domingo, 15 de noviembre de 2015

Hasta pronto en Cambridge

Mientras iba en el avión de regreso a América, releía la carta que su amigo Clay le había escrito como despedida. No, no como despedida sino más bien como un agradecimiento. Un recordatorio de los momentos que pasaron juntos en la escuela de medicina. Clay siempre había tenido esa particularidad de escribir lo que pensaba, por más inusual, sincero o incómodo que fuera, era de esas personas que mediante las palabras escritas encontraban su manera tan única de expresarse.

 Lo curioso era que la carta fungía como un adicional, pues la noche anterior habían tenido su gran hasta pronto en el mismo bar al que acudieron la primera noche que arribaron a Inglaterra, y al cual acudían con sus compañeros de Cambridge ocasionalmente después de los exámenes.

-Admito que cuando llegué a nuestro dormitorio en Stanford y empezaste a hablar y hablar tan rápido dándome la bienvenida, buen yo, me asusté un poco. –dijo Jamie, quien tomo un trago de vodka de su vaso. Hizo un gesto que a Clay le causó gracia. El vodka había raspado la garganta de Jamie. –y ahora, a seis años después de habernos conocido, sigues asustándome de vez en cuando.

Clayton río con el comentario. Sirvió más de la botella a su vaso y bebió. También se le dificultó el deglutir la irritante bebida.

-¿Sabes? Ayer después de la ceremonia de entrega, cuando fui por otra copa de vino… Lucille me abordó.

-¿Qué te dijo?

-Ya sabes, todo ese rollo de despedida, de lo afortunada que había sido de habernos conocido, de lo que hará de aquí en adelante. No sé, la notaba diferente. Pienso que estas situaciones en que termina una etapa importante y comienza una nueva, pone a las personas a reflexionar. Eso hice al llegar a mi dormitorio después del evento.

-¿De qué te diste cuenta? –Jamie dejó su vaso por un tiempo. Se empezaba a sentir mareado.
-De que eres el primer amigo que tengo.

Jamie Harper tuvo una sensación que no pudo describir al escuchar eso. Se limitó a seguir escuchando a su amigo.

-El día en que nos conocimos nunca imaginé que pasaríamos todo lo que hemos pasado. Conoces personas a lo largo de tu vida, personas que mucho o poco, para bien o para mal influyen en tu vida. Tú decides si las dejas entrar, o sólo las dejas acompañarte durante un corto viaje. Tú me dejaste entrar Harper. Aquél primer año en Stanford, cuando supiste que pasaría navidad sin mis padres otro año más, me llevaste a tu casa con tus padres.

-No podía dejar que estuvieras solo esa fecha tan importante Clay. Nadie debería. –le dijo Jamie, con la mirada fija a sus ojos.

-Y cuando reprobé mi primer examen (eso sigue sonando igual de tonto como aquella vez), me compraste un paquete enorme de las golosinas de limón que tanto me gustan. Sabías que las palabras no iban a funcionar para hacerme sentir mejor, así que pensaste en algo más eficaz. –Clayton bebió una vez más de su vaso. Esta vez ya no sintió arder su garganta. –Y cuando tuve aquel crush con mi compañera de clase, hiciste hasta lo imposible para ayudarme a conseguir esa cita.

-Sigo pensando que hubieras usado la táctica que te dije, habrías conseguido salir con ella.

-Y después llegamos aquí, Inglaterra. Cambridge  jamás hubiera sido lo mismo si hubiera venido sin ti. Me dio gusto que a última hora decidieras tomar la oportunidad. Este año aquí ha sido sobre una sola cosa.

-¿Cuál?

-Tomar oportunidades.

-Siempre debe de ser así Clay, también me di cuenta de eso.

-Este año ha sido de tomar oportunidades. Y yo…emm. Yo no voy a tomar ese avión contigo mañana Jamie. No volveré a América.

Le costaba trabajo a Jamie asimilar lo que acababa de escuchar.

-Decidí lo que quiero hacer. Quiero ser genetista. El doctor Brown aceptó mi solicitud de internado en su clínica. En cuanto acabe, haré mi residencia en genética con él. –Clay soltó un gran respiro después de haber contado esto. Aun le parecía difícil de creer. Se sentía nervioso con su decisión. Pero era el tipo de nervios que te dan el coraje necesario para afrontar lo desconocido.

