lunes, 22 de junio de 2015

Música del blog

A mi parecer, toda historia bien contada requiere de música que la enriquezca. Muchas veces, el drama, el amor, la felicidad, la tristeza, la furia requieren de canciones sonando de fondo para hacernos llegar estos sentimientos. Aquí una lista de canciones que a mi perspectiva encajan perfecto con algunas escenas del blog.

La Ultima Navidad parte 4

La noche se llega, y en el refugio la cena está más que servida. El coro de la iglesia del pueblo deleita a todos con Jingle Bell Rock




Jamie sorprende a Eliot al llegar al refugio para ayudarle, mostrándonos que su unión de hermanos es más fuerte que nada. La Sra. Harper toma una fotografía de sus hijos para recordar ese momento. Mientras que en el aeropuerto de NY, Daniel y Charlie hacen las paces y nos demuestran como la canción, que no todo ha terminado.
Don't dream it's over, de Crowded House:



Al dar la media noche y siendo navidad oficialmente, Rosie y Jamie tienen esta emotiva escena de baile a la luz de la luna recordando su primera cita, aquél baile de preparatoria donde bailaron The A Team de Ed Sheeran.



Desayuno entre amigos

Jamie ha regresado de Inglaterra y los 3 amigos quedan para desayunar en la ciudad que prometieron visitar desde siempre. Nuevas aventuras les esperan a los chicos ahora que todos están juntos en Nueva York. La versión de Pompeii de Tanner Patrick es la canción elegida para la reunión de estos amigos.


Bienvenido al campus, parte 1

Se llegó el día para Rosie, Jamie y Gabriel de asistir a la universidad. Una nueva vida les espera lejos de casa.

Tras despedirse de su hermano, Rosie se dirige a cruzar la puerta de entrada del edificio principal de Yale, mientras que Jamie recorre California camino a Stanford. Durante esta secuencia suena de fondo The Show de Lenka.



Jamie llega al campus de Stanford, y las animadoras reciben a todos con una provocativa coreografía al ritmo de Toxic de Britney Spears



El cumpleaños

Dos mejores amigos intentan volver a cuando era antes de que fuesen ex novios. Es el cumpleaños de Jamie, y Rosie trata de recuperar esto dándole una sorpresa. En el final de este episodio suena Shake me up de The Mowgli's


sábado, 2 de mayo de 2015

Bienvenido al campus, parte 1

Mantenía fija la mirada al camino en la carretera. Había tenido una leve conversación durante todo el camino con su hermano quien era el que manejaba el auto, pero no más. En su cabeza seguía reproduciéndose una y otra vez esa discusión que tuvo con su novio Jamie hace unos días.

-¿Entonces,  así sin más cambiaste de opinión? No lo entiendo, teníamos un plan –dijo la chica, confundida.
-Tenías un plan. Escucha Rosie, quiero tanto como tú que sigamos viéndonos diario pero no siento que esto encaje conmigo, no siento que deba ir a Yale como ustedes. Stanford me quiere ahí, tienen este excelente programa en Medicina y la oportunidad de irme a Europa en algún punto de la carrera…
-Si tanto querías ir a Stanford entonces ¿por qué no lo dijiste antes? ¿Por qué hacerme ilusiones de que estaríamos en la universidad juntos, por qué permitirme planear todo este absurdo…? –Dio un gran suspiro –¿Por qué esconderme lo que en verdad querías?

Sabía que las cosas estaban bien entre su novio y ella. Habían arreglado sus diferencias y cada uno dejó su hogar y partió a la universidad. Rosie a Yale en New Haven, y Jamie a Standford en California. Aunque había tenido algunos días para asimilar el hecho que pasaría los próximos cuatro años a una enorme distancia de él, de su familia y de casa. Pareciera como si de pronto en el auto se hubiera enterado de todo esto. Estaba aterrada.

-Rosie…¡Oye, Rosie! –Daniel se percató del silencio de su hermana.

-¿Si? –se incorporó.

-¿Sabes? Creo que los echaré de menos a todos ustedes en la preparatoria. Quiero decir, aún estará Jessica, pero no será lo mismo sin ustedes. Creo que debí de haber hecho más amigos de mi curso en vez de pasar todo el tiempo con ustedes los mayores. En fin, tengo este último año para hacerlo. –Su hermana esbozó una diminuta sonrisa. El chico sabía que ella no la estaba pasando bien. –Así como tú, estoy seguro que es emocionante llegar a un nuevo lugar a vivir. Nuevas personas, nuevas experiencias. Sé que parece algo aterrador al principio, por lo menos para mí lo sería, pero estoy seguro te encantará. No te preocupes.

Los kilómetros pasaron, y pese a las palabras de ánimo de su hermano, Rosie sentía un hueco en el estómago conforme se acercaban al campus.

Veían cada vez más y más autos hasta que por fin llegaron. El edificio principal era tan majestuosamente grande que Rosie se sintió empequeñecida frente a éste. Bajó del auto a ayudar a Daniel con el equipaje de la cajuela. No entendía cómo todos los demás estudiantes que iban llegando como ella se veían tan felices. Ella no lo estaba. No sin Jamie, no sin sus padres, no sola.

-Esta es la última –el chico le entregó una pequeña bolsa a su hermana. –¿En serio no quieres que te ayude con ellas hasta tu dormitorio? –preguntó, con entusiasmo. Al parecer Daniel lo que quería era ver a las chicas universitarias.

-Creo que a me corresponde ir sola de aquí en adelante. –Viró hacia el edificio y lo contempló,seria. –Se ve algo…aterrador. Lo nuevo, lo desconocido. Se supone que así sea, ¿no?

