hacían mucho ruido se detuvo, esperando no haber despertado a nadie en casa a altas horas de la madrugada. Tomó asiento en su silla frente al escritorio; encima de éste se encontraba el teléfono. Lo tomó y comenzó a marcar teclas. Se arrepintió y soltó el aparato, apartándolo de su vista. Sentía tanta ansiedad que mataba por fumar un cigarrillo, pero hizo prometer a su novia que no lo haría jamás, no quería otra crisis obsesiva compulsiva por el tabaco.

Se sentía terrible por no haberle confiado a Rosie sus verdaderos deseos respecto al lugar en el que quería estudiar. Yale era bueno para ambos, pero no era lo que Jamie quería para él. La Facultad de Medicina de Stanford siempre había sido el sueño del chico. Las mentiras hacia su novia fueron creciendo y Jamie se figuró el grave problema en el que estaba. Una pequeña mentira inocente que no dañaría a nadie fue creciendo hasta este punto. Y aquí estaba. A unas horas de su entrevista con el reclutador de Stanford, nervioso por no arruinar esta oportunidad y sin poder contar con el apoyo de su chica. Ella no sabía nada en absoluto de todo esto.

Se dirigió al cuarto de baño. Encendió la luz y pudo ver en el espejo colgado arriba del lavabo su expresión de angustia, pareciera como si acabara de ver un muerto. Sintió tensa su mandíbula y se percató que apretaba sus puños tanta mucha fuerza que le temblaban. Inspiró hondo, relajó sus músculos y se inclinó sobre el lavabo apoyando sus manos sobre éste. Acto seguido abrió la llave del grifo. El agua corriente cayó y se concentró en ese sonido para aclarar su mente. Lo necesitaba. Deseó tanto abrazar a Rosie, eso siempre lo calmaba. Comenzó a lavarse los dientes y mirándose fijamente en el espejo empezó a visualizarse en la entrevista que daría en unas cuantas horas.

lunes, 22 de junio de 2015

Música del blog

A mi parecer, toda historia bien contada requiere de música que la enriquezca. Muchas veces, el drama, el amor, la felicidad, la tristeza, la furia requieren de canciones sonando de fondo para hacernos llegar estos sentimientos. Aquí una lista de canciones que a mi perspectiva encajan perfecto con algunas escenas del blog.

La Ultima Navidad parte 4

La noche se llega, y en el refugio la cena está más que servida. El coro de la iglesia del pueblo deleita a todos con Jingle Bell Rock




Jamie sorprende a Eliot al llegar al refugio para ayudarle, mostrándonos que su unión de hermanos es más fuerte que nada. La Sra. Harper toma una fotografía de sus hijos para recordar ese momento. Mientras que en el aeropuerto de NY, Daniel y Charlie hacen las paces y nos demuestran como la canción, que no todo ha terminado.
Don't dream it's over, de Crowded House:



Al dar la media noche y siendo navidad oficialmente, Rosie y Jamie tienen esta emotiva escena de baile a la luz de la luna recordando su primera cita, aquél baile de preparatoria donde bailaron The A Team de Ed Sheeran.



Desayuno entre amigos

Jamie ha regresado de Inglaterra y los 3 amigos quedan para desayunar en la ciudad que prometieron visitar desde siempre. Nuevas aventuras les esperan a los chicos ahora que todos están juntos en Nueva York. La versión de Pompeii de Tanner Patrick es la canción elegida para la reunión de estos amigos.


Bienvenido al campus, parte 1

Se llegó el día para Rosie, Jamie y Gabriel de asistir a la universidad. Una nueva vida les espera lejos de casa.

Tras despedirse de su hermano, Rosie se dirige a cruzar la puerta de entrada del edificio principal de Yale, mientras que Jamie recorre California camino a Stanford. Durante esta secuencia suena de fondo The Show de Lenka.