-En verdad quiero darte un golpe directo en la cara ahora mismo. Pensé que haríamos el internado juntos en el mismo hospital. ¡Así lo planeamos!

Jamie se levantó de un brinco de su silla. Clayton creía que sólo lo decía bromeando. Cerró los ojos y esperó el golpe de su amigo. En lugar de eso, recibió un abrazo de su amigo.

-Estoy orgulloso de ti, amigo. –hizo un especial énfasis en esa última palabra. Jamie también estaba muy agradecido con Clay. Le había apoyado en momentos difíciles de una manera en que ni Gabriel hubiese podido.  –Me alegra que estés tomando estas decisiones, en verdad me alegra. Y no te preocupes. No estaremos en el mismo hospital, pero desde ya eres el primer colega al que le pediría una interconsulta de genética. ¡Somos médicos ya!

Ambos soltaron una carcajada al escuchar esa frase. Una broma interna entre ellos. Jamie llenó los vasos de ambos, tomo el suyo y lo alzó al aire.

-¡Por lo que viene!

-¡Por lo que viene! –asintió Clayton.


Música del blog:
All alright - Fun





sábado, 10 de octubre de 2015

Antes de dormir

Estaba dentro de su cama listo para dormir. Envuelto en su cobertor, con una taza de leche sobre la mesa de noche, su pijama azul puesta encima y la edición de ese mes de Cardiologic urgencies en sus manos, leía bajo la tenue luz de su lámpara con una tranquilidad invaluable. Traía puesto sus gafas de lectura, aunque él sabía que pronto necesitaría usarlas de tiempo completo pues comenzaba a disminuir su agudeza visual desde que estaba en la escuela de medicina. El clima fuera en la ciudad neoyorquina estaba fresco, pues el invierno se acercaba.

Había decidido ponerse al tanto de lo más reciente en el tratamiento de urgencias cardiológicas pues su residente, Chris, disfrutaba de tupirlo frente al resto de sus compañeros internos en cada caso en el que trabajaban juntos. A veces Jamie tenía la respuesta correcta, pero otras veces tenía que callar y dejar lucirse a Chris, el actual novio de Rosie. A pesar de eso, Jamie disfrutaba leyendo temas de urgencias en su tiempo libre, pues empezaba a considerarla como una especialidad potencial para él en un futuro.

Echó un vistazo a los gráficos que mostraban el valor predictivo positivo de los datos recabados de este estudio experimental sobre farmacogenómica en casos de cardiopatía isquémica cuando tomó un sorbo de su taza de leche con la forma del casco de Darth Vader. Alguien llamó a la puerta.

-Pasa, está abierto Dan

-¡Hey! Hola, soy yo –asomó la cabeza una chica de tez blanca con el cabello color cobrizo la cual Jamie reconoció al instante a pesar de la tenue iluminación de la habitación. –Vine a dejarle unas cosas a Daniel y quise saludarte, espero que no estés ocupado.

-En absoluto, ven aquí –el chico dio unas palmaditas al sitio al lado suyo en la cama. –estaba a punto de dormir pero antes quise leer un poco esto.

-¿Urgencias cardiológicas? Jamie, ni en tu día libre dejas de lado el hospital.

El chico se encogió de hombros y sonrió. Rosie quedó inmóvil un minuto tras ver sonreír a su amigo. En ese momento recordó lo mucho que le gustaba verlo. Le gustaba su sonrisa, pues cada vez que lo hacía, en las comisuras de sus labios se formaban unos hoyuelos muy lindos, y se hacían visibles las diminutas arrugas en la unión de sus párpados. También, la lámpara ponía en evidencia las pecas que el chico tenía en el puente de su nariz y en sus pómulos. Cuando la chica se dio cuenta de que se había quedado atontada observando el rostro de su exnovio, sacudió la cabeza.

-Me ha contado Chris que estás con él en cardio, lo había olvidado.

-Sí, estos dos meses es mi residente a cargo. Es bueno en lo que hace, pero es sólo que no congeniamos mucho.

En realidad, Jamie quería contarle a su amiga que su novio era un patán con el en el hospital y que seguido sacaba ventaja de su puesto sobre él, pero a pesar de lo mucho que él desaprobaba su actual relación amorosa, no quería darle más problemas de los que ya tenía Rosie con Chris, pues el chico sabía que discutían mucho. De cierto modo, Jamie seguía preocupándose por ella, pues antes de haber sido novia, fue su mejor amiga. Así que puso una cara alegre y prosiguió.