-Una persona me dijo una vez, Si tus sueños no te aterran, no son lo suficientemente grandes.

Y entonces lo entendió. Rosie había sido la hermana mayor que empujaba a su hermano Daniel por el camino que decidiese tomar éste, aconsejándolo. Pero era ahora su hermanito quien se encargaba de este rol con ella. Se dio cuenta que es normal sentir miedo, se dio cuenta también que, no necesitaba de nadie más que de ella misma para pasar por esto, pues era una nueva etapa en su vida y tenía que vivirla, recibiendo lo que sea que viniése de aquí en adelante.

Rosie se acercó a su hermano y lo abrazó fuertemente.

-Avísame cuando llegues a casa Dan. Trata de no sacarle canas vedes a nuestros padres ¡eh!

El chico se alegró por el cambio de actitud de su hermana, su trabajo estaba hecho.

-Por cierto Rosie... sé que no eres gran fan de la tecnología y que por eso prefieres escribir en papel que en tu computadora, pero te creé una cuenta en ese sitio de videollamadas en internet. Puedes llamarme cuando lo necesites. El teléfono sirve, pero estoy seguro que tal vez ver mi atractivo rostro sea mucho mejor.

Rosie se dio la vuelta y trató de dar el primer paso pero no pudo, pues su hermano la retuvo con un abrazo por la espalda. El brazo de él rodeaba su pecho, su mano le sostenía el hombro derecho de ella. La cabeza del chico, apoyada en el hombro izquierdo de Rosie.

Acto seguido, Daniel la soltó y ella avanzó. No era una despedida, al final del semestre ella volvería a casa para vacaciones. Era un hasta entonces.

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El clima mediterráneo de Palo Alto, California le agradaba mucho a Jamie. En esa época del año era cálido y seco. A Jamie la pareció una ciudad muy pintoresca desde que arribó en el avión. Ahora iba en un taxi hacia Stanford y la vista por la ventana del coche era muy acogedora. Las montañas eran visibles y los numerosos robles característicos de la ciudad (el logo de Stanford tení un roble sobre sí) le hacían sentir que oxigenaban su sangre directamente, como si de un nuevo Jamie renaciendo se tratara.

Había tomado la decisión correcta. Estaría literalmente al otro extremo del país de donde estarían su novia y su mejor amigo Gabriel, pero eso no le preocupaba en absoluto. Por alguna razón, sintió que esta nueva etapa tenía que pasarla solo, y descubrirse a sí mismo. La Escuela de Medicina lo esperaba, y él la esperaba a él.

Cuando hubo llegado al campus, el coche recorrió el camino adornado con enormes palmeras al costado. El camino terminaba frente un jardín donde a lo lejos veía el edificio principal. Bajó del taxi con su equipaje y caminó hacia el edificio atravesando el enorme jardín verde. Pasó por la rotonda que se encontraba a mitad del jardín, la cual ponía una S hecha con flores en el centro. Se entusiasmaba viendo a los demás jóvenes llegando por primera vez al campus como él, a los que regresaban reencontrándose con sus amigos y a las animadoras haciendo lo que parecía una rutina de exhibición dándoles la bienvenida a todos al ritmo de esa pegajosa canción de Britney Spears.

Al llegar frente al edificio, se detuvo en seco y lo contempló de esquina a esquina. Inspiró una gran cantidad de aire y la dejó salir levemente por su boca. Hizo un movimiento de asentimiento con su cabeza y se dispuso a cruzar la puerta.

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Gabriel había tenido que llegar un par de días antes a Yale para discutir algunos puntos sobre su beca en la universidad. Acordó con el encargado que jugaría futbol esta temporada y el resto del dinero que necesitaba para cubrir el otro porcentaje de la matrícula lo costearía con el dinero que venía ahorrando de su empleo en el centro comercial de su pueblo.

Se sentía tan nuevo, sentía que podía empezar una nueva vida y formar un nuevo camino después del año tan difícil que tuvo: conoció a este grandioso chico que el dio la confianza y el coraje de aceptar su homosexualidad, aceptarse a sí mismo y confesárselo a sus amigos. Había agradecido mucho el conocer a Desmond, y la reacción de sus amigos. Lo que no agradecía era lo que había pasado con sus padres. Intenta olvidarlo, se decía a sí mismo.

Así que aquí estaba, en una nueva ciudad empezando de cero. Decidió jamás volver a su pueblo, pues no había nadie allá a quien deseaba volver a ver. En cambio, tenía todo por delante. En cuanto se graduara en unos años, se iría a Nueva York como lo prometió junto con Jamie, Rosie y Daniel.

El reloj marcó las 12:00 pm. Se preguntó si su amiga Rosie habría llegado ya al campus. Empezó a marcar su teléfono para invitarla a comer en la cafetería e ir juntos a recorrer el plantel.

viernes, 10 de abril de 2015

Desayuno entre amigos

8:00 am. El despertador no alcanzó a sonar, pues se levantó antes de que este se activara. Gabriel había hecho su rutina de ejercicio desde temprano en su cuarto. Le sorprendía la facilidad con la que las abdominales avanzaban una tras otra, pues llevaba un largo tiempo sin hacer ejercicio real. Habiendo terminado se metió a la regadera. Dejó que el agua lavara tanto su sudor, como sus pensamientos, aquellos que desde hace unas semanas había tratado de disipar, sin embargo el dolor que sentía aun dejaba pequeñas boronas dentro de él, aquellas lo suficientemente pequeñas que son difíciles de limpiar. << Intenta pensar en algo más >>. Siempre lo hacía.