Jamie llega al campus de Stanford, y las animadoras reciben a todos con una provocativa coreografía al ritmo de Toxic de Britney Spears



El cumpleaños

Dos mejores amigos intentan volver a cuando era antes de que fuesen ex novios. Es el cumpleaños de Jamie, y Rosie trata de recuperar esto dándole una sorpresa. En el final de este episodio suena Shake me up de The Mowgli's


sábado, 2 de mayo de 2015

Bienvenido al campus, parte 1

Mantenía fija la mirada al camino en la carretera. Había tenido una leve conversación durante todo el camino con su hermano quien era el que manejaba el auto, pero no más. En su cabeza seguía reproduciéndose una y otra vez esa discusión que tuvo con su novio Jamie hace unos días.

-¿Entonces,  así sin más cambiaste de opinión? No lo entiendo, teníamos un plan –dijo la chica, confundida.
-Tenías un plan. Escucha Rosie, quiero tanto como tú que sigamos viéndonos diario pero no siento que esto encaje conmigo, no siento que deba ir a Yale como ustedes. Stanford me quiere ahí, tienen este excelente programa en Medicina y la oportunidad de irme a Europa en algún punto de la carrera…
-Si tanto querías ir a Stanford entonces ¿por qué no lo dijiste antes? ¿Por qué hacerme ilusiones de que estaríamos en la universidad juntos, por qué permitirme planear todo este absurdo…? –Dio un gran suspiro –¿Por qué esconderme lo que en verdad querías?

Sabía que las cosas estaban bien entre su novio y ella. Habían arreglado sus diferencias y cada uno dejó su hogar y partió a la universidad. Rosie a Yale en New Haven, y Jamie a Standford en California. Aunque había tenido algunos días para asimilar el hecho que pasaría los próximos cuatro años a una enorme distancia de él, de su familia y de casa. Pareciera como si de pronto en el auto se hubiera enterado de todo esto. Estaba aterrada.

-Rosie…¡Oye, Rosie! –Daniel se percató del silencio de su hermana.

-¿Si? –se incorporó.

-¿Sabes? Creo que los echaré de menos a todos ustedes en la preparatoria. Quiero decir, aún estará Jessica, pero no será lo mismo sin ustedes. Creo que debí de haber hecho más amigos de mi curso en vez de pasar todo el tiempo con ustedes los mayores. En fin, tengo este último año para hacerlo. –Su hermana esbozó una diminuta sonrisa. El chico sabía que ella no la estaba pasando bien. –Así como tú, estoy seguro que es emocionante llegar a un nuevo lugar a vivir. Nuevas personas, nuevas experiencias. Sé que parece algo aterrador al principio, por lo menos para mí lo sería, pero estoy seguro te encantará. No te preocupes.

Los kilómetros pasaron, y pese a las palabras de ánimo de su hermano, Rosie sentía un hueco en el estómago conforme se acercaban al campus.

Veían cada vez más y más autos hasta que por fin llegaron. El edificio principal era tan majestuosamente grande que Rosie se sintió empequeñecida frente a éste. Bajó del auto a ayudar a Daniel con el equipaje de la cajuela. No entendía cómo todos los demás estudiantes que iban llegando como ella se veían tan felices. Ella no lo estaba. No sin Jamie, no sin sus padres, no sola.

-Esta es la última –el chico le entregó una pequeña bolsa a su hermana. –¿En serio no quieres que te ayude con ellas hasta tu dormitorio? –preguntó, con entusiasmo. Al parecer Daniel lo que quería era ver a las chicas universitarias.

-Creo que a me corresponde ir sola de aquí en adelante. –Viró hacia el edificio y lo contempló,seria. –Se ve algo…aterrador. Lo nuevo, lo desconocido. Se supone que así sea, ¿no?

-Una persona me dijo una vez, Si tus sueños no te aterran, no son lo suficientemente grandes.

Y entonces lo entendió. Rosie había sido la hermana mayor que empujaba a su hermano Daniel por el camino que decidiese tomar éste, aconsejándolo. Pero era ahora su hermanito quien se encargaba de este rol con ella. Se dio cuenta que es normal sentir miedo, se dio cuenta también que, no necesitaba de nadie más que de ella misma para pasar por esto, pues era una nueva etapa en su vida y tenía que vivirla, recibiendo lo que sea que viniése de aquí en adelante.

Rosie se acercó a su hermano y lo abrazó fuertemente.