-¿Y qué hay de ti? ¿Cuándo pensabas decirme del nuevo puesto al que fuiste ascendida?

La chica se sonrojó.

-Oh –soltó una risita nerviosa –es sólo…a Vanessa le gustó la propuesta de la que te platiqué. La semana pasada me planté frente a la sala de juntas con los accionistas de la empresa (aunque ni siquiera debía estar ahí) y expliqué mis ideas. Les encantó.

-¡Bien hecho chica! –chocaron las palmas. –Me da gusto este avance que diste, estoy seguro que irás a por más.

Tomó otro sorbo de su taza de Darth y le ofreció a su amiga pero esta se negó.

-¿Cuál crees… -hizo una pausa para dejar la taza de nuevo en la mesita de noche –cuál crees que sea el resultado en una pelea entre Venom y Magneto?

-Venom y… ¿Son personajes de cómics, cierto? –preguntó la chica, sintiéndose ignorante acerca del tema. Jamie siempre había sido su fuente de información sobre cosas geeks.

-Sí. Si no sabes la respuesta, puedes preguntarle a tu hermano. Magneto gana fácilmente, por supuesto.

La chica seguía desubicada.

-Es que todo el día fue de jugar Marvel’s combat con los chicos. Daniel creía que Venom podía vencer a cualquier personaje jugable, pero claramente no conocía mis habilidades usando a Magneto –Jamie se sintió muy niño después de escucharse decir eso.

-Siempre aprendo algo nuevo sobre cosas nerds contigo.

-Para esto me tienes –dijo, con un tono juguetón.

Rosie miró el reloj digital del despetador que Jamie tenía en su mesita de noche. Las 10:30.

-Bueno –se levantó de la cama –es hora de irme. Seguramente Charlie está esperándome para cenar (por segunda vez). Recuérdame la próxima vez no compartir casa con mi hermano mayor. Prefiero a Dan. ¡Oye –señaló la camisa del pijama de Jamie –me gusta tu pijama!.¡ Se te mira muy bien!

-Gracias, me la dio alguien especial el año pasado en navidad –le guiñó el ojo.

-Te veo después entonces.

-¡Espera! –la pelirroja se detuvo en seco. –Faltan dos semanas para tu cumpleaños. ¿Qué quieres hacer ese día?

-Mmm…no lo sé, no tengo nada en mente.

-¡Oh, vamos! Llegaste a esta ciudad un año antes que yo. Debes de conocer un buen lugar en Nueva York al que quieras ir a comer, cenar o tal vez a bailar o echar un trago.

-Tiffany’s. Ahí quiero ir ahora que lo pienso.

-¡Tiffany’s, eh! –exclamó el chico en tono sarcástico. –Según Gabriel, sirven muy delicioso el almuerzo ahí.

-Como no tienes idea.

-Entonces ahí será. Bueno, igual tenemos tiempo hasta que llegue el día. Puedes retirarte en paz linda –a Rosie le dio gracia esa última frase.

-Con su permiso –respondió, en el mismo tono.

Salió de la habitación.


Jamie tomó el último sorbo de su leche ya fría y dejó a un lado la revista que estaba leyendo. Apagó la lámpara y se echó hasta los hombros el cobertor que tenía en sus pies. Mañana sería otro día en el hospital.

viernes, 2 de octubre de 2015

Oscura fue la noche

Se quitó el abrigo al entrar a casa. Hubiera deseado que con él, también se quitara todo el peso que cargaba en esos momentos. Las luces de la planta baja estaban prendidas, al igual que el televisor en la sala. Juguetes tapizaban la alfombra al lado del sofá e intuyó que su esposa Rosie había llevado a dormir a los niños a sus habitaciones después de un largo día de juego. ¡Qué dicha ser niño! Pensó. No eran conscientes de los problemas que como adulto él estaba pasando en esos momentos. Pero pronto se enterarían. Su esposa lo sabía, sus amigos lo sabían, y la verdad era cruda.

Caminó hacia el cuarto de baño. Encendió la luz. Una tenue luz irradiada por dos lámparas con forma de tulipanes dispuestas a cada lado del espejo del lavabo ponía en evidencia su demacrado rostro. Jamie tenía un semblante que jamás había tenido. Ni siquiera tras esas guardias extensas en el hospital terminaba con la expresión facial que portaba en ese momento. Las últimas 32 horas habían sido extenuantes, agobiantes, dolorosas. Para él, para su madre y para su hermano. La barba se hacía visible tras dos días sin afeitarse; sus párpados inferiores se tornaban oscurecidos por el desvelo de las últimas noches en el hospital, veía sus ojos humedecidos, pero hacía todo lo que podía por no dejar caer ninguna lágrima.