Salió de la regadera. Se cambió. Fue hasta la cocina de su departamento y sacó del refrigerador un poco de zumo de naranja. Notó que en la barra del desayunador había dejado su laptop encendida. Anoche se quedó hasta tarde trabajando en unos planos que le habían encargado diseñar de un pequeño local, era algo simple pero tenía que encontrar de dónde obtener dinero para la renta mientras conseguía un trabajo estable. Aún seguía esperando respuestas en una de esas firmas importantes de Nueva York.

Cuando terminó de beber el zumo se dirigió hacia la puerta, tomó las llaves y billetera y dejó el lugar, pues había quedado ir a desayunar con sus viejos amigos.

El distrito de Brooklyn de Nueva York era aún como un laberinto para Jamie quien llevaba una semana tratando de recorrer sus calles sin perderse. Sus amigos, que llevaban unos meses viviendo ahí le explicaron la ruta que debía seguir para llegar al Hospital General donde hacía su internado. Su ruta era fácil: Hospital – Departamento de Gabriel. La línea D del subterráneo que tomaba diario en la Cuarta Avenida lo transportaba de un sitio a otro al instante.

Por suerte The Brooklyn Taste, el sitio donde se había quedado de ver con sus amigos quedaba a unas calles al norte del barrio donde vivía Gabriel. El clima pintaba sería un gran día. Los rayos del sol, que empezaban a sentirse cálidos desde muy temprano iluminaban una de las escenas más amigables que veía desde que llegó a Nueva York: personas yendo hacia su trabajo a paso rápido sobre Grand Street, el hombre del periódico en una esquina deseándole buen día al que pasara frente a él, el autobús escolar recogiendo a los niños del barrio contiguo y los dueños de los locales de dicha calle preparándose para un nuevo día laboral. Cuando hubo llegado al punto de cruce con la calle English Kills hacia Queens vio el pintoresco restaurante. Ya quedaban pocos clásicos como esos, del estilo pueblerino como aquél al que iba en su adolescencia con sus amigos después de clases en su pueblo de origen.

En cuanto entró al restaurante vio a los chicos sentados en la mesa junto a la ventana. A pesar de lo asténico que se sentía pues acababa de terminar su guardia, saludó a sus amigos con júbilo, como si de hermanos perdidos se tratasen.

Gabriel con el aspecto más entusiasta posible, como si un niño en el área de juegos del parque fuese y Daniel con el semblante relajado y sin preocupaciones, el adecuado para su vida en estos momentos, pues era el único del grupo de amigos que aún seguía en la universidad, siendo un año menor que los demás.

-¿Se dan cuenta? Es la primera vez que nos reunimos desde que Jamie llegó de Inglaterra –dijo Gabriel, recargándose en el respaldo acojinado, cruzando sus manos detrás de su nuca.

-Lo siento, es que con el inicio del internado he estado algo apurado esta primera semana. Esta ciudad se mueve tan rápido, ¡es de locos! ¿tardaron mucho en acostumbrarse? Aún estoy tratando.

-Ya te acostumbrarás. Puedo enseñarte los mejores lugares para beber y bailar en la ciudad, y ¿por qué no? para cazar alguna chica. Apuesto a que no hacías eso con tus formales compañeros en Cambridge ¿verdad? –dijo Daniel, soltando una risa y dándole un golpe a Jamie en el hombro.

-En realidad…se sorprenderán mucho con lo que tengo para contarles sobre mis vivencias allá.

-¡Vaya, Jamie por fin decidió alocarse! Apuesto a que tú y ese tipo…Clayton –Gabriel hizo un tono diferente cuando mencionó a Clayton. Jamie supuso aún seguía celoso de que Clay fuera su amigo más cercano en Cambridge University, sintiéndose Gabriel olvidado –tuvieron muchas aventuras.

-Antes de que avancemos… -Jamie titubeo sobre si continuar o no -La noche en que volví, Rosie y yo fuimos a Times Square…ahí nos encontramos a este tipo, Christopher. ¿Hay algo que me haya perdido respecto a tu hermana Daniel?

Gabriel y Daniel se lanzaron una mirada de complicidad.

-Al parecer no te lo dijo. Bueno, tarde o temprano lo sabrás. Ellos...son novios –repuso secamente Daniel.

Jamie tardó unos segundos en asimilar eso. Cuando se dio cuenta que había entrado en un estado de pause se incorporó y con el tono más formal que pudo, dijo:

-Oh…muy bien. Qué bueno que esté con alguien ahora -tomó un sorbo a su taza de café.

La plática siguió, las historias fueron relatadas y los felices recuerdos salieron a flote. Los amigos disfrutaron de un desayuno de campeones esa mañana. Waffles bañados en miel de maple, con fresa y arándanos encima, huevos refritos con tocino, salchicha y papas fritas, avena con cereal, fruta diversa, tostadas untadas con mantequilla, pan recién horneado y zumo de naranja llenaban la mesa de los chicos. Los tres amigos devoraron todo.

Con el estómago distendido y aun sintiendo que la plática no debía terminar, continuaron:

-Deberíamos de hacerlo una tradición, como cuando íbamos a Julio’s a tomar malteadas después de clases allá en casa. –Propuso Gabriel.

-¡Sí! Una vez a la semana por lo menos. Ahora que tenemos el honor de que el doctor Jamie esté con nosotros en Nueva York.

-Qué puedo decir, viejo –dijo Jamie con una sonrisa hacia sus amigos –fue una promesa ¿no? Toda la pandilla reunida en Nueva York cuando creciéramos. Estamos aquí, viviendo el sueño de nuestras vidas.

-¡Por la pandilla! –Daniel levantó su taza de zumo e instó a un brindis. Las dos tazas de café chocaron contra la suya.