-Avísame cuando llegues a casa Dan. Trata de no sacarle canas vedes a nuestros padres ¡eh!

El chico se alegró por el cambio de actitud de su hermana, su trabajo estaba hecho.

-Por cierto Rosie... sé que no eres gran fan de la tecnología y que por eso prefieres escribir en papel que en tu computadora, pero te creé una cuenta en ese sitio de videollamadas en internet. Puedes llamarme cuando lo necesites. El teléfono sirve, pero estoy seguro que tal vez ver mi atractivo rostro sea mucho mejor.

Rosie se dio la vuelta y trató de dar el primer paso pero no pudo, pues su hermano la retuvo con un abrazo por la espalda. El brazo de él rodeaba su pecho, su mano le sostenía el hombro derecho de ella. La cabeza del chico, apoyada en el hombro izquierdo de Rosie.

Acto seguido, Daniel la soltó y ella avanzó. No era una despedida, al final del semestre ella volvería a casa para vacaciones. Era un hasta entonces.

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El clima mediterráneo de Palo Alto, California le agradaba mucho a Jamie. En esa época del año era cálido y seco. A Jamie la pareció una ciudad muy pintoresca desde que arribó en el avión. Ahora iba en un taxi hacia Stanford y la vista por la ventana del coche era muy acogedora. Las montañas eran visibles y los numerosos robles característicos de la ciudad (el logo de Stanford tení un roble sobre sí) le hacían sentir que oxigenaban su sangre directamente, como si de un nuevo Jamie renaciendo se tratara.

Había tomado la decisión correcta. Estaría literalmente al otro extremo del país de donde estarían su novia y su mejor amigo Gabriel, pero eso no le preocupaba en absoluto. Por alguna razón, sintió que esta nueva etapa tenía que pasarla solo, y descubrirse a sí mismo. La Escuela de Medicina lo esperaba, y él la esperaba a él.

Cuando hubo llegado al campus, el coche recorrió el camino adornado con enormes palmeras al costado. El camino terminaba frente un jardín donde a lo lejos veía el edificio principal. Bajó del taxi con su equipaje y caminó hacia el edificio atravesando el enorme jardín verde. Pasó por la rotonda que se encontraba a mitad del jardín, la cual ponía una S hecha con flores en el centro. Se entusiasmaba viendo a los demás jóvenes llegando por primera vez al campus como él, a los que regresaban reencontrándose con sus amigos y a las animadoras haciendo lo que parecía una rutina de exhibición dándoles la bienvenida a todos al ritmo de esa pegajosa canción de Britney Spears.

Al llegar frente al edificio, se detuvo en seco y lo contempló de esquina a esquina. Inspiró una gran cantidad de aire y la dejó salir levemente por su boca. Hizo un movimiento de asentimiento con su cabeza y se dispuso a cruzar la puerta.

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Gabriel había tenido que llegar un par de días antes a Yale para discutir algunos puntos sobre su beca en la universidad. Acordó con el encargado que jugaría futbol esta temporada y el resto del dinero que necesitaba para cubrir el otro porcentaje de la matrícula lo costearía con el dinero que venía ahorrando de su empleo en el centro comercial de su pueblo.

Se sentía tan nuevo, sentía que podía empezar una nueva vida y formar un nuevo camino después del año tan difícil que tuvo: conoció a este grandioso chico que el dio la confianza y el coraje de aceptar su homosexualidad, aceptarse a sí mismo y confesárselo a sus amigos. Había agradecido mucho el conocer a Desmond, y la reacción de sus amigos. Lo que no agradecía era lo que había pasado con sus padres. Intenta olvidarlo, se decía a sí mismo.

Así que aquí estaba, en una nueva ciudad empezando de cero. Decidió jamás volver a su pueblo, pues no había nadie allá a quien deseaba volver a ver. En cambio, tenía todo por delante. En cuanto se graduara en unos años, se iría a Nueva York como lo prometió junto con Jamie, Rosie y Daniel.

El reloj marcó las 12:00 pm. Se preguntó si su amiga Rosie habría llegado ya al campus. Empezó a marcar su teléfono para invitarla a comer en la cafetería e ir juntos a recorrer el plantel.