Abrió el grifo del lavabo y el agua empezó a correr. Metió sus manos al chorro y juntándolas entre sí logró contener agua en ellas para en seguida enjuagarse la cara. Cerró el grifo y tomó una toalla para secarse el rostro. Suspiró. Deseaba no ser el en ese momento.

Apagó el televisor y las luces de la planta baja y subió las escaleras. Lo que más quería era ver a Rosie. Necesitaba de ella.

Llegó a su habitación. Ella estaba en el cuarto de baño contiguo cepillándose los dientes o algo. Vio la cama lista para acostarse y deseo tanto hacerlo, pero en lugar de eso, se sentó a la orilla de esta. Todo en su cabeza pasaba rápidamente de nuevo. ¿Cómo había pasado todo? ¿Qué hizo mal? ¿Por qué no fue informado al instante de la situación para poder intervenir? Es urgenciólogo, podía hacer algo, podía hacer todo lo que estaba en sus manos, pero no fue así. Se sentía tan impotente, tan furioso, tan culpable. No podía remediar nada ahora. Ya no. Esa noche, Jamie Harper había perdido a su padre.

Rosie llegó a la habitación. Ella sabía del estado crítico del señor Harper. Inisitió a su esposo el estar en el hospital a su lado, pero el no quería que los niños estuviesen sin alguno de ellos por mucho tiempo. Después de tanto, él conocía a su esposo. Sin si quiera preguntarlo, sabía lo que acababa de ocurrir. Se sentó a su lado en la cama, lo rodeó con el brazo y le dirigió una mirada de complicidad. La misma complicidad que los había convertido en mejores amigos desde su adolescencia, la misma que los hizo novios, la misma que se prometieron al convertirse en esposos. Jamie aceptó esa mirada, aceptó su abrazo, aceptó su silencio.

Con la mirada baja y las manos apoyadas en sus rodillas, Jamie comenzó a sentir temblar sus brazos, sus hombros, su pecho, su abdomen. Sus piernas se pusieron tensas, al igual que su mandíbula. Notó que le costaba respirar. Y entonces, sucedió.

Dejó salir las lágrimas que con esfuerzo venía reteniendo, al mismo tiempo que comenzó a jadear, pues cada vez le era más difícil respirar, su cuerpo seguía temblando. Se inclinó hacia el vientre de su esposa. Le rodeo la cintura con sus brazos y siguió llorando. Se mostró como jamás se había dejado ver en su vida. Se mostró vulnerable. Y en esos momentos, el vientre de su esposa parecía el lugar más acogedor y protegido con el que contaba. Quería una sola cosa en ese momento. Quería a su papá con vida.

-Lo sé amor…lo sé.

Ella se inclinó para poder cubrirle, en señal de que ella lo tenía y que en sus brazos no tenía por qué sentirse vulnerable. Justo como él le había hecho sentir eso mismo a ella en muchas ocasiones.

Rosie notó que dos figuras los observaban bajo el marco de la puerta, algo confundidos y asustados. Eran los pequeños Reed y Carson. Seguramente el llanto de Jamie los había despertado.

-Mami, ¿Papi está bien? ¿Qué le pasa? –dijo el menor de los niños, con la voz quebrada.

Jamie escuchó la voz de Carson y dirigió la mirada hacia ellos. Se limpió las lágrimas con sus manos y extendió una mano hacia ellos.

-Vengan aquí chicos –dijo, tratando de dibujar una sonrisa en su rostro.

Los niños, vacilantes, caminaron hacia ellos aun sin saber qué era lo que pasaba como para hacer llorar de esa manera a su papá. No los culpaba. Jamie sintió alivio al verlos. Su imagen tan inocente atenuó su sufrimiento. Reed se veía muy tierna con la trenza que le había hecho Rosie, tenía el mismo cabello color cobre igual que ella. Su pijama amarilla tenía en frente dibujado un pato. Y luego estaba Carson, quien tenía la misma mirada de su padre. Las mangas de su pijama le quedaban grande, y Jamie no pudo evitar soltar una risita al ver cómo éstas se movían hacia atrás y hacia delante cuando éste brazeaba al caminar. Amaba a sus hijos, amaba a su esposa. En ese momento, era en lo único que pensaba.