Gabriel se levantó al baño, dejando a sus amigos detrás. 

-De acuerdo, tenemos poco tiempo así que explícame: ¿Qué pasó exactamente con Gabriel? Está diferente, ¿es por Alex? Porque no lo ha mencionado desde que llegué a la ciudad.

-Si. Hace un mes Alex se fue, así sin más. Ninguna llamada, ninguna pista de su destino. Dejó una carta en el departamento de Gabriel diciéndole que no lo buscara y ya. Lo estuvo buscando durante las primeras semanas, sin resultados. Y como Alex nunca habló sobre su familia ni nada, fue aún más difícil la búsqueda. Gabriel se rindió. Se deprimió. Rosie y yo intentamos todo para animarlo pero nada servía. No sabíamos si decírtelo a ti, pues él nunca te lo menciono en tus llamadas. Empezó a faltar al trabajo, lo despidieron. Hasta la semana en que llegaste empezó a reponerse y a actuar tan jodidamente animoso. No me quejo, al menos ya no está tirado en su cama todo el día. Espero puedas ayudarlo.

-Lo haré, hablaré con él cuando lleguemos a casa. –Jamie veía con preocupación a su amigo Gabriel quien volvía del baño, tarareando una canción.

-Listo. ¿Continuamos? –dijo Gabriel, e hizo una seña a la mesera pidiéndole la cuenta. -Tenemos mucho por recorrer. Hay diez opciones muy buenas de departamentos ideales para vivir los tres juntos, como lo planeamos. Será mejor apresurarnos si queremos visitar todos hoy.




domingo, 5 de abril de 2015

Contratiempo

No traía encendido el aire acondicionado del auto ya que le gustaba sentir el viento en su rostro cuando viajaba por carretera. Vanessa iba con más prisa que de costumbre, pues McGinnins, su asistente, había confundido los horarios y había citado antes de lo previsto al representante de la empresa publicitaria que estaba en negociaciones de invertir en Industrias Phyffer. <<Otro prepotente con el cual tengo que tratar>> pensó.

110 km/h. Tenía que llegar rápido o quedaría como una impuntual frente al cliente, cosa que detestaba. No por nada se había hecho de fama. Siguió pisando el acelerador, se puso los lentes oscuros y subió el volumen a la música que venía escuchando. La mezcla perfecta para un viaje en carretera en uno día soleado y seco como aquél. Determinada, con su cabellera moviéndose conforme el viento y un vestido verde de coctel, la imponente mujer se dirigía de vuelta a su empresa en Nueva York.

De pronto, un fuerte estruendo se sintió en el coche, el cuerpo de Vanessa dio contra el volante al mismo tiempo que ésta pisaba el freno hasta el fondo, presa del pánico. Una vez terminada  la abrupta situación, con las extremidades superiores temblando, los lentes oscuros pendiendo de una sola oreja y con una respiración jadeante, intentó abrir la puerta del auto.

Una de las llantas delanteras se había ponchado, ahora solo el rin sostenía ese punto del coche contra el suelo. Verificó en su mente y agradeció traer su llanta de refacción, pero maldijo al mismo tiempo ya que no contaba con el equipo necesario para desmontar e instalar las llantas. Supo de inmediato que la situación se volvía peor, pues empezaba a salir humo del cofre. <<Genial. Estupendamente genial>>.

Trataba de sentirse airosa por haber salido íntegra físicamente de aquel percance, pero no podía evitar sentirse furiosa con la vida por lo mal que le estaba yendo desde el inicio del día. Sacó su móvil del bolso y se percató de que la señal telefónica no llegaba a ese punto, por lo que sus esperanzas de llegar a cerrar el trato con el inversionista se iban esfumando rápidamente. Si no se cerraba el trato este día, Industrias Phyffer perdería mucho dinero.

Volvió al asiento del auto, se quitó los tacones y abrió su botella de agua. Cabizbaja y con gotas de sudor en la frente, empezó a pensar en mil y un formas de asesinar a McGinnins.

Había pasado una hora cuando a lo lejos, vio acercase un convertible en la misma dirección que venía ella. Se puso de pie, y empezó a hacer señas para que el conductor se detuviera. Figuró en su mente la imagen que debería estar viendo el conductor y se sintió ridícula. Al parecer la formidable dueña de Industrias Phyffer sentía su dignidad caer.

El conductor se detuvo y aparcó justo detrás del averiado coche. Un hombre alto (no tan alto como lo era su antiguo amante Charlie) bajó del convertible y se dirigió hacia ella. Al principio Vanessa no podía ver bien el rostro del hombre, pues la luz del sol lo opacaba, incluso él tenía que entrecerrar un ojo y cubrirse con la mano los rayos del sol para poder apreciar a la bella mujer que tenía delante suyo. Una vez cercanos lo suficiente uno del otro, ella se percató del atractivo hombre que había tenido la suerte de encontrarse. El cabello castaño claro y la barba y el bigote hacían resaltar sus grises ojos. La sonrisa le iba a juego con esas líneas en la frente que se le marcaban. Unos 35 años, calculó ella.<< ¡Concéntrate Vanessa! >> se dijo para sí.

El hombre le extendió la mano y dijo:

-Cole Parks ¿En qué puedo ayudarle señorita?

Vanessa se sorprendió de la formalidad del tipo.

-Vanessa Phyffer. Como ve, a mi auto se le ha ponchado una llanta. Tengo la de refacción en el maletero pero no el equipo para cambiarla –se sintió boba ante aquél descuido- también empezó a salir humo del cofre.

-Venía a muy alta velocidad, ¿no es así? –fue a inspeccionar la llanta.

-Tenía que llegar a esta reunión de negocios en Nueva York. Al parecer ya no lo haré –dijo ella, desesperanzada.

-En mi auto tengo lo que necesito para cambiar la llanta. Y por lo visto, su coche se sobre calentó debido a la velocidad que iba, solo es cuestión de esperar, aunque si así lo prefiere, puedo llevarla hasta la ciudad, yo también me dirijo hacia allá.

-Muchas gracias, pero en realidad quisiera reparar el auto, no tendría confianza dejarlo aquí solo.

-Entiendo. Muy bien, ya vuelvo con las cosas. –dijo Cole, con una sonrisa que Vanessa sintió sincera.

Algo tenía el Cole que le llamaba mucho la atención a Vanessa. Su físico no podía ser, pues en su vida como mujer de negocios había tratado con hombres lo suficientemente atractivos aunque patanes. <<El poder del dinero>>, pensó. Pero no, tal vez era su amabilidad, nadie en estos días se detendría en la carretera a ayudar a otro vehículo, ni mucho menos a ofrecerse a cambiar él mismo la llanta, y aún mejor, con una actitud positiva como la de él, incluso con el tono un poco cortante de ella, su tono habitual.

-¡Aquí está! En un instante quedará como nuevo.

Había vuelto sin el saco que traía puesto ni la corbata, con la camisa blanca remangada y los primeros tres botones desabrochados, el calor arreciaba. Vanessa se sintió un poco mal pues al parecer por su vestimenta formal, él también iba a un lugar importante.

-Ya que me estás ayudando, deberíamos por lo menos hablarnos de tú. Me siento incómoda de otra manera.

-Muy bien Vanessa. ¿Y… -pujó un poco para acomodar el gato en su lugar- como la llevas? Sonaste algo irritada cuando llegué –empezó a desatornillar el rin. ¿Te encuentras bien?

-Ya lo dije, tengo que llegar a esta estúpida reunión de negocios que mi ineficiente asistente programo más temprano de lo debido y… -se dio cuenta que sonaba como una total perra. –Lo siento, ni siquiera te conozco y ya me estoy desahogando contigo.

-No te preocupes. Además, me es divertido escucharte de tus problemas –hizo una especial entonación en esa última palabra.

-¿Disculpa? ¿Crees que estoy sobreactuando?

-Algo así –alzó la mirada hacia ella, esbozando una sonrisa burlona. –todos tenemos nuestras cosas, por lo que veo eres alguien que siempre se queja mucho, de problemas no tan grandes.

-Oh, y ¿qué cosas acongojan a Cole Parks? –empezaba a molestarse.

-Hace tres días descubrí que mi esposa se tiraba al vecino de enfrente –bajó la mirada, prosiguiendo con el cambio de llanta.

Hubo una pausa.

-Ah…yo no quería…

-Todo está bien Vanessa, no tienes por qué preocuparte. Además, yo empecé.

-Tienes razón.

-Eres muy directa, supongo ya te lo han dicho –a Cole le comenzaba a agradar esta mujer.

-Suelo serlo, solo que generalmente marco mi raya con personas desconocidas, perdón.

-Pues –dio el último giro al tornillo que le quedaba –podemos dejar de ser desconocidos –la miró de una manera extraña para Vanessa, como si sus grises ojos conectaran con los de ella. Acto seguido Cole se dirigió al cofre del auto donde apoyó sus puños cerrados y se inclinó hacia ella. Seguía mirándola de esa forma extraña, que empezó a incomodarla.

-¿Qué hay con el cofre? –cortó de inmediato.

-Intenta encender el auto. Al parecer ya se enfrío todo aquí.

No sabía si se refería al cofre, o a la situación. O a ambas. Giró la llave, puso el cambio, pisó los pedales. Nada. Lo volvió a intentar. Aún nada.

-Mmm –abrió el cofre y echó un vistazo, no encontró ninguna irregularidad por más que puso atención –no sé qué es lo que pasa –puso cara de duda. Se dio cuenta que Vanessa no le creía. –¡es en serio!

Vanessa se puso de pie y fue hasta donde estaba Cole a echar un vistazo.

-Está rota esa cosa. ¡Ahí! –señaló ella con el dedo.

-No, eso es normal.

-¿Cómo lo sabes?

-¿Cómo tú no lo sabes?

La mujer puso cara de pocos amigos. Le estaba empezando a disgustar aquél hombre.

-Lo mejor será que te de un aventón hacia allá, si es que no te quieres perder tu cita. En cuanto llegues puedes mandar a una grúa por el coche ya que aquí no hay recepción de señal.

-Qué más da la cita. No quiero quedarme aquí de noche. Supongo que acepto tu oferta.

Cole hizo un ademán guiándola a su convertible. Ella tomó su bolso, las llaves del auto y sus papeles de la guantera. Resignada, Vanessa tomó asiento y avanzaron.

Con el paso de los kilómetros, Cole y Vanessa se fueron conociendo el uno al otro. Resultaba difícil creer que dos personas contaran sobre su vida a alguien a quien acababan de conocer, pero ambos de alguna forma sabían que podían confiar en el otro, la conexión que hubo entre ellos fue instantánea.

Cole le contó a detalle cómo encontró a su esposa y su vecino juntos en su cama, cómo admitieron sínicamente haberlo hecho ya desde hacía meses, cómo se había embriagado la noche que se enteró debido al dolor que sentía y cómo había tomado la primera oportunidad que se le presentó para huir de su ciudad hacia donde sea que fuese.