-Vengan niños… –abrazó a ambos y les dio un beso en la frente –los amo, lo saben, ¿verdad? Los amo.

Las lágrimas brotaron lentamente de nuevo de sus ojos. Lo único que hizo, fue seguir abrazando tan fuerte como pudo a sus hijos y a su esposa. Sería una noche difícil.


Música del blog:
Nearly morning - Luke Sital


domingo, 26 de julio de 2015

Música del blog: Volumen 3

A mi parecer, toda historia bien contada requiere de música que la enriquezca. Muchas veces, el drama, el amor, la felicidad, la tristeza, la furia requieren de canciones sonando de fondo para hacernos llegar estos sentimientos. Aquí una lista de canciones que a mi perspectiva encajan perfecto con algunas escenas de las entradas publicadas "Bienvenido al campus parte 2" y "La noche en New Haven".

La noche en New Haven

1. Rosie acude donde Gabriel para ayudarlo a prepararse a su cita con Alex. Entre cambios de ropa, nerviosismo y confusión, encontramos "Tell him" de Linda Rondstadt perfecta para la situación.



2. Alex y Gabriel recorren las calles de New Haven deteniendose en los edificios más impresionantes para sacarse fotografías. La divertida secuencia es acompañada con "Over and over" de Smallpools.



3. La última parada del recorrido es la casa del faro. Gabriel sorprendido por todo lo planeado por Alex mira de una manera distinta a su cita mientras se sube al carrusel y éste le invita a subirse con él. ¿Será el inicio de algo entre los dos? "Crystals" de Of monsters and men suena de fondo




Bienvenido al campus, parte 2

1. Gabriel y Rosie llegan a la fiesta de bienvenida en el campus de Yale. Cientos de estudiantes reunidos disfrutando de la música, del alcohol y de la noche. Suena "The Time" de Black Eyed Peas en ese momento.

2. El misterioso chico aborda a Gabriel mientras va por cerveza. Mientras que Rosie y Dough advierten la mirada recelosa de Carter Hamilton a unos metros. Con la tensión en el ambiente entre los chicos, escuchamos a Tristan Prettyman con "My oh my". 



viernes, 17 de julio de 2015

La noche en New Haven

Sentía transpirar bajo su camisa verde, aquella que hacía juego con sus ojos. Trató de llevarla con calma durante todo el día, pero hace unos minutos empezó a ponerse nervioso respecto a lo que se venía en unas horas.

Su amiga Rosie estaba con él en su habitación, la 17-A del edificio Lawrence, ayudándole a afrontar la situación.

-He hecho esto antes, es decir, he tenido citas…con chicas. Solía recurrir a Jamie para estas cosas (no es muy bueno en el tema, pero al menos lo intentaba) pero ahora que… <<que descubrí que en verdad me gustan los chicos>> bueno, ya sabes.

-No te agobies, aquí me tienes. Entonces ¿dices que este es el mismo chico de la fiesta de bienvenida? Alex. Pensé que lo estabas ignorando desde entones.

-¡Así fue! Sabes que no quiero pasar por todo el drama del año pasado otra vez…

-Aquella situación era totalmente diferente Gabriel –le dijo mientras le acomodaba el cuello de la camisa.

-Está bien, está bien. Aun así, lo evité lo más que pude estas últimas semanas, pero coincidimos en el mismo piso durante clase y en veces insistentemente me abordaba.

-Pues si yo fuera tú (y si no tuviese novio, claro), hubiera aceptado salir con él a la primera, ¡¿Qué no lo has visto?!

Gabriel trató de borrar de su mente el gesto que había hecho su amiga.

-De hecho puedes. Es bisexual –se aplicó gomina en el cabello –y tiene una gran reputación en el campus… si sabes a lo que me refiero. ¿La barba está bien?

-Te ves mejor sin ella, a mi parecer –percibió la mirada asesina de su amigo. Debió decirle eso antes de que se cambiara.

-Bien bien, todo está bien –suspiró –solo es una cita, como muchas que he tenido antes <<sólo que con mujeres>>. ¡¿Por qué rayos es tan atractivo?!