-Siempre he tratado de ver lo mejor de las personas. Es difícil cuando de pronto, a pesar de lo bueno que intentas ver, lo único que te demuestran es…mierda.

A su vez, Vanessa le contó de su solitaria vida. No tenía ningún familiar vivo, su padre quién era la única persona que le quedaba murió, dejándola desde muy joven a cargo de su empresa, una de las más influyentes en Nueva York. Su vida había sido desde entonces, expuesta a la mirada de muchos. Un sólo error, y basta para derrumbar el legado de tu padre. Por esto, en su vida no estaban permitidos los errores. Había olvidado la última vez que hizo algo sólo porque quiso, la última vez que se arriesgó a lo desconocido, la última vez que se abrió con alguien, así como lo estaba haciendo en ese momento con Cole.

-Tienes permitido perder el control…una vez al menos, Vanessa.

La mujer mantenía la mirada fija en el camino, en su cabeza resonaba esa última frase.

La ciudad se fue avistando, ambos personajes ahora reían a carcajadas de las situaciones más vergonzosas y cómicas por las que habían pasado en su vida. Llegaron a la avenida donde se encontraba el edificio de Industrias Phyffer. El auto se detuvo. Cole le volvió a lanzar esa mirada penetrante a Vanessa, quien también le sostenía la mirada. Pasaron unos minutos.

-¿Qué?

-Voy a besarte.

-¿De qué hablas? No puedes decirle a alguien…

Cole le tomó con su mano izquierda el cuello, cuidando su nuca. Se acercó lentamente, y cuando estuvo lo suficientemente cerca de su rostro le plantó un beso del que Vanessa no pudo escapar…o no quiso escapar. Tienes permitido perder el control…una vez al menos.

Cuando terminaron, ella se sonrojó y tomó sus cosas lo más rápido que pudo. El, tenía en su rostro una sonrisa satisfactoria. Ambos bajaron del auto.

-Gracias, por todo –dijo algo apenada la mujer. El sólo asintió. –Con todo esto, olvidé por completo llamar al cliente con el que quede de verme para disculpar mi ausencia.

 Vanessa marcó el número que le había proporcionado su asistente. Espero a que la línea entrara. De pronto, el móvil en el bolsillo de Cole empezó a sonar a mismo tiempo. El hombre, aceptando que lo había descubierto respondió la llamada.

-Cole Parks, representante de Maxwell View, a sus órdenes.

Vanessa estaba anonadada.

-En mi defensa…nunca preguntaste a qué me dedicaba –hizo una mirada de culpabilidad.

Entraron al edificio para firmar los papeles del contrato que tenían acordado, conversaron un poco más y cuando se hubo puesto el sol, Cole se despidió.

-Entonces, esa boda de la que platicaste…de tu amiga Rosie…¿ya tienes pareja?

-¿Es en serio? –dijo un poco molesta.

-Oye, al menos lo intenté –haciendo un ademán de excusa, algo gracioso.

Cole llamó al elevador. Las puertas se abrieron, el hombre viró hacia Vanessa y dijo:

-Sabes…Nueva York parece un buen lugar para empezar de cero. –Se introdujo en el elevador.

-¡Veinticinco de mayo! Ese día se casa mi amiga. –gritó Vanessa, antes de que se cerraran las puertas.

Cole sonrió y asintió.

-Veinticinco de mayo –contestó el hombre.


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miércoles, 1 de abril de 2015

La última navidad parte 4 (desenlace)

El auto se detuvo frente al edificio verde. El chico bajó del auto y alzó la mirada hasta lo más alto. Parecía un lugar algo triste. La fachada estaba ya desgastada, las ventanas de los pisos superiores se veían sucias y notó que las vigas que sostenían el techo del pórtico estaban algo carcomidas. A Eliot le disgustó que un lugar destinado para un propósito tan caritativo fuera descuidado en su mantenimiento.
Había personas haciendo fila en la calle aún, tratando de conseguir refugio para esa noche. Se recordó a sí mismo hace varios años yendo de albergue en albergue con su hermano hasta que servicios sociales lo llevó a la casa hogar. 
Las personas empezaron a notar la comida que el equipo de Parker y la familia Harper empezaban a bajar del auto y en sus rostros Eliot notó la alegría que sentían al saber que esa noche tendrían una cena de navidad como el resto de las personas en sus hogares suelen tenerla.
La directora del refugio salió a recibirlos y trajo consigo a personal para llevar los recipientes de comida dentro del edificio, asimismo le dijo a las personas en la fila que todos alcanzarían lugar esta noche y que tendrían una cena especial.
Los guío hacia dentro recorriendo el angosto pasillo, iluminado por una tenue serie de luces navideñas.

-Recibimos a mucha gente por estas fechas, estamos planeando expandir el refugio. El edificio de al lado está en venta, pero aún estamos por lejos de conseguir el dinero que piden por ella, así que mientras nos ajustamos a lo que tenemos.

-¿Pero entonces que pasa cuando llega gente de más? ¿Les niegan la entra así nada más? –La señora Harper parecía un poco indignada con tan sólo imaginar aquella situación.

-Sé lo que piensa. Pero tenemos que hacerlo, créame que esa es la única parte de mi trabajo que detesto, pero tenemos que cumplir exactamente con la cantidad máxima de personas refugiadas en el edificio. Regla de sanidad. Si nos sobrepasamos podrían sancionarnos o hasta quitar la licencia del refugio.

Eliot se dio cuenta que la única manera de que nadie se quedara sin cama ninguna noche era consiguiendo expandir el refugio. Creyó tener una idea, pero no la dijo en voz alta hasta cerciorarse de cuán posible era su plan. Al parecer, tenía un gran proyecto en mente.
Llegaron a una habitación amplia, donde había mesas largas con bancos del mismo largo de las mesas. Algunos de los refugiados ya habían empezado a acomodarse, esperando la cena.

-Y este es el comedor. La cocina está tras esas puertas, pero creo que podemos servir la comida aquí frente a ellos. ¿Se quedarán con nosotros verdad? Vendrá el coro de la iglesia, siempre ponen muy buen ambiente aquí.

Parker y los Harper accedieron, y se integraron junto con el personal del refugio para empezar a servir la comida. El coro llegó y empezó a cantar al unísono la canción navideña más agitada que Eliot había escuchado, sintiéndose aún más alegre de lo que ya estaba.

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Llamó a la puerta y esperó a que Charlie abriera. En la parte sur de Nueva York empezaba a soplar un viento congelante que se arrepintió de ponerse ese abrigo ligero pero fabuloso a la vista. -La elegancia es primero.
Alto, con un cuerpo atlético pero con esa mirada de pocos amigos que siempre se cargaba Charlie abrió la puerta. El mismo la había llamado y pedido que fuera a su casa, pero Vanessa Phyffer no sabía para qué.

-¿Y? ¿Puedo pasar al menos? El viento está congelante.

-Depende de qué tan dispuesta vengas. –Contestó e hizo esa sonrisa bufona que aunque ella no quería admitirlo, le derretía.

-Te dije que aquellos… encuentros entre nosotros se acabaron. –Pasó a la casa y Charlie cerró la puerta tras de sí. El frío viento dejó de sentirse. –Además ni siquiera eras tan bueno.

-Eso no decías cuando te… -Vanessa le arrojó su bolso al pecho para callarlo. –De acuerdo de acuerdo, no más comentarios, bonita.


-Entonces… -hizo una pausa para hacer a un lado la ropa sucia que había regada en el sofá donde prosiguió a sentarse. –¿a que se debe tu llamada?

-Supuse que no tenías nada mejor que hacer en tu casa que leer algún libro tonto sobre la mujer exitosa en la noche de navidad.

-No seas ridículo, ¡tengo muchas cosas qué hacer

Charlie volvió hacia ella con su sonrisa bufona.

-Admítelo, estás tan sola y amargada en la vida como yo. –Le pasó un cerveza a su amiga, y se empinó la suya.

-La única diferencia –dijo Vanessa, levantándose de su asiento y yendo hacia el dolido tipo poniéndole el dedo índice en sus labios en señal de silencio.- es que tú si tienes una familia a la cual puedes visitar.

Antes de que Charlie pudiera replicar, el teléfono sonó. Prefirió ignorarlo, pues sabía de quién se trataba, pero Phyffer contestó.

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Todos en el refugio disfrutaban de la comida que el restaurante MILLAR’s había donado. Refugiados, trabajadores y los chicos del coro compartían mesa. Eliot miraba con gusto a sus padres adoptivos reírse y conversar con una de las familias refugiadas. Parker se cercioraba de que no le faltara ninguna ración a nadie, deseó que Gabriel estuviera ahí junto a él en ese momento.

Tratando de servir el ponche de ese enorme jarrón Eliot perdió el equilibrio, pero alguien llegó a tiempo para ayudarlo y evitar se cayera todo.

-¡Cuidado colega! ¿Necesitas ayuda?

Eliot sonrío con todo su júbilo al ver que su hermano Jamie había llegado para ayudar. Por la mañana había sentido que ignoró todo este asunto y se fue extremadamente rápido, pero ahora estaba ahí, apoyándolo en su proyecto.

-Perdón por salirme así sin más en la mañana colega. Gabriel me contó tu plan y quise venir a ayudarte si es que aún quieres.

-¡Claro! Mira puedes ayudarme a servir esto, por poco se me cae a mi…

-¡Sonrían!

La mamá de los chicos les sacó una fotografía con su antigua cámara instantánea. Vio la foto de sus dos muchachos, Jamie el niño al que crío desde su adopción hace ya 14 años, y Eliot, el nuevo integrante de la familia de quien rápidamente se había encariñado. La primera foto que tenían juntos. No pudo evitar derramar una lágrima al verla y sus hijos dejaron el ponche para ir a abrazarla, darle un beso en la mejilla ambos al mismo tiempo y desearle feliz navidad.

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En el aeropuerto de Nueva York seguía la desesperación de Daniel por poder despegar de una vez por todas el vuelo, pues ya era casi media noche y el y Lily tenían que estar en casa para la cena de navidad. Tenía mucho sin ver a sus padres, además quería escuchar personalmente cómo iban las cosas entre su hermana Rosie y su amigo Jamie. Les tenía mucha fe a la pareja.

Lily había ido por algo de comer y él se quedó en la sala de la terminal F3. Quería arrancarse el cabello pues Jimmy, el pequeño odioso que estaba sentado a su lado no paraba de hacer berrinche a sus padres sobre un videojuego que exigía tener.

Con pocas esperanzas, vio que la azafata de la terminal tomó el micrófono diciendo:
Agradecemos su espera por el vuelo 104 a Colorado, nos complace anunciarles que las condiciones meteorológicas en dicha ciudad han mejorado, por lo que el vuelo es reanudado. Pasajeros favor de abordar por la puerta 3.

En cuanto escuchó esto, Daniel se puso de pie, en busca de su novia. Tomó la maleta de mano que traía consigo y se dirigió hacia la puerta de la terminal para apresurar a Lily.

-¡Vamos! ¿Escuchaste? El vuelo ha reanudado, ya podemos abordar el avión ¿encontraste lo que ibas a comprar?