Estaba seguro que lo arruinaría todo. La única experiencia que tenía con otro hombre le había dejado un mal recuerdo. No por él, Desmond fue como un faro para su barco. Le estaba agradecido inmensamente por todo lo que le hizo madurar. Verse auténtico. Sentirse libre. Ser valiente. Los padres de Gabriel por otro lado…no tomaron muy bien la noticia. Y Desmond resultó afectado. Gabriel siempre se preguntaba si aquél chico se recuperó del todo de la brutal golpiza que le brindó su padre <<su rostro y costillas tal vez, pero su orgullo no lo creo>>. Era una lástima que jamás quiso contactarse con Gabriel después.

Y aquí estaba. 4 meses después, en un lugar diferente del país, esperando su cita con un chico diferente, pero aun así, se sentía como el mismo Gabriel inexperto que salió por primera vez con otro hombre.
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Estaba en una banca fuera del gran edificio de la biblioteca central, el punto medio entre la Casa Alfa Phi Alfa, hogar de Alex y el Edificio Lawrence. Bajo la luz del farol que se encontraba a un costado de la banca donde estaba sentado, Gabriel aguardó la llegada del chico. Faltaban unos 33 minutos para la hora acordada.

Repasaba en voz alta una y otra vez lo que iba a decir. Realmente estaba nervioso. Sentía un ligero aire colarse por su camisa. El otoño estaba llegando a su punto álgido.

-Creo que es muy dulce lo que estás haciendo.

Exclamó una viril voz. Gabriel saltó de un respingo y giró su cuello a la izquierda donde Alex se encontraba recargado en el respaldo de la banca.

Sonrojado, Gabriel articuló con dificultad un hola.

-¿Llevas mucho esperando? Perdón, pero los Alfa Phi no me dejaban irme de su fiesta. Sábado por la noche, tú sabes.

-No, acabo de llegar –mintió. –Entonces… ¿cuál es el plan que tiene Alex Cooper para esta noche?

-Hoy Gabriel, conocerás el lado nocturno de New Haven. Soy local, no sé si lo sabías. He vivido toda mi vida en esta ciudad.

-Vaya, no sabía. Oye...entonces si eres local, ¿por qué vives en el campus con los Alfa Phi? –empezaron a caminar hacia al oriente, rumbo a la salida del campus.

-Bueno, es que es mucho más interesante estar aquí en el campus que en casa con mis padres, ¿no lo crees? –le indicó un atajo por un estrecho pasillo entre el edificio de la oficina postal y el centro médico.

Gabriel miraba el camino empedrado en busca de ideas para más conversación, no quería parecer alguien cohibido. Ahí, bajo la tenue luz de la luna en esa noche fresca, entre los tradicionales edificios de arquitectura gótica del campus, sus pensamientos parecían aflorar débilmente. <<Es el efecto de empequeñecimiento del arte gótico>>

Llegaron hasta donde estaba el auto de Alex, un camaro convertible en color amarillo. Se subieron en él y se dirigieron fuera del campus. Éste se despidió del guardia de la entrada como si fuesen viejos amigos.

-Me dijiste que estudias arquitectura, ¿Qué piensas de los edificios de la universidad?

-Son muy variados. Los hay contemporáneos, clásicos y góticos. Góticos en su mayoría. Pienso que refleja lo antigua que es la escuela, pero también el progreso que ha logrado a lo largo de los años –no podía creer que le preguntara sobre eso –en una de mis clases el profesor nos ha pedido para este lunes que analicemos un edificio de la ciudad, el que más nos gustase.

-Bueno, tal vez puedas elegir alguno esta noche –sacó de la guantera una bolsa oscura con zipper- traje mi cámara fotográfica –le guiñó un ojo –sabes, mi hermana también estudió arquitectura en Yale, me ha enseñado lo poco que sé sobre el tema. Hay muchas edificaciones en la ciudad que son dignas de admirar. Es algo que me gusta de vivir aquí.

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-¿Hola? –dijo el chico en un susurro, pues su compañero de cuarto ya estaba dormido.

-¡Hola! Espero que no sea demasiado tarde. Es sólo que quería escucharte.

El joven salió del cuarto. Una delgada figura atravesaba los ventanales del pasillo del cuarto piso, dirigiéndose a las enormes escaleras en caracol.

-También he querido escucharte –suspiró  –¿Cómo va todo por allá linda?

Se sentó a los escalones. El suelo del vitro piso estaba frío. La luz de la luna que atravesaba el vitral que estaba sobre las escaleras iluminaba la delgada figura de Jamie Harper.

-Bien, las cosas parecen ir bien. Vengo de visitar a Gabriel en su habitación, lo estaba ayudando a prepararse para su cita.

-¿Cita? No sabía eso ¡Bien por él!

-Y entonces pasé por esta plaza donde vi a varias parejas reunidas, y no sé…sentí la necesidad de hablarte. Y tu…¿cómo has estado?

Jamie notaba el tono nostálgico en la voz de su novia, lo que no hizo sino ponerlo nostálgico también a él.

-Muy bien, algo apurado, las cosas van muy rápido por acá. Trato aún de acostumbrarme a la manera de trabajar en esta carrera ¡todos son muy competentes! Me emociona. Deberías conocer a mi compañero de cuarto ¡es todo un personaje!

No era la primera vez que Rosie sentía que Jamie había avanzado muy rápido de página. Le daba gusto que su novio estuviera feliz estudiando lo que más le emocionaba, pero a la vez se preguntaba si ella no se estaría quedando atrás en sus ambiciones y metas.

La plática siguió por media hora más. Cuando Jamie se percató que tal vez había despertado a sus vecinos, se empezó a despedir de Rosie.

-En verdad espero verte pronto. Iré a visitarlos próximamente, te lo prometo –dijo Jamie, esperanzado.

-También planeo visitarte. Quiero sentir tus abrazos otra vez…

-Puedes hacerlo ahora mismo. Cierra tus ojos. Imagina que te abrazo, que me abrazas. Yo imaginaré lo mismo.

Rosie tuvo una sensación de calidez en todo su cuerpo al escuchar las palabras de su novio. De cierta manera, él estaba junto a ella haciéndola sentir reconfortada.

-Te amo, Rosie –dijo, con la voz más sincera que pudo.

-Te amo Jamie –respondió ella .
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Recorrían las antiguas calles de New Haven. Habían dejado el auto estacionado cerca de Principal Avenue e iban a pie por el piso de piedra laja de las calles. Se detenían de vez en cuando para fotografiar un edificio memorable. Primero Alex tomaba una del edificio completo, después tomaba una de ellos dos con una cómica pose frente a dichos edificios.

-¿Qué te parece éste? –señaló Alex con los brazos extendidos a lo alto. –Torre Harkness. 1917. James Gamble Rogers. De los primeros edificios góticos en la ciudad. Este en particular me parece fascinante. La base es de forma cuadrangular, pero a mitad de camino…

-Cambia su estructura a un octágono perfecto –completó Gabriel, con la vista clavada en la punta de la torre.

La iluminación propia que tenía el edificio no hacía más que resaltar su majestuosidad.

-Y están esos enormes relojes de metal, uno en cada cara de la torre que le recuerdan a las cuatro direcciones de la ciudad las horas que pasan con un fugaz tic tac...especialmente en la noche.

A Gabriel le gustaba el interés con que Alex narraba sus conocimientos.

-Aunado a la numerosa y detallada ornamentación y las formas en ojal características de la corriente gótica arquitectónica. <<Empequeñecer al hombre es su objetivo>> recordó Gabriel.

-Anda, tomémonos una fotografía justo aquí –Alex sonó esmeradamente feliz.

Gabriel no era alguien que gustase mucho de las fotos, pero quería quedar bien con su cita. Después de todo, él estaba poniendo mucho de su parte al mostrarle la ciudad. Alex le pidió a dos señoritas que iban pasando que les tomasen la foto. Corrió hacia donde estaba Gabriel, poniéndose a su derecha. El chico sonreía de oreja a oreja, rodeo su brazo tras Gabriel y lo tomó por la cintura. El flash disparó.

Alex recuperó la cámara. Puso en el visor de fotografías la que se acababan de tomar. <<¡Muy linda!>> pensó.

Siguieron caminando por las nocturnas calles de la ciudad, hasta que llegaron a uno que ponía Memorial Theater en una placa dorada al frente. Uno de los pocos edificios renacentistas en New Haven. Gabriel recordaba lo que había visto de el en clase hace unas semanas. Subieron la escalinata de piedra y Alex le guió por la entrada.

-¿Está abierto a esa hora? Parece vacío.

-Conseguí que nos abrieran el lugar hoy.

Los dos chicos cruzaron el umbral de las puertas plegadizas de madera. Gabriel, asombrado ante o lo que sus ojos estaban viendo, dejó escapar un leve oohh. Era muchísimo más grande y elegante que el teatro local de su pueblo, sin duda. Alex se adelantó y caminó por el pasillo principal entre las rojas butacas. Caminando al revés, disfrutaba la mirada de asombro de su acompañante.

-¿Y…qué te parece?

-Espléndido. Entonces ¿solo pediste que te abrieran y ya?

-He pasado aquí mucho tiempo desde que era niño. Mi mamá es productora de obras de teatrales, y los primeros años de su carrera fungió en este teatro. Henry, el velador del edificio es buen amigo mío –dijo entre risas. –Hoy está cerrado, pero el próximo mes se estrena El sueño de una noche de verano, de Shakespeare.

-Vaya…debo admitir que has superado mis expectativas. –vio que Alex puso una mirada de desconcerto. –Jamás pensé que fueses un chico tan interesante. Culto. Supongo que te juzgué mal, lo siento.

-No te culpo. Sé bien la fama que me he creado en la universidad. Y aunque la mayoría de eso es cierto –soltó una risita –quiero que sepas que tengo muchos lados que no todos ven, más allá del chico que se mete con todos (y todas).  No siempre me muestro como soy, pues prefiero reservarlo para mí, pero creo que tú tienes algo especial.

Habían vuelto al camaro amarillo y se dirigieron a las afueras de la ciudad, del lado del mar. Pararon frente a un pintoresco establecimiento llamado Frank Pepe Pizzeria Napoletana. Famoso no sólo en la ciudad, sino en el lado este del país.

Entraron al restaurante y había tres mesas ocupadas, una por un grupo de amigos que celebraban el cumpleaños de uno de ellos, y las otras dos por dos parejas. Gabriel supuso que debido a la hora (casi las 12:00), el lugar se encontraba algo vacío.

Fueron hasta el mostrador, y Alex le recomendaba a Gabriel sus opciones favoritas del menú. Al final se decidieron por una de masa delgada con peperoni, pollo, cebolla, champiñones, queso mozarela y orégano, con un tarro de cerveza para tomar.

Se acercaron a la barra de salsas y toppings y Gabriel tomó un frasco que intentó aplicar a su pizza. El orificio del frasco estaba averiado. Gabriel se dio cuenta de esto al quedar su camisa verde con una gran mancha de color rojo. Al darse cuenta, Alex rápidamente tomó una servilleta.

-Déjame ayudarte –dijo amablemente, en vista que su cita se había puesto rojo de vergüenza.

Alex limpiaba con un cuidado la mancha. Gabriel notaba el cariño con que él lo limpiaba.

-Sabes qué…creo que no se quitará –empezó a quitarse su chaqueta de cuero color café. Se quedó solo con su playera blanca. –Ten, póntela –le extendió la chaqueta, con una sonrisa sencilla.

-No…no tienes que hacerlo –le repuso Gabriel.

-Vamos, no me molesta en absoluto. Además, aún nos falta una parada por realizar.

Gabriel aceptó la chaqueta y se la puso, cubriendo en su totalidad la enorme mancha. Acto seguido, se dispusieron a comer.

Estacionaron el auto a unos metros de su última parada. La costa de New Haven contaba con una casa del faro que guiaba a las embarcaciones entrantes. Lighthouse Point Park era una de las atracciones más populares de la ciudad. El atrio del faro se encontraba iluminado por pequeñas luces salientes del suelo que delimitaban el terreno. Había una casita color rojo con un tejado negro que figuraba antes de la torre del faro. Alex la pasó de largo y dirigió a Gabriel directo a la torre. Debido a su función, el sitio se encontraba abierto las 24 horas del día.

Cuando entraron, a Gabriel le hizo feliz ver lo que había en el centro del edificio. Un carrusel dentro del edificio del faro era lo más inusual que había visto. Sabía bien que ese juego giratorio había sido testigo de muchas promesas de amor y de sesiones fotográficas de boda, donde los novios se prometían mantener juntos toda la vida, por más giros inesperados que ésta diera.

Alex había elegido un lugar tan especial para dar cierre a la noche. La fotografía, el teatro, la chaqueta, el carrusel en el faro. El chico le había demostrado a Gabriel lo detallista que era. Estaba asombrado, tenía un buen presentimiento acerca de él.

Alex se subió al carrusel y desapareció al girar éste. Volvió a aparecer, parado junto a un caballo sosteniendo uno de los tubos.

-¿Qué pasa? ¿No vas a subir Gabriel?