-De hecho, encontré algo más. Bueno, a alguien más.

La chica viró hacia atrás e introdujo al ala a un alto y fornido hombre a quien Daniel no esperaba ver en esos momentos. El alto personaje se acercó a Daniel, y con mirada de duda e incomodidad miró a los ojos de su hermano.

-Así que…tu vuelo… -Charlie no sabía ni qué decir. No había podido conectar con su hermano menor en estos meses que habían tratado de sobrellevar su relación viviendo juntos.

-Se reanudó. Ya vamos directo a casa, con mamá, papá y Rosie. –repuso en tono seco Daniel, quien también se sentía en una situación incómoda.

-Genial. Totalmente genial –Charlie tenía en la punta de la lengua lo que iba a proponerle a su hermano, pero el orgullo no lo dejaba. –Salúdame a todos en casa.

-Dan…ya es muy tarde como para tomar el vuelo. Recuerda que transbordaremos en Colorado, y no como éste primer vuelo se retrasó, no sabemos si habrá un segundo disponible para llegar a casa.
Daniel sabía por dónde iba el asunto, pero no estaba dispuesto a aceptar quedarse con Charlie si éste mismo no lo decía por su cuenta.

-Enano, lo que Lily trata de decir, es que habrán llegado como mínimo para el medio día de mañana, perdiéndose de la cena de navidad de hoy. Deberían quedarse aquí ambos, podemos preparar algo y tener nuestra mini cena de navidad…improvisada. Si así lo quieres.

Lo dijo. Había una brecha enorme entre estos hermanos, pero a Daniel tampoco le gustaba la idea de quedarse sin cena de navidad, ni mucho menos de seguir soportado al odioso Jimmy sentado junto a él.

-Cena improvisada, eh. Suena bien grandulón. Podemos llamar a la familia por Skype y desearles feliz navidad. Más vale que te peines o papá creerá que aún sigues en esa banda de rock –le dice Daniel en tono burlón, dándole una palmada en el brazo a su hermano.

-Y tu quítate esa barba o mamá se asustará –repuso el hermano mayor, ayudándole al menor con el equipaje de Lily.

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En casa de los Harper todos disfrutaban el estar reunidos. La cena había terminado y ahora se encontraban todos en la sala recordando las travesuras de Jamie, Rosie y Gabriel cuando eran chicos, quienes no paraban de reír y sentirse avergonzados de vez en cuando con alguna de las historias. Eliot y Parker escuchaban asombrados las aventuras (y desventuras) por las que pasó el trío de amigos, y morían de ganas por conocer al resto del grupo como a Daniel, Hailey y Jessica.

Llegó un momento en que Jamie y Rosie se escaparon del bullicio y salieron al frente de la casa a tomar un respiro. En lo que iba del día, era la primera vez que se encontraban a solas.

-No podía creer cuando llegó esa llamada por Skype de Daniel y Charlie…¡juntos! –esbozó una linda sonrisa, aquella de la que Jamie se había enamorado desde hacía tiempo.

-Sólo era cuestión de tiempo para que esos dos se arreglaran. Extrañan a su hermana que los hacía sentar cabeza. Ahora que no estás, lo hacen ellos mismos –la tomó de la mano para bajar las escaleras del pórtico, yendo hacia el jardín congelado.

-¡Y tu abuelo! Creí que era mentira cuando dijiste ayer que tenía una novia más joven que tu mamá, a la cual vi cómo la miraste…

Jamie hizo una expresión burlona que hizo que Rosie se molestara aún más.

-¡No te enojes! –la besó- aunque me gusta cuando lo haces.

La tomó de las manos, y como un acto reflejo, empezó a trazar en la nieve del piso unos pequeños pasos de vals, a los cuales Rosie siguió, desconcertada.

-¿Qué haces? –tenía tan cerca de su rostro a Jamie que se percató del color avellana de los ojos del chico, y las pequeñas pecas en el dorso de su nariz mirándolo con ternura.

-Bailo. Como en nuestra primera cita…aunque no sé si contó como cita o no. Baile de primavera en primer año de prepa.

-Cuando me animaste a ir contigo después de que aquél chico con el que salía me cambiara por otra. Recuerdo que no quería ir después de eso, pero como sabías lo entusiasmada que estaba por ir al primer baile de preparatoria desde siempre, no dejaste que eso me lo arruinara y me invitaste tú. Y durante el baile recuerdo que me protegiste porque aquel fulano me hizo una escena de reclamo.

-Valió la pena el golpe –Rosie se sorprendió- …espera, se supone no sabías eso. En fin ¿Cuál era la canción que bailamos al final? The A…

-The A team. Ed Sheeran.

A Rosie le sorprendió que Jamie recordara todos los detalles de aquella noche, aún más cuando, al ritmo de los pasos de vals, empezó a tararear la canción. Estaba tan contenta del momento que estaban teniendo. Alzó la mirada y vio los copos de nieve caer del oscurecido cielo. Las campanas de la iglesia empezaron a tocar. Doce. Jamie se detuvo en seco, acercó sus labios a los de Rosie, y antes de besarla articuló el susurro más atractivo que ella le había escuchado jamás:

-Feliz navidad linda.

La nieve empezó a caer más a prisa y en más volumen. Sus rostros se separaron y ella, sin aliento, repuso un feliz navidad . Escucharon a todos adentro deseándose dicha por la navidad y decidieron regresar. Rosie iba por delante, subiendo las escaleras del pórtico cuando Jamie la detuvo de la mano. La chica vio la cajita azul que el chico había sacado de su abrigo. Reaccionó.

-¿Quieres ser mi esposa? –dijo, soltando un gran suspiro.